familia monoparental y adopción

T., madre adoptiva de una adolescente, biológica de un bebé, y de acogida de múltiples niños, me hace llegar este artículo con el testimonio demoledor de una joven que vivió toda su vida en el sistema de acogida.

 Este artículo deja muy claras las diferencias entre adopciones y acogimientos. En una adopción (cerrada o abierta), los Servicios Sociales no habrían podido obligar, presionar y amenazar a esta chica y a su familia para separarlos. Lo que les hicieron, roza (si no cruza), la línea de la crueldad mental: la actuación de los Servicios Sociales no parece tener ningún objetivo positivo, sino simplemente joder porque tenían el poder de hacerlo.

 

Me llamo Emma, tengo 24 años y me gustaría contaros mi historia.

He estado en acogimiento desde que era muy pequeña y he vivido en distintos centros y hogares de acogida. Cuando tenía 9 años, fui a vivir con unos acogedores en Lincoln con quienes por primera vez me sentí feliz, segura y amada. Estuve en este hogar hasta los 16. Quería quedarme más tiempo, pero los servicios sociales me lo pusieron muy difícil. Sufrí bulllying en el colegio, así que lo dejé a los 15. Los Servicios Sociales no pagaban escolarización en casa, así que terminé sin hacer nada en todo el día más que leer libros.

Mi acogedora tenía una amiga que tenía un salón de belleza, y esta señora me iba a contratar como aprendiz de peluquería. Si hubiera sucedido esto, hoy sería una peluquera cualificada. Los Servicios Sociales no me dejaron hacerlo, en vez de ello me dieron una lista de tareas diarias.

Era horrible y me la hacían firmar para demostrar que lo había hecho todo. Incluía levantarse a las 8 de la mañana y estar lavada y vestida a las 8 y media, y no se me permitía salir, así que, ¿qué se esperaba que hiciera?

Todo esto me hizo salirme de mis casillas y me empecé a rebelar contra el sistema de acogida.

Mis padres de acogida lucharon por mí, pero los servicios sociales me hicieron la vida muy difícil. Me hacían escribir palabras de un libro, era horrible. Dejaron que mi hermana de nacimiento entrara en mi vida y ella me sacó del sistema de acogida y me devolvió a mi ciudad natal. Desearía tanto que no lo hubiera hecho.

No era capaz de sobrevivir en el ancho mundo. Atravesé el infierno hasta los 21. Me metí en delitos, abuso de drogas duras, y violencia doméstica. No tenía a nadie con quien hablar excepto mi antigua familia de acogida. Llegué a los 21 y recibí una orden de comportamiento antisocial, y me desalojaron de mi primera casa tutelada porque violé las condiciones de mi orden en tres ocasiones. Me mandaron a juicio para darme un informe previo a la sentencia, al que asistió mi mamá de acogida.

No me mandaron a la cárcel, fue como si alguien cuidara de mí. Desde ese día prometí a mi madre acogedora que saldría de las drogas, del crimen y del alcohol.

No me permitieron quedarme con mis padres de acogida ya que los servicios sociales dijeron que había salido del sistema. Mis padres acogedores intentaron enfrentarse a ellos, pero les dijeron que deberían dejar de acoger niños si me acogían a mí. Finalmente encontré vivienda y ahora tengo 24 años, mi propio apartamento, y mi familia de acogida aún cuida de mí.

Se suponía que mi familia de acogida debía olvidarme cuando me marché a los 16, pero no lo hicieron. Siempre se han ocupado de mí y me llaman hija igual que yo les llamo familia. Esto es amor incondicional, y esto es lo que los jóvenes necesitan cuando se convierten en adultos.

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Comentarios en: "Acogimiento en primera persona" (8)

  1. Está claro que sólo tenemos el testimonia de Emma. Yo me lo creo. Aunque no conozca el sistema de su país, lo poco que he visto del nuestro me facilita creerme la historia sin intentar buscar la otra parte de la historia. Y sí, es una historia demoledora. También lo es, al menos para mi, saber que seguramente es cierta.

    • Quizás la otra parte (las otras partes: la familia acogedora, la familia biológica, los Servicios Sociales…) podrían aportar más datos, otros puntos de vista. Quizás entenderíamos los motivos por los que todos actuaron como actuaron… pero yo nunca pondría en duda este testimonio, que no pretende ser más que esto, un testimonio: la manera cómo lo ha vivido la protagonista.

      Afortunadamente, con final feliz.

      • Completamente de acuerdo contigo. Y sin embargo a mi me duele mucho no poder poner en duda (en el sentido de necesidad de búsqueda de distintas versiones que me ayuden a explicar -quizás entender- ciertas cosas) el testimonio.
        Y sí, el final feliz ayuda.

      • Sí, duele. A veces hay historias que te chirrían, te faltan datos… ves que con otra informacion te quedarías con otra idea. En este está bastante claro que no.

        A mí lo que me cuesta entender es que habiendo una familia que tenía la voluntad de ayudarla, apoyarla, hacerse cargo… presionaran para alejarla de ella.

  2. Conozco muchos padres (e hijos) de acogida a los que nunca nadie debería separar. Y también conozco más de un caso en los que lo hicieron y sirvió para mal…

    • Yo no sé mucho de acogidas, pero tengo la impresión que es un sistema útil, necesario, pero con muchas contradicciones. La contradicción principal, la necesidad de vincularse a ese niño como si fuera un hijo, y a la vez, asumir el hecho de que se marchará y por tanto habrá que afrontar un dolor difícil de digerir… ante el que muchas familias (y muchos niños también) pueden tener la tentación de blindarse.

      Igualmente, creo que está mal resuelta la contradicción entre intentar evitar que las familias tomen el acogimiento como un “atajo” a la adopción, y a la vez, no separar a los niños de los que son a veces sus únicas familias innecesariamente…

  3. Es muy interesante su testimonio, desde el punto de vista de que ella fue “el niño”, cuyo interés debía de cuidarse y protegerse (el interés del menor que se llama legalmente). Y ella pone en palabras, el efecto, lo que produce, el sistema (de acogida) en los menores. Me trajo a la mente una publicación de Estrategias Educativas -página a la que llegué a través de tu blog: “En la educación, lo concreto es el niño: no el proyecto educativo, no el programa escolar, no la técnica didáctica en sí. En una empresa educativa el programa no debería ser la relación de las cosas que nos proponemos obtener del niño, sino la relación de las que debemos hacer nosotros para ser útiles al niño. Deberíamos elaborar reglas para nuestro comportamiento, no para el de los niños. Gianni Rodari.” Si en vez de educación, leyéramos acogida, creo que también encajaría perfectamente. Un cordial saludo.

    • Pues sí, sin duda. No digo que sea fácil, que no intenten hacerlo lo mejor posible y que no tengan razones para actuar como actúan. Pero muchas veces te quedas con la sensación de que debería no sólo pensarse más en los niños, sino escucharlos más. Que son muchas veces ellos quienes te pueden dar las respuestas a las que no llegas…

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