familia monoparental y adopción

De etiquetas

Cuando B. le contó a sus amigos que su madre (yo) tenía novia, uno de ellos me preguntó si era gay. Me quedé parada, dudando… y le contesté: “No especialmente”.

Sí, estoy enamorada de una mujer. Sí, me acuesto con ella. Sí, quiero pasar con ella el resto de mi vida. Pero, ¿soy gay?

Durante 25 años de mi vida, he salido, con mayor o menor éxito, con varios hombres. Me he acostado con otro puñado. Me he enamorado, a veces como una boba, de un par o tres de ellos. Con uno conviví y tuve un proyecto de familia. Otros me rompieron el corazón.

Ahora, he conocido a la mujer de mi vida, al amor de mi vida. Es cierto.

Pero también es cierto que lo que siento ahora y lo que espero sentir en las próximas décadas, no invalida estos 25 años de heterosexualidad. No me siento distinta. No he visto la luz y he descubierto que todo lo anterior era mentira. Y sí, me siguen pareciendo atractivos los hombres.

Al menos algunos.

¿Soy heterosexual? ¿Soy gay? ¿Soy bisexual? ¿Por qué no me convencen estas etiquetas?

Intentando clarificar las cosas, N. me envió esta entrada de un blog de la que me gustan los matices:

De ahí mi grata sorpresa al contestar una de las preguntas de la encuesta sobre fantasías sexuales que lleva adelante una investigadora de la Universidad Complutense de Madrid. La pregunta a la que me refiero tiene como opciones de respuesta estas dos: “predominantemente heterosexual” o “predominantemente homosexual”. Me parece que, por fin, algo se aproxima a la falta de certezas eróticas que, seamos conscientes o no, padecemos y/o disfrutamos los seres humanos.

No dudo que haya mucha gente que es 100% heterosexual u homosexual. Pero también creo que un porcentaje no desdeñable de la gente no es nada 100%. A mí me sorprendió, hace años, que de una pandilla de amigos en los que había bastantes gays, varios de ellos tuvieran (no antes de salir del armario ni cuando estaban descubriendo qué les gustaba, sino cuando habían aceptado y vivían con mucha alegría su orientación sexual) ocasionalmente relaciones con mujeres. Igualmente, he salido con chicos que aunque básicamente son heterosexuales, han tenido una o dos o tres relaciones puntuales con chicos… creo que es menos inhabitual de lo que creemos. Y que, como dice el artículo, “somos muchos los que mejor nos quedamos en este carril de sentido único porque nos gusta y porque… para qué probar algo diverso, “raro”, que nos pueda hacer un lío en la cabeza, el cuore y las emociones”.

Y yo, ¿con qué etiqueta me quedo? Si me fijo en mi historial, en lo vivido, si juzgo por la cantidad… soy “predominantemente heterosexual”. Si me quedo con la intensidad, con el hoy y con los proyectos de futuro… soy sin duda “predominantemente homosexual”.

No sé si “bisexual” es la etiqueta que cuadra con ambas definiciones. Voy a tratar de averiguarlo…

Aunque lo que más me gusta es lo que dice A., una amiga muy sabia: que la gente se enamora de gente. Personas de personas. Que lo bueno sería que no hiciera falta etiquetar, poner nombre a todo. Que estar con alguien de un sexo u otro no fuera relevante. Que lo importante fuera el respeto, el amor, la complicidad que una pareja se profesa. No lo que hacen o como lo hacen en la cama. ¿No sería todo mucho más sencillo?

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Comentarios en: "De etiquetas" (8)

  1. Vaya… me encanta esta entrada. Las últimas palabras que has escrito las he dicho yo decenas de veces en distintas conversaciones. Últimamente he utilizado en alguna ocasión la palabra “bisexual” para referirme a mi misma pero, aunque me cuesta muchísimo, he acabado entendiendo que para según quién era más rápido que explicar un montón de cosas que no iba a entender. Alguien podría pensar que me cuesta porque no acabo de aceptarme, sin duda esa persona no me conocería.
    Yo no se cómo son las demás personas, no me atrevo a decir si hay muchas o pocas personas a las que no les produce excesivo problema mantener una relación con un hombre o con una mujer indistintamente. Pero sí creo que hay muchísimas maneras de vivir la sexualidad en ese sentido. Yo he conocido a chicas que se entendían como homosexuales y que, ocasionalmente, tenían relación con algún hombre y al revés. Otras incapaces de tener relaciones heterosexuales, otras que prefieren una relación heterosexual pero pueden tener un “desliz”… No importa, por eso siempre he mantenido ese discurso. Las personas se sienten atraídas por personas, o al menos yo, independientemente del sexo de esa persona. Casualmente, o no, algunas personas sólo se sienten atraídas por otras de un sexo concreto.
    Hace no mucho tuve una conversación con una conocida que tiene como pareja a otra chica. Según ella las personas son heterosexuales u homosexuales, no existe la bisexualidad, porque tarde o temprano la persona que “prueba” acaba definiéndose hacia uno u otro sexo. Me pareció una visión bastante simple y cuadriculada sobre el asunto (que a mi entender admite un montón de matices) y le expliqué mi ejemplo. Yo he salido a lo largo de mi vida con muchos chicos (y me sentí atraída por alguna chica aunque no se materializara en nada) hasta que conocí a una chica con la que la atracción era mutua. Tuvimos una corta relación y a partir de entonces entré en una fase de “sólo chicas” aunque seguía sintiéndome atraída por algún chico. Llegué a pensar que jamás pasaría la vida al lado de un hombre, que aunque me atrajera alguno no acabaría con un hombre en casa. Entonces, vueltas que da la vida (y todo hay que decirlo, tras una experiencia decisiva con una mujer) encontré al hombre con el que hoy comparto mi vida y con el que tengo un hijo (y otro en camino). Según esa conocida ¿me he decidido por los hombres? Yo creo que no, simplemente he encontrado a la persona adecuada para pasar mi vida y, oh! casualidad!, es un hombre. Sin embargo no he tomado, ni creo que lo haga, una decisión tan drástica como “A partir de hoy sólo hombres”. Siguen habiendo mujeres que me atraen, hombres que me atraen, PERSONAS que me gustan. Me siento inmensamente libre en ese sentido y, aunque me sigue costando etiquetarme, he decidido que a veces es más rápido y eficaz, según con quien hable, sustituir todo este párrafo por la palabra “bisexual”.

    • Me temo que yo estoy todavía en la fase “parrafada”… aunque imagino que el tiempo me llegará a economizar y dejar de tener miedo a esa palabra.

      • Yo no he sentido miedo a la palabra, o al menos no de manera consciente. Sin embargo durante mucho tiempo no me cuadraba, no entendía por qué tenía que llamarme bisexual u homosexual… no entraba en mi cabeza. Siempre decía: soy YO y yo soy así, me gustan las personas (las que me gustan) y nada más.
        Después de muchos años he comprendido que debo ser eso que llaman bisexual y aunque me gustaría que el interlocutor/a me entienda cuando hago referencia a este tema no tengo muchas ganas de llegar tan al fondo con cualquiera en esa conversación; y tampoco es que hable del tema con mucha gente pero según a quien he de pronunciarle la palabra “bisexual” para que entienda algo… y aún así he descubierto (por la conversación de esa conocida que he explicado antes) que tampoco eso lo entiende todo el mundo.

      • Quizás no es miedo… es más la sensación de que no me representa, de que si me la quedo como etiqueta me convierto en algo distinto a cómo me siento… Como dices tú, soy yo, y yo soy así, me gustan las personas uqe me gustan, y nada más. Sólo que esto quizás no es suficiente de puertas afuera.

  2. Qué lindo eso de enamorarse de personas, no importa el género,,, Qué lindo poder compartir la vida, el tiempo, momentos, con la persona amada, no importa el género! Qué lindo poder decirle a los hijos: soy feliz, estoy enamorada, me siento bien, hay mucho amor… y que los hijos sientan eso, y crezcan en ese ambiente de amor, sin importar el género! Un abrazo muy fuerte!

    • Sí, yo creo que, además de todo lo demás (de lo que es para N. y para mí), ver a sus madres enamoradas y felices y queriéndose es una buena enseñanza y una buena manera de vivir para nuestros hijos. Yo siempre envidié a mis amigas en cuyas casas se respiraba esto…

  3. Pues, Madre, yo siempre he pensado que nos deberíamos enamorar de las personas, sin importar el género. Pero, claro, esa es la teoría, la práctica cuesta, no todo el mundo tiene esa amplitud de miras, esa valentía y, por supuesto, que ese amor sea correspondido y que la otra persona pueda dar el paso y estar juntos. Por eso, os admiro tanto a N. y a ti y, como comenta, Fabi, qué puede haber más importante y decisivo para unos hijos que sentir ese amor tan grande que sienten sus padres, sin importar el género. Y a vosotras sólo desaros que esa plenitud dure mucho tiempo, seguro que será así porque, además de los sentimientos, hay un trabajo, mucha reflexión, comunicación…y eso suele ser garantía de éxito y felicidad. Enhorabuenísima!!!

    Un fuerte abrazo, pareja, con todo mi cariño y admiración.

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