familia monoparental y adopción

Dejar de ser diferente

Cuando hice los cursillos para el CI, allá por el pleistoceno, hablamos mucho de la diferencia étnica, y  una de las psicólogas nos contó una historia que en su momento me hizo mucha gracia.

Es la historia de una pareja blanca que adoptó a un niño negro y, para que se sintiera a gusto con la realidad que le había tocado, le hablaban a menudo de diversidad, de la riqueza que aporta la diferencia… Un día, el niño les respondió.

–          Sí, vale, todo esto está muy bien, pero ¡sé tú el diferente!

Las familias que hemos adoptado transracialmente pensamos mucho en cómo hemos convertido a nuestros hijos en alguien “diferente”. En alguien que destaca, que llama la atención.

Pero hay veces en las que la adopción sirve precisamente para lo contrario. Es lo que le sucedió al hijo de A., una lectora de este blog, que envió por mail su historia.

D. es gitano. Y tuvo la desgracia de nacer con el pelo moreno y los ojos marrones en un país en el que sólo se buscan a niños rubios de ojos azules. Ni siquiera tiene la piel oscura. Ni siquiera es feo. Ni siquiera es torpe. Pero llevaba el NO escrito en la frente desde su nacimiento. “No soy como los otros”, decía.

Cuando nos asignaron a D. tenía 24 meses y cuando le vimos por primera vez no nos podíamos creer que aquel niño que venía casi dormido en brazos de la cuidadora iba a ser nuestro hijo. Era precioso.

En una de las conversaciones que mantuvimos con la directora del centro le preguntamos por qué no había sido adoptado antes y su respuesta fue: “aquí no quieren a los niños gitanos”. Y no me lo podía creer. Le miraba…, y no me lo podía creer. ¡Qué exagerada que es esta mujer! . Pero no lo era. Y no tardamos mucho tiempo en descubrirlo cuando al día siguiente, en un parque, unos niños de unos cinco o seis años empezaron a “insultar” a nuestro hijo llamándole “gitano”, escupían a su lado y limpiaban el tobogán por el que se estaba tirando. Y lo peor no fue eso, lo peor, lo que más nos dolió fue la pasividad con la que actuaban sus padres sonrientes, otorgándoles el beneplácito en cada acto.

¿Qué hicimos nosotros? En aquel momento pensé que no hicimos nada porque nos quedamos allí, jugando con D. Ahora sé que lo hicimos todo porque no huimos, reclamamos su sitio y su derecho a jugar. Le protegimos  y no entramos en conflicto. Me gustaría pensar que fue una primera lección sobre el respeto.

En España, sin embargo, todo ha sido diferente. Y estoy segura de que la única razón que hay para ello es que nosotros también somos morenos con los ojos marrones, como él, y aquí, YA NO ES DIFERENTE.

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Comentarios en: "Dejar de ser diferente" (16)

  1. Mi hija también es gitana pero de piel morena (tengo amigas con niñas etíopes del mismo color). Era distinta en su país y también aquí. Quizá si viviéramos en el sur de España sería menos diferente pero en el norte…
    Quiero decir k el porcentaje de gente k se metía allí con ella es parecido sl de aquí. Allí tenía el plus de “huérfana” y aquí el de “adoptada”.

    • Pues pobre!!, que lleve etiqueta vaya donde vaya…

    • Me cuesta comprender estas situaciones. Podría explicar varias anécdotas de familiares y amistades que en su lugar de origen son vistos como personas neutras (en el sentido de no etiquetadas, quizás pq los han ‘visto nacer’ allí) y que en otros lugares donde no los conociesen los podrían etiquetar como miembros de otras étnias. No entiendo el afán de etiquetar en general; tampoco el de etiquetar lo distinto y/o no conocido. Dicen que forma parte de la naturaleza humana, pero… Tendremos que enseñar a nuestros hijos el cacareo ese del “y que?” para intentar protegerse. Pero tienen que darse cuenta de tantas cosas para que ese “y que?” no se convierta en coraza-escondite.

      Cambio un poco de tema (aunque sigo con las diferencias). Estos días he estado viendo una película de Kirikú con mi hija. Alguien la aconsejo, creo que en este blog, y secundo la sugerencia. Este niño distinto creo que puede ayudar a nuestros hijos a encontrar valores en su interior. Y la película es muy atractiva; mi hija ya la prefiere a cualquiera de princesas (ya sé; es la novedad 🙂 )

      • Yo tampoco lo entiendo, pero parece algo universal. Hace años leí en un libro de Juan Luis Arsuaga que él tenía la teoría de que la supremacía del homo sapiens sobre otras especies de homínidos (los neandertales, etc), no se debía ni a que fueran más fuertes ni a que fueran más inteligentes; que la diferencia que fue determinante para la supervivencia era la cohesión de grupo, el hecho de sentarse al fuego a contar (y oír) los relatos de su tribu, de identificarse con los suyos (y por tanto, no hacerlo con los otros, desconfiar de ellos, rechazarlos). No sé si es cierto, pero me pareció una teoría interesante… Por otro lado también he leído que el rechazo a lo desconocido (alimentos, animales, lugares…) también está impreso en la huella genética de nuestra especie, porque los que han rechazado lo desconocido han sobrevivido – y se han reproducido – más que los que no tuvieron este miedo…

        No sé si es cierto, ninguna de las dos cosas, pero sí es cierto que el rechazo al otro es bastante universal.

        A nosotros también nos encanta Kirikú!!

    • Pensaba que ser gitana te puede hacer “igual” o “distinta”… y que quizás no depende tanto de tu piel, como de la piel de la familia en la que vas a parar. En una familia de piel y pelo claro, seguramente llama más la atención que en una familia donde tengan la piel más morena y el pelo negro…

      • O de los ojos con que te miran. Mi hija no se parece en nada a mi, ella rubia, alta, delgada, ojos azules… y yo todo lo contrario. Normalmente comentan el tema del padre, pero ayer me dijeron que se parecía a mi. Qué mal estamos. Y los que son diferentes, con diferencias no apreciadas por la sociedad, a sufrir. Entiendo plenamente el “Sí, vale, todo esto está muy bien, pero ¡sé tú el diferente!” Y que conste que a mi hija también le va a doler la diferencia (quizas le duele ya), pero claro su apariencia está “bien vista”.

        Tendremos que fomentar todos los inter- posibles a nivel social; de la misma manera que se está fomentando la inteligencia emocional, tendremos que fomentar la inteligencia inter-racial, inter-cultural, inter-…..

      • Claro, la diferencia es que ser rubia, alta y delgada, es un plus, una “mejora” (si los padres no comparten estas características…)

        Siempre buscamos los parecidos, es una forma de hacer vínculo, pero… ¿no se podría deducir de esto que las diferencias son malas, o menos buenas?

  2. Me han preguntado varias personas de qué país era originario D. Lo cierto es que A. no me lo dijo en su mensaje, y yo asumí que debía ser de un país del Este de Europa, Rumanía, Bulgaria, Polonia, o quizás Rusia… No sé si A. está siguiendo los comentarios, y si es así, si querrá saciar nuestra curiosidad.

  3. A veces sueño con el mestizaje. Cuando nuestros hijos gitanos, chinos, negros, caucásicos, árabes… tengan hijos con chinos, negros, arabes, caucasicos.. nuestro pequeño mundo cotidiano se llenará de mil mezclas… algo así pasa ya en algunos paises de américa… claro que allí las diferencias son una cuestión de clase.

    • Sí… y tiene la ventaja de que llaman menos la atención, pero el racismo, la exclusión, el clasismo… el rechazo al diferente, no dejan de existir.

      • Y que lo digas, en este país -donde muchos parecemos totalmente del Norte de África – uno de los colectivos mas discriminados es el de los magrebíes…seria hasta gracioso sino fuese tan patético. Hacen falta más espejos.
        ¿Y porque la morena es siempre la mala en la película y la rubia la buena?

      • Porque es una manera subliminal de irnos metiendo los prejuicios entre ceja y ceja, ¿no?

  4. Si, desde luego es eso, pero que descarado…

  5. Dejo este enlace de un proyecto de National Geographic que se llama “The Changing Face of America”: http://proof.nationalgeographic.com/2013/09/17/visualizing-change/
    Muy interesante de explorar…

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