familia monoparental y adopción

Historia de L.

A L. lo conocí de mayor. Debía tener unos 60 años. Yo acaba de adoptar a B. y me dijo: “no le digas que es adoptado. Déjale que sea feliz todo el tiempo posible. Ya tendrá tiempo para estar jodido”.

Alguien me dijo que creció en un orfanato. Que nunca supo nada de sus padres. Que salió siendo adolescente y se buscó la vida, como pudo, donde pudo.

Fue temporero de la naranja en Valencia, revolucionario en París, basurero en el Empordà, hippie en una comuna de Ibiza. Allí nacieron sus dos hijos… y allí los perdió.

Un día, su mujer, se largó. Con el líder de la secta. Con los niños.

Él cada día tiraba un juguete en el acantilado al lado de aquella casa vacía, donde ya no quedaba nadie. Un día, una de las mujeres del pueblo se le acercó y le dijo que se fuera de la isla, que allí no le quedaba nada.

Él se fue. Si no lo hubiera hecho, me dijo, cuando se hubiera terminado los juguetes, se habría tirado él.

Volvió a la península. Dio tumbos. Trabajó en muchas cosas. Conoció a M. y se casó con ella, y tuvo un hijo.

Nunca dejó de buscar a sus hijos mayores. Pero las pistas se perdían al otro lado del teléfono, donde siempre le decían que no podían darle más información, que dejara de buscar.

Pasaron los años.

Y un día, sonó el teléfono… y al otro lado estaba su hija. Ya adulta. Que quería encontrarse con él.

Se encontraron en un aeropuerto, y me dijeron que L. temblaba como una hoja, que estaba asustado porque pensaba que no la reconocería, que no sabría que decirle.

Algún tiempo más tarde fue su hijo, recién casado, quien fue a pasar unos días a su casa.

L. no ha podido recuperar el tiempo perdido con sus hijos… pero ve crecer a sus nietos.

No sé si esta historia tiene moraleja. Pero siempre que me acuerdo de L., siento la necesidad de contarla.

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Comentarios en: "Historia de L." (8)

  1. …y yo me alegro que la cuentes. La vida siempre nos enseña muchas cosas, la nuestra. Pero la de otros también. Gracias…

    • Es verdad. Dije que es una historia sin moraleja, pero creo que sí la tiene: la moraleja es que lo que hacemos, sirve para algo. Aunque no lo parezca. La búsqueda infructuosa de L., las llamadas, los viajes, la espera,… no dieron frutos en su momento, no consiguió recuperar a sus hijos, ni siquiera saber que estaban bien. Sin embargo, sí sirvió cuando fueron ellos quiénes le buscaron y se encontraron no con un padre indiferentes, que hubiera tirado la toalla, que se hubiera conformado… sino con un padre que no había dejado de esperarles, quererles, añorarles, recordarles, soñarles, pensarles… Ahí fue útil todo su trabajo, su dolor, su desesperación, su esfuerzo, su interés. Su amor.

  2. Yo también me alegro, dale un abrazo a L.

  3. Que mal lo pasaría L en su infancia para darte semejante consejo respecto a B. Gracias por compartirlo.

    • Esto mismo pensé yo. Nunca me contó detalles de su infancia, pero tuvo que añorar una familia hasta la desesperación… y luego, cuando la tuvo, la perdió… Es durísimo.

  4. Qué terrible… Es imposible imaginarse qué debe de ser eso.
    Al menos tuvo el enorme consuelo de reencontrarlos.

    Un beso, Madre.

  5. Jo….pues cuando acabé de leer lo primero que se me ocurrió fue: “Qué vida más dura”.
    Qué pena!

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