familia monoparental y adopción

Por un juego sin adjetivos

En otras ocasiones he hablado de la necesidad, de la importancia fundamental, del juego libre. Hoy vuelvo a ello con este texto de la página de Facebook Estrategias Educativas que cuestiona precisamente el adjetivo “libre”.  

Desde tiempos inmemoriales y en todos los pueblos, el juego realmente libre es la ocupación predominante de los primeros años de vida con un objetivo preciso: el logro de las capacidades de los adultos. Este juego original – poderoso instinto para el crecimiento y la creatividad que en cada niño o niña viene del interior como un don fundamental del nacimiento- evoluciona, si no hay interferencia, de una manera muy personal. Incluso otros mamíferos juegan – basta con ver una camada de gatos o perros – y si no pueden hacerlo, se convierten en adultos intratables y agresivos. Lo mismo se aplica a los seres humanos. Si no se puede jugar de forma totalmente gratuita desde pequeños, es muy probable que se conviertan en adultos irritables inciertos, mortificados.

La palabra “juego” no necesita adjetivos. Desde hace algún tiempo, sin embargo, para definir el juego espontáneo de un niño, hay que decir “juego libre”. Esto quiere decir, y no debemos cansarnos de repetirlo, que el juego se ha convertido en muchas otras cosas: el juego de la competencia, de los deportes, de la educación transformada en memorización, con concursos y diversos trucos para mercantilizar el más estéril de los aprendizajes – preguntas y respuestas al estilo de TV – y así cada vez está más degradado el juego como la expresión más especial y completamente independiente del placer y del descubrimiento infantil.

Grazia Honegger Fresco

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Comentarios en: "Por un juego sin adjetivos" (6)

  1. Muy bien.
    Y no es solo que al juego se le pongan objetivos añadidos, como si lo contrario fuera perder el tiempo (la obsesión curricular, o algo así, le llaman; aunque afecta a más cosas); es que con nuestra preocupación por organizarles los juegos les llegamos a embotar su capacidad para jugar, para imaginarlos, para inventar, etc.
    En fin, y luego está lo de dejar que se aburran, etc., etc.

    Besos.

    • Recuerdo que la última vez que hablé del “juego libre” (o juego, sin adjetivo) en el blog, fue en respuesta a una estudiante de magisterio que consideraba que “hay veces que nos conformamos con lo fácil, que se ponga a jugar a lo que quiera y ya está”. https://madredemarte.wordpress.com/2013/08/06/el-juego-libre/

      Me parece preocupante que los que tienen a educar a los niños del futuro, sean maestros o padres, tengan esta idea de lo que es jugar…

      Y sí, lo del aburrimiento también, claro…

  2. El pasado sábado por la tarde mis hijos coincidieron en la plaza del pueblo con 5 ó 6 compañeros del cole y se pusieron a JUGAR.
    Decidían las reglas del juego, las cambiaban, repartían los equipos, cambiaban de juego, uno quería cambiarse de equipo, otro intentaba ahcer trampa, el resto lo “pillaba”….pasaron una tarde perfecta. Sin adultos indicándoles lo que había que hacer. Ellos lo sabían.

    Y luego está lo del “bendito aburrimiento”, claro…..

    • Tú lo has dicho… una tarde perfecta: para los niños, y para los padres. Yo, cuando me encuentro con una tarde de estas, desmonto cualquier plan que tuviera, renuncio a los baños y las cenas tempranas para que lo disfruten…

  3. Hace poco me planteé llevar a mi hija (27 meses) un par de horas algún día a la semana a una escuela infantil porque ella demanda cada vez más contacto con niños,aunque lo tiene en el parque. Visité varias escuelas y todas me presentaban con orgullo en su programa sus juegos organizados. Pregunté si no tenían tiempo para el juego libre y me dijeron que no, que a esas edades los niños se distraían y no sabían jugar: el juego era dirigido. Me quedé a cuadros y por supuesto no la apunté. Sigue en casa y en los parques donde juega tanto sola como con otros niños a lo que le viene en gana…

    • Y seguro que hacen fichas, y clases de inglés… yo a la escuela infantil donde llevé a B., hacían fichas (y clases de inglés ¿¿¿????), pero también tenían un patio enorme donde jugaban, libremente, muchas horas al día, y esta fue una de las razones por las que me decidí a dejarle allí. Con A. encontré un sitio todavía mejor: un espacio en el que sí hacían cosas dirigidas, como por ejemplo, pan o dulces, o pintar un mural… pero donde los niños de todas las edades estaban mezclados, decidían libremente si se sumaban a la actividad organizada o no, entraban y salían cuando querían del patio (que por cierto tenía huerto…).

      Tenemos muchos años para hacer actividades dirigidas y encorsetadas… todo lo que se lo podamos ahorrar mientras podamos ahorrárselo, bien está…

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