familia monoparental y adopción

 Hace algún tiempo, a B. le dio por decir, cuando se enfadaba conmigo, que él se iba a ir de casa… que se iba a ir ¡a vivir a Etiopía!

Siempre respondí de la misma manera: ahora eres un niño y no puedes decidir dónde vives. Vives dónde yo decido, y dónde yo vivo, porque soy tu madre; pero cuando seas mayor, por supuesto, vivirás dónde tú quieras. En Etiopía, o en cualquier otro país, y nos escribiremos y llamaremos y yo te iré a ver en vacaciones y tú vendrás a verme a mí cuando las tengas tú…

Leo en este blog la historia de Marthe, una mujer nacida en Etiopía,, adoptada en Holanda, y que decidió irse de mayor a vivir a Etiopía… donde tuvo que aprender a ser etíope otra vez. Me ha parecido muy interesante y he decidido compartirla aquí.

 “Quiero ir a Holanda o Inglaterra porque allí las cosas son limpias y hermosas”, me dijo mi hermana Lidya,, de 11 años, que nunca ha salido de Addis Abeba ni ha tenido un televisor. Mirando por la ventanilla del taxi, veo que las calles de la ciudad no están tan limpias, los conductores tiran basura por las ventanillas, los hombres orinan donde les apetece y no pasa nada si alguien se hurga la nariz, en público, durante minutos, y tira bolas de moco al aire. A pesar de esto, le digo a Lidya que Holanda no es mucho más limpio o hermoso que Etiopía.

“Sólo hace frío”,, le digo.

 “¿Cómo de frío?

 “Demasiado”

 No quiero admitirle que las calles en los Países Bajos podrían estar más limpias porque estoy intentando convertir este país en mi hogar otra vez. Hace un año, me trasladé a Addis Abeba después de terminar mi posgrado. Viví en los Países Bajos durante 23 años, después de que me adoptada una familia holandesa cuando tenía 4. Crecí aprendiendo a hablar holandés en vez de Amárico, la lengua nacional de Etiopía. Miré dibujos animados holandeses en vez de oír los programas de radio locales de los que me hablan mis amigos. Mi comida preferida era la tostada con huevos y casi olvidé el sabor del plato tradicional etíope, la injera.

 A menudo los extraños me alaban por volver a “casa” – y siento Addis como mi casa, especialmente cuando estoy rodeada de amigos. Volví para descubrir qué es mi lugar de origen; para ver si era todavía etíope a pesar de haber crecido en el extranjero con una familia europea. Y, por supuesto, para ver en qué tipo de familia habría crecido si no me hubieran adoptado.

 Los desconocidos me preguntan cada día qué me pasó cuando se dan cuenta de que no hablo amárico. Lo estoy aprendiendo – y hay un poster con el alfabeto colgado en la pared de mi casa, que ha hecho que Lidya me ponga el apodo “Bebé Amárico”. Aún estoy intentando coger las maneras adecuadas de saludar en entornos formales y lo que se estila en interacciones sociales.

 La gente normalmente me tiene lástima porque no crecí aquí y no absorbí la cultura y el idioma. Así que he hecho un esfuerzo para comportarme como una chica etíope como Dios manda llevando el pelo liso estos días (solía ser pro-afro) y escuchando educadamente el pastor de mi madre que espera encontrarme un prometido adecuado (no estoy segura de querer casarme, y siento que el pastor se mete en mi vida personal).

 Celebrar el retorno de la hija perdida debe parecerle una gran decepción a mi madre etíope. No puedo imaginar lo que su comunidad dice de mí. Aunque ella es muy dulce y me llama todos los días – algo que nunca he hecho con mi madre holandesa, aunque no dudo de mi relación con ella – no siento que tengamos nada en común para construir una relación que se parezca a algo cercano a un vínculo madre-hija. Ella agradeció infinitamente al cielo que “me trajera a casa”, pero ahora no vemos de la misma manera en religión, el número de veces que la visito y prácticamente cualquier otra decisión que tomo en la mi vida. La adopción no me convirtió en la clase de chica que ella imaginaba, y esto es una decepción.

 Decidí no quedarme con mi familia etíope cuando regresé porque estoy más cómoda viviendo por mi cuenta. Lo he hecho desde los 19. Aunque no me casé, me fui a vivir con amigos que resultaron ser chicos. Otra decepción.

 A Lidya tampoco le impresiona mi estilo de vida. Me mira de forma desaprobadora cada vez que menciono que salgo a tomar algo con amigos, y cuestiona por qué no soy religiosa. El último viernes, la recogí de la Iglesia para llevarla a comer. Mi madre no le deja comer hamburgueses, así que cuando la saco le dejo pedirse lo que quiere. Esa vez, mientras esperábamos nuestra comida, me preguntó por qué sólo voy a la Iglesia cuando la misa está a punto de terminar. Le dije que no estoy segura respecto a Dios – y recibí otra mirada desaprobadora, seguida por una explicación de que esto me sucede porque me crié en Holanda. Si me hubiera quedado en Etiopía, me asegura,, habría sido una decente chica religiosa.

 En el último año, me he dado cuenta de que soy una etíope que ve la mayor parte de las cosas a través de la mirada de una no-etíope. Cosas pequeñas me lo recuerdan, como que me pregunten que es un desayuno llamado firfir, y equivocarme escandalosamente.

 Pero me siento en casa, y no me quejo de Etiopía como hacen los expatriados. En cualquier caso, odio los cortes de corriente frecuentes, lo lento que va Internet, lo que significa que no puedo malgastar horas en YouTube, y que no haya una ristra de 35 marcas de pasta de dientes donde escoger.  

Mi mirada está cambiando, de forma lenta pero segura. Cuando los amigos vienen a visitarme del extranjero, acabamos discutiendo sobre los comentarios estereotipados y prejuiciosos que tienden a hacer sobre Etiopía y su gente. No saben lo suficiente para decir lo que dicen.

He decidido quedarme, no sólo porque haya encontrado un buen trabajo, o porque ya no me juzguen por mi color de piel o porque aún esté lidiando con una crisis de identidad o porque quiera renunciar a mi identidad holandesa. Quiero hacer de este país parte de mí. Tengo curiosidad sobre cuánto me llevará conseguir ser lo suficientemente etíope para que Lidya deje de llamarme “bebé amárica” (¿quizás cuando empiece a tomarme mis clases de idioma más en serio?). Un día quiero ser capaz de decir “soy etíope” con la misma confianza con la que digo que soy holandesa.

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Comentarios en: "Aprendiendo a ser etíope de nuevo" (30)

  1. Me ha encantado esta entrada!!! Super interesante la visión de Marthe.

    • Es curioso, porque lo de que “vuelvan” es uno de los miedos que siempre nos sacan a las familias adoptivas,, ¿y si cuando sea mayor quiere volver? Como si esto fuera malo, como si esto significara necesariamente una ruptura y una negación de todo lo vivido anteriormente…

      • Yo no tengo ningun miedo a eso, si algun día mi hijo quisiera volver al país de los origenes de sus padres biologicos yo le apoyaria, aunque en el caso de mi hijo, su país de nacimiento es España (aunque en mi opinión fue una situación circunstancial), tengo serias dudas de que sentimientos tendra mi hijo sobre eso, de momento aunque yo le hablo mucho, es todavia pequeño para comprender bien esa situación.
        Nuestros hijos el día de mañana pueden vivir en cualquier país y eso no hace tal y como dices tu ninguna ruptura con su vida anterior.

      • ¡claro!, como si quieren vivir en Brasil, Bangladesh o Finlandia… ¿Qué diferencia hay? Y más en la era de los viajes lowcost y las redes sociales…

  2. Yo creo que sí hay una diferencia importante: esta chica no quiere vivir en Finlandia o Bangladesh, quiere vivir en Etiopía para reencontrarse con sus orígenes y reconstruir su identidad. Eso no implica una renuncia a su vida como adoptada, pero sí denota que no es suficiente para ella, que también necesita lo biológico y cultural de su origen para completar el puzzle. Debemos ser muy conscientes de que les puede suceder a nuestros hijos y efectivamente, no pasa nada, al menos no pasa nada malo…

    • Por supuesto que hay una diferencia. Pero esta diferencia es para ella, no para sus padres. O al menos, yo como madre, no lo viviría como algo “peor” que que se fueran a vivir a otros lugares… No lo viviría como una amenaza, como no es una amenaza que hablen de su familia biológica, de su primera madre… Creo que todos sumamos, que todo suma. Es lo que le intenté transmitir a B. cuando decidió “amenazarme” con irse a Etiopía, pensando en su cabreo que esto me molestaría…

      Curiosamente, Jung, el autor de “Piel color miel”, cuenta que él, que es Coreano (pero a quien llaman los desconocidos “chino”) nunca ha viajado a Corea ni se ha interesado particularmente por su cultura, pero sí por la de otro país asiático, Japón…

  3. Me ha parecido una entrada tremendamente interesante y muy curiosa. Mi hijo también nos dice cuando se enfada que cuando sea grande se irá a vivir a Etiopía (él parece que ya tiene claro que de momento no hay nada que hacer… jaja). Yo, por supuesto, le digo que cuando sea mayor puede vivir donde quiera y puedo asegurar que no tengo ningún miedo a que eso ocurra. Pero también creo, como bien dice emma, que no es lo mismo irse a vivir a Finlandia que a su país de origen y para mí tampoco es lo mismo. Hago referencia con esto al comentario de madredemarte que identifica “diferente” con “peor”. No es “peor” para mi como madre que quiera vivir en Etiopía cuando sea adulto pero sí es distinto, para él y para mí. Los motivos que le llevarán a uno u otro lugar son distintos y esto puede darme pistas o ayudarme a entender cómo ha vivido el alejamiento a su lugar de origen y el haber crecido en un ambiente tan distinto al que hubiese sido en otras circunstancias. Además, también será distinto si mi hijo ha compartido conmigo durante su vida qué sentimiento tiene respecto a su relación con su lugar de origen o si no lo ha hecho. Que marche de vuelta a Etiopía me dará mucho que pensar y, posiblemente, que entender… aunque no lo sienta como algo “peor” a que se marche a otro lugar cualquiera del planeta Tierra (o de Marte 😉 ).

    • Sí, claro que es diferente… no me he explicado bien. Lo de “peor” venía al hilo del comentario anterior, de que hay familias adoptivas (y sobretodo, familias no adoptivas que hacen surgir este tema en la conversación) que lo viven como una amenaza. Me refería estrictamente a esto… Volver a su país puede indicar que sienten que no encajan (y que necesitan hacerlo, y creen que pueden hacerlo allí). También puede significar que necesitan profundizar en una parte de su vida que quizás sienten que les quedó cerrada (sea cual sea nuestra actitud al respecto). O que necesita pistas para descubrir su identidad… muchas cosas.

      En este sentido, puede no ser “peor”, sino al contrario, “mejor”: una forma de encontrarse, de sentirse bien consigo mismos.

      Yo creo que si hubiera sido adoptada me haría estas mismas preguntas, me preguntaría qué tengo en común con mi familia biológica y con las personas de mi país de origen, me preguntaría cómo habría sido mi vida de haberme quedado allí… Así que no me resulta difícil de entender que esta chica quiera hacerlo, o que quisieran hacerlo mis hijos…

      Aunque creo que llevaría fatal que se fueran a vivir a cualquier otro país. Soy muy gallina clueca y quiero a mis cachorros cerca…

      • Ciertamente, lo que yo más temo es ese no sentirse de ningún lugar, ese sentirse fuera de lugar en cualquier parte, como da la sensación que le ocurre a Marthe. Eso es lo que más miedo me da en este sentido y me parece un sentimiento muy difícil de compartir y de paliar…

      • A mí me consuela pensar que la gente de ninguna parte, los transfronterizos, los que tienen identidades múltiples… son los más interesantes. Espero que a ellos algún día les consuele también…

  4. Qué buena entrada! Qué interesante! Y que complicado el puzzle de nuestr@s hij@s!

    • Pues sí. Le vengo dando vueltas desde que lo leí, lo traduje, ahora que vais opinando y me hacéis seguir pensando… y me pregunto si esta necesidad de buscar un lugar donde encajar será igual para mis dos hijos, y si la diferencia que pueda haber se deberá a las diferencias de carácter, o al color de su piel. A menudo me pregunto cómo afecta este “plus” que es ser de un color distinto – y por tanto ser percibido como extranjero, siéndolo igual que otro niño que también ha sido adoptado pero comparte etnia con sus padres y con su entorno – a la configuración de la identidad.

  5. Interesantísima esta entrada. Una de las cosas que me gustan más de lo que cuenta Marthe es su punto de independencia frente a esa especie de necesidad de pertenencia que muestra para con el entorno de la familia biológica.

    No sé que hará mi hija cuando sea mayor. Yo creo que sí volvería al país de origen; también creo que tendría, como mínimo, curiosidad por conocer a mi familia biológica. Por eso, y por otras muchas razones presentes en nuestro día a día, una de las cosas que me preocupan más es educar a mi hija de manera que sepa afrontar sus retos con entereza, sinceridad, consciencia… No sé como explicarlo. Sé que algunas cosas no van a ser fáciles para ella, y quisiera que sus retos no la superen. Por eso me ha gustado el post.

    • Sí: que no deje de ser ella misma para gustar a su familia biológica, para convertirse en lo que ellos querrían que fuera. Que debe de ser tan difícil como resistirse a intentar ser lo que quiere tu familia adoptiva…

      • Exacto! Leyendo la aportación de otra lectora he sido capaz de ponerlo en palabras (no son las mismas que las tuyas, pero dicen más o menos lo mismo): lo que yo temo es que ese no sentirse de ningún lugar la empujen a complacer ya sea a su familia adoptiva, ya a su familia biológica.

      • Esperamos que no, y que si lo hacen, el precio que paguen por ello no sea demasiado alto…

  6. A saber cómo sera para nuestrxs hijxs… No será nada fácil porque por muy etíope que quiera ser, educada cómo farengi siempre llevara ese lastre.
    El tiempo dirá, veremos que deciden en un futuro. Siempre he pensado que sería muy interesante para mi hija (aunque quizás ella no tenga ningún interés) en cuando sea mayor de edad pasar algún verano colaborando con alguna ONG o cualquier actividad que ella viera factible. Sería una lección de vida muy intensa que a mi me hubiera gustado hacer, pero quizás ella no muestre ningún interés. De momento tiene claro que si va de viaje, es con nosotros y luego volvemos todos. Ella no tiene ninguna intención de quedarse. Solo tiene 9 años.
    Pero de momento no manifiesta interés en viajar, ni en aventuras cosa que su hermano de 6 si muestra. Así que … ya veremos que sienten y que deciden.

  7. Impresionante. Por cuestiones de la vida, mi marido y yo tenemos pendiente una parte del plan de vida que ideamos hace unos años: marcharnos a vivir al Sur (al geográfico, al de índices de desarrollo, etc).
    Hemos ido cogiendo otros caminos, pero parte de nuestra mirada está puesta siempre allí.
    Ahora, a escondidas, miramos a nuestros hijos, nacidos en Etiopía, y soñamos con que ellos nos lleven allí. Que decidan marcharse a vivir al país que los vio nacer. Y nosotros con ellos… 😀
    Soñar es gratis.

  8. Que interesante entrada ! Mi hijo también amenazaba con irse a Etiopía cuando se enfadaba.Pidió volver (sin enfado de por medio)al año de su adopción(adoptado a los 4) y fue casi a los 3 cuando hemos vuelto con él.
    Hay una frase de una canción de Antonio Vega : “y volveré a ese lugar donde nací…” q me pone la carne de gallina porque a mi lo normal me parece q tengan esa necesidad de conocer, saber e incluso recordar su vida allí.
    Otro tema curioso relacionado con la identidad y con el querer encajar…al mio si le preguntan de donde es suele responder q es del pueblo donde vivimos pero el otro día en unas fiestas de otro pueblo una cuadrilla de senegaleses le preguntaron de donde era y el respondió que de Etiopía ! Jaja no sé….me pareció curioso q él supiese que aquellos le peeguntaban en que país había nacido.

    • Mi hijo también tiene muchas ganas de volver, y yo, y lo haremos. Pero la idea es ir y regresar, claro 😉
      Por otra parte, yo veo que a mis hijos les pasa algo parecido: cuando les preguntan en Barcelona de donde son, a veces contestan que de Etiopía y Marruecos (otras se niegan a contestar, o tiran pelotas fuera, si les parece intrusivo), pero cuando estamos fuera, en otras ciudades, dicen que son de Barcelona… No depende tanto de quién lo pregunta como de dónde están.

  9. Como siempre interesante…No es tarea sencilla la que emprende esta joven. Al final creo que tiene que ver con que buscas encontrar lo que siempre has sabido que no tenías. No se si me explico. Tiene que ver con lo que mencionaba Tarike en su entrada de hoy, muy recomendable. Con que hay cosas que te señalan como diferente a lo largo de tu vida y buscas un lugar en el que sentirte más igual. El impacto de descubrir en ese camino, que probablemente siempre serás diferente, y darle a eso una visión positiva, requiere de mucha madurez y criterio y requiere, desde luego, de una gran flexibilidad cognitiva y emocional donde valores más lo que tienes en común, lo que te acerca, que lo que te separa de los que te rodean, cruzando los dedos para que a los demás les pase lo mismo.

    • No había leído la entrada de Tarike… leí la de ayer y pensaba que te referías a esta (y no entendía nada, claro). Voy a subirla al blog porque creo que da muchos elementos para reflexionar.

      Yo creo que hay una etapa en la vida en la que quieres ser igual, pertenecer. Pero que llega otra en la que empiezas a agradecer las diferencias. Lo que te hace como eres.

  10. Me recuerda en parte a escenas de los dos libros de Asha Miró sobre sus regresos a India.

    • Sí, aunque la intención de permanecer durante un tiempo largo allí añade a este viaje una profundidad que los de Asha Miró (como los de otros adoptados que regresan a conocer su país de origen) no tienen.

  11. Creo que nuestros hijos sentiran antes o despues la necesidad de regresar a Etiopia. Cuanto tiempo se quedara??? eso es la mayor incertidumbre… Mi pensamiento es que el dia que lo decida estar junto a ella para apoyarla. Me da un poco de pena leer la relacion dificil de esta chica con su madre adoptiva….
    Lo que a veces me da miedo es que se sienta extranjera en España y en Etiopia…..

    • ¿De dónde deduces que tiene una relación difícil con su madre adoptiva? La única referencia que encuentro en el texto es que “no duda de su relación con ella”, y esto justamente me hace pensar en una buena relación…

      Yo creo que es inevitable que se sientan un poco extranjeros en los dos sitios, un poco en casa en los dos sitios… y quizás es la única manera de que sean ciudadanos del mundo…

    • Yo tampoco deduzco que tiene mala relación con su familia adoptiva, al contrario que acepten y comprendan su decisión para mí es un acto de amor muy bonito. A mi no me inquieta el tiempo que se quiera quedar, sera su decisión a partir de sus 18 años. Para mí es lo mismo que se fuera a vivir a Australia o a la conchinchina, a la fuerza nuestra relación sería cybernautica-teléfonica pero no por eso menos intensa. Conozco familias que todos los días se llaman por teléfono, yo vivo en la misma ciudad que mi familia y nuestra relación es semanal o quincenal así que la proximidad no siempre es sinónimo de cálidad.

      • Sí, yo creo que llevaría mal la distancia, pero se fueran donde se fueran: no me sentiría amenazada porque decidieran volver a su país de origen. Creo que mala relación se puede tener viviendo en el mismo barrio, y que irte a vivir en el lugar donde naciste, no necesariamente indica que no estás a gusta donde estás: puede significar que quieres profundizar más en tu historia, que no tienes miedo a explorarla, que no huyes, que tienes la suficiente confianza en tus padres como para atrevirte a hacer algo que podrías pensar que puede dañarlos…

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