familia monoparental y adopción

Archivo para noviembre, 2013

Familias monoparentales y numerosas

El PP y CiU han vuelto a rechazar cambiar la ley para que las familias monoparentales con dos hijos sean ‘familia numerosa’, como sí lo son (aunque la noticia no lo diga) cuando el padre o la madre son viudos.

No tengo mucho más que decir al respecto que lo que dije cuando hace 3 años se rechazó también… sólo aportar una anécdota de nuestra cambiante situación familiar.

Yo soy madre sola de dos hijos. Pago el alquiler, los gastos de escuela, las canguros con un solo sueldo, me ocupo de mis hijos y mi casa – y de mi trabajo – con un solo par de manos, recibo ayuda de una sola familia extensa… N., es madre sola de dos hijos. Paga su hipoteca, los gastos de escuela, las canguros… con un solo sueldo, se ocupa de sus hijos y su casa – y de su trabajo – con un solo par de manos, recibe ayuda de una sola familia extensa. Ninguna de las dos tenemos derecho a las ventajas de ser considerada familia numerosa.

Sin embargo, juntas, y con dos sueldos (y un solo alquiler o hipoteca), cuatro manos, más familia y amigos en nuestro entorno… si tenemos derecho a estas ventajas.

¿No es absurdo?

P.D: Buscando imágenes para esta entrada, he encontrado bastante variedad en familias monoparentales, incluso con dos hijos; bastante variedad en familias numerosas; y bastante variedad también en familias homoparentales; pero no he conseguido ninguna imagen de familia con dos madres y cuatro niños. Todo se andará, supongo…

La relación con los iguales

Discutíamos unos días atrás a propósito del TDAH (de su sobrediagnóstico y de su significado social) y me comprometí a escribir más largamente sobre una de las ideas que se apuntaban entonces: cómo ha cambiado la relación de los niños con sus iguales.

Se habla mucho de cómo afecta a los niños que están creciendo hoy la incorporación de sus madres al trabajo (incorporación que yo creo que no es tal: creo que, excepto en una época y clase social muy determinada, las mujeres siempre han trabajado, y han trabajado muchas horas, y han delegado el cuidado de sus hijos en otras personas: abuelas, hermanas mayores, vecinas, etc), los horarios laborales de los padres y las dificultades de conciliación, pero yo creo que nos olvidamos de un cambio que es tanto o más importante: cómo ha cambiado la relación con sus iguales.

Los niños de la edad de mis hijos están creciendo, en muchos casos, en familias de hijos únicos. Son niños que, además, y quizás por ser un bien escaso, viven muy sobreprotegidos, y han dejado de jugar en las calles libremente, sin supervisión de adultos, en un espacio y un tiempo propios. Y yo estoy convencida de que esto genera una forma de relación muy distinta entre los iguales, y esto creo que es una gran pérdida, y que no somos muy conscientes de ello.

¿Qué consecuencia va a tener la pérdida de la relación entre iguales? ¿Si no aprendemos durante niños a pelearnos y reconciliarnos, a negociar y a ceder, a entendernos con los que nos gustan y con los que nos gustan menos… lo sabremos hacer de mayores? ¿Cómo aprenderán a resolver situaciones complejas y a tomar decisiones niños que ahora son tutelados de cerca por los adultos? ¿Se puede pasar de ser “el Rey de la casa” a ser un compañero en una oficina?

Contra la violencia de género

 

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Hoy es el día Internacional contra la Violencia de Género, establecido por las Naciones Unidos en 1999 para conmemorar el violento asesinato de las hermanas Mirabal (Patria, Minerva y María Teresa), tres activistas políticas asesinadas brutalmente el 25 de noviembre de 1960 en República Dominicana. Un fenómeno que la OMS define como una epidemia: cuatro de cada 10 asesinatos a mujeres los cometen sus parejas y un tercio de las mujeres ha sufrido o sufrirá esta violencia en su vida de pareja. En España, han sido 45 las mujeres asesinadas a manos de sus parejas o exparejas en lo que va de año, y 700 en la última década.

Quiero recuperar un artículo que leí unos días atrás y que da algunas recomendaciones interesantes sobre cómo hablar de este tema con nuestras hijas.

Resumo:

  • Hay que decirle que los celos no son una prueba de amor. Que no ha de sentirse halagada cuando él quiera controlar con quien habla o qué hace en cada momento del día (…)Hemos de decirle que cuando la hace callar, no es que la quiera proteger de meter la pata, sino que lo que piensa no le importa (…)Y que por mucho que le diga que ha de reinar entre ellos la máxima confianza, que todo ha de ser transparente, sus claves de internet son personales e instranferibles y él no tiene porqué entrar en sus cuentas. Hemos de decirle que el amor no debe estar reñido con la libertar y la independencia, y si lo está, no es amor.
  • Si por desgracia, ha establecido ya una relación estable con un maltratador, hay que decirle que no va a ser fácil salir de la espiral de la dominación, pero tiene que intentarlo porque le va la felicidad y tal vez la vida en ello (…)Hay que hacerle ver que las fantasías de que podrá conseguir que cambie, una y otra vez desmentidas por la realidad, son solo eso, fantasías. Él difícilmente va a cambiar y lo más probable es que, si continúa a su lado, la que acabe cambiando sea ella.
  • Y cuando por fin encuentre fuerzas para intentar alejarse de él, hay que decirle que tiene que ir con mucho cuidado y protegerse, porque ese es el momento más delicado. Cuando perciba que quiere separarse, que ha tomado una decisión, él va a entrar en una crisis de identidad que puede volverse contra ella. Toda precaución es poca en ese momento.

Estoy convencida de que el hecho de que aumenten las denuncias de violencia de género no es una mala noticia, no es un indicador de que hay más violencia sino de que me hay más conciencia de que está mal, de que se puede y se debe denunciar; y que seguramente, muchas mujeres de la generación de la que escribe piensan que el machismo ha aumentado porque de su juventud recuerdan su entorno, su burbuja… no tienen la imagen global.

Pero aún así, creo que estos consejos son importantes, que no solemos hablar de estas cosas porque siempre pensamos que les pasan a los demás… y creo que hay que explicárselo a las chicas… y a los chicos. Porque ninguno de ellos está a salvo de meterse en relaciones tóxicas, porque aunque la violencia que mata suela ser patrimonio de los hombres, otros tipos de violencia, como el control, son patrimonio de ambos géneros.

También creo que es fundamental predicar con el ejemplo. ¿Qué ven en casa? ¿Hay respeto entre la pareja (si la hay)? ¿Qué renuncias hacemos por la pareja, por no discutir, porque “no le gusta”? ¿Tiene cada uno su propio espacio? ¿Nos permitimos mantener opiniones distintas, discutir sin pelearnos? ¿Aceptamos la privacidad del otro, sin intentar controlar ni sus amistades ni sus actividades, en el mundo virtual y el real?

¿Somos capaces de transmitirles que querernos a nosotros mismos, y tratarnos bien, es tan importante o más que querer – y ser queridos – por otro?

A vueltas con el TDAH

Hace algunos días, C. me pasó un libro llamado “¿Hiperactividad y Déficit de atención?”, escrito por Heike Freire. Confieso que lo tengo en el montón de “pendientes”, pero en el vistazo que le eché me pareció que contenía ideas muy interesantes.

Me he topado con esta entrevista a la autora, y resumo algunas de las ideas que recoge, que me parecen muy interesantes no sólo para hablar de TDAH sino también, y sobretodo, para hablar del momento y la época en la que vivimos.

Como muchos otros estudiosos del tema, la autora sostiene que el TDAH está sobredignosticado, Y además, y esta para mí es una aportación interesante, considera que es un trastorno de época que está ligado a una situación social determinada: Para mí es una dificultad que tienen los niños y niñas para adaptarse a esta nueva sociedad. Vivimos en una sociedad que cambia continuamente y que cada vez se aleja más de la naturaleza, que se convierte en una sociedad más artificial y al ser humano le cuesta mucho trabajo adaptarse.

Por otra parte, también nuestros baremos, los de los adultos, han cambiado: Hay psiquiatras que afirman que lo que hace 30 años era normal, hoy en día ya no lo es, y los padres y los educadores no soportamos determinados comportamientos que antes eran naturales y ahora ya no lo son.

Recuerda que los síntomas de TDAH son comunes a otras situaciones: si el niño tiene que ir a un especialista aconsejo que sea alguien que pueda tener una visión lo más global posible del niño o la niña, que sea alguien que se tome el tiempo de observarlo y ver qué necesidades puede estar expresando con el comportamiento que está manifestando. Puede tener necesidades de movimiento, de juego, de contacto físico o de excesos de tecnología, que también hay muchos niños que plantean síntomas de TDAH y en realidad es un problema por demasiadas horas de pantalla.

Lógicamente, pone a la escuela en su punto de mira: Otro de los factores que influye es la presión a la que son sometidos en el colegio, en Madrid hay colegios donde a un niño de tres años se le hace un examen para ingresar en el colegio. También colegios que hacen pruebas de ingreso de lectura, y cálculo a niños de 5 años o tenemos escuelas bilingües, que para darles un diploma envían a un señor muy serio que va a examinar a una niña de 6 con una prueba oral de inglés. Vivimos en una sociedad que ejerce una presión muy grande sobre los niños y que además la noción de normalidad se está estrechando cada vez más.

Hay que trabajar desde otros conceptos, en este país habíamos tenido unos avances súper grandes en cuanto a educación a finales de los 70 y los 80, pero desde los 90 tenemos un retroceso en el sentido que se vuelve a la escuela tradicional que ya no responde a las necesidades de los niños, esto hay que cambiarlo, por ejemplo creemos que la mejor manera para que una persona atienda a una explicación es estar sentada y callada, pues no es así ya que hay estudios que demuestran que la mejor manera de retener información es moviéndote porque ves diferentes aspectos de un problema cuando te estás moviendo.

También habla de la familia: Los padres siempre tenemos que estar pendientes de todo lo que hacen nuestros hijos, deberes, el tiempo que pasan delante de las pantallas, ahora bien los padres estamos desbordados, asustados por toda la información que nos bombardea desde el exterior. Un estudio en Estados Unidos revela que el primer miedo de los padres de niños menores de tres años es que sus hijos no encuentren un trabajo cuando sean mayores, tenemos mucho miedo al futuro de esos niños porque no sabemos qué les va a pasar, por lo que les sobre protegemos, y esto no es bueno para los niños. Hay que trabajar el transformar entre toda la sociedad el entorno porque está claro que los padres solos no podemos. Lo primero que hay que hacer es que los niños recuperen su espacio social que antes tenían en las calles y que hoy en día hemos perdido, para que ellos se puedan relacionar con sus iguales y tengan su espacio y que hagan las cosas que un niño debe de hacer.

Ir al cole en bicicleta o andando ya que mejora notablemente su capacidad de concentración en las horas de la mañana en la escuela. Por otra parte, es bueno que se relacionen con sus iguales sin estar supeditados a las órdenes de un monitor o un cuidador.

Estas últimas ideas, las que tienen que ver con la relación con sus iguales, me parecen las más interesantes y novedosas. Prometo una entrada sobre el asunto en breve.

Egoista

Seguramente todas las madres monoparentales nos hemos tenido que enfrentar alguna vez al comentario, la pregunta o el reproche de que la nuestra es una decisión egoista: privar a un hijo de su padre por el capricho de convertirnos en madres.

Yo creo que tener un hijo es, y debe ser, una decisión egoista. Tenemos hijos porque pensamos que estaremos mejor de lo que estamos, ¿no? Y esto no deja de ser egoista, aunque el ejercicio de la maternidad pueda ser todo lo contrario al egoismo.

Pero plantearnos que es más egoista tener hijos sin padre que en otro tipo de familia, me parece muy perverso. Creo que todas las familias son distintas y tienen y aportan cosas distintas. ¿Es mejor tener hermanos y por tanto es egoista tener hijos únicos? ¿Es mejor tener toda la atención de tu madre o tus padres o tus madres y por tanto es egoista tener una familia numerosa? ¿Es mejor tener abuelos y por tanto es egoista tener hijos si tus padres han muerto – o si son demasiado mayores? ¿Es mejor tener primos y por tanto es egoista tener hijos si no tienes sobrinos? ¿Es mejor tener mucha familia extensa y por tanto es egoista tener hijos si no tenemos hermanos o primos o no nos relacionamos con ellos? ¿Es mejor tener padres jóvenes y por esto es egoista tener hijos si pasas de los 35?

¿No damos demasiado peso a la figura del padre, al modelo familiar “convencional”, como si fuera el único, y no uno más entre todas las posibilidades existentes?

En ocasiones, respondemos que es mejor crecer en una familia monoparental que en una familia donde el padre está ausente, es un maltratador, un irresponsable, o no se lleva bien con la madre, pero esta argumentación me parece también perversa, y creo que bebe en esta idea de que hay sólo un modelo familiar bueno, el de padre + madre + hijos.

Yo estoy convencida de que la familia monoparental es buena de por sí, no sólo en comparación con otras (malas) familias (o con la ausencia de familia).

Tiene desventajas respecto a una familia de dos adultos bien avenidos, pero incluso en este caso, también tiene algunas ventajas.

Y aunque no las tuviera, o no se las viéramos, creo que debemos reivindicar que no somos familias de segunda.

Niños como Hana Williams

Hace tiempo que sigo el caso de Hana Williams, una niña adoptada en Etiopía por una familia americana que terminó matándola de hambre y de frío, después de años de un maltrato que es difícil describir con otra palabra que tortura. Recientemente ha llegado a mis manos este artículo, que cuenta con detalle la historia (sólo apta para estómagos fuertes) y otros casos parecidos, aunque la mayoría de ellos, afortunadamente, no han terminado en muerte.

Una vez pasas los casos particulares de Hanna Williams y de la familia Hehn (muy truculentos ambos), el retrato que hace de este modelo de familia adoptiva (fanáticos religiosos, que adoptan para “salvar”, con muchos niños – en alguna casa, hasta 30 – con métodos educativos muy punitivos), es muy, muy interesante. Y preocupante.

Todos los adoptados con los que hablé habían sido adoptados por familias numerosas, que tenían entre 6 y docenas de hijos, y muchos estaban, en distintos grados, aislados del mundo exterior, bien porque eran educados en casa, bien porque sus padres tenían un control rígido de sus interacciones sociales. Muchos de los padres, aunque no todos, eran devotos religiosos y practicaban grados distintos de crianza estricta, que a menudo incluía el castigo físico. Era, en muchos sentidos, una comunidad interconectada de familias que habían adoptado internacionalmente y que, según los adoptados, compartían trucos de crianza y disciplina y se visitaban unos a otros. Muchas de las familias estaban vinculadas por los hermanos biológicos de sus hijos adoptados, que estaban divididos entre el grupo. Y en todas las familias, había adopciones que terminaron mal. Más de uno me dijo que la historia de Hana Williams, antes de su muerte, se parecía a la de algún hermano o a la suya propia.

“Los padres adoptivos que comparten este punto de vista miran a los niños como un enemigo al que hay que conquistar. Si ganas la batalla, salvas el alma de la criatura”.

(…)

Históricamente, se creía que las adopciones fallidas se circunscribían a niños procedentes de países donde los chicos estaban institucionalizados durante largos períodos de tiempo (como Rusia o Rumanía) o de zonas en conflicto donde los adoptados podían haber experimentado un trauma grave (como Liberia o Sierra Leone). Ahora, este patrón está emergiendo con adoptados de países que no comparten estas características, incluyendo China y Etiopía, dos de los principales proveedores de niños de adopción internacional para los Estados Unidos. En otras palabras, problemas que los padres adoptivos frecuentemente atribuían exclusivamente a los adoptados, por estar demasiado dañados para ajustarse a la vida en familia, a veces tienen su raíz en los padres también, que se embarcan en adopciones como un desafío, con mucho celo pero sin rodaje ni preparación, y en un sistema que tiene pocos controles efectivos. Adopciones que terminan de forma tan catastrófica como la de Hana no lo hacen por culpa de un mal libro (las lecciones de disciplina que comparten muchas de estas familias), sino a una combinación tóxica de familias mal preparadas y sobrepasadas, un estilo inapropiado de crianza estricta que exacerba el comportamiento traumatizado de estos niños, y un sistema de control que a menudo erra en valorar a ambos. Y la versión de la historia de los niños raramente se cuenta.

Parece claro que a 25 o 30 niños – incluso , no sé, 12 – es bastante difícil atenderlos bien, más allá de lo material, con solo 2 pares de manos adultas. Cuánto más, niños que vienen con “mochila”, dificultades especiales, historias distintas, orígenes distintos… ¡¡y si encima ni siquiera cuentas con la ayuda externa de la escuela!!

(A veces me parece que en Europa nos pasamos en cuanto a “tutorizar” la vida privada de las personas, pero esta falta de “control externo” con el que viven en estas familias, donde su casa es su castillo, donde nadie sabe qué pasa de puertas adentro, me parece altamente preocupante).

Pero más allá de las dificultades “prácticas”, sin duda, las motivaciones de estas familias también tienen mucho que ver con lo que sucede después: Cuando uno adopta a 25 niños – niños mayores, niños con dificultades y discapacidades, grupos de hermanos – no lo hace desde el deseo de formar una familia (sin duda estas familias parecen más orfanatos que otra cosa), sino desde el deseo de “salvar”.

En ningún punto del artí­culo se comenta, pero me parece que el hecho de que los padres sean blancos y los hijos negros, en algunos casos, puede ser un factor importante en la forma de relación: tengo la sensación de que viven la adopción como una versión moderna del colonialismo, como si los “negritos” fueran seres sin alma a los que traer a la verdad del mundo…

Los abuelos

Un abuelo es un hombre que no tiene hijos y por eso le gustan los hijos de los otros. Los abuelos no tienen nada que hacer, a no ser estar allí. Cuando nos llevan a pasear, caminan despacio y no pisan las flores bonitas ni los gusanos. Nunca dicen: ¡Vete de aquí!, ¡Te vas a dormir!, ¡Ahora no! ¡Te vas a pensar a tu cuarto! Normalmente son gordos, pero lo mismo consiguen abrochar nuestros zapatos. Saben siempre lo que nosotros queremos. Sólo ellos saben como nadie la comida que nosotros queremos comer. Los abuelos usan anteojos y a veces hasta consiguen sacarse los dientes. Los abuelos no precisan ir al peluquero porque son pelados o están siempre con los pelos prolijitos. Cuando nos cuentan cuentos no se saltean partes y no les importa tener que contar la misma historia varias veces. Los abuelos son las únicas personas grandes que siempre tienen tiempo para nosotros. No son tan débiles como dicen, a pesar de que se mueren más veces que nosotros. Todas las personas deben hacer lo posible para tener un abuelo, sobre todo si no tienen televisión.

Texto de una niña de 8 años publicado en Jornal do Cartaxo, Brasil.

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