familia monoparental y adopción

Debatíamos hace unos días sobre dibujos animados, y yo apuntaba que en los que se hacen ahora, me molestan los agresivos, machistas… pero también los excesivamente blandos y políticamente correctos, sin nada que se parezca a la vida real, donde todo es buen rollo y buenos sentimientos…

Y justo me fui a topar con este texto colgado en la página de Facebook Estrategias Educativas, que tanto me gusta, y que viene a decir lo mismo, aplicado a los cuentos.

Desconfía de los cuentos y novelas que sirvan para enseñar algo muy concreto. Si el libro demuestra claramente que los dientes deben cepillarse todas las noches, que no hay que discriminar a los asiáticos y que los enanos son personas, probablemente no tenga mucho valor literario. Las grandes obras literarias no enseñan nada, al menos no directamente, y, al contrario, crean encrucijadas que provocan más preguntas que respuestas. Ricardo Mariño

Yo recuerdo de mi infancia (y también ahora) que me gustaban los libros transgresores, que me generaran emociones, aunque no fueran agradables, y sobretodo, que no pretendieran educarme. Incluso los libros que eran manifiestamente sexistas o racistas, considero que sirvieron para educar mi sentido crítico.

¿Qué riesgo tiene el exceso de corrección política en los cuentos? ¿Pueden los libros-lema hacernos aburrir los libros? ¿Es la violencia en libros y series una forma de sublimar la violencia que no usamos en la vida real, y por tanto, una suerte de antídoto contra ella? ¿Tienen sentido estos libros que te dicen qué tienes que pensar… en vez de hacerte pensar a tí?

Y…

¿Podemos apreciar los libros buenos si no leemos los malos?

Anuncios

Comentarios en: "Los cuentos y la corrección política" (24)

  1. Que gran verdad! Los cuentos están para emocionar en todo su amplio sentido.

    Los cuentos que “educan” deberían denominarse de otra forma, ya que su objetivo es claramente otro

  2. Esta entrada me recuerda a dos perlas de Arturo Perez Reverte hablando sobre los cuentos y de las que estoy completamente de acuerdo:

    “Es una lástima que a los niños de ahora no les demos a leer con más frecuencia aquellos viejos y extraordinarios cuentos clásicos de Andersen, Perrault o los hermanos Grimm, en vez de tanta imbecilidad cibertelevisiva o de esos relatos políticamente correctos, insultos descarados a la inteligencia infantil, del tipo el pirata Chapapata y la gallina Cucufata, Wolfi el lobo bueno y generoso, la habichuela Noelia y cosas así, con los que algunos profesores y padres se tragan el camelo de que los niños leen y lo que leen les aprovecha.

    Frente a tanta chorrada vacía de contenido, historias de toda la vida, hermosas y duras al mismo tiempo como pueden serlo El patito feo o La niña de las cerillas, y sobre todo El soldadito de plomo con su trágico relato de amor, envidia, heroísmo, dignidad y muerte -el cuento que a algunos más nos hizo llorar de niños-, son extraordinarias introducciones para que las criaturas se vayan familiarizando con la vida y sus circunstancias. Para que se vacunen, vaya. O empiecen a hacerlo. Y me refiero a la vida de verdad: la vida real.

    Uno de esos cuentos, por ejemplo, El traje nuevo del emperador, es una extraordinaria lección para interpretar el presente y prevenir el futuro; una herramienta de lo más eficaz para que nuestras criaturas, por lo menos las más espabiladas, adviertan lo que tenemos, y se preparen ante lo que les viene encima; que en vista del panorama va a ser de agárrate que vienen curvas. En realidad, el cuento del genial Andersen es para niños sólo en apariencia, pues contiene la mejor parábola sobre lo políticamente correcto que he leído nunca: el mejor y más afinado diagnóstico sobre la estupidez, la mentira y la infamia gregaria del mundo cobarde en que vivimos. La ilustre veteranía del relato prueba que la cosa no es de ahora; lo que ocurre es que, nunca como hoy, tantos millones de imbéciles estuvimos de acuerdo en mostrarnos de acuerdo en aquello en lo que ni siquiera creemos, o vemos. Ése es el aire de nuestro tiempo. Por no hablar de la España de cada día. De cada telediario. ”

    “Si nos vamos a los cuentos para niños y los dibujos animados, ni les digo. Chorrean mermelada hasta echar la pota. Todo cristo, incluso los malos tradicionales de toda la vida, es ahora bueno y simpático: vampiros, ogros, marcianos, magos, asesinos, bandoleros y demás, son de un entrañable que revuelve las tripas. Hasta las brujas malas -que además suelen estar anatómicamente potables en sus versiones modernas- tienen siempre una escena en la que se explica la razón freudiana por la que la sociedad las hizo perversas como son; e incluso algunas cambian de bando al final, movidas por la compasión y los sentimientos naturales en todo ser humano. Etcétera. Y qué decir de los malos de pata negra, con solera, como los piratas. Eso ya es para no echar gota. Ahora la única diferencia entre un feroz filibustero del Caribe y un reno de Santa Claus es que el filibustero lleva un parche en un ojo. Si no me falla la memoria, el último malo de verdad en una película de dibujos animados -admirable malo a secas, auténtico, digno, sin mariconadas, malo como Dios manda- era el capitán Garfio.

    Dirá alguno de ustedes que qué pasa. Por qué ha de ser negativo que los malos sean buenos. Y a eso responde el simple sentido común: transformar en figuras adorables a todos los personajes que tradicional y universalmente han venido siendo claves para encarnar el mal en la imaginación de los hombres, en las fábulas, relatos y ejemplos con los que nutrimos el imaginario de niños y jóvenes, es escamotear referencias útiles, símbolos necesarios para identificar el mundo que los aguarda, y para sobrevivir en él. Un niño, sobre todo, necesita saber claramente que existen el bien y el mal, e incluso que la misma Naturaleza tiene sus propias maldades objetivas, intrínsecas. Sus reglas implacables. Y que, por todo eso, el mundo, la existencia, son territorios imprecisos, lleno de cosas hermosas pero también de amenazas y enemigos hostiles. De maldad y negrura. A ver cómo van a enfrentarse después a la vida y sus brutalidades unos chicos educados en la idea perversa de que todo lo real o imaginado es bueno, o puede serlo. De que el bien siempre triunfa, los pajaritos cantan y el mal se disuelve bajo la luz de la verdad, el amor y la razón. De que hasta los tiburones, los buitres y las serpientes son bondadosos. De que los malos no existen. Hacerles creer eso es criminal, pues sentencia a muerte, deja intelectualmente indefensos, a quienes necesitarán más tarde mucha lucidez y mucho coraje para sobrevivir en este mundo hostil. En la educación de un niño, la figura del malvado, la certeza de su negra amenaza, es incluso más necesaria que la del héroe.”

  3. Rememorando las ultimas pelis de dibujos animados que he visto, tiene razón Reverte que es muy difícil ver malos de verdad!! El malvado Megamind se convierte en bueno y salvador y el de los Increibles se vuelve malo porque fue ignorado por el héroe en su niñez,Gargamel,es un malo tan cutre que da risa, creo que solo se salva la bruja Gothel, de Enredados y el Dr. Facilier de Tiana y el Sapo…

    • Gru también es un villano bueno… Aunque en “Aviones” (que mala es) sí hay un malo-malo… Y ahora mismo de películas recientes no me viene nada más…

  4. Pues yo, aunque estoy de acuerdo con Reverte, no puedo evitar añadir que sí que hay una cosa que me chirría de los cuentos: el hecho de que al malo se le represente como alguien feo o que da miedo: la bruja (que suele ser vieja y/o fea), el lobo, la madrastra (también fea), el Capitán Garfio (feo y con una mutilación y el garfio), etc. etc.

    ¿No pensáis que eso enseña a los niños a solo confiar en los que son guapos o tienen buena apariencia? ¿No creéis que un niño en un parque huirá del chico de chándal sucio y rastas – que quizá sea un ángel de bueno-, pero se fiará del hombre limpio, trajeado y con maletín – que puede ser un pedófilo – ??

    No sé.. creo que – por supuesto – los niños deben saber que en la vida hay cosas buenas y cosas malas, pero también deben saber que las malas no siempre vienen de las personas que tienen mala apariencia o son simplemente más feas…

    Quizá sea algo obvio, el típico “no irse con extraños”, pero pienso que sería prudente añadir el toque de la apariencia… porque una dulce chica en el parque hablando con niños puede esconder intenciones muy perversas….

    ¿O soy yo muy paranoica?

    • En general, creo que tienes razón, que se asocia fealdad y maldad, quizás con la idea subyaciente de que lo segundo es consecuencia de lo primero… ¿o viceversa? Pero creo que en los cuentos tradicionales hay los suficientes “malos guapos” y “buenos feos” como para compensar esta idea. La malvadísima madrastra de Blancanieves era la segunda mujer más guapa del Reino (ordena la muerte de su hijastra cuando esta la supera en belleza), y la Bestia era un monstruo que era un paradigma de bondad (aunque a mí no me gustó que se volviera guapo con el beso de la chica: como si feo no fuera querible).

  5. Es que es es la tendencia actual, la sobreprotección. Mi mayor (5 años) siempre me pide que le cuente el de “Los siete cabritos y el lobo” y le fascina la parte de “le cortaron la barriga y se la llenaron de piedras y luego fue a beber al pozo y se ahogó”. En cambio mi propia madre me decía que le dijera que al lobo lo mandaron al colegio para que aprendiera a portarse bien. Que los cuentos que ella me contaba a mí de pequeña (Hansel y Gretel, Caperucita etc.. ) ahora le parecen “brutales”. Pues anda que no me acojonaba ni nada con “el coco”, el “hombre del saco”, “la marabulla” y aquí estamos tan contentos…..
    El otro día flipé cuando mi mayor me preguntó quién era el diablo. Y yo le dije ¿ qué no sabes quién es? Uno con cuernos y rabo de color rojo. Total que me metí en un patatal intentando explicarle y yo a su edad, no sólo sabía quien era sino varios de los normbres que tenía.

    • Está claro que este miedo que producen los cuentos, tiene una función social y educativa; y que edulcorar las historias tiene sus consecuencias.

      Lo del demonio, yo lo he vivido con mis hijos con otros asuntos de religión… yo no soy creyente, ni lo son mis padres, pero sí lo eran mis abuelos y la historia sagrada la aprendí por ósmosis. A mis hijos sin duda les está faltando este aprendizaje…

      • Yo soy creyente, católica y practicante (aunque hay cosas de la Iglesia con las que no estoy de acuerdo en absoluto. Pero ni yo ni los curas con los que trato, pero este es otro asunto). A mis hijas de 5 y 2 años a veces las llevo a Misa ( a la de 5 le pregunto si quiere venir porque no quiero que lo haga obligada) y reza por la noche. Le he enseñado quien era la Virgen y Jesús, pero me niego en redondo a acojonarla con el Infierno y esas historias truculentas. Una cosa es la Iglesia que ayuda, el voluntariado y que está cerca del hombre de hoy día y otra “el ala radical” que cree que los homosexuales son enfermos, los divorciados pecadores, no existe el control de natalidad y demás batallitas trasnochadas.

      • Si la jerarquía de la Iglesia se pareciera más a ti, seguramente, la Iglesia Católica tendría mejor prensa…

  6. Yo me escondía para leer todo lo políticamente incorrecto, con esto te lo digo todo xD

    • A mí me encantaba leer libros de mayores. Recuerdo que le “robé” a mi abuela un montón de novelas negras (y que una de ellas me obligó a dejarla a la mitad cuando le pregunté qué era un aborto…). También recuerdo leer fascinada las páginas de sucesos (y ahí aprendí también que no hay que preguntar qué son “genitales”… en una noticia de venganzas mafiosas…)

  7. Os recomiendo el libro “Psicoanálisis de los cuentos de hadas” de Bruno Bettelheim. Lo estoy leyendo y es una gran defensa de los “cuentos de hadas” tradicionales y de todo lo que se puede extraer de ellos. A mí me parece brillante.

  8. Lo curioso es que hasta los cuentos tradicionales ya están más light de lo que eran. Mi madre siempre se reía explicando como eran los cuentos de Grimm y de Andersen que a ella le contaban. En ellos, Blancanieves no caía dormida por una manzana, sino que caía envenenada dos o tres veces más. Y en Cenicienta, las hermanastras logran ponerse el zapato. La primera lo consigue cortándose el talón, pero le fastidian el party las palomas que empiezan a gritar “cucurrucú, currucú, hay sangre en el zapato!” (En alemán además, rima y mola bastante). La segunda hermanastra, en cambio, se corta los dedos de los pies para meterse el zapatito y las palomas, jodonas ellas, también le dan el queo al príncipe, que sería guapo, pero listo, lo que se dice listo, no debía ser mucho. Y qué decir de Hansel y Gretel, abandonados en el bosque por sus padres … Gore puro.

    • Sí, desde luego. Y se empezaron a aligerar sólo nacer: la madrastra de Cenicienta era la madre en la versión original, pero los Hermanos Grimm pensaron que la sociedad de la época no aceptaría este comportamiento de una madre… y la pasaron a madrastra.

      Mi abuela fue a las monjas alemanas y por casa corría un libro para niños que era un compendio de métodos de tortura de lo más sofisticados… no recuerdo el nombre, pero muchos de ellos terminaban muriendo, recuerdo una niña que jugaba con cerillas y la última escena era un montón de cenizas con los zapatitos encima…

      • Ottti, tú, sí, era el Struwwelpeter. Aún hoy me da miedo… Hay una niña que juega con cerillas y muere abrasada; un niño se chupa el dedo, no hace caso a su madre y un sastre le corta los dedos (no faltan las preciosas imágenes de los dedos saltando por el aire mientras mana la sangre); el que no mira por donde va y se cae de un puente; uno que no come y al final muere de inanición… Siempre me horrorizaron esos cuentos, ¡gore puro!

      • ¡¡Sí!!, este. También había unos niños que se reían de un niño negro y les castigaban metiéndolos en un tintero… ¡¡y dejándolos más negros que el negro!!, toma castigo!!

  9. A los niños lo tan excesivo maravilloso y politicamente correcto, no les acaba de gustar. Les va que los cuentos e historias tengan puntos macabros, ilógicos, fantásticos y que esto se mezcle con poder identificarse con uno mismo.

    Lo que sí estaría bien que se cambiaria, y ya existen proyectos en ello, es el papel de la mujer, de las personas negras, de las familias tradicionales, los estereotipos de belleza…

    Por ejemplo, en casi todos los cuentos tradicionales, sobretodo de princesas, el mensaje es “tienes que ser guapa para que te quieran, espera a tu principe azul para que te haga feliz y no te fies de las mujeres (porque son todas unas brujas y además feas)”.

    Existen muchos blogs, pero siempre me quedo prendada de este.

    Saludos.

    • Estoy de acuerdo. Estaría bien que se cambiaran (o se ampliaran) los estereotipos, los modelos de persona, de familia, de relación… sin edulcorar las historias.

      Y… ¡gracias por el piropo!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Nube de etiquetas

A %d blogueros les gusta esto: