familia monoparental y adopción

Hace unos días, cayó en mis manos este texto. ¿Qué debe saber un niño de cuatro años? Me pareció un buen análisis de la sociedad en la que vivimos: un tiempo en el que nos tomamos la educación, la crianza de nuestros hijos, como si fuera una carrera en la que salir antes te hará llegar antes; donde perdemos de vista que igual que todos los adultos caminan y hablan, empezaran a la edad que empezaran, introducir antes la lectoescritura no les convertirá, ni a medio ni a largo plazo, en mejores lectores; y lo que es peor: donde la introducción de contenidos académicos en las etapas preescolares puede ser contraproducente, no sólo porque hay niños que no tienen la suficiente madurez (y las comparaciones, y las competiciones), sino porque ese tiempo de trabajo que poco aporta si pensamos a largo plazo, hay que sacarlo de aprendizajes que sí son importantes: el juego, la exploración, ensuciarse, moverse, relacionarse…

(También me parecen un buen análisis de nuestra sociedad algunos de los comentarios – no la mayoría – que descalifican el artículo en base a términos como “competitividad”, “resultados” y que estén “preparados para el mundo real”…)

Hace poco, en un foro sobre la educación de los hijos, leí una entrada de una madre preocupada porque sus hijos, de cuatro años y año y medio, no sabían lo suficiente. “¿Qué debe saber un niño de cuatro años?”, preguntaba.

Las respuestas que leí no solo me entristecieron sino que me irritaron. Una madre indicaba una lista de todas las cosas que sabía su hijo. Contar hasta 100, los planetas, escribir su nombre y apellido, y así sucesivamente. Otras presumían de que sus hijos sabían muchas más cosas, incluso los de tres años. Algunas incluían enlaces a páginas con listas de lo que debe saber un niño a cada edad. Solo unas pocas decían que cada niño se desarrolla a su propio ritmo y que no hay que preocuparse.

Me molestó mucho que la respuesta de esas mujeres a una madre angustiada fuera añadirle más preocupación, con listas de todo lo que sabían hacer sus hijos y los de ella no. Somos una cultura tan competitiva que hasta nuestros niños en edad preescolar se han convertido en trofeos de los que presumir. La infancia no debe ser una carrera.

Por todo ello, he decidido proponer mi lista de lo que debe saber un niño (o una niña) de cuatro años:

1.Debe saber que la quieren por completo, incondicionalmente y en todo momento

2.Debe saber que está a salvo y debe saber cómo mantenerse a salvo en lugares públicos, con otra gente y en distintas situaciones. Debe saber que tiene que fiarse de su instinto cuando conozca a alguien y que nunca tiene que hacer algo que no le parezca apropiado, se lo pida quien se lo pida. Debe conocer sus derechos y que su familia siempre le va a apoyar.

3.Debe saber reír, hacer el tonto, ser gamberro y utilizar su imaginación. Debe saber que nunca pasa nada por pintar el cielo de color naranja o dibujar gatos con seis patas.

4.Debe saber lo que le gusta y tener la seguridad de que se le va a dejar dedicarse a ello. Si no le apetece nada aprender los números, sus padres tienen que darse cuenta de que ya los aprenderá, casi sin querer, y dejar que en cambio se dedique a las naves espaciales, los dinosaurios, a dibujar o a jugar en el barro.

5.Debe saber que el mundo es mágico y ella también. Debe saber que es fantástica, lista, creativa, compasiva y maravillosa. Debe saber que pasar el día al aire libre haciendo collares de flores, pasteles de barro y casitas de cuentos de hadas es tan importante como practicar la fonética. Mejor dicho, mucho más.

Pero más importante es lo que deben saber los padres:

1.Que cada niño aprende a andar, hablar, leer y hacer cálculos a su propio ritmo, y que eso no influye en absoluto en cómo de bien ande, hable, lea o haga cálculos después.

2.Que el factor que más influye en el buen rendimiento académico y las buenas notas en el futuro es que leer a los niños de pequeños. No las fichas, ni los manuales, ni las guarderías elegantes, ni los juguetes y ordenadores más rutilantes, sino que mamá o papá dediquen un rato cada día o cada noche (o ambos) a sentarse a leerles buenos libros.

3.Que ser el niño más listo o más estudioso de la clase nunca ha significado ser el más feliz. Estamos tan obsesionados por tratar de dar a nuestros hijos todas las “ventajas” que lo que les estamos dando son unas vidas tan pluriempleadas y llenas de tensión como las nuestras. Una de las mejores cosas que podemos ofrecer a nuestros hijos es una niñez sencilla y despreocupada.

4.Que nuestros niños merecen vivir rodeados de libros, naturaleza, utensilios artísticos y la libertad para explorarlos. La mayoría de nosotros podríamos deshacernos del 90% de los juguetes de nuestros hijos y no los echarían de menos, pero algunos son importantes: juguetes como los LEGO y las construcciones, juguetes creativos como los materiales artísticos de todo tipo (buenos), los instrumentos musicales (tanto clásicos como multiculturales), disfraces, y libros y más libros (cosas, por cierto, que muchas veces se pueden conseguir muy baratas en tiendas de segunda mano). Necesitan libertad para explorar con estas y otras cosas, para jugar con montoncitos de alubias secas en el taburete (supervisados, por supuesto), amasar pan y ponerlo todo perdido, usar pintura, plastilina y purpurina en la mesa de la cocina mientras hacemos la cena aunque lo salpiquen todo, tener un rincón en el jardín en que puedan arrancar la hierba y hacer un cajón de barro.

5.Que nuestros hijos necesitan tenernos más. Hemos aprendido tan bien eso de que necesitamos cuidar de nosotros mismos que algunos lo usamos como excusa para que otros cuiden de nuestros hijos. Claro que todos necesitamos tiempo para un baño tranquilo, ver a los amigos, un rato para despejar la cabeza y, de vez en cuando, algo de vida aparte de los hijos. Pero vivimos en una época en la que las revistas para padres recomiendan que tratemos de dedicar 10 minutos diarios a cada hijo y prever un sábado al mes dedicado a la familia. ¡Qué horror! Nuestros hijos necesitan la Nintendo, los ordenadores, las actividades extraescolares, las clases de ballet, los grupos organizados para jugar y los entrenamientos de fútbol mucho menos de lo que nos necesitan a NOSOTROS. Necesitan a unos padres que se sienten a escuchar su relato de lo que han hecho durante el día, unas madres que se sienten a hacer manualidades con ellos, padres y madres que les lean cuentos y hagan tonterías con ellos. Necesitan que demos paseos con ellos en las noches de primavera sin importarnos que el pequeñajo vaya a 150 metros por hora. Tienen derecho a ayudarnos a hacer la cena aunque tardemos el doble y trabajemos el doble. Tienen derecho a saber que para nosotros son una prioridad y que nos encanta verdaderamente estar con ellos.

Y volviendo a esas listas de lo que saben los niños de cuatro años…

Sé que es natural comparar a nuestros hijos con otros niños y querer asegurarnos de que estamos haciendo todo lo posible por ellos. He aquí una lista de lo que se suele enseñar a los niños de esa edad y lo que deberían saber al acabar cada curso escolar, a partir del preescolar.

Como nosotros estamos educando a nuestros hijos en casa, yo suelo imprimir esas listas para comprobar si hay algo que falte de forma llamativa en lo que están aprendiendo. Hasta ahora no ha sucedido, pero a veces obtengo ideas sobre posibles temas para juegos o libros que sacar de la biblioteca pública. Tanto si los niños van al colegio como si no, las listas pueden ser útiles para ver lo que otros están aprendiendo, y pueden ayudar a tranquilizarnos sabiendo que van muy bien.

Si existen aspectos en los que parece que un niño está por detrás, hay que darse cuenta que eso no indica ningún fracaso, ni del niño ni de sus padres. Simplemente, es una laguna. Los niños aprenden lo que tienen alrededor, y la idea de que todos deben saber esas 15 cosas a una edad concreta es una tontería. Aun así, si queremos que las aprenda, lo que tenemos que hacer es introducirlas en la vida normal, jugar con ellas, y las absorberá de manera natural. Si contamos hasta 60 cuando estamos haciendo la masa de un bizcocho, aprenderá a contar. Podemos sacar de la biblioteca libros divertidos sobre el espacio o el abecedario. Experimentar con todo, desde la nieve hasta los colores de los alimentos. Todo irá entrando con más naturalidad, más diversión y muchas menos presiones.

Sin embargo, mi consejo favorito sobre los niños pequeños es el que aparece en esta página.

¿Qué necesita un niño de cuatro años?

Mucho menos de lo que pensamos, y mucho más.

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia

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Comentarios en: "¿Qué debe saber un niño de 4 años?" (22)

  1. Me ha encantado el artículo. Y es que, como decía mi abuela, “las prisas nunca fueron buenas para nada…”. Y menos en la crianza…

    • Como decía un compañero de trabajo, “muchas cosas mejorarían si los padres nos tomaramos la crianza de nuestros hijos como una carrera de fondo en vez de como un sprint”.

  2. Me ha encantado! Creo que hoy por hoy, tristemente, se ha puesto de moda la “rivalidad” entre padres cuando los peques son felices con pocas cosas y mucho cariño y atención. Ante una situación así, cuando alguien me cuenta que su “niña/o” hace tal o cual “¡con tan sólo x meses!” me entra la risa interna aunque he de reconocer que a veces me “agobia” pero miro a mi niño lo feliz que está y pienso “ya llegará su momento”.

    • A mí me ayuda mucho haber ido a un colegio donde se llevaba “la educación lenta”, aprendíamos muchas cosas más tarde que en el resto de colegios del barrio… y llegamos al instituto igual de preparados. Esta vivencia es muy útil para relativizar…

      • Yo tuve la experiencia contraria. Con 4 años sabía leer y escribir. Es cierto k esto no supuso después ninguna ventaja ni en la universidad ni en la vida pero el hecho de k aprendí leyendo tebeos y cuentos si influyo positivamente. Si hubiera hecho eso mismo con 6-7 años el resultado no creo k hubiese sido diferente. Era mi ritmo.
        Mi hija tiene 9 años y no lee ni escribe bien pero ni se me ocurre compararla conmigo misma. Es su ritmo y también su situación es diferente.

      • Claro, yo creo que respetar el ritmo vale cuando somos más lentos… y cuando somos más rápidos.

  3. Del todo de acuerdo, no soporto cuando la gente al preguntarme sobre mi hijo repasa mentalmente una especie de check list… A ver si cumple todas las proporciones estándar del niño estándar… Me agobio de solo pensarlo.
    Hoy me quedo sobre todo con lo de la infancia sencilla, sin prisas, el respeto por el juego espontáneo y la exploración, creo que son las cosas desde las que verdaramente se construye cualquier otro aprendizaje posterior. Y a veces tengo la terrible impresión de que todo aquello que no sea lectura, números y memorizar es considerado como una pérdida de tiempo. No se otros niños, pero mi hijo, cuando verdaderamente siente ganas de aprender y sale a flote toda su curiosidad es precisamente cuando no hacemos nada, volviendo del colegio o del parque, de paseo, porque entonces me pregunta por qué se mueven las nubes o por qué los coches tienen ruedas…
    Y creo que la diferencia principal de mi infancia y la infancia de ahora reside justamente en eso, en la sencillez, en que las cosas eran como son, sin tanta programación y urgencia, sin tanto estres rodeando a las familias.

    • Y la cantidad de estos “conocimientos reglados” que se aprenden en las actividades normales? Mis hijos por ejemplo, han aprendido a contar con el parchís (y a sumar y restar con las vueltas de la compra: el otro día me sorprendió B. porque le mandé a comprar maíz, que vale 80 ct. la bolsa. Le di 1’60. Cogió el euro, dijo: “de 80 a 100 sobran 20, 20 más 20 40, más 20, 60, más 20 80… ¡sí, llega para dos bolsas!”).

  4. Un gran articulo, ya lo habia leido, pero lo he vuelto a hacer. Las comparaciones son odiosas, ademas de que todos somos diferentes, y aportamos cosas distintas, cada cual tiene algo especial y unico que no tiene otro, por tanto es absurdo comparar. Recuerdo que mi hijo acabo P4 justito con los numeros (respecto a los parametros de la escuela), le costaba identificar numeros sencillos, etc… no le dimos mayor importancia, y en verano jugando al parchis sin querer los aprendio todos, sin forzar, mediante el juego, tanto es asi, que a dia de hoy hace sumas y restas sencillas, y lo mismo ocurrio con los colores, los aprendio jugando a de que color es ese coche? y asi con todo. Y si, es cierto, sobran el 90% de los juguetes, mi hijo coge una caja grande de carton y “fabrica un coche” las horas que se pasa intentando ver de que forma puede ponerle unas ruedas, un volante…., en cambio a otros mas sofisticados ni los mira, o los mira solo una vez.
    Hace poco una psicopedagoga del cole, con la cual no estaba de acuerdo en todo lo que decia, pero si dijo algo muy interesante que me hizo reflexionar, queremos que nuestros hijos sean felices, esa es la frase que repetimos los padres de esta generacion, y nos pasamos el dia complaciendolos, porque hemos confundido felicidad con complacencia, y felicidad es otra cosa, que ademas deben buscar por ellos mismos, nosotros somos responsables de educarles para el futuro que sean autonomos, que sepan desarrollarse en la vida y a solventar conflictos, creo que eso es preparar para el mundo real. El resto es eso competir, y se lo enseñamos antes de que aprendan a tener valores como la empatia, la amistad, la solidaridad, el respeto.
    De hecho creo que es Finlandia donde empiezan a aprender a leer y escribir con 7, y tienen la tasa mas baja de fracaso escolar.

    • Totalmente de acuerdo con lo de los juguetes, yo tengo que ver cómo y dónde hacer limpieza… buena parte de lo que tienen no lo usan, o lo usan solo contadas veces. Si tuvieran menos cosas seguro que les harían más caso.

      Lo de confundir felicidad con complacencia me parece una idea magnifica. No se puede decir más con menos.

    • Me ha gustado también mucho lo de confundir “hacer felices” con “complacer”, interesante. En cuanto a la edad de lectoescritura, ya lo he comentado alguna vez, pero yo cambié a mi hija de colegio ya empezado 1º de Primaria, de un cole español a uno suizo. En el español, se había pasado todo el último curso de preescolar, y llevaba ya el mes de curso, luchando las letras y pegándose con Letrilandia, haciendo letras y aburriéndose. En el cole suizo, de leer ¡nada! Hacían muchas manualidades, leían fonemas mediante caritas (era curioso ver cuatro caritas y cómo ellos leían una palabra perfectamente), practicaban los fonemas con un espejo para ver la posición de los dientes y de la lengua… Ni una letra, sólo fonemas. Y a mitad de curso, empezaron a leer y lo hacían todos en dos meses, sin más. Y aún así, sin prisas. Como nos dijo la profe, “no os preocupéis porque unos vayan más rápido y otros más lento: yo os aseguro que todos llegarán. Dentro de tres años, todos, todos, todos, sabrán lo qeu tienen que saber”. Y en primaria, por ejemplo, en matemáticas trabajan sólo, única y exclusivamente, del 1 al 20, pero una y otra vez, en todo tipo de combinaciones, haciendo pirámides, sudokus, y todo tipo de cosas rarísimas, pero sólo trabajando hasta el 20 para tener hiper bien fijadas esas bases. La verdad, me pareció mucho más sensato, más orgánico.
      Con eso de que “el cerebro de un niño es una esponja”, queremos meterles desde chino a informática, pasando por física cuántica, antes de los 6 años, en vez de dejarles que se metan en el barro y vayan solos a comprar el pan …

      • Está claro que si sientas bien las bases, luego aguantan cualquier cosa. Si intentas abarcar demasiado de entrada… lo que viene después se cuela por los agujeros…

      • Pues Stefi a mi peque lo de aprender leer con fonemas se le daba de pena…de hecho fue un gran trauma para ella en su ex cole. En este todos aprenden con el método multisensorial , ella en dos veces ya podía leer palabras después de dos años dándole y dándole a los j….fonemas…

      • Es verdad,lo comentaste… Yo creo que al final lo importante es entender que no hay un solo sistema, ni una sola edad para que los niños aprendan, y que puede haber muchos métodos, y lo importante es que funcionen. Que se puede llegar al conocimiento por muchos caminos, pero lo importante es que esos caminos diviertan y gusten a los niños, para que no pierdan la pasión de aprender, que a veces pienso que la aniquilan!

      • Estoy de acuerdo. Y también hay una cuestión de madurez, hay niños que por mucho que te esfuerces, a los 4 años no aprenderán a leer… casi todos lo pueden hacer a los 7, sobretodo si los años anteriores los han dedicado a lo que debían…

  5. Jajaja madre, tenia al parchis subestimado, y veo que nuestros hijos han aprendido de la misma forma, creo que le pediremos uno a los reyes, que solo juega en casa de la abuela! y que me decis del domino? la de tardes que hemos pasado emparejando cerditos, vacas y perritos!!!

    • Pues sí, también. Y el Mikado, que además de trabajar la precisión (y la paciencia), permite luego contar los puntos… Y el uno, que hace que te anticipes y generes estrategias…

      • Y los juegos de cartas de toda la vida. Mi hija aprendió a contar (y a relacionar el sonido con el número escrito) jugando a las cartas. Me sorprendió la facilidad con la que distinguía el 9 del 6. Magnífico post. Gracias.

      • También… si al final, es mucho más fácil y está más a mano de lo que parece.

        Añado: El lego. Seguir las instrucciones, contar las redonditas, encajar las piezas en la postura correcta… ¡es geometría pura!

  6. Realmente tendríamos que tener muy claro que el tema ritmos es muy personal, en la escuela y en la vida. Un ejemplo que estoy viviendo. Mi hija llegó con 4 años. Entre otras cosas le iban llegando regalos y herencias de muñecas con complementos. Se las miraba, pero sin demasiado interés; sólo las paseaba en brazos y en un cochecito que heredó. Ahora ya juega con ellas. Supongo que tenía que quemar otras etapas antes. Otra madre de una niña de origen ruso también me dijo que su hija no había jugado a las muñecas (bebes, que no esas muñecas-mujeres) hasta los 6-7 años. Si eso pasa con las muñecas que no pasará con los números, las letras… Escribiendo esto estoy recordando cantidad de ocasiones en las que he dicho a otras madres “nosotras todavía no hemos llegado a eso.” Poco a poco muchas de esas cosas van llegando.

    Por cierto, el dómino es el juego preferido de mi hija. Yo estoy convencida que le gusta porqué jugamos juntas.

    • Seguro. A mis hijos les encanta jugar conmigo… mucho más que entre ellos o con otros niños.

      Y yo también he tenido esta sensación de etapas no quemadas, es cuestión de relajarse… y gozarlas.

    • Mi hija para su cumple pidió cosas de Violetta súper fashion y de chica grande y también un osito k cuenta hasta tres y k es como para niños de 0-3 años… Son etapas k no han pasado y ahora andan mezclandolas muchas veces. Ahora esta con las barbies pero acaba de pasar la etapa nenuco con 9 años. Tampoco me extraña k le cueste tanto leer y escribir. Todavía no esta en esa fase

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