familia monoparental y adopción

¡Expulsado!

A menudo, cuando los padres que tenemos niños de otras razas discutimos sobre lo que les sucede en el colegio – cuando hablamos de que otros niños se meten con ellos, les insultan, o los marginan por su color de piel-, alguno de los padres, indignado y dolorido, dice:

“A este niño tendrían que expulsarlo”.

O, sin llegar a tanto:

“Lo que tiene que hacer mi hija es alejarse de esta amiguita”.

O:

“A un niño que dice estas barbaridades hay que ignorarlo”.

Me sorprenden siempre este tipo de comentarios, aunque entiendo el dolor y la rabia, aunque mis hijos también tienen amigos que no me gustan…

Quizás porque estoy en los dos lados, mis hijos reciben barbaridades, pero también las dicen (y no, no las han oído en casa; y muchas veces no saben qué significan, aunque saben que joden)… y no me gustaría (no me gusta, porque sin duda pasa) que los padres les dijeran a sus amigos que “se aparten de ellos”.

Apartar, expulsar, lo haga el grupo de amigos, los padres del colegio, o ¡peor aún!, el propio colegio, nunca resuelve nada. Se quita el problema de en medio, deja de ser “nuestro problema”… pero no se ayuda ni al niño que ha cometido el error, ni a los que lo han sufrido, que aprenden que la manera de resolver las situaciones incómodas es dejar de verlas.

Expulsar es siempre un fracaso. Un signo de que no se ha sabido resolver una situación.

Me parece una contradicción quejarnos de que discriminan o apartan a nuestros hijos y luego hacer, o pedir que se haga lo mismo, con otros niños, aunque la discriminación nazca de motivos distintos. Yo creo que a los 6, 7, 8, 9, 10 años… un niño está creciendo, aprendiendo, educándose… y hablar con él, trabajar las situaciones conflictivas, intentar empatizar con las razones que le hacen decir o hacer determinadas cosas (que puede ser lo que ven en casa, sí, pero también cosas muy distintas, como tener problemas de autoestima, seguir al grupo o hacer a los demás lo que ellos reciben de otros) marca una diferencia, no sólo para con este niño sino con el resto de la sociedad. Me parece muy intransigente y una mala apuesta de futuro dar a niños de esta edad por “perdidos”, por “imposibles”. Y me parece que no ayuda a que la sociedad en la que vivimos mejore.

Estoy convencida de que el diálogo es fundamental. Muchas personas hacen (hacemos) comentarios que pueden ser inconvenientes y somos capaces de recapacitar, cuanto más un niño pequeño.

Es cierto que nuestra labor como padres es educar a nuestros hijos, no a los de otros… pero yo soy de las que creo que los niños los educamos toda la tribu, o deberíamos. Que precisamente uno de los problemas de la crianza contemporánea es el individualismo, el pensar que a cada niño le tienen que educar únicamente sus padres.

Si son sus padres quienes le enseñan – o le toleran – estas actitudes disruptivas, al resto de la tribu nos necesita mucho.

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Comentarios en: "¡Expulsado!" (21)

  1. Totalmente de acuerdo, además diría a esos padres que quieren expulsar al elemento distorsionador del entorno de sus hijos. Que a lo mejor un día es su hijo el que molesta. Pero eso es lo que se estila, que lo expulsen, que me lo quiten del medio. Esto esta pasando en clase de mi hija. Yo soy representante de aula y recibo todos los dias quejas de ese niño. Cuando se que tanto los padres como el cole están intentando solucionar el problema.

    • En algunos casos, los padres que quieren apartar al niño con conductas disruptivas, tienen hijos que no son nada inocentes. En la clase de B. hay un niño que todo el mundo considera idea, bueno… y si te acercas y le escuchas (como “domina” a los otros haciéndoles hacer las cosas por las que les castigan) se te ponen los pelos de punta…

      Esto sí, curiosamente, lo vemos los demás, pero sus padres nunca se han dado cuenta…

  2. Estoy de acuerdo que “apartar” al acosador no resuelve el problema. Creo en la capacidad de las personas para cambiar, cuanto más un niño, que está formándose. En cuanto a educar entre todos lo comparto, pero a veces es difícil, sobre si son los propios padres quienes no quieren que “nadie le diga nada su niño”. Hoy en día existe una falta de respeto generalizada hacia los mayores, los maestros etc…

    • Sí, lo de “educar en tribu”, no es una decisión personal, o aunque lo sea, choca con la tendencia social, que es totalmente contraria… Aún me acuerdo de una vez que casi me choqué con un niño de 4 o 5 años que caminaba de espaldas (hacia mí), y le dije, riendo, “¡Cuidado!, que si caminas hacia atrás te puedes chocar!”. El padre, con cara de vinagre, me dijo: “A mi hijo le educo yo”… Sí claro, yo no pretendo educarlo, sólo le estaba avisando…

  3. Y es que a veces es difícil ver en que cojean los propios hijos. Yo creo que lo veo; reconozco que a veces lo consigo ver después de algún comentario de otras personas. Pero he observado que hay padres que si los profesores (que no siempre tienen razón, pero que los ven/observan desde otros puntos de vista) avisan de alguna flaqueza se ponen a la defensiva -normalmente atacando (ya sea al profesor ya a un compañero del niño en cuestión).

    Es complejo el tema. La autocrítica no siempre la activamos y si la activamos en público a veces se nos puede poner en contra (si reconoces que tu hijo ha hecho lo que sea, para algunos puede llegar a ser el que lo hace siempre).

    Pensamientos, o divagaciones, a un lado, estoy completamente de acuerdo en que “apartar,” “expulsar”… no resuelve el problema. También en que el diálogo es esencial (aunque difícil). También en que, queramos o no, la tribu influye mucho en la educación de los hijos. Desafortunadamente a veces en negativo, pero otras (quiero creer) en positivo.

    • Tienes razón. Yo hace algún tiempo le comenté a una amiga sobre algo que sospechaba que había hecho su hija (adulta). No tenía pruebas, pero era algo que me había dejado mal cuerpo, y quería que lo supiera. Ella me dijo que no sabía si era verdad, pero que podía serlo: “una tiene que saber cómo son sus hijos. Si me lo dijeras de los otros, te diría que no, pero S….”

      Me pareció una gran frase. Yo soy una gran defensora de mis hijos, intento ver siempre su punto de vista y ponerme de su lado (esto, ponerme de su lado, no es justificarles o perdonárselo todo: creo que a veces nos ponemos de su lado reprendiéndoles o echándoles la charla), pero … “una tiene que saber cómo son sus hijos”.

      Otra cosa, como tú dices, es las consecuencias que puede acarrear (les) reconocerlo en según qué entornos…

  4. Pues si uno tiene que reconocer como son sus hijos, ver lo bueno y tambien del pie del que cojean, no agrandar segun que problemas, que hay padres que hacen saltar la alarma por nada, segun que situaciones dejar que tambien las resuelvan ellos, o darles las herramientas para que lo hagan (evidentemente me refiero a “chiquilladas”, no a casos de bullyng o insultos graves). El curso pasado siempre me venian con acusaciones sobre mi hijo, hubo una temporada que no habia dia que una madre no me dijera, es que mi hijo me ha dicho que el tuyo tal o cual cosa, y siempre respondia, bueno podria ser, hablare con el, a veces era y otras no, pero llego un punto en que empece a notar que todo lo que pasaba era culpa de el, hable con la profesora y le dije basta de este cuento, y a la primera madre que me dijo oye tal…. le dije si, y la tuya?? bajo la cabeza y dijo la mia tambien, ok, entonces estamos de acuerdo…

    • Sí, es cierto. Yo cuando B. era pequeño (3 años) me encontré con un padre del cole que le pegaba broncas porque se peleaba con su hija. Fui a hablar con la maestra para enterarme, y, a diferencia de lo que pensaba el padre, no era mi hijo molestando a la niña sino los dos chinchándose, amigos a ratos y peleándose a otros… al parecer, la niña había tenido una hermanita y le hacían poco caso, y uno de los momentos en los que la atendían (seguramente por racismo) era cuando se quejaba de B…. Hablé con la maestra y lo resolvieron en el colegio, por suerte.

      Y luego están los niños que vienen a “delatar” por cualquier cosa, a mí me parece bien que se quejen si un hijo mío les pega, les insulta, se mete con ellos… pero a veces te señalan cosas que tú ya ves (y no crees que haya que corregir), o cosas que no tienen la menor importancia…

  5. No estoy de acuerdo. Cuando son niños pequeños y los padres no tienen ninguna intención de hacer nada, es más, cuando se nota que es un reflejo de lo que ven en casa, la única defensa que tienen los niños es elegir con quién quieren jugar, a quién se acercan. No me parece justo que se le dé una segunda (tercera…) oportunidad a los que maltratan a los demás, porque esto sería a costa de los demás… Diferenciemos de peleas entre niños, de niños que insultan y pegan sistemáticamente. Si yo le enseño a mi hijo que no importa, que las personas cambian, etc, probablemente de mayor no sepa bien quién le conviene y quién no. Quiero que mis hijos sean felices junto a personas que les hagan felices, que lo merezcan… Pero como en todo, en educación es todo muy complejo.

    • Por supuesto que los niños deben elegir con quien deben jugar, y lo hacen. Lo malo es cuando no lo hacen ellos, cuando lo hacemos los padres… ellos son mucho más generosos, mucho más empáticos que nosotros. “Ya nos hemos perdonado”, dicen mis hijos de sus amigos, cuando a mí aún me bulle la rabia por dentro…

      En cualquier caso, lógicamente, un niño es libre de decidir con quien quiere jugar. Pero yo creo que cuando uno decide con quien quiere jugar, es uno quien se aparta. No impone que se aparte al otro.

      Cuando un niño insulta y pega sistemáticamente, algo le pasa. A veces, algo que viene de casa (no necesariamente que en su familia hagan lo mismo, sino que pasa algo que genera un malestar que no sabe expresar de otra forma); a veces, en el colegio (muchos niños pegan e insultan porque son ellos los que son acosados, humillados, constantemente, aunque se vea más su acción que la de los otros que la originan). En cualquier caso, hay que intentar resolverlo, ver de dónde viene y darle otras herramientas para expresarse.

      • Eso es la teoría, que lógicamente es lo ideal y suena muy bien..pero en la práctica, yo, como Isabel no voy a intentar resolve rlos probelmas afectivos, de educación, de convivencia o d elo que sea que tenga un niño de 6, 7, 8, años que le hace la vida imposible a alguno de mis hijos.
        Si de forma reiterada un compañero los moleta, les insulta, se mete con ellos, les agrede….mi consejo es: “Apártate de el/ella. Alguien que te trata mal no es tu amigo. Alguien que te trata mal no te quiere”.
        lo siento por el agresor pero antes están mis hijos y quienes deben intervenir son el colegio, los servicios sociales, los padres…… que ojalá que actúen y logren que cambie la situación.

        Me cansa un poco la frase “hay que ponerse en el lugar del niño(del pegón)….Ya…¿y quien se pone en el lugar de la víctima?

      • Bueno, yo creo que el “agresor” también es, casi siempre, una víctima.

        Hace poco, un niño de la clase de B. me contó que otro niño, I., se metía con él, le insultaba porque era “marrón”… me sorprendió porque I., originario de Bangla Desh, es tan marrón como mi hijo. Hablé con B., le pregunté si quería que hablara con la madre del otro niño… y me dijo “¿sabes qué pasa, mamá? que con él siempre se meten, le dicen que es feo, que es marrón, que es un “banglú”… Mejor si hablas con su madre le cuentas esto, que le ayude, porque está muy agobiado”.

        Aquí mi hijo me dio una lección. Fue capaz de empatizar con el otro niño, aunque este se metía con él. Se habló el tema, se habló con el resto de niños… I. está mejor, B., también, y además son amigos… Todo esto se lo hubieran perdido si se hubiera limitado a alejarse de él.

  6. Expulsión ante casos de agresión, desde luego. Lo que es una vergüenza es que sea la víctima la que se cambie de cole…La verdad, yo también prefiero ponerme en el lugar de esta última.

    • A mí me parece mal que el que se tenga que ir sea la víctima, por ejemplo la víctima de bullying. Pero creo que la expulsión del agresor no es la única forma de solucionarlo (de hecho, creo que no soluciona nada… deriva el problema a otro centro, otros niños). Si las víctimas acaban marchándose no es porque no se expulsa al agresor: es porque no se aborda el problema, no se trabaja para solucionarlo, se despacha con un “es cosa de niños”, “resolvedlo entre vosotros”, “espabilaos”…

      Por otra parte, a veces los “agresores” son en realidad las víctimas, que reaccionan. Hace poco, en la plaza, V. un niño que estaba a mi cargo vino a quejarse de otro niño, chino, también del cole, que “está loco. Ha desmontado su propio patinete para darme en la cabeza con el palo”. Yo pensé que alguien tiene que estar muy acorralado para desmontar un patinete y perseguir a otro niño con el palo… empecé a preguntar a V. y a su amigo y acabé descubriendo que llevaban toda la tarde incordiando al otro niño, metiéndose con él, por ser chino, porque “huele mal”… Luego, hablando con algunas madres del cole (y con B.), descubrí que T., este niño chino de la clase de B., suele ser víctima de las burlas y las críticas de algunos compañeros… Está claro que en este caso, expulsar al agresor es lo más injusto que se puede hacer. Porque el agresor lo es en respuesta a un acoso continuado y difícil de soportar… Expulsarlo sería lo más parecido a aquel “teníamos un problema y lo hemos solucionado”, de Aznar…

  7. Yo conozco un caso de una niña marroquí a la que después de sufrir varias vejaciones, tiraron por las escaleras unos niños “bien ” de su instituto. La que se tuvo que ir fue ella. Pues deberían haber sido ellos, no se puede pedir a una víctima que conviva con su agresor. Y no todos los agresores responden porque están “hasta ahí”, muchos son agresores porque nadie los paró antes, porque les gusta joder a los demás.. Si, puede que sean agresores por inmadurez, dependencia afectiva, inseguridad, inestabilidad emocional, impaciencia , impulsividad, pero eso a la víctima le da igual y los niños crecen y se convierten en adultos que han de convivir en sociedad. Muchas veces son la consecuencia de una niñez demasiado permisiva durante la cual los padres complacieron al niño en todo. Esto lleva al niño a creerse superior al llegar a ser un adulto y a pensar que él está por encima de la ley. O sea, que puede hacer lo que quiera y abusar de quien quiera. Piensa que se merece un trato especial, mejor que el que se les da a los demás.
    En el caso del niño chino es un caso, no se si el mas común… ¿Y el niño que estaba a tu cargo es uno de los que se pasaban con el ? Pues vaya niño racista y repelente …pero el niño chino no puede usar la violencia, eso nunca sirve de nada salvo para crear mas problemas, además seguro que se divierten viéndole cabreado, eso debe darles un gran placer. La escuela debería saberlo…

    • Pues me parece fatal, y muy mal resuelto. Desde luego, habría habido que pararles los pies antes… aunque insisto, expulsarles sólo sirve para llevar el problema a otros colegios, otros niños… para mi el trabajo que hay que hacer es más de raíz. Aunque es cierto que es difícil hacerlo sin la colaboración de los padres.

      El niño que estaba a mi cargo, por cierto, tampoco es blanco. Y sus padres son las personas menos racistas y menos complacientes con su hijo que conozco… otro caso en el que hay que hacer un trabajo de raíz.

      • Si , no ser blanco no le exime de ser racista…A veces pienso lo solos que se deben sentir los niños inmigrantes cuyos padres a lo mejor ni hablan el idioma con respecto nuestro hijos adoptivos..

      • Yo creo que en algunos sentidos se sienten menos solos… tienen referentes, gente que vive cosas parecidas, en casa; pero sin duda, se sienten mucho más desamparados. Yo veo que muchas familias inmigrantes del cole tienen cierta timidez, cierta inseguridad, a la hora de reclamar sus derechos, un trato digno, de enfrentarse a la “autoridad” del maestro o la dirección…

    • Que conste que yo estoy hablando de casos de niños de primaria, me parece que el enfoque no puede ser el mismo que en secundaria.

      Cuando B. iba a P5 (último de infantil), se quejaba mucho de un niño de la clase que le robaba el bocadillo, se metía con él, le empujaba… fui a hablar con la maestra. El niño en cuestión era un crío de una familia muy difícil (casi analfabetos y muy cerriles en muchas cosas), con un hermano mayor muy “bruto” y con un nivel intelectual muy justito, los padres se estaban separando… en fin, un montón de dificultades. La escuela decidió trabajar con el niño y con la familia, con la ayuda de trabajadores sociales, el equipo de orientación pedagógica… creo que hicieron un buen trabajo. Yo me alegro de no haber sido una madre de las que piden que se aparte al niño, porque creo que habríamos salido perdiendo todos. Incluso B., aunque se hubiera ahorrado algún empujón, algún insulto y se hubiera comido más desayunos…

  8. Yo conozco, indirectamente, varios casos de niños adoptados que han cambiado de colegio para intentar solucionar las consecuencias del acoso. Es más, se me erizó el pelo cuando una psicóloga me dijo (ante un pequeño problema de mi hija) tenemos que intentar reconducir la situación de manera que no sea necesario cambiar de colegio. Por desgracia el acoso a ciertos niveles está muy mal resuelto, mejor dicho no está nada resuelto, en nuestro entorno. Si los profesores y/o los padres son capaces de ver y reconducir según que situaciones (casi siempre de manera indirecta porque el diálogo, aunque muy importante, no acostumbra a ser fácil) las relaciones entre compañeros van siguiendo cauces medianamente saludables. Pero cuando no hay esa conciencia o ese “saber hacer” se puede llegar a situaciones muy complejas.

    Y creo, como ya he dicho antes que el diálogo es esencial… aunque difícil, muy difícil…. entre otras cosas porqué para dialogar se necesitan, como mínimo, 2 personas dispuestas a dialogar para conseguir alguna meta satisfactoria para ambas partes.

    • Sí, y casos de niños no adoptados; y en mi barrio hay un caso de un niño que ha cambiado de colegio por “culpa” de la maestra; y otro que su madre aceptó que repitiera curso sin estar convencido para no ir un año más con la misma maestra (que era la misma que provocó el cambio de colegio del primero). En todos los casos me parece un fracaso. Pero expulsar al acosador también me lo parece…

      Conste que estoy hablando de niños de primaria, no sé si en secundaria lo vería tan claro. Pero con niños pequeños, expulsarlo, además de “sacarte el problema de encima” y ya, me parece un fracaso por otra razón: porque el mensaje que le transmites al niño es que no puedes con él, que los adultos no le pueden contener. O sea: él gana.

      Estoy de acuerdo en que el acoso está mal resuelto, ya lo estaba (no se resolvía en absoluto) cuando yo iba al colegio, y aunque ahora sí se habla de ello, y en teoría hay protocolos para gestionarlo… sigue sin dársele la importancia que tiene y sin abordarse de forma seria. Además, mi percepción es que en muchos casos, muchos de los padres de los niños “no acosados” (sean o no acosadores), mantienen una “neutralidad” que en realidad da alas a que el acoso continue. Cuando el acosado es un niño de otra raza y se valida el acoso con frases como “tienen otras normas de higiene”, o “no hacen ningún esfuerzo por integrarse”, cuando pertenece a una familia con dificultades de algún tipo y se comenta “es que hay que ver a los padres”, etc etc. Y por supuesto, el eterno y típico “son cosas de niños”, que tanto daño hace…

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