familia monoparental y adopción

En clase de gimnasia

Viernes por la mañana.

La clase bulle de excitación y alegría. Los niños se atan las zapatillas deportivas, algunas niñas cambian la falda por pantalones de deporte, se oyen gritos y risa. Todos están felices.

¿Todos? No.

En un rincón, una niña se cambia con movimientos lentos, cara de agobio, los hombros bajos como si soportaran todo el peso del mundo…

Detesta la clase de gimnasia.

Detesta quedarse atorada en medio del plinton (¿o era el potro? ¿qué diferencia hay entre ambos aparatos?), no ser capaz de pasar del primer nudo de la cuerda, llegar la última en todas la competiciones, jadeando y con flato.

La voltereta hacia atrás que nunca le salió.

Las risitas.

Que la escojan la última en los deportes de equipo.

Y la mueca del que tiene que quedarse con ella.

Detesta esta alegría de la que no es partícipe. Su soledad.

Esta niña era yo.

Recuerdo a mi hermana, ágil y amante de la gimnástica, subiéndose por las paredes del pasillo, haciendo ruedas y verticales y palomas y remontados en las playas de nuestros veranos, recuerdo a mi madre, que había hecho del deporte una forma de empoderamiento y autoafirmación en una época en la que a las niñas les estaba vedado el deporte. Sus fotos en el equipo de baloncesto de primera división. Recuerdo a mi padre, que casi había llegado a profesional del baloncesto.

Recuerdo como se reían de mi abuela, que detestaba el deporte como yo y se inventaba excusas para no practicarlo (aunque en su época colaban… en la mía no).

Como pasé un año intentando pasar desapercibida en la extraescolar de gimnasia rítmica, y otro intentando que no me pasaran las pelotas en la de baloncesto.

Como huía cuando me chutaban una pelota del futbol.

El deporte era divertido, era sano, era agradable, era disfrutable. Este era el mensaje.

Así que durante años me sentí sola, inadecuada, equivocada. ¿Cómo podía ser que algo que todo el mundo consideraba tan fantástico a mí me provocara esta angustia? Algo tenía que estar mal en mí. Sólo un “fallo” del sistema explicaba que fuera la única que se angustiaba cuando todo a mi alrededor era alegría.

No fue hasta bastantes años más tarde, cuando ya había pasado el instituto y la gimnasia dejó de ser algo obligatorio en mi vida, cuando me di permiso para decir en voz alta que no me gustaba. Que tenía derecho a que no me gustara.

Que no era inferior a nadie porque no me gustara algo que la mayoría disfrutaba.

Y fue en este momento cuando descubrí que había algunos ejercicios que me gustaban y que podía hacer: caminar durante horas, y después de varios intentos en “deportes suaves” en el gimnasio, y de descartar el yoga y el pilates, disfruté durante varios años el Aqua Gym.

Me acuerdo de mi relación con la gimnasia cada vez que oigo a padres adoptivos convencidos de que la actitud que ellos tengan respecto a la adopción, la familia biológica, la búsqueda de los orígenes, el racismo… moldeará la que van a tener sus hijos.

Y me pregunto si algunos niños se sentirán al respecto tan solos como yo respecto a la clase de gimnasia.

Tan inapropiados.

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Comentarios en: "En clase de gimnasia" (20)

  1. Cómo entiendo lo que dices!!!!
    Además me he acordado de la historia que leí no-sé-dónde de un niño americano introvertido que vivía con su familia numerosa, todos ellos muy extrovertidos. Ese niño lo pasaba fatal. Creo recordar que incluso se habían propuesto tratar su “depresión.”

    • Pobre!! Tiene que ser tremendo!

    • Ese es mi caso, mi familia adoptiva es muuy grande y por ambos lados muy extrovertidos, yo por mi parte soy introvertida, esto me ha causado grandes conflictos, el cuestionarme ¿por que soy asi? ¿esta mal? ¿tendra alguna explicacion genetica? ¿mis padres biologicos habran sido asi? . La verdad no disfruto para nada las reuniones familiares, al contrario las sufro como no tienen idea, al grado que he llegado a evitarlas lo más posible, lo raro es, que antes las disfrutaba ¿que cambio? no lo se.

      Mi hermano, quien tambien es adoptado, se siente igual, pero el no se cuestiona, no tiene inquietud por conocer a su familia biologica, yo si. Pienso que a lo mejor si los conociera pudiera encontrar alguna explicacion a mi forma de ser, aunque a veces pienso, ¿y en que me ayudaria encontrar una razon? no lo se.. a lo mejor a no sentirme “rara”, a que se vaya el complejo del patito feo que era diferente.

      • Supongo que no encajar siempre es muy difícil de gestionar (como en mi caso, ser una niña torpe y poco deportista en una familia amante del deporte), pero en el caso de la adopción, todavía te hace sentir más “fuera”.

        Yo conozco bastantes casos de hermanos que han tomado decisiones distintas respecto a buscar o no su origen. En general, tengo la impresión de que las chicas son más proclives a buscar que los chicos… ¿Es una cuestión de género? También veo que, con muchas y honrosas excepciones, somos las madres adoptivas las que leemos, nos cuestionamos, buscamos… mucho más que los padres.

        No sé de qué te serviría encontrar a tu familia biológica. Seguramente sólo lo sabrás cuándo los encuentres. Que tengas mucha suerte!!

  2. ¿no es inevitable? Como madre enfocas la adopción como crees que debes, ¿es cómo lo necesita tu hijo? Quizás si o quizás no o quizás en unos aspectos si y no en otros. ´Quizás le sirva en una etapa de su vida y luego le chirríe lo que le cuentas. Si algo tengo claro es que todo en la adopción (emociones, forma de verlo…) es movil, evoluciona o varía. Solo tengo una niña y trato de empatizar con ella para evitar esa profunda soledad y ese sentimiento de lejanía frente a los demás.Le sirve? No siempre. Si tuviera un segundo hijo adoptado ¿haría lo mismo? ¿tendría la misma actitud?

    • No sé si es inevitable… tengo la sensación de que hay padres que dan más importancia a lo que ellos piensan al respecto que a lo que sienten sus hijos; que prefieren “hablar” que escuchar… Que no dejan espacio para que los niños expresen emociones que son diferentes a las “correctas” en su familia o entorno. Esto me pasaba a mí con la gimnasia: jamás me habría atrevido a decir que no me gustaba, ¡es que no me atrevía ni a pensarlo!

      Si tuvieras un segundo hijo, muchas cosas las harías distintas… no digo ya si tuvieras más… creo que una de las ventajas de tener varios hijos es precisamente que se amplía el espectro de lo que es posible, de lo que es aceptable, de lo que existe…

      • He sufrido con la gimnasia y lo sigo haciendo con la música (ni me atrevo a decir lo que siento o pienso). Aceptar ideas que van contra tu forma de pensar y organización del universo, no es nada de fácil. Al menos a mi me pasa. Mis compañeras piensan que estoy obsesionada con la adopción, ellas sobre ese tema sencillamente no hablan, así que el escuchar, imagina dónde se queda. Aunque me veo desde fuera, y en confianza te digo que me veo una ameba que se mueve por impulsos hacia la luz o hacia algo comestible.

      • Yo también sufrí mucho con la música, no con la música en si, sino con la flauta: fui incapaz de aprenderme más de media canción en todo el tiempo que la tocamos (aún recuerdo las notas: “sol-sol-sol/la-la-la/si-si-la-si-la-do”).

        Creo que buena parte del problema es la manera de enseñarla, mi hijo mayor en 7 años de colegio no ha conseeguido aprenderse bien una canción, y en dos semanas de casal de verano (va a uno maravilloso, especializado en música), se aprendió media docena, las entona bien y no se deja ni una frase… El niño es el mismo, así que el método usado marca una diferencia enorme, ¿no?

        Sobre adopción, yo hablo poco con la gente ajena al mundo de la adopción, cuando me preguntan, aclaro conceptos, … pero procuro no ir mucho más allá. Afortunadamente, tengo un entorno donde hay bastante familias que sí tienen relación (y que tienen enfoques parecidos al mío), así que concentro el tema en estas personas…

        La imagen de la ameba no me gusta mucho… ¿de verdad te ves así?

      • Lo de mi hija con la música es muy extraño. Llegó cantando un montón de canciones en chino. Bien entonadas con su letra y su baile incluido. Lo último que olvidó del chino fueron sus canciones. Y hoy en día no se sabe ni una canción.
        Me veo en muchas ocasiones más reaccionando que actuando. y no me gusta, de ahí el ser una ameba (aunque las amebas son la repera de listas 😉 . Y mis compañeras de trabajo tienen hijos adoptados. Y una de ellas ha aceptado que su hija tiene un retraso mental porque nació así, no porque estuvo seis años por las calles, luego de orfanato en orfanato en la india. Quizás sea más práctico el vivirlo así. Lo que es es y a poner soluciones.

      • Jo… pues que mal, lo de tus compañeras. Yo también conozco a alguna gente así… pero las pongo en el grupo de “gente con la que no se habla de adopción”.

        Yo también tengo a veces la sensación de reaccionar más que de responder, de funcionar por inercia… de intentar tener muchos frentes abiertos y no llegar a ninguno; de querer hacer muchas cosas y que no me dé la vida (y abrir muchos caminos y no seguir ninguno hasta el final). Pienso que son etapas… la verdad, a veces pienso que un año sabático para recentrarme y encontrarme a mi misma no me vendría nada mal, pero me temo que me tendré que esperar a jubilarme.

      • Que pena lo de tu hija y las canciones… y que raro, sí…

      • Lo que hablo de adopción al final casi siempre es con madres adoptivas de otros lugares a través del teclado o con mi marido, porque las familias adoptivas de mi entorno tienen otras visiones y no me siento agusto.
        Madredemarte creo que todas las familias hacemos lo que creemos mejor para nuestros hijos, cuando dices: tengo la sensación de que hay padres que dan más importancia a lo que ellos piensan al respecto que a lo que sienten sus hijos; que prefieren “hablar” que escuchar… Que no dejan espacio para que los niños expresen emociones que son diferentes a las “correctas” en su familia o entorno No sé si te refieres al tema de la adopción o a la crianza en general. Yo en el de la crianza considero que si que escucho lo que me piden o lo que no me piden mis hijos. En el tema de los origenes me anticipe preparando por si algún día hacía falta esa información y a la primera que me la pidió ya la comparti con ella, no sé si para liberarme o para descargar un tema que me olía importante. No hablamos practicamente del tema y en eso si que espero esta vez que si ella lo necesita, me lo manifieste.
        Roser

      • Bueno, supongo que sucede en general con la crianza, pero yo pensaba, al escribir, en esas familias que dicen “no le hablo de abandono porque no quiero que lo viva como un abandono”, y usando otras palabras, tal vez impiden al niño identifica la emoción que sienten respecto a su… abandono…

  3. Yo creo que de entrada nosotros los padres establecemos o reflejamos la manera en la que percibimos la adopción, nuestra actitud hacia la búsqueda de orígenes, la familia biológica, etc, pero después es nuestra tarea estar bien abiertos a lo que nuestros hijos expresen, y no sólo verbalmente, que muchas veces las actitudes dicen más.

    Yo siempre he sido muy abierta para hablar sobre adopción, desde hace siete años que mi hija llegó el tema me atrapó, siempre estoy leyendo e informándome. Desde hace un tiempo empecé a participar en cursos, charlas, reuniones, etc con el fin de informar y preparar a futuros adoptantes o a padres cuyos hijos ya han llegado y que se sienten un poco perdidos, o que simplemente quieren estar preparados. La mayoría de las veces participo junto con mi hija, ella se ha acostumbrado a dar testimonio, o a escucharme hablar de nuestra historia, de cómo enfoco yo los diferentes aspectos que la adopción abarca, etc. Cuando empecé a participar en estas charlas tuve que tomar conciencia hasta dónde estaba dispuesta a compartir para preservar nuestra intimidad. He compartido mucho de nuestra historia, de nuestra experiencia, y no sé si más adelante mi hija me lo va a reprochar. Fue una decisión que tomé junto con mi marido pues pensamos que valía la pena a fin de fomentar una cultura de la adopción en México, libre de tabues y mitos, abierta y natural. Cuando mi hija me acompaña siempre estoy pendiente de ver si la noto incómoda o molesta. Ella misma me pide participar a veces, otras sólo escucha, otras encuentra con quien jugar y desaparece del sitio de la reunión. ¿Estoy haciendo lo correcto? Yo espero con toda el alma que sí, la retroalimentación que recibo de la gente con la que me reúno me confirma que vale la pena. Sólo espero que para mi hija también sea así.

    Como podrán imaginar, mi trabajo, más casa e hijos, más todo el trabajo sobre adopción, más terapias de mi hija, me hacen funcionar por inercia… yo también quiero un año sabático, y si algún día la vida me lo concede… lo pasaré en España, aprovechando todos y cada uno de los eventos relacionados con la adopción que aparezcan en mi camino, aunque tenga que ir de ciudad en ciudad!!

    • Tienes razón: escuchar no es siempre escuchar lo que dicen… muchas veces es más importante escuchar lo que no dicen.

      Yo estoy segura de que me equivocaré muchas veces, de que mis actitudes tal vez les impedirán expresarse cómo son en algunas cosas o momentos… tener presente mi sensación respecto a la gimnasia puede ayudarme a imaginar cómo se sienten ellos.

      Yo también me pregunto a veces si mis hijos me van a reprochar que haya hablado en exceso de cosas que tal vez les pertenecen sólo a ellos.

  4. Bufff, madre, yo era esa niña de la gimnasia. Recuerdo lo que lloré cuando con 11 años me entregaron mi boletín de notas con todo sobresalientes y un suspenso en gimnasia. Yo intento hablar con mis hijas el tema de su adopción de forma natural. La peque sólo lleva 5 meses en casa y justo ayer cumplió dos años así que mucho no se entera ;-). La mayor de 5, nos ha acompañado en todo el camino de adopción de su hermana y creo que le ha venido fenomenal. Ella es muy introvertida y le cuesta expresar sus sentimientos y sus preguntas las hace a través de la hermana. Por ejemplo: ¿ por qué abandonaron a S.? y no por qué a ella. Yo intento no influir con mi visión del tema en ella y que tenga sus propias opiniones aunque imagino que es imposible no “transmitir” aunque sea de forma inconsciente. Yo sí haría cosas de forma diferente. En el primer proceso estábamos tan ilusionados, nerviosos y preocupados porque nos dijeran que no en el último momento que no quisimos ser pesados ni insistir en muchas cosas sobre su origen y hoy me arrepiento, porque intento hacer una búsqueda por si ella en el futuro desea saber más sobre su familia de origen y me doy contra muros.

    • Sí, yo también haría muchas cosas distintas con todo lo que sé ahora… pero claro, ¿cómo haberlo sabido entonces?

      A B. el proceso de adopción de A. le removió todo. Fue muy duro, pero creo que le sirvió para colocar muchas cosas… Ahora también veo que a ambos, tener un hermano con una historia al mismo tiempo parecida y distinta, les sirve para hablar, gestionar, imaginar… muchas cosas de la suya propia.

  5. Yo era esa niña durante toda mi vida escolar, odiaba con toda mi alma la gimnasia y la flauta. Era la que nadie quería en su equipo.

    Ahora de adulta sigue sin gustarme el deporte y caminar sólo me gusta si es con un buen conversador al lado 🙂

  6. Mi marido, mi hijo biologico y yo somos todos introvertidos, que odiamos la gymnasia o la interaccion social; sin embargo mis hijos etiopes son los tres lo contrario: hiperactivos, sociables (menos mi hija menor) y amantes de el ejercicio fisico. Asi que te puedes imaginar que en muchas areas somos totalmente incompatibles y vivimos negociando las necesidades de unos con las de otros. Y no es facil…
    Pero cuando uno adopta no se puede elegir.
    Por otro lado te obliga a hacer un esfuerzo para acomodarlos en tu familia, aunque a veces tengas que hacer cosas que no te gustan, y a ellos a aprender a estarse un poco quietos y pensar en otras cosas.
    Yo tambien me pregunto como seran los padres biologicos de ellos…

    • Seguro que no lo es. Pero es un gran aprendizaje… el de la negociación, siempre y cuando se dé por las dos bandas. Que haya tres “de cada” seguro que ayuda, debe ser más complicado cuando es uno solo el que es o se siente distinto.

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