familia monoparental y adopción

Soy lectora habitual del blog Buenos Tratos, considero que, a diferencia de lo que hacen tantos libros, blogs o profesionales, no sólo nos explica qué les pasa a nuestros hijos (que es importante pero no suficiente), sino que también nos cuenta qué podemos hacer con ello. Una ayuda inestimable para padres y madres que a menudo nos sentimos perdidos e impotentes…

Hoy traigo a colación su blog por una reflexiones (publicadas bastante tiempo atrás) que no son suyas, sino de la psicoterapeuta Loretta Cornejo, y, aunque no comparto todo lo que dice,  me parece un análisis muy interesante de la adolescencia contemporánea, más al hilo de lo que comentábamos en la entrada anterior.

Todo adolescente tiene que romper normas, es parte de su crecimiento, de su separación del mundo de sus padres. El mundo y la sociedad han cambiado, el niño crece con la sensación de que es un adulto más, al cual se piden sus opiniones desde muy pequeños y además se les escucha. Y no sólo eso, sino que incluso se les tiene en cuenta lo que dicen. Esto está bien en parte pero este niño va creciendo con la sensación de que es mejor que sus padres, que se lo merece todo y que además tiene derecho a no agradecerlo.

Este niño va creciendo y va llegando a la adolescencia, en la que por etapas evolutivas tanto físicas como psí­quicas, tiene que empezar a discutir con sus padres acerca de los patrones familiares, los permisos, las costumbres. Pero este joven se encuentra con que no hay mucho que discutir, el clima en casa ha sido generalmente de dejarle hacer lo que desea, muchas veces para evitar las peleas, y de demasiada permisividad con la electrónica, la “game boy”, Internet, la televisión. Por otro lado, en algunos casos existe, una ayuda exagerada de los padres en los estudios de los hijos (…)

Lo que empieza a establecerse actualmente en los jóvenes -de modo inconsciente- es que ya no quedan áreas en las que plantear la pelea. Es por esto que se usan los estudios, el rendimiento académico, la conducta en el colegio, como baluartes o iconos para establecer el conflicto entre padres e hijos, entre adultos y jóvenes.

Al mismo tiempo, esta generación ha crecido, como ya hemos dicho antes, teniendo la sensación de que lo saben todo (su gran capacidad espacial y el manejo de ordenadores de modo autodidacta y con más rapidez que sus padres, por ejemplo, les refuerza esta sensación) Además cuentan con una generación de padres que ha facilitado casi todo a sus hijos, al revés que la generación anterior que fomentaba el esfuerzo para así­ poder crecer. Por lo tanto, todo aprendizaje que ellos no dominan, simplemente lo rechazan.

Antiguamente, los hijos admiraban a los padres hasta la adolescencia, además de profesarles respeto y obediencia, en la que se planteaban la desidealización de sus padres. Pero ahora estos niños ya se creen muchas veces superiores desde la niñez, con padres que los admiran por su inteligencia, su vocabulario, sus ocurrencias. De alguna manera el niño se siente poderoso ante sus padres y muchas veces, dada la problemática actual, logra serlo en fuerza en peleas de poder.

Todo eso llevado a la adolescencia se convierte en una bomba de relojerí­a, donde realmente el adolescente se cree lo que es, pero no sabe lo que es ni hacia dónde quiere ir. Es la etapa en la que tiene que demostrar o empezar a demostrar lo que dice que es y muchas veces la realidad le demuestra que no es así­, que no vale tanto como cree o que tiene que hacer un esfuerzo mayor para demostrarlo. Y es aquí­ donde se quiebra, algunos desde la agresión, la indiferencia, el consumo de drogas o el desmadre y en otros desde la negación del problema, de que las capacidades no se inventan sino que se desarrollan, se enriquecen.

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Comentarios en: "La adolescencia en los tiempos del consenso" (8)

  1. Bastante complejo lo que expones. El hilo del argumento me hace perderme un poco. Nos proponen pedagosos y psicólogos negociar con nuestros hijos, razonar con ellos… siempre hasta un punto en donde nuestra autoridad se impone. Pero según parece perdemos ese “hasta aquí hemos llegado”, nos dejamos mangonear y luego sucede todo lo que se expone… No se si será así, quizás eso es lo que estamos viviendo. No sé. Pienso que nuestros padres educaron según su momento y sus circustancias y nosotros según las nuestras… su sociedad no es la actual.. y parece que ahora estamos en un momento de retroceso en que nos quieren llevar hacia atrás… La verdad es que me pierdo en estos temas.

    • Una vez leí a un psicólogo infantil que hemos pasado de la dictadura a la democracia sin transición, también en lo parental, y los padres nos hemos perdido por el camino… intentando huír de los métodos dictatoriales y verticales de nuestros padres, en algunos casos (yo creo que no son la mayoría), se perdió el Norte…

  2. Yo también me pierdo en estos temas. Y no tengo una visión catastrofista de los adolescentes actuales (seguramente mi visión está influenciada por mi entorno donde observo problemas, siempre los ha habido, pero no catástrofes).

    Yo lo que observo en mi entorno es un incremento (si lo comparo con mi generación) de la comunicación padres-hijos. La verdad es que en algunos momentos he presenciado conversaciones durísimas, pero eran conversaciones. Y como decía una persona muy allegada, mujer pragamática donde las haya, prefiero tener esas conversaciones y saber qué hacen mis hijos a vivir en una nube.

    • Sí, yo tampoco tengo una visión catastrofista. Creo que las relaciones entre adolescentes y padres tienen muchos números para ser complicadas, dolorosas, etc… que lo eran hace 30 años (y hace 50) y lo son ahora, y que siempre nos parecen más jodidas cuando estamos en el lugar de los padres que cuando estamos en el de los hijos. Creo que drogas, sexo fácil, desmadre, pasotismo, desmotivación… lo había antes igual que lo hay ahora. Pero me gusta reflexionar sobre las diferencias en la crianza de antes y de ahora, y creo que este artículo propone algunos elementos que efectivamente son distintos. Y creo que está bien pensar en cómo nos cambian la película…

  3. Estoy de acuerdo con tu visión sobre la reflexión que debemos llevar a cabo, y en cómo nos cambian la película. Con todo, este texto me parece poco fundamentado y demasiado generalista. Me he permitido comentar el primer párrafo.

    “El mundo y la sociedad han cambiado, el niño crece con la sensación de que es un adulto más, al cual se piden sus opiniones desde muy pequeños y además se les escucha. Y no sólo eso, sino que incluso se les tiene en cuenta lo que dicen. Esto está bien en parte pero este niño va creciendo con la sensación de que es mejor que sus padres, que se lo merece todo y que además tiene derecho a no agradecerlo.” Yo creo que los niños actuales no se sientes adultos pero sí sienten, más a menudo que los de mi generación, que se les escucha y se les tiene en cuenta. Eso es muy bueno para su autoestima y, en consecuencia, para muchas facetas comunicativas para consigo mismo, para con sus padres y para con su entorno. Y, a pesar de no haber recibido esos masajes extra para la autoestima, yo también crecí pensando que era mejor que mis padres. Tenía muy claro que mis padres estaban haciendo todo lo que tenían en sus manos para permitirme acceder a una educación académica a la que ellos no pudieron acceder. También tenía muy claro que el mundo dónde crecía era extremadamente distinto al de mis padres. Y en esos momentos no se lo agradecía. Sencillamente aprovechaba la vida y lo que se me ofrecía. Fue mucho más tarde (bien pasada la adolescencia) cuando me di cuenta de lo conscientes que eran de la educación que querían para mí y mis hermanos y se lo agradecí. No desde el pensar que estaba en deuda con ellos; sino desde la admiración y el orgullo de lo que hicieron por nosotros.

    Me permito comentar también lo del clima permisivo y el tema esfuerzo. Con el primer tema entramos en los límites y yo en mi entorno veo límites por parte de los partes. Quizás más laxos que los de mis padres, pero límites muchas veces más razonables. Y hay padres que quizás lo hacen, pero no creo que la mayoría de padres dejen hacer a sus hijos lo que quieran para evitar discusiones. Con el tema del esfuerzo… yo veo a mi hija con deberes cada día (deberes que hace ella con mi apoyo que yo también recibía de mi madre). Pero es que yo a su edad no recuerdo tener deberes a su nivel (entre otras cosas, lo admito, porque no había la abundancia de libros, ordenadores, juegos digitales… que hay ahora: lo aprovechamos todo para hacer refuerzo!!). Como mucho recuerdo recoger piedrecitas para agruparlas en bolsitas de 10 y comprender el concepto de decena (y eso debía ser mucho más tarde; a mi hija todavía no le han hablado del concepto decena). Y dejo a un lado el tema competitividad con el que tienen que lidiar desde ya (si no a que viene asistir a academias privadas de idiomas y/o de música desde la época del jardín de infancia). Fráncamente yo creo que mi hija se esfuerza mucho cada día y a medida que avanza el curso juega menos (y tiene 6 años, si no juega ahora ¿cuándo lo hará?).

    No continuo, pero podría…

    Me gusta tu título, pero los argumentos de la psicoterapeuta Loretta Cornejo me parecen un poco flojos. Me parecería mejor que se dedicara a proporcionar ayuda para fomentar el diálogo que se inicia con la filosofía del consenso, y para intentar evitar que algunos padres se pierdan en el otro extremo del péndulo. Pero vaya esto podemos hacerlo aquí 😉

    Espero haber puesto mi granito de arena; como mínimo para que los padres nos sintamos un poco seguros e intentemos mitigar esa especie de sobreexplotación que parece que quieren promover en nuestros hijos 😉

    • Me gusta mucho tu comentario; y comparto prácticamente todo lo que dices. El texto de Loretta Cornejo me parece interesante porque aporta elementos para la reflexión, pero como decía en la entrada, no comparto mucho de lo que dice.

      Yo sí conozco padres que no ponen a sus hijos límites que deberían ponerles para que no se enfaden, no se disgusten, no lloren… y se encuentran que con que este miedo a enfrentar estas emociones de sus hijos, les explotan en las manos cuando estos crecen. Pero estoy convencida de que no son, ni de lejos, la mayoría. La mayoría de padres que hay en mi entorno (y son muchos) son personas razonables, que se preocupan por sus hijos, les educan, buscan la manera de hacer lo que creen mejor para ellos. Son muy poquitos las excepciones, aunque claro, se ven mucho.

      Me gusta también lo que dices sobre el diálogo. Yo también creo que es mayor que en mi generación, en mi casa, y creo que esto es bueno y que tiene consecuencias positivas. Y siempre recuerdo algo que me dijo una vez una psicóloga: no podemos pretender que nuestros hijos adolescentes nos lo cuenten todo, no lo harán (y si lo hacen, debemos plantearnos si hay algún problema…) Sin embargo, si fomentamos el diálogo cuando son pequeños, si les escuchamos, si tenemos en cuenta sus opiniones y sus emociones… sí podemos tener bastante garantía de que, cuando tengan un problema, vendrán a hablar con nosotros. Me pareció muy alentador.

  4. También conozco a padres que no ponen a sus hijos límites, en mi caso a muchos de estos padres!! Como delegada de preparatoria (no conozco el equivalente en España, los años escolares que van de los 15 a los 18 años aproximadamente) tuve que lidiar con los padres de alrededor de 750 alumnos cada uno de los tres años que estuve en ese cargo, y fue realmente agotador. Padres que hacen que sus hijos piensen que son los dueños del mundo y que no tienen porque someterse ni respetar ninguna autoridad. Padres que dieron a sus hijos juguetes, dinero a manos llenas, que creen que el mundo está para servirlos a ellos, Me tocó vivir situaciones verdaderamente alucinantes.

    Es difícil la educación cuando el entorno es así, por fortuna también tenemos cerca gente sensata que se preocupa de marcar límites, de que sus hijos crezcan para ser adultos responsables y sobre todo felices, porque es triste ver que los niños de los que hablo arriba tampoco son niños felices, son niños a los que nada les llena, que parecen tener un vacío, que están eternamente inconformes.

    El diálogo y la confianza, básicos para lograr una relación cercana con nuestros hijos.

    • Estoy de acuerdo en que existen, aunque creo que no son la mayoría que nos quieren hacer pensar. Y desde luego, son un claro ejemplo de que “el dinero no hace la felicidad” (ni los juguetes, objetos, salidas…)

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