familia monoparental y adopción

La hija de Woody Allen

Este fin de semana nos ha conmocionado la carta de Dylan Farrow, una de las hijas de Woody Allen, que ha acusado a su padre de haber abusado de ella en su infancia.

A mí personalmente, me ha conmocionado igualmente la reacción que leo en muchas personas de mi entorno: “No me lo creo”; “no puede ser verdad”; “seguro que miente”; “la madre está loca y esta niña siempre ha estado del lado de la madre”…

Estas frases las he oído de boca de personas cultas, inteligentes, que se pronuncian contra la injusticia, la violencia doméstica, los maltratos a menores… pero que cuando se trata de abusos (y cuando el dedo acusador señala a alguien que consideran “respetable”) tienen una reacción que creo que es un patrón inamovible en lo que a abusos sexuales se refiere: impunidad para el agresor, que no pierde su estatus, y estigmatización de la víctima, a la que se acusa de inventárselo, de usarlo para hacer daño al agresor.

No, yo tampoco sé si es verdad o no. Y no sé si la justicia va a ser capaz de llegar a la verdad, si alguien se molesta en buscarla.

Pero sí sé quién es el que tiene más que perder ahí, y por tanto, quién tiene más sentido que mienta.

¿Qué gana esta mujer mintiendo, exponiéndose de esta manera, haciendo público su dolor, su vergüenza, su humillación? ¿Qué va a conseguir? ¿Con qué objetivo? ¿Por qué alguien se inventaría una historia como esta?

Me hago estas preguntas… y no puedo evitar pensar en la soledad de tantos niños y niñas (que siguen agazapados dentro de cuerpos adultos), que sólo esperaban que alguien les protegiera.

¿Qué película de Woody Allen es su favorita? Antes de responder, les contaré algo que deben saber: cuando yo tenía siete años, Woody Allen me cogió de la mano y me llevó a un ático sombrío, casi un armario, que había en la segunda planta de nuestra casa. Me dijo que me tumbara boca abajo y jugara con el tren eléctrico de mi hermano. Y entonces me agredió sexualmente. No dejó de hablar mientras tanto, de susurrar que era una buena niña y que aquello era un secreto entre los dos, de prometer que íbamos a ir a París y yo iba a ser una estrella en sus películas. Recuerdo mirar fijamente el tren, no perderlo de vista mientras daba vueltas por el ático. Todavía hoy, me resulta difícil contemplar trenes de juguete.

Desde que tengo memoria, mi padre siempre me había hecho cosas que no me gustaban. No me gustaba con cuánta frecuencia me apartaba de mi madre, mis hermanos y mis amigos para estar los dos a solas. No me gustaba que me metiera su dedo pulgar en la boca. No me gustaba tener que meterme en la cama con él, bajo las sábanas, cuando él estaba en calzoncillos. No me gustaba cuando colocaba la cabeza en mi regazo desnudo y respiraba hondo. Me escondía bajo las camas o me encerraba en el cuarto de baño para evitar esas situaciones, pero él siempre me encontraba. Ocurría tantas veces, como si tal cosa, ocultándoselo con tanta habilidad a una madre que me habría protegido si se hubiera enterado, que yo creía que era lo normal. Creía que así era como los padres mimaban a sus hijas. Sin embargo, lo que me hizo en el ático me pareció distinto. Ya no pude seguir guardando el secreto.

Cuando le pregunté a mi madre si su padre le había hecho a ella lo que me hacía Woody Allen a mí, no tenía sinceramente ni idea de cuál iba a ser la respuesta. Ni tampoco sabía la tormenta que iba a desencadenar. No sabía que mi padre iba a utilizar su relación sexual con mi hermana para encubrir los abusos a los que me tenía sometida. No sabía que iba a acusar a mi madre de meterme la idea en la cabeza ni que iba a llamarla mentirosa por defenderme. No sabía que me iban a pedir que contara mi historia una y otra vez, a un médico detrás de otro, para presionarme y comprobar si reconocía que estaba mintiendo, dentro de una batalla legal que yo no podía entender de ninguna manera. En un momento dado, mi madre se sentó conmigo para decirme que no me pasaría nada si estaba mintiendo, que podía retractarme de todo lo que había dicho. Pero no podía hacerlo, porque era todo verdad. Sin embargo, a una persona poderosa le es muy fácil entorpecer una acusación de abusos sexuales. Enseguida aparecieron expertos que impugnaron mi credibilidad. Médicos dispuestos a usar sus armas psicológicas contra una niña que había sufrido esos abusos.

Después de una vista para decidir la custodia en la que a mi padre se le negó el derecho de visita, mi madre decidió no presentar una demanda penal, pese a que el Estado de Connecticut había llegado a la conclusión de que había “causa probable”. Lo hizo, en palabras del fiscal, por la fragilidad de “la niña víctima”. Woody Allen no fue nunca condenado por ningún delito. El hecho de que hubiera salido indemne me atormentó durante mi infancia y adolescencia. Me sentía terriblemente culpable de que pudiera seguir relacionándose con otras niñas. Me aterrorizaba que me tocaran otros hombres. Adquirí un trastorno alimentario. Empecé a cortarme con cuchillas. Y la tortura se agravó aún más por culpa de Hollywood. Todo el mundo, salvo unos pocos (que son mis héroes), hizo la vista gorda. A la mayoría de ellos les resultaba más fácil aceptar la ambigüedad, decir “quién sabe qué sucedió”, fingir que no había pasado nada. Los actores le elogiaban en las ceremonias de premios. Las cadenas de televisión le llevaban a sus programas. Los críticos hablaban de él en las revistas. Cada vez que veía el rostro de quien había abusado de mí –en un cartel, una camiseta, un televisor–, no podía más que disimular mi pánico hasta que encontraba un rincón en que estar a solas para desmoronarme.

Hace unos días, Woody Allen recibió una nueva nominación a un Oscar. Y esta vez, decidí no desmoronarme. Durante mucho tiempo, la aceptación de la que ha disfrutado me ha mantenido en silencio. Me parecía un reproche personal, como si los premios y los aplausos fueran una manera de decirme que me callara y me fuera. Pero varios supervivientes de abusos sexuales que se han puesto en contacto conmigo, para mostrarme su apoyo y compartir sus temores a dar la cara, a que les llamaran mentirosos, a que les dijeran que sus recuerdos no eran reales, me han dado un motivo para romper el silencio, aunque solo sea para que otros sepan que no tienen que permanecer callados.

Hoy me considero afortunada. Estoy felizmente casada. Cuento con el respaldo de mis maravillosos hermanos y hermanas. Tengo una madre que supo encontrar en su interior la fortaleza necesaria para salvarnos del caos que había introducido un depredador en nuestro hogar.

Sin embargo, sigue habiendo otras personas asustadas, vulnerables, que se esfuerzan para encontrar el valor que les permita decir la verdad. Y el mensaje que les transmite Hollywood es importante.

¿Y si hubiera sido tu hija, Cate Blanchett? ¿Louis CK? ¿Alec Baldwin? ¿Y si hubieras sido tú, Emma Stone? ¿O tú, Scarlett Johansson? Diane Keaton, tú me conociste cuando era niña. ¿Te has olvidado de mí?

Woody Allen es una prueba viviente de que nuestra sociedad no se porta bien con los supervivientes de abusos y agresiones sexuales.

Por eso, imagínense a su hija de siete años, imagínense que Woody Allen se la lleva al ático. Imagínense que, durante el resto de su vida, a esa niña le dan náuseas cada vez que oye el nombre de él. Imagínense un mundo que aplaude a su atormentador.

¿Se lo imaginan? Y ahora, ¿qué película de Woody Allen es su favorita?

P.D. Por cierto, mi película favorita de Woody Allen es “La Rosa Púrpura del Cairo”. El hecho de que sea (o pueda ser) una mala persona, no rebaja su calidad artística; pero que me guste como artista, tampoco le convierte, automáticamente, en alguien incapaz de hacer daño.

P.P.D. Muy interesante este artículo al respecto de Lucía Etxebarría.

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Comentarios en: "La hija de Woody Allen" (36)

  1. Me he quedado aterrada de pensar que esta historia sea cierta (como me quedo ante cualquier historia de estas características), ésta no la conocía. Como tu dices, no se puede saber si esto es o no cierto, pero se me ponen los pelos de punta cada vez que leo u oigo esos comentarios que disculpan al agresor, y que culpan a la víctima, que siempre miente, inventa o quiere hacer daño. Me genera una gran impotencia y rabia cualquier historia semejante y ese tipo de comentarios al respecto.
    No tengo mucho más que decir, aún le queda a nuestra sociedad mucho que avanzar al respecto de cómo vemos a las personas; de cómo, casualmente y en la mayoría de casos, las mujeres somos histéricas, locas y malvadas personas capaces de inventar lo que sea por despecho o qué se yo; y de cómo ese señor respetable no puede ser un auténtico monstruo cuando nadie, o casi nadie, le ve.

    • Totalmente de acuerdo. Curiosos los epítetos que le dedican… a Mia Farrow. Y yo soy una gran defensora de la presunción de inocencia, pero también, y en primer lugar, para la víctima.

  2. La verdad, sabiendo que se “lió” con una adolescente de la que supone que también hizo de padre (aunque luego se casara con ella, me parece igualmente asqueroso), la historia de su otra hija siempre me pareció creíble.
    Es terrible que la pequeña tuviera que pasar por todo eso, y tenerlo que explicar una y otra vez. Estoy de acuerdo con Lucía Etxebarría, es difícil que una niña de 7 años se invente una historia así o, pedirle que “mienta”, en el caso que la historia se la inventara su madre, como argumenta Allen.

  3. Pues no entiendo porque se cuestiona a esta mujer, por denunciar algo que ya se denunció en su momento,y aunque no se hubiera denunciado, poniéndola en duda se genera indefensión en otras personas. Me parece algo tan tan duro para que alguien lo invente…

    Y habría que alabar a su madre que por lo que parece lucho sin parar para alejarla del agresor y parece que hoy es feliz, ha tenido que ser un largo camino recuperar a una niña de eso y hacerla una mujer capaz de ser feliz.

    • Supongo k a la mayoría nos resulta tan increíble k haya padres capaces de hacer daño a sus hijos k nos deja estupefactos. Y cuando esto sucede en casos de personas a las k suponemos cultas y respetables (en este caso es definido a menudo como “genio”), nos resulta doblemente increíble.
      Esto no quiere decir k no sea cierto, por supuesto, sólo k nos cuesta más trabajo creerlo. No creo k una niña de 7 años pueda inventarse algo así y este tipo debería estar en la cárcel. El y otros muchos como el a los k la sociedad en general y muchas veces incluso las propias víctimas o sus madres disculpan y encubren. K asco.

      • ¿Por qué nos resulta increíble? Las estadísticas son muy claras: una de cada 4 niñas y uno de cada 5 niños sufre abusos en su infancia. La mayoría de los abusadores son personas próximas, de la familia, amigos de la familia, cuidadores, vecinos, maestros, monitores… No hay diferencias en cuánto a clases sociales. Sólo hay que sacar cuentas y llegar a la conclusión de que sin duda en nuestro entorno se están dando casos mientras nosotros ni lo sospechamos…

      • Probablemente me resulta difícil de creer pork a mi no me entra en la cabeza k existan personas así y pork no se ha dado (o no se ha denunciado) nunca ningún caso en mi entorno. También pork pienso, quizás erróneamente, k la cultura evita costumbres k en sitios más pequeños y recónditos se pueden ver hasta habituales.
        Probablemente me equivoque pork con esas estadísticas algún caso debería conocer pero no es así.

      • No sé si deberías conocerlo, creo que estas cosas no se hablan, que suceden y no lo sabemos. Pero que se dan, … esto también parece bastante claro.

        ¿Sabes?, me resulta curioso que hables de “sitios más pequeños y recónditos” como más peligrosos… la última vez que discutimos sobre el tema, alguien dijo que como vivía en un pueblo pequeño donde todos se conocían, seguro que no pasaba… al final el tema es que es algo que siempre pasa a los demás…

      • Yo crecí en una zona rural y estas cosas se sabían. No se denunciaban y tampoco se hacían públicas (quiero decir que seguro que había personas, normalmente del círculo más proximo del abusador, que no las sabían). Pero las niñas sabíamos que teníamos que alejarnos de según que personas; y entre nosotras comentábamos si veíamos algo sospechoso. Como llegábamos a este punto no lo sé, pero lo hacíamos. No sé cómo funcionarían los niños. Me imagino que esta manera de actuar era más difícil de conseguir en una gran urbe.

      • No hablaba de abusos de menores dentro del seno familiar. Sí de abusos, o de intento de abusos, de menores en círculos un poco más amplios.

      • Sí, pero esta idea perpetúa la imagen del abusador como persona ajena, rara, friki… de fuera… cuando la mayoría de los abusadores son señores respetables y respetados en su comunidad, el médico, el maestro, el cura, el juez… que nadie puede creer que sean capaces de hacer algo así en su propia casa…

      • Yo no estaba hablando de personas raras, ni frikis. Tampoco del maestro. ni del cura (médico y juez no había). Eran personas a las que sabíamos que mejor no acercarnos a solas. Y eran personas de las consideradas “normales”. Hace unos años denunciaron a una de esas personas. No sé sus familiares; muchas persoas no se sorprendieron para nada del tema.

      • Sí, pero tengo la sensación que es como cuando prevenimos a nuestros hijos de hablar con desconocidos… como si el peligro fueran siempre los de fuera, los ajenos. Cuando en muchos casos (casi siempre) el peligro está en la familia, y esto no se previene…

        En mi barrio también hay un tipo contra el que prevenimos a los niños. Un señor que juega al futbol con ellos, que resulta sospechoso (ahora hace mucho que no lo veo y hace poco alguien me dijo que le denunciaron por tocar a un niño en un callejón; así que imagino que ahora irá a otras plazas). Pero insisto, creo que esto es perpetuar la idea de que el peligro son los extraños, los ajenos… y por tanto, perpetuar la incomprensión de las víctimas de abusadores en su propia familia, a manos de personas que no son nunca sospechosas…

      • Estoy de acuerdo contigo.

        Con todo, yo he puesto el ejemplo pq se trata de un pueblo pequeño donde todos nos conocíamos, y dónde a veces los límites del entorno familiar quedaba difuminado: un vecino podía ser más cercano que un tío que vivía en otro pueblo. Es decir no estaba hablando de desconocidos, extraños, ajenos… ni del señor que nos podemos encontrar en el parque y que nadie sabe de dónde sale.

    • Sí, de todo lo que leo (que probablemente no es cierto al 100%, ni es todo, ni…) una de las cosas que me reconforta es la sensación de que su madre supo, pudo y quiso protegerla. Que no es poco.

  4. Leo la carta de Farrow y sólo de imaginarme que algo así sea posible se me cierra el estómago y me entran ganas de vomitar…. Y es literal… Me parece increíble que un padre sea capaz de eso, pero aún me parece más increíble -no porqué dude de ellas- sinó porqué duelen, las cifras de abusos

    Y sé de lo que hablo.. Mi abuelo cuando yo tenía entre 13-15 años (ya era mayor…) cada vez que me veía a solas me pedía un beso en la boca (e intentaba robármelo cuando yo me oponía…), alguna vez me pidió que le tocara pero yo me escapaba…Él estaba enfermo y débil (un parkinson) cuando eso ocurría… Murió cuando yo tenía 16 años. Y para mi fue una liberación porque siempre ponía excusas para no ir a verlo… Nunca le he explicado a mi familia lo sucedido. ¿Por qué? Quizás porqué yo pude “escabullirme” a pesar de que alguna vez me intentó tocar, quizás por qué causaría un dolor excesivo en personas a quien amo y mucho (como mi padre… ya que él era su padre…). A veces, sin embargo, pienso que quizás mi abuelo hizo lo mismo con mi tía cuando era pequeña, o con alguna de mis primas… Pero no quiero pensarlo….A veces pienso que quizás debería decir algo… ¿pero qué gano? He de reconocer que a pesar del tiempo, y de que en mi caso pude en cierta forma evitar el abuso, es un tema que me duele… y que me cuesta un mundo compartir.

    Cuando leo historias sobre abusos y leo cifras se me remueve algo muy profundo dentro de mi y pienso en todos estos niñas y niños que por miedo, por vergüenza… por no hacer daño no dicen nada. Y me pregunto, ¿qué podemos hacer?¿qué puedo hacer? Ojalá tuviera la respuesta. Es un tema además que con mis hijos no sé como afrontar. No sé como hablarles de ello

    Maria

    • ¿Y no crees que esta es una de las razones por las que se perpetúa el abuso? ¿Por el silencio de las víctimas? Por la vergüenza, la culpa, el miedo a hacer daño en la familia… ¿De verdad es más importante preservar la figura de este abuelo (que en otras casas puede ser un tío, un primo), que sacar la verdad a la luz? ¿Por qué el cataclisma está en contarlo y no en que suceda?

  5. Racionalmente tus preguntas tienen una respuesta evidentes. Es cierto que en muchas ocasiones el abuso se perpetua porqué no hay denuncia, por ese miedo, esa vergüenza…
    Lo sé pero…¿Compensa el dolor que podemos causar explicándolo? ¿nos salvará de nuestro dolor? ¿salvará a otros de sufrir lo mismo?

    Creo que sólo cuando eres consciente del dolor que te causa, y ese dolor puede ser mitigado a través de contarlo vale la pena hacerlo. En mi caso, y hablo por mi, no por otros, contarlo creo que no evitaría que nadie sufriera (ni yo, ni otras personas pues mi abuelo ya murió) y tampoco reduciría mi dolor, sinó que lo aumentaría más porque sin duda haría sufrir y mucho a personas a quien amo. Que quede claro que no pretendo proteger la imagen de mi abuelo, lo que quiero es proteger a mi padre. Desde esta perspectiva, el daño ya está hecho, mi dolor es mío, ¿ de que servirá ahora generar más dolor?
    Por otra parte, contarlo modifica la forma en que otros te ven y perciben. Significa que integras en tu identidad externa el ser víctima de abusos. Y no sé si estoy preparada para ello… Yo soy mucho más que eso… y no quiero que esa visión pueda determinar la relación que otros tengan conmigo y no sólo conmigo sinó con otras personas de mi entorno.
    Entiendo que se haga difícil de comprender.. Que objetivamente sea claro que hay que denunciar… que hay que hablar. Seguramente no soy lo suficiente valiente para asumir las consecuencias… Y admiro profundamente a quien es capaz de hacerlo, y me indigna que públicamente se le niegue su credibilidad.

    • No, no cuesta de entender, se entiende perfectamente. Incluso en agresiones menos “dramáticas”, como el acoso laboral, o el bullying en los colegios (que sin duda lo son mucho). Yo entiendo que alguien no quiera exponerse, exponer a sus hijos, poner a su familia en la picota, crear un cisma familiar, hacer daño a los que quiere, ser juzgado, etc. ¿Cómo no entenderlo? Por esto me resulta tan difícil de entender que sea tan fácil de creer que alguien denuncia este tipo de abusos alegremente, porque sí, sin que sean verdad.

      Gracias por la respuesta, me parece muy valiente. No pretendía que contestaras, eran más bien preguntas retóricas…

    • Respecto al silencio, me ha gustado mucho este artículo: http://www.diagonalperiodico.net/blogs/june/yo-te-creo.html

  6. Ya lo dice el refrán, los niños no mienten…puedo creerme o no a la mujer que denuncia a su ex-marido de maltrato cuando hay una pensión en juego..pero a un niño le creo siempre, es imposible que tengan la racionalidad suficiente con 7 años como para engañar en un tema como ese, incluso aunque su madre le “aleccionase”, haría aguas por todas partes. Y volver a contarlo de nuevo con 28 años,todavía mas, porque si fuese una peli que se montó su madre, lo mejor era no removerlo. Y lo de liarse con su hija adoptiva de 19 años…pues ya dice mucho, dudo que esperase a la “mayoría de edad”. Me da asco solo pensarlo.
    A mi lo que me preocupa de verdad es la estadística que comentas, madredemarte, que el abuso está a nuestro alrededor, es un tema que me aterra con mis hijos, me llama la atención de que la gente le parezca arriesgado dejar ir a los niños solos al colegio o al kiosco con 7 años, por si los raptan, cuando estadísticamente es insignificante que pase eso y no se planteen que los mayores peligros potenciales de un niño están en su entorno de confianza y que nos puede pasar a cualquiera.
    Gracias María por tu comentario tan valiente, cuando un hijo no quiere ir por sistema a algún sitio o a casa de alguien, tenemos que ponernos en modo alerta.

    • Totalmente de acuerdo. Prevemos y prevenimos los abusos de desconocidos, que son casos muy anecdóticos… y no nos planteamos que el abuso puede (y suele) estar dentro de la familia.

  7. No se si la historia de la hija de Woody Allen es verdad, pero si creo que la que mas a ventilado el asunto es Mia Farrow. Creo que hay que escuchar las dos versiones antes de asumir que lo que dice Dylan es verdad.
    Esta es la “otra campana” http://www.thedailybeast.com/articles/2014/01/27/the-woody-allen-allegations-not-so-fast.html

  8. Muy bueno el artículo de Lucía E.
    Gracias
    bss

  9. Lamentablemente el abuso sexual a menores existe y ocurre en el 90% de los casos en el entorno familiar. Lo sé porque parte de mi trabajo consiste en valorar a las víctimas. Sí que en algunos casos hay una separación mal llevada entre los padres y el menor parece “aleccionado”, pero ocurre muy pocas veces. Es una realidad compleja, difícil de entender que un adulto se sienta atraído sexualmente no sólo por un niño, sino por alguien de su propia familia y peor aún, que no quiera (porque poder, puede) hacer frente a ese impulso y acabe dañando a quien debería proteger. Para mí es repugnante hablar con estos individuos que siempre se justifican a sí mismos y nunca se arrepienten de sus actos: lo niegan, o “era consentido” o “le estaba enseñando”. Y estoy convencida de que sólo conocemos la punta del iceberg. Que muchas madres “consienten” o “miran para otro lado” (digo madres pq el 99% de los abusos son cometidos por varones), que no se lo quieren creer, que no quieren escándalos. Niños que sufren en silencio pq les han dicho que si lo cuentan nadie les va a querer, o que a su mamá le dará un infarto. Niños que cuando intentan contarlo no son creídos o escuchados y se callan y cuando son adultos se lo cuentan al psiquiatra al que van.
    A nuestros hijos debemos enseñarles desde pequeños que NADIE, absolutamente nadie debe tocarlos por delante o por detrás. Que deben decir NO alto y claro, aunque ni sepan lo que está ocurriendo (un niño de 4 años no sabe que es una relación sexual, pero sí que no debe dejar que le metan la mano en los pantalones) y debemos escucharlos SIEMPRE, porque de dar marcha atrás hay tiempo.

    • Gracias por tu testimonio. Creo que para muchas familias, lo más difícil es saber cómo educar a los niños para protegerlos de los abusos sexuales; que a menudo piensan que están protegidos porque solo les dejan con personas de confianza, cuando son las personas de confianza las que les pueden hacer daño; que si alguien no pareciera respetable y confiable, no le confiaríamos a nuestros hijos…

  10. Siempre se nos ha dicho de pequeños que no hablemos con desconocidos. Se emiten campañas publicitarias en contra del abuso sexual infantil preveniendo a las familias de las personas extrañas. ¿Qué pasa cuándo el abusador es tu padre, tio, hermano, primo, abuelo, amigo intimo, etc?, ¿cuándo es el entrenador de futbol, el cura, el cuidador de la guarderia o el profesor?, ¿cuándo esa persona es politico, actor, un hombre respetable por todos y un ejemplo a seguir?

    ¿Quién les enseña a los niños a decir NO a algo que no quieren hacer de alguien a quien idolatran y quieren?, ¿Quién enseña a los adultos a creer a esos niños?

    Como habeis comentado, 1 de cada 4-5 niños y niñas sufren abusos infantil, y solamente un 1-2% de ellos son de personas desconocidas o ajenas a la familia. No son de personas que tengan un problema con las drogas, ni con nada parecido, no están locos y no son viejos depravados. La mayoria (la mayoria no son todos) son padres de familia o jovenes (entre 25 y 40 años) y las victimas oscilan entre los 6 y 11-12 años (me refiero cuando empieza).

    A los adultos no les gusta hablar del tema, ni creer, ni reflexionar sobre ello porque no se entiende, porque el tema es peliagudo, porque piensan que en su familia o cerca de ellos ésto no ocurre, porque piensan que son pocos niños los que sufren abusos… Y cuando la victima lo cuenta (que son muy pocos), no los creen, porque claro, son niños y se lo ha dicho su imaginación.

    ¿Por qué la victima no lo cuenta o tarda tanto en hacerlo? Porque cree que es la forma de querer, porque le han dicho que es un secreto entre ellos, porque le han amenazado gravemente contra la gente que quiere si lo cuenta, porque el que hace este mal, es tu padre, por ejemplo, y es alguien a quien quieres, y que él te quiere y te cuida. ¿Quién no quiere a su padre cuando tiene 7 años?, ¿quién puede ir en contra de él? (después ya eres más consciente)

    Creo que hay que romper el silencio, lo malo, es que cada vez que ésto ocurre, la familia se desquebraja haciendo sentir a la victima culpable de tooooodo lo que ha sucedido.

    Perdón por la parrafada, muchas cosas ya las habíais comentado.

    • De lo que me he dado cuenta, hablando sobre este asunto, es que el mundo se divide en dos grupos: los que saben que sucede, dónde y con quién sucede, muchas veces porque lo han vivido en propia carne (aunque no lo hablen fácilmente) y los que alucinan de que suceda, se niegan a creer que suceda tanto y son incapaces de imaginar que suceda en su entorno. Y estos dos grupos, raramente se tocan.

      Muchas gracias por tu reflexión, yo añadiría, además, que muchos de los abusadores son depredadores sexuales, que pueden abusar, a lo largo de su vida, de un puñado de niños y niñas… Y esto también asusta.

  11. En relación a este y a otros temas de abusos, a mi me marcó mucho una entrevista a Boris Cyrulnik (creo que era esta http://vimeo.com/14062317). En algún momento de la entrevista (centrada en la resiliencia) Cyrulnik comentaba que la mejor salida para las personas que han sufrido abusos es sublimar mediante la creación artística sus sentimientos porqué hablar del tema con otros comporta esa respuesta (sea verbal o no) de ya estamos otra vez con lo mismo. Me pareció durísimo, pero en cierta manera es verdad (se ve en muchas reacciones al caso de la hija de W. A.). Parece que la resiliencia comporta esto. Y parece que como siempre prevenir es mejor que cualquier otra cosa. Gracias por hacerme pensar.

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