familia monoparental y adopción

Afropolita

Ayer se publicó una entrevista con la escritora Taiye Selasi, a quien yo no tenía el gusto de conocer, pero que me ha hecho arder en deseos de leer su primera novela, “Lejos de Ghana”.

Escribo sobre ella sin ser capaz de ponerle un adjetivo de localización: nació en Londres, se crió en Massachusetts, vive en Roma, es hija de un cirujano ghanés y una pediatra nigeriana, no tiene acento nativo de ningún lugar concreto… ella misma se define así: “No soy africana ni americana: soy ‘afropolita”

Me parece que lo que cuenta tiene mucho que ver con la situación identitaria de nuestros hijos, que no son de aquí ni de allí… Que puede ser un buen referente para ellos, sobretodo a partir del momento en el que decidan que tener una identidad múltiple es una riqueza.

¿Se considerarán nuestros hijos, que también se suelen definir como “marrones” antes que negros, afropolitas?

El afropolitismo define a jóvenes de origen africano con una identidad híbrida, como mi hermana y yo. Mi padre nació en Costa del Oro, que en 1957 se convirtió en Ghana, estudió en Escocia y terminó trabajando como cirujano en Arabia Saudí. Los abuelos de mi madre eran un misionero escocés y una mujer yoruba, ella se crio entre Londres y Lagos y conoció a mi padre cuando ambos estudiaban Medicina en Zambia. Mi hermana melliza y yo nacimos en Londres y crecimos con el sentimiento de ser de todas partes, no sólo nigerianas o británicas o americanas.

Cuando sales al mundo y lo colonizas, a continuación el mundo entra en tu casa. Si no quieres incluir a escritores indios, nigerianos o jamaicanos en tu definición de literatura británica, no deberías haber colonizado India, Nigeria y Jamaica. Hablamos de lo británico como si solo significara té, la reina o ser blanco, y eso es absurdo. Lo británico se ha vuelto “marrón”.

Me niego a utilizar el término “negro”. Referirse a alguien por el color de su piel no es algo neutral e inofensivo. Al contrario: perpetúa el engaño de la existencia de una raza negra. Creo en el poder de la lengua para cambiar el pensamiento. James Baldwin decía que uno escribe para cambiar el mundo, aunque el cambio sea mínimo. Hablar de gente marrón produce cuanto menos extrañeza: ¿por qué no dice negro?

Desgraciadamente el mito de la raza es una parte dominante de la vida y de la cultura popular en Estados Unidos. Cuando llegué a Yale, entré a formar parte de la categoría de estudiantes negros de la universidad. Sin embargo, en un estudio reciente se mostraba que alrededor del 70% de esos estudiantes son inmigrantes de África o de las Indias Occidentales. Asumir que alguien que creció en Nairobi ha de congeniar con alguien que creció en Brooklyn por el color de su piel no tiene sentido. Dicho esto, sé que todo lo que han conseguido los inmigrantes africanos en EE UU ha sido posible gracias a los afroamericanos. Mi madre estudió en Harvard porque era una mujer brillante y porque trabajó muy duro, pero también porque, muchos años antes, otra persona de piel marrón consiguió entrar en esa institución en circunstancias muy duras.

Identificar desarraigo con inmigración resulta engañoso. El arraigo es un sentimiento que nace de lo local y no de un país en su conjunto. Yo me siento en casa cuando voy a Accra, la capital de Ghana: el olor, la comida, las calles, mis amigos, mi madre, que vive allí desde hace 13 años, mi padre, que es ghanés… Pero eso no me sucede en otra ciudad, como Kumasi. Eso es algo universal. Mi abuela vive en Málaga desde hace muchos años, es una gran bailaora de flamenco y hace unas paellas buenísimas. Para ella eso es su España.

Yo no hablo ninguna lengua como un nativo del país. En Ghana, en Italia y hasta en EEUU, la gente me pregunta de dónde soy. Mi madre tiene un acento británico muy marcado y fue ella quien me enseñó a hablar. En realidad, mi auténtico país es mi hermana. Lo más hermoso de tener una melliza es que por extraño que fuese el mundo en el que nací, no llegué sola.

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Comentarios en: "Afropolita" (17)

  1. La gente que tiene orígenes diversos viene muy bien para plantearte lo que es “ser de un sitio”, es cierto. Me gustó mucho el libro de Amin Maalouf que habla de esto (Orígenes).
    Pero en mis hijos veo que quieren ser de aquí (sea lo que sea lo que esto significa, claro), no una mezcla. Ellos se sienten así, y lo veo una opción tan respetable como la otra.

    Lo que también me sirve a mi de ejemplo es el caso contrario, gente que no tiene una historia familiar tan diversa, que vive más o menos donde nació, pero que siente una identidad más compleja que “soy de aquí” por afinidades culturales, parejas, lo que sea.

    En realidad, lo que creo que es positivo es cualquier ejemplo que ponga en duda la extendida opinión de que hay una “forma normal de ser”.

    • Totalmente de acuerdo.

      Yo creo que nuestros hijos, que tienen identidades divididas, pasarán fases… fases en las que quieren ser de aquí sin más, fases en las que tal vez se identifiquen con su país de origen (o quizás, curiosamente, con otros países donde el fenotipo es parecido al suyo, como le pasaba al coreano Jung, al que llamaban “chino”… y se identificaba con la cultura japonesa), pero al final, yo creo que inevitablemente van a tener que componer un puzzle con todas las piezas… y referentes de lo que es ser distinto, no encajar… van a resultarles muy útiles para ello…

  2. Me ha gustado y tomo nota del libro. Hacía ahí vamos, aunque mis ojos no lo vean.

    • Que ellos puedan sentirse así… ya es un gran paso.

      Y por cierto, esto enlaza con la entrada anterior: posiblemente escribir sobre ello, convertirlo en arte, le ha ayudado a gestionar su desarraigo, su identidad múltiple…

      • No siempre tiene por que haber un sentimiento de desarraigo. Hay quien se siente de todos los lados y de ninguno desde la conciencia de que somos seres nacidos en el mundo, puede surgir este sentimiento de universalidad desde la ideología y/o desde la espiritualidad. Quizás sean bichos raros pero los hay y tengo el honor de conocer a alguno. Por otro lado creo que el sentirse bien arraigado a tu familia (ella habla de su melliza) contribuye a ese ser ciudadanos del mundo.

      • ¿Pero no crees que este sentimiento de pertenencia viene después? Que es casi inevitable pasar por una fase (en la infancia, o en la adolescencia), en la que deseas que todo sea más sencillo, más identificable, que no tengas que explicar de dónde eres o cómo llegaste, que no haya contradicciones entre cómo te ves y cómo te ven…

        A mí el hecho de que ella dedique buena parte de la entrevista (ya os contaré del libro, me acaba de llegar… lo tengo detrás de algunas lecturas obligatorias) a dar explicaciones sobre su identidad me hace pensar que no ha sido un proceso fácil, que no es algo que sienta de forma “natural” sino que ha tenido que elaborarlo.

      • Tienes toda la razón,. Estaba pensando en adultos más que en niños, en adultos que han logrado dejar atrás ese de dónde eres meidante un proceso personal, y que cuando les llaman moros, negros, o lo que sea se encogen de hombros porque no les duele, ni les molesta. Y que desde ese sentimiento de “soy yo sin etiquetas” han educado a sus hijos en la diversidad con la mayor de las naturalidades. Esta es una realidad, la de nuestros hijos es otra bieeennnn distinta. Solo que ver que hay otras formas de pensar y sentir me da muchos ánimos.

      • ¡¡Lo bien que les vendría tener un referente así en casa!!

      • Pues yo creo que este proceso es muy personal, porque aunque ayude tener alguien que lo tenga superado en casa, las inseguridades las sufre cada uno, y tiene que solucionarlo él.
        Evidentemente, si tienes ejemplos positivos, pues puedes basarte en ellos más fácilmente, pero no creo que sea suficiente.

      • Sí, yo también creo que es un proceso muy personal. Pero que tener personas cercanas que viven lo mismo, aunque lo enfoquen de otra manera, da herramientas.

  3. Me ha encantado. Suelo seguir un blog de una amiga que estudia el tema de los Third Culture Kids (hijos de gente que viaja por el mundo por distintos motivos y que se crean en distintas culturas) y me interesa mucho el tema. Mis hijos nacieron en Africa del Oeste, ahora vivimos en Africa del Este, pero solo hasta dentro de unos pocos anhos, luego a saber, lo mismo acabamos en America Latina que en Asia. Nacieron en Ingles, ahora estudian en frances y en casa hablan euskera….(y castellano). Vamos, que van a tener que ser afropolitas si o si… (por cierto polita en euskera es “bonito/a, asi que cuando he visto afropolita me ha parecido que decias afro-bonitos/as).

  4. Mi hija mayor lleva vivido en tres continentes diferentes y en 4 países, con cinco años recién cumplidos, los pequeños 3 años dos continentes 3 países. Somos una familia sin religión ni celebraciones culturales, comemos comida española y local, y somos presa del más completo desarraigo. No sé cómo lo llevarán mis hijos si volvemos a España(donde no han vivido más que unos pocos meses) al empezar la adolescencia. El tema es inquietante para mí.

    • No me extraña… desde fuera parece un experimento interesante, pero claro, los experimentos, con gaseosa, no con los hijos… En cualquier caso, creo que ser tres, tenerse unos a otros, es un plus impagable. Como dice ella, “mi patria es mi hermana”…

  5. Y por cierto, me ha costado meses convencerlos de que son españoles, cosa que les voy recordando de cuando en cuando, porque se me hacen un lío, y lo mismo son de un país que de otros 3 completamente diferentes.

  6. ‘cuando sales al mundo y lo colonizas, a continuación el mundo entra en tu casa’ es una gran verdad que no deberíamos olvidar nunca…

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