familia monoparental y adopción

Los malos alumnos

 Nuestros «malos alumnos» (de los que se dice que no tienen porvenir) nunca van solos a la escuela. Lo que entra en clase es una cebolla: unas capas de pesadumbre, de miedo, de inquietud, de rencor, de cólera, de deseos insatisfechos, de furiosas renuncias acumuladas sobre un fondo de vergonzoso pasado, de presente amenazador, de futuro condenado. Miradlos, aquí llegan, con el cuerpo a medio hacer y su familia a cuestas en la mochila. En realidad, la clase solo puede empezar cuando dejan el fardo en el suelo y la cebolla ha sido pelada. Es difí­cil de explicar, pero a menudo solo basta una mirada, una palabra amable, una frase de adulto confiado, claro y estable, para disolver esos pesares, aliviar esos espí­ritus, instalarlos en un presente rigurosamente indicativo.

 

 Me llega este texto de Daniel Pennac, y me parece muy interesante… aunque agradecería algo de autocrítica: que se incluyera la escuela (las notas, los comentarios comparativos, la relación con los compañeros, las expectativas demasiado altas, el aburrimiento, la dificultad para encandilar…) en la ecuación de la pesadumbre, el miedo, la inquietud…

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Comentarios en: "Los malos alumnos" (6)

  1. Creo que describe muy bien lo que es para algunos niños ir a la escuela. Lo malo es que la escuela se acaba terminando, pero la imagen con la que acaban, esa imagen se la llevan para el resto de su vida. Tengo varias amigas que han empezado a estudiar de nuevo con cuarenta años y con verdadero terror porque fueron de esos niños cebolla con una gran mochila en la espalda.Y retomaron los estudios despues de un trabajo personal para recobrar su autoestima entre otras cosas.

    • Me parece muy interesante el planteamiento de que las dificultades son el entorno del niño, no el niño; pero, como digo, siempre y cuando el entorno no sea solo la familia…

      Creo que retomar los estudios de mayor es muy útil porque puedes hacerlo sin las cargas de la infancia: yo he estudiado algunas cosas de adulta y me he dado cuenta de lo que habría podido aprender si no me hubiera matado de vergüenza preguntar en público… Y esto que yo fui buena estudiante…

  2. Hola madre de marte, soy asidua lectora de tu blog y me gusta por que me siento identificada en muchas de las entradas del mismo.
    Solo comentar que leí Mal de Escuela hará unos tres años y volví a releer recientemente y me parece un libro muy interesante y que dice verdades como puños. muy buenos también”Como Una Novela” del mismo autor.
    Gracias por poner por escrito los sentimientos y las circunstancias que muchas familias sentimos y vivimos , pero que no somos capaces de expresar así de bien.
    Rosa

  3. Interesante la cita. Estoy contigo madre; me faltan otros ingredientes. Pero el consejo es impagable (y difícil de seguir, como madres a veces parece que se nos olvida) : ” a menudo solo basta una mirada, una palabra amable, una frase de adulto confiado, claro y estable, para disolver esos pesares, aliviar esos espí­ritus, instalarlos en un presente rigurosamente indicativo.” Efectivamente, los profesores capaces de hacer eso suelen sacar lo mejor de los niños.

    Conocí un adulto que de niño había tenido un profesor incapaz de hacer lo que aconseja Pennac. Se sentía feliz de poder explicar que había conseguido ser muy buen profesional de su ramo (ciertamente lo era) y que se ganaba la vida mucho mejor que ese profesor (seguramente era cierto)..

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