familia monoparental y adopción

Abril, abril

Corría el mes de abril, el día que me acerqué a la Institución donde iban a darme el Certificado de Idoneidad, el “carné de madre”, el documento que me iba a permitir adoptar a mi primer hijo.

Recuerdo cómo entré en aquel edificio con 10 minutos de adelanto, después de hablar con C., la amiga que me precedía en asuntos adoptivos, cómo me presenté en la recepción y cómo me senté entre 10 matrimonios, la única monoparental en un mundo de parejas.

Recuerdo cómo a lo largo de la mañana fui cogiendo confianza, soltándome, atreviéndome a hablar, conociendo a mis compañeros de charla (fue tan, tan intensa, que me sucedió como en algunos viajes: salí convencida de que iban a seguir estando en mi vida. Nunca más los volví a ver). Recuerdo el café, la pizza en la que se montó un lío a la hora de pagar porque no sabían dividir la cuenta por el hecho de que yo no tuviera pareja, los cuestionarios, los juegos de rol, los vídeos, las charlas.

Salí a las 6 de la tarde para reunirme con mi hermana, para pasear, mirar libros, comprarnos una rosa. Agotada emocionalmente.

Había sonado el disparo de salida.

Hace 10 años.

Otro mes de abril, regresaba de Marruecos con A., el segundo de mis hijos, agotada también, feliz de reencontrarme con B. que llevaba una semana con el abuelo, asustada ante el reto de convertirme en madre de dos, sintiendo que mi familia estaba completa.

Habían pasado 5 años entre las dos fechas.

Pensé que había llegado a la meta.

Pero claro, el camino no había hecho más que empezar…

 

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Comentarios en: "Abril, abril" (16)

  1. Cuando nos ponemos en serio a cambiar algo, empieza una especie de cascada. A veces nos descontrola y entoces empieza el estrés; otras nos dejamos llevar (sin soltar el timón, pero dejándonos llevar) y llega de todo (bueno y no tan bueno). Personalmente creo que la primavera es una buena época para cambios. Los propósitos de después del verano siempre se quedan en eso: propósitos (para mi, claro).

    Ya se acaba el abril, y tenemos mucha época de buen tiempo, y las vacaciones anuales, por delante. A disfrutar de todo!

  2. Yo estoy en trámites de mi segunda adopción. Pero es muy distinto todo a la primera vez. Primero porque hay más conocimiento de todo, y segundo porque los tiempos han cambiado mucho, las esperas se han alargado mucho, tanto que mi hijo ya tiene nueve años y medio y el que o la que llegue tendrá dos o tres, y se llevarán mucho, pero así son las cosas. Y , aunque como tú dices, siento, sentimos (porque somos pareja), que nuestra familia no está completa, cada vez tengo más miedo. Tengo miedo porque adoptar siempre conlleva el riesgo de no saber qué tipo de mochila y cuánta carga traerá, miedo porque ya tenemos al primero medio “encaminado”, aunque falte mucho por hacer aún, miedo por si los perfiles de los dos niños son muy distintos y se hagan la vida imposible, a cómo será la convivencia entre ellos, , miedo porque sabemos ya a lo que nos enfrentamos y también porque teníamos antes treinta y tantos y ya somos más mayorcitos. En fin, que no es tanto por salir o no de la zona de confort, sino otro tipo de inquietudes.

    Elena

    • Tienes razón, la segunda adopción no tiene (al menos para mí) ni la intensidad, ni la angustia de la primera… Igual que pasa con la segunda maternidad, la sensación de pisar terreno conocido en muchos sentidos la hace más gratificante, puedes disfrutarla de alguna manera.

      Aunque yo hablo de mi caso, que tuve una segunda adopción “express” (tardé un año más o menos entre que empecé el trámite y traje a A. a casa), si hubiera ido como estaba previsto y el segundo hubiera llegado de Etiopía, habría tardado mucho más y quizás lo habría vivido de otra manera…

      Respecto al miedo… yo soy una persona muy miedosa, me espantan los cambios, las pérdidas. Y he descubierto en la vida que los miedos que imaginamos son siempre mucho peores que las situaciones con las que los vivimos,… así que ¡ánimo!

  3. Yo experimenté ese sentimiento de haber llegado a la meta con la llegada de mi segundo hijo. Incluso me senti “rara” al no tener un claro objetivo a medio plazo, parece que me había acostumbrado a vivir inmersa en esa especie de montaña rusa que supone la espera y llegada de un hijo adoptivo a tu vida, papeles, entrevistas, espera, más espera, miedos, ansias, incertidumbres, asignaciónes ¡qué momento!, viajes, encuentros, buf sólo al recordarlo ya me acelero, y asi un aluvión de emociones durante los 6 años que supusieron para mi los dos procesos.
    Pero es verdad, esto no había hecho más que empezar, es ahora cuando ya no hay una meta clara, no hay que llegar a ningún final, sólo caminar juntos, en ese día a día, fácil a veces, difícil otras, pero feliz y enriquecedor todas . Ahora las incertidumbres y complicaciones son mayores y lo que nos espera…(pánico a la adolescencia).

    • Tienes razón, no lo había pensado, pero a mí también me costó desengancharme de la montaña rusa del proceso de adopción, de hecho, durante algún tiempo fantaseé con una tercera y aún a veces, aunque ahora no pienso en la posibilidad (ni presente ni futura) de adoptar, me vuelvo a imaginar inmersa en este proceso tan desgastante pero enriquecedor… De hecho, tengo ahora familia cercana que está empezando una adopción, y lo estoy viviendo de muy cerca, y es en cierta manera como volver a estar ahí… y aunque entonces, mientras lo vivía, lo sufrí, ahora lo recuerdo con cierta añoranza…

      • Lo que daría yo por un tercer hijo, pero aunque también fantaseé al principio con ello, hay que tener los pies en el suelo y no llegar a ese nivel de incompetencia en el que podemos caer si aspiramos demasiado alto.
        Pero es verdad que el proceso “engancha” son tantas las emociones y tan intensas.

      • Mi idea era esperar a que los míos fueran mayores (no sé: 14 y 17, por ejemplo), y entonces embarcarme en la adopción de un hijo mayor… luego, mucho antes de acercarme a ese momento, las dificultades del día a día me hicieron descartar (incluso a futuro lejano) la posibilidad del tercero, y “cerrar”… Y luego llegaron N., con C. y P…. como decía John Lennon, la vida es lo que nos pasa mientras hacemos planes…

    • Yo también viví eso. tenía “mono” de adopción, mono de esperar una llamada, de tener que hacer trámites…..todavía sigo visitando muchos blogs de familias que esperan una asignación.
      Soñé con iniciar un 3er proceso adoptivo…Es adictivo y engancha. Mis 2 adopciones, que fueron consecutivas, me tuvieron “muy entretenida” durante 6 años y 2 meses…y cuando el segundo peque llegó a casa era como “…¿y ahora qué?”…
      Ahora que sabiamente y con la ayuda de mi marido ya he descartado la idea de una nueva adopción estamos en esa etapa de avanzar juntos, crecer, vivir cada día…sin esperar ninguna llamada, sin contar plazos, sin angustias y cálculos de ¿”será este verano”?, ¿”será para Navidad”?…pero la verdad es que em costó desengancharme. Necesitaba esa sensación de “espera”.

      • Es curioso, ¿verdad?, que algo que produce (al menos a mí) tanta angustia, tanta desesperación a veces… sea a la vez un chute de adrenalina del que cueste tanto desengancharse…

  4. En marzo hizo 7 años k fui yo por primera vez a ver como “funcionaba” aquello de la adopción. Era mucho más inocente e inexperta en el tema e iba con la ilusión de los cuentos de hadas jjj

    Ahora tengo una hija preciosa con la k voy haciendo camino hacia un vínculo de familia sólido y tengo los pies en la tierra. Hemos pasado buenos momentos y también malos pero no cambiaría a mi hija por nada ni nadie del mundo.

  5. Pues a mí me pasa lo mismo. Han sido 6 años y poco y me encantaría ir a por un tercer@. Pero mi marido no está por la labor y quizás tiene razón, debemos centrarnos en las hijas que tenemos y acompañarlas en su camino de vida, que no es poco.

  6. Leyendo vuestros comentarios, me he preguntado si tengo yo esa añoranza de la que habláis y me doy cuenta que no, para mi fué una liberación terminar todo el largo proceso de buscar un hijo, me he zambullido en la crianza de cabeza y he mirado poco atrás, si es verdad que no llega al año que nuestro hijo llegó y todavía no hay aniversarios de fechas importantes. Creo que el enganche a la espera de algo, puede ser un hijo, un trabajo mejor, un amor, etc. es algo que tenemos muy arraigado, la promesa de un futuro, más bien, la huida de mirar al futuro y sólo ver a la muerte…estoy intentando mirar el paso que estoy dando y no mirar mucho más allá, mi hijo me lo pone muy fácil.

    • Yo creo que en el primer año de crianza de cada uno de mis hijos vivía tan inmersa en el día a día, que no era consciente de este “enganche”… además, en ambos casos tenía el proyecto, a mayor o menor plazo, de otra adopción, en el primer caso, sin dudarlo, en el segundo, más como una fantasía (que aún así, tuve que cerrar de forma simbólica en un momento dado, decirme a mí misma “hasta aquí”).

      Supongo que vivir con el proyecto de algo que nos parece mejor es bueno, siempre y cuando no nos impida vivir el presente, disfrutarlo…

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