familia monoparental y adopción

En el patio

Z. es un niño negro, menudo, simpático, con un enorme pelo rizado. Muy querido por sus compañeros de clase y de colegio, aunque como es de rabieta fácil, algunos han descubierto que es divertido hacerle explotar, cuando se meten con él porque tiene el color de piel “de la caca”, el cabello “como Michael Jackson”.

En el patio del colegio, a la hora del comedor, varios niños mayores se suelen meter con él. No de una forma muy evidente, pero sí bastante constante: “Te pegaremos un chicle en el pelo”… “Negrito”… A veces le empujan, le acorralan, le intimidan.

Sus padres le dicen: “No les hagas caso: que te entre por una oreja y te salga por la otra”; “Si te molestan, vete a otro sitio”; “Habla con la maestra, con las monitoras”.

Pero la maestra y las monitoras no le hacen caso, le dicen que se espabile, que aprenda a defenderse solo; no le dan importancia. Si se va a otro sitio, le persiguen. Y no le suele ser fácil no hacer caso.

Un día, Z. tiene en la mano una raqueta de paddle. Uno de los niños que normalmente le molesta, un par de años mayor y dos palmos más alto, se mete con él, le da un empujón. Él se gira y le da un golpe en la nariz con la raqueta. El otro niño empieza a sangrar.

Se lo llevan al hospital, tiene una fisura en la nariz. Regresa al colegio con un vendaje, como un héroe.

Llaman a los padres de Z., para explicarles qué ha pasado. Z. recibe un castigo en el colegio: 3 días expulsado del comedor, una semana adicional sin patio. Recibe otro castigo en casa. Una semana sin tele, sin ordenador, sin máquinas.

Cuando pasan estos días, Z. regresa al patio del colegio a la hora de comer.

Los niños, también los mayores, lo reciben cómo un héroe. Lo miran y le hablan con respeto, hasta con admiración.

Se le acerca el niño de la fisura en la nariz y le dice: “Eres muy fuerte, eh? ¿Jugamos al paddle?”.

Z. no vuelve a tener problemas en el patio del colegio.

Los padres de Z. se preguntan, y yo con ellos, qué mensajes les estamos transmitiendo a nuestros hijos… cuando nuestra estrategia para afrontar y resolver los problemas no da resultado, y en cambio, cuando hacen lo contrario de lo que queremos enseñarles (dialogar, apartarse, pasar, negociar: no ejercer la violencia), consiguen quitarse el problema de encima.

Y qué parte de la culpa de que lo que les enseñamos no funcione es de la incompetencia de los adultos que están a cargo.

 

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Comentarios en: "En el patio" (48)

  1. ¡Bien por Z,¡ Creo que yo también le hubiera recibido a Z. como a un heroe. A los acosadores los razonamientos, las negociaciones, las palabras… les importan un pimiento, se sienten omnipotentes, más allá del bien y del mal.. Ni profesores o monitores saben o pueden romper estas dinámicas. Y mandamos a nuestros hijos con un cazamariposas para enfrentarse a un grupo de hienas. La indefensión alienta a las hienas, que no se atreven con el que tiene dientes. Siempre recuerdo un caso. El hijo de un compañero de trabajo. Ni adoptado, ni negro, ni chino… bien blanco, buen estudiante… ningún problema hasta que entró un chaval nuevo en le colegio. El acoso fue tal brutal que intervino Inspección de educación con el protocolo de acoso, el colegio trabajó con la clase a fondo tanto a nivel de grupo, como individual con un grupo de psicólogos… el tema mejoró muchísimo, pero seguía ahí larvado…. el chaval que había podido coger aire un día en el gimnasio busco al cabecilla del acoso y se lió a hostias con él. Toda la clase presente. El cabecilla (que no suelen ser los más fuertes aunque si no los más ladinos le pilló de sorpresa) pidió ayuda al grupo. Nadie intervino. Era cosa de ellos dos. El chaval de mi compañero le dio una buena paliza. Fue una pelea justa.Se acabó el tema para siempre. Eso si al cursos siguiente el cabecilla buscó otra victima… pero esta vez nadie le siguió.
    No se que pensar sobre esto. A veces hay que defenderse como se puede.

    • Mi padre me contó una historia parecida de su infancia: en el colegio, los niños se metían con su hermano pequeño (cojo porque había sufrido la polio), y mi padre le defendía: siempre acababa peleándose (y en su casa, castigándole duramente por ello). Un día decidió terminar con el tema. Se acercó al cabecilla de los que acosaban a su hermano y le estampó el bocadillo del desayuno en la cara. Le llamaron al despacho del director, los dos dieron su versión… a mi padre no le castigaron. El acosador dejó en paz a mi tío y a mi padre. Terminó el problema.

      Para mí, el problema, la pregunta, entonces, es: ¿Qué mensaje tenemos que darles a nuestros hijos? ¿Qué aprenden si nosotros les decimos que la violencia no funciona… y es lo único que funciona? ¿Les estamos preparando para el mundo real?

      Yo no sé si los protocolos contra el acoso funcionan… lo que sí percibo es que en general los adultos le damos poca importancia al tema, lo trabajamos poco, confiamos en que se la arreglen solos (y nos cabreamos cuando se la arreglan de una manera que no consideramos la apropiada).

      • Nuestros hijos, al menos cuando llegan mayores, ya traen todo un sistema de defensa bien claro: en cuanto perciben peligro o antes de que me quites algo o me pegues lo hago yo. Y nosotros a desmontar todo eso, que si la palabra, que si negociar, que si no se qué… no se pega, se comparte, etc. y es necesario hacerlo porque cuando se defienden lo hacen con uñas y dientes con toda su alma, pero lo que veo es que les dejamos sin defensas, porque no tienen la capacidad de defenderse hablando porque no controlan el idioma, ni controlan los dobles mensajes, ni esas forma de agresividad que también manejan los niños desde bien pequeños.
        No se pega… me insultan, me hacen el vacio, se ignoran, me pegan… y ¿qué hacen ellos? Piden nuestra ayuda (si lo hacen) y seguimos con lo nuestro: ignoralo, no pegues, etc. Y lo mismo los profes… y ellos aguanta que te aguanta… sin saber que hacer.
        Este tema me llena de conflictos conmigo misma.

      • Efectivamente, en el caso de nuestros hijos están además las estrategias de supervivencia (sean de huída, agresión o bloqueo) que les han funcionado en situaciones mucho más duras… Yo recuerdo que cuando los demás padres les estaban enseñando a sus hijos a “espabilarse solos”, “resolver sus problemas”… yo tenía que enseñarle a mis hijos (¡y a sus maestras!) todo lo contrario: a pedir ayuda, a dejar la responsabilidad a los adultos. Resolverlo solos ya sabían, ¡vaya sí sabían!

  2. qué difícil es educar! a mí mi madre, que era de la ‘antigua escuela’ un día me dijo: ‘nena tú no pegues nunca primero a nadie, nunca, PERO si alguien te pega a ti pues te defiendes’… así que un día le pegué a una niña, y la monja se lo dijo a mi madre muy preocupada porque yo normalmente era una niña buena y tranquila, y mi madre le preguntó si es que no me habrían pegado a mí primero, y le contó que me había enseñado a defenderme, la monja le dijo que ésa no era su filosofía, que Jesús ponía la otra mejilla, y mi madre dijo que un cuerno -sin decirlo- que la vida es muy dura y que hay que saber defenderse… en fin que ninguno tenemos la fórmula, yo pienso que con violencia nunca resolvemos nada pero uff qué difícil me las vería si mi hijo se ve en esa situación de Z… gracias por compartir!

  3. A mi este post me crea reacciones contrarias……………

    Yo a mi hijo le enseño a dialogar, pasar, ignorar, no utilizar la violencia, negociar, etc……….pero claro, si mi hijo me cuenta esta situación y además veo que los adultos que deberían solucionar este problema no hacen nada, tengo claro que enseñaría a mi hijo a defenderse. Por desgracia, si te quedas callado y vas aguantando suelen tender a convertirte en el blanco habitual.

    Mi hijo es un niño muy bueno, querido por sus compañeros, etc………pero a pesar de todo lo anterior que le voy enseñando, he comprobado que no me hace mucho caso y que en situaciones en que alguien se ha metido con él, ha reaccionado rápidamente en la misma medida y he podido contrastar que la situación se corta en el acto.

    Y he de reconocer, aunque sea políticamente incorrecto, que me gusta como sabe defenderse.

  4. Supongo que el problema es que la mayoría enfocamos la violencia como si no sirviera de nada, condenándola en todos los aspectos.
    Y la gracia que tiene la violencia es que soluciona los asuntos de forma muy rápida e impone límites claros.
    Yo tengo mucha tendencia a esconder estas virtudes a mis hijos, y creo que es contraproducente, pues cuando ven como funciona realmente el mundo se encuentran con mensajes contradictorios. Lo difícil es que entiendan cuando son pequeños que una actitud que les arregla un problema de forma rápida y eficaz no es tan buena como otra que tiene resultados más pobres y difíciles de conseguir.

    Encima, la gente violenta entiende muy bien la violencia sobre ellos, pues es el lenguaje que usa más, lo que refuerza la sensación de que es la mejor solución.

    Y estoy de acuerdo en que los profesores, monitores, pero también los padres reaccionamos muy mal ante estos temas.

    • Sí, sin duda los padres tampoco lo gestionamos bien. Sin embargo, yo tengo observado que mis hijos no tienen conflictos en los parques, aunque coincidan con muchos niños, y aunque algunos de estos niños choquen o se metan con ellos. Saben hasta dónde pueden contestar, cuándo se mejor irse, cuándo pedir ayuda… Sin embargo, en el patio del colegio, el conflicto estalla. ¿Por qué? Yo pienso que es por dos razones: porque los adultos a cargo no responden (no intervienen, no les dan estrategias válidas) y porque no pueden “marcharse a otro sitio” (o lo pueden hacer puntualmente, pero se encuentran el mismo espacio, los mismos niños, día tras día).

      Me gusta mucho tu reflexión de que la violencia es una estrategia que resuelve las cosas a corto plazo, y quizás lo que hay que hacerles entender es que también tiene unas consecuencias a medio plazo, menos buenas, en las que también tienen que pensar: perder amigos, que no les inviten a fiestas de cumpleaños, que tengan “mala fama” y siempre piensen que han empezado ellos las peleas… por ejemplo…

  5. Esta historia me ha recordado muchoooo a mi hijo, siempre le digo que dialogue que no pegue que si se vuelve no se acaba nunca, y el que no es un niño pegon, ni pega porque si, cuando le han dado se ha vuelto, y en el fondo me enorgullece que sepa como defenderse, lo mismo que ha dicho Montse. Tambien hago la observacion de que cuando pegaba cuando le pegaban, se lo pensaban antes de meterse con el, ahora que ha entendido que no se puede pegar que antes tien que intentar haber agotado la vida diplomatica , (nunca le digo que se vaya a jugar a otra parte, para mi no tiene porque, tiene su sitio igual que los demas), se metian menos con el. Lo que le digo es eso, que hable que dialogue que explique, que se lo diga a la profesora (esto se de sobras que no lo hara) pero que si el problema continua y no hay mas remedio pues que pegue.
    Supongo que la educacion deberia ir un poco en funcion del niño no? si tu ves que tu hij@ no pega nunca se queda en un rincon, pues le dices que si le pegan se vuelva, y si es un niñ@ que se vuelve enseguida pues intentar que no lo haga.
    Y Si , encontrar la frontera entre ambas cosas es muy dificil! pero tambien desde la escuela se hace mas bien poco, se intenta que los niños molesten lo menos posible.
    Y por otra parte tb pienso que los padres tenemos un poco de culpa en el sentido de que no queremos que pegue, asi no genera conflicto ni en el colegio y no con otros padres y asi todos tranquilos.
    No se si me he explicado muy bien, ando un poco espesa hoy, jejeje

    • Sí, sí se entiende. Lo cierto es que los padres de los niños que “no se defienden” lo consideran un problema gordo también, es un clásico la discusión sobre si es “mejor” (más fácil de gestionar) tener un hijo pegón o un hijo que se deja pegar… yo no tengo muy clara la respuesta, la verdad… Aunque estoy de acuerdo contigo que, a nivel social (con los profesores, con los otros padres), a los padres nos resulta más fácil lidiar con el niño “víctima” que con el niño “agresor” (incluso aunque no sea agresivo sino “reactivo”).

  6. Difícil equilibrio a veces entre la parte racional del hombre y la parte animal, sobre todo a ciertas edades, en las que el uso de razón no está plenamente desarrollado. En los niños lo comprendo, aunque tenemos que predicar que los conflictos se resuelven hablando y no a leches, porque para eso somos padres y tenemos que enseñarles a ser mayores y razonar, la parte irracional está ahí y muchas veces tienes que demostrar tu sitio en la manada, como los ciervos o los lobos. Yo también le digo que no pegue, que hable con la profe, pero a la vez que se defienda ante la agresión.Estas cosas pasan en el patio del colegio, pasaban y pasarán, pero para eso están los adultos en el patio, para darle raciocinio y enseñarles como se resuelven los conflictos y si pasan, pues los resolverán como saben, lo que está claro es que los resuelven. Otra cosa es que a medida que crecen si que tendríamos que conseguir que decayeran esas actitudes y utilizasen otras más racionales como la palabra, la ironía (no hay mayor desprecio que no tener aprecio) o como Dani Alves, pasar olímplicamente de los gilipollas con los que se topa por la vida. Para este tipo de actitudes ya hay que tener el uso de razón mas desarrollado. La pena es que te encuentras con adultos que se han quedado a nivel mental en el patio del colegio y resuelven sus conflictos con otros padres o los profes a leches y así es difícil que sus hijos crezcan cuando lleguen a la adolescencia.

    • Estoy de acuerdo en todo lo que dices… hasta que la realidad te demuestra (a Z. y a otros niños les ha pasado) que todas esas estrategias “adultas” no funcionan… que lo único que termina con el bullying es dar más fuerte. ¿En qué nos estamos equivocando?

      Lo de Dani Alves he pensado que lo voy a buscar y se lo voy a enseñar a los niños esta tarde… a ver qué me dicen.

      • Lo que me gustaría saber cual ha sido el proceso de Dani Alves hasta llegar a este momento.

      • Sí, ni que lo digas. Seguramente dentro de 15 años podremos contar el que han hecho nuestros hijos…

      • igual no me he explicado bien, yo le hablo de la razón porque tengo que enseñarle a ser adulto(aunque le entre por un oido y le salga por otro) pero también le digo que no pegue primero pero que se defienda y si pega, que sea el segundo pero no el tonto.

      • Sí, mi pregunta va más allá de tu comentario. Cuando les decimos a nuestros hijos que hay que resolver los conflictos sin violencia, pero se encuentran con conflictos que solo se resuelven con violencia, ¿qué les estamos enseñando? (¿que somos idiotas?, ¿que no tenemos ni idea de cómo funciona el mundo real?, ¿que no les entendemos?, ¿que el resto de cosas que les enseñamos pueden estar igual de equivocadas?….)

  7. Y otra reflexión es que me gustaría que contestase a esto algún padre, porque nosotras lo vemos desde el punto de vista de mujeres y es bastante distinto. Porque generalmente los asuntos los resuelven a leches más los niños que las niñas, será la tetosterona…pero mi hermano, cuando mi hijo llega diciendo que X le pegó, le sale, pues devuélvesela sin pensarselo demasiado. Cuando salen del cole por ejemplo yo veo a mi hijo y a sus amigos a empujones,yo te doy, tu me das …y eso no se lo veo hacer a mi sobrina que tiene la misma edad,que cuando quieren enfadarse le llaman fea o le hacen el vacío. Las estrategias de confrontación son distintas.

    • Sí, estoy de acuerdo. En mi caso, en concreto, es una de las cosas en las que me resulta difícil criar varones sin padre. En que no siempre sé cómo gestionar esta parte más física, testosterónica…

    • El padre de mi hija no lo duda. Así resolvía el los conflictos de pequeño. Si alguien le tocaba las narices más de la cuenta se resolvía en el patio y se acabó. Incluso lo hacía si se metían no con él sino con algún amigo que no sabía defenderse a golpes o no era tan “bruto” como él. Y no se ha quedado en esa fase, en la que como dices se quedan algunos 🙂
      Y estoy contigo Bone nuestro papel como adultos es valorar el resolver los asuntos de forma más civilizada. Pero sigo pensando que hay que tener habilidad emocional y verbal para defenderse y eso es dificil para muchos de nuestros hijos. Y cuanto más mayores es más y más complicado y dificil, así lo veo yo. Y una cosa es una riña puntual y otra muy muy diferente es una agresión constante y de baja intensidad que hace polvo a cualquiera, grande o pequeño, que es dificil de detectar no solo para los adultos, sino incluso para el mismo niño que no entiende que está sucediendo y cómo actuar.

      • Lo bueno de tu hija es que tiene los dos puntos de vista… a los míos les falta el testosterónico (al menos en casa)…

      • 🙂 es verdad, la visión testosterónica es diferente. Aunque de pequeña no me andaba por las ramas y buenas riñas tenía en la calle, a mordiscos, nos tirábamos del pelo y a pedradas. Se me había olvidado

      • El problema es que eso no andarse por las ramas de nuestra infancia, no parece fuera de lugar para muchas personas, y mucho menos cuando la que gana es “su” hija. Quizás desde el otro lado la veríamos distinto. Pero mi hija, como l@s vuestr@s ha tenido que aprender a pedir ayuda, y abandonar el solucionarlo a su manera. Y a nivel social tiene muchos menos recursos que la mayoría de sus compañeros. Eso hace que casi siempre tenga las de perder. Pero… eso que para mi es obvio, sólo lo es para mi (y parece claro que para vosotras también); ni las profesoras ni los familiares de sus compañer@s parecen verlo.

      • Yo tengo la esperanza de que este aprendizaje en inferioridad de condiciones, a la larga, revierte en su beneficio, y les dé herramientas que los que no han pasado por ello no tendrán…

      • Yo también. Además debo reconocer que la situación también me obliga a mi a buscar nuevos recursos… y los hijos maman lo que hacemos, decimos… los padres. Mucha esperanza para el futuro 😉

    • a mi no me genera contradicciones. si te dan, tienes que defenderte y dar más fuerte. Esda es la única forma de que sepan que contigo no van apoder. Es la ley de la selva.
      Yo también les digo “pues devuélvesela”. Ni las maestras ni las cuidadoras del patio van a hacer nada. O no vieron lo que pasó o no tienen ganas de ponerse a indagar qué pasó. Lo solucionan con un “Venga, si sois amigos.No pasa naaada”.
      Y listo.
      Así que, la solución es esa. Si te dan, devuelvela más fuerte y verás como no se vuelve a meter contigo. Y funciona. El mundo de los adultos es así. La selva.

      • El problema de devolverla más fuerte es que puedes entrar en una espiral de violencia de la que sea difícil salir; que no siempre sea fácil discernir lo que es defensa de lo que es agresión; y que puede tener consecuencias fatales (hacer daño de verdad a alguien), sobretodo cuando crezcan… No sé, a mí no me parece una buena solución a largo plazo. El problema es que no se me ocurre otra… (al menos, otra igualmente efectiva)

  8. Sin tiempo para leer los comentarios.

    A mi no me sorprende, aunque me preocupa y mucho, la historia de esta entrada. En el mundo de los adultos el golpe encima de la mesa o la puñalada trapera son muchas veces las armas del ganador. No nos liamos a puñetazos (aunque a veces también) pero el diálogo no siempre es el protagonista.

    • Sí, esto es cierto. Sin embargo, intentamos “venderles” a nuestros hijos lo contrario. ¿Les preparamos para el mundo en el que se van a encontrar cuando crezcan – y ya de pequeños?

  9. lolargentina dijo:

    ese tema es algo que me da vueltas a mi tambien, mi hijo tiene 5 años, y a veces reacciona pegando o empujando, el siempre dice que empezaron los otros, yo insisto en que se aleje de la situacion, que hable con la maestra, que ignore si lo molestan (no siempre es que lo molestan, a veces es la lucha por un juguete que quieren otro a la vez), el a veces me dice, pero el X me pego y yo se la devolvi! se la tengo que devolver…….. y no encuentro el limite….. porque quizas en algun momento sea verdad que la manera de cortarla sea devolviendolo, pero tampoco quiero que se convierta en un nene que pega!

    • Yo procuraría estar cerca… e intentar ver cómo se desarrollan realmente las situaciones, ver si es él u otro quién empieza, si la respuesta es desproporcionada, si hay otra forma de resolverlo… En el caso del colegio esto debería hacerlo la maestra, claro… pero no siempre están atentas (no siempre pueden estarlo, por otro lado).

      • lolargentina dijo:

        por ahora la maestra dice que no son chicos violentos, sino que juegan muy brusco, que son muy “fisicos” por otro lado se que mi hijo suele tirar la responsabilidad para afuera, nunca es el! por el momento va contento al colegio, no se queja, pero es un tema que me preocupa, asi que si, lo seguire de cerca!

      • Sí, hay que seguirlo con atención. Lo que a una edad puede ser aceptable, más adelante puede ser un problema serio – y difícil de corregir. Y aún cuando sea “normal” esta forma de relacionarse para la edad que tienen, no está de más ir aportando otras estrategias alternativas de resolver las cosas, para que las vayan incorporando…

  10. Yo me pregunto qué pasa cuando el que es agredido, agrede pero no vence, no se lleva la mejor parte, no regresa como un heroe…Y me pregunto también si no es una opción una violencia menos explícita, menos de cuerpo a cuerpo, cuando ciertamente no siempre puedes salir vencedor…La guerra casi siempre la gana el más fuerte, salvo que el débil sea mejor estratega, aunque coincido que en los tiempos que corren el dialogo y la mediación no son siempre la mejor opción. Me refiero a enseñar a nuestros hijos a ver los puntos débiles del rival y a estudiar con ellos otras posibles acciones de “sabotaje” de su valentía/arrogancia/testosterona/ o simplemente maldad. Hablo en teoria, sin mucha base, pero por ej se me ocurre, al matón de turno le dejamos una carta de Pepa Pee en su puesto en el aula, le llenamos de nocilla su silla,…no se cosas que le ridiculicen…No sé si es fácil, ni siquiera si es lo indicado, pero es que tampoco utilizar la misma arma (la violecia) es una garantía de éxito…

    • Para mí el problema es que el diálogo y la mediación SÍ deberían ser la mejor opción… sí debería una manera de llegar a soluciones hablando y cediendo por las dos partes,… ¿por qué es tan difícil?

      • Yo creo que la dificultat radica en que nuestra sociedad (o como mínimo las personas adultas) no está preparada todavía para entender el diálogo y la mediación como la mejor opción. Algunas personas sí, y confio que cada día sean unas pocas más, pero todavía falta para que dialogar en un contexto de conflicto no signifique para una gram mayoría de personas ganar/convencer con argumentos (y si no convencemos buscaremos otros recursos para ganar).

      • Sí, seguramente pretendemos que los niños sean mejores, más razonables, más humanos, más “personas” que lo que somos los adultos… al final, aprenden de lo que ven… Pero volviendo al ejemplo de la entrada, sí pienso que cuando los adultos les exigimos a los niños que se relacionen sin violencia, deberíamos estar a la altura y darles las herramientas suficientes como para que puedan hacerlo.

  11. Leyendo los comentarios me ha venido a la cabeza una canción de mi admirado Loquillo que dice “para que discutir si puedes pelear”.

    Los chicos funcionan de otra manera, son muy básicos, para ellos es mucho más importante ganarse el respeto de sus compañeros que dialogar. Son etapas de la vida.

    Luego vendrá la de que descubren a las chicas y se pavonean ante ellas precisamente mostrando su fuerza, sin entender que eso a las chicas les da igual. Algunos no llegan a entenderlo nunca, seguro que todas conocemos casos.

    Y luego está el tema de la inmediatez. Los niños/as no piensan a largo plazo, necesitan resolver ese problema en el momento. Su desarrollo posterior les enseñará a encontrar otros caminos, y para eso estamos nosotros precisamente.

    • Sí, tienes razón. Para mí el problema, y este caso lo ejemplifica, creo, es cuando les enseñamos otros caminos, pero estos no funcionan…

      • Madre, estoy de acuerdo con que hay que estar atentos pero yo en este tema como otros muchos le doy la razón a mi marido: deja de preocuparte por el futuro que bastante tenemos con el presente. Y no sabremos el resultado de todo el proceso hasta que llegue el momento.

        Mis hijos adoptivos son adolescentes, incluso uno es mayor de edad, y no puedo decir que las cosas hayan mejorado para nosotros desde que eran niños. Sigo preocupada por muchas cosas, distintas y mucho más graves que las de antes, pero veo la educación que tanto nos ha costado darles. Y esa es mi satisfacción personal, lo demás no puedo controlarlo por mucho que duela.

      • Sí, tienes razón… pero es que me han dibujado así!!, que decía Jessica Rabbit…

  12. He llegado a tu blog de casualidad y este tema me toca mucho… mi peque lo pasó muy el año pasado en el comedor del cole. Lo supe cuando en vez de ir contento, se ponía a llorar porque se quedaba. ¿Qué está pasando? Y me lo dijo: dos niños más mayores (uno 2 años más y el otro 5 más) le pegaban en esos ratos. Le dije que tenía que decírselo a la monitora y seguía pasando; hablé directamente con la maestra de mi peque y ella lo notifico a la directora del cole y a la monitora. Resultado: la monitoria dijo que se lo inventaba, que eso era porque no quería quedarse y la directora que era imposible, que O (mi peque) era muy “fantasioso” (tenía 5 años, igual quería que le hiciera raices cuadradadas). Repetidas llamadas de la maestra porque O se volvió agresivo, insultaba, pegaba a sus compañeros, etc. y me pregunta descaradamente si teníamos algún problema en casa, me quedé sin saber que decirle porque me parecía de película que después de lo que les había dicho, de las reuniones, fueran capaces de preguntar si teníamos problemas domésticos!!! Llamada de la monitora de extraescolar: O está contestón, él nunca ha sido así, es un niño movido pero algo le ocurre y mientras estaba hablando con ella en la puerta del cole oímos un niño llorar, nos dimos las dos la vuelta y ahí estaba mi peque rodeado de tres niños mayores, no sé si le habían pegado o del mismo susto se puso a llorar pero tuve que sacarlo del comedor porque no me podían decir que se lo estaba inventando. Mi única solución fue tener que sacarle a él porque los que se suponen que deberían haberle cuidado, confiado, escuchado y ayudado a él y a mí no lo hicieron, se escondieron en “son niños” y “seguro que les ha dicho algo”.
    Ahora cuando le ocurre algo y le digo que tiene que decírselo a su profe para que le ayude, me dice que no le hacen caso, que siempre le dicen que es mentira y tristemente he descubierto que su profe hace eso. ¿Qué hago? Porque tengo unas ganas terribles de decírle “si te pegan, devuelvela”. Anny

    • Me parece tremenda la respuesta de la escuela, a la defensiva y poniendo los problemas en la víctima. Para mí lo peor es cuando nuestros hijos descubren que el mensaje que nosotros les damos (la violencia no resuelve nada, pide ayuda a los adultos) no sirve realmente, que les estamos engañando sobre cómo va el mundo…

  13. Y si, le he dicho que no tiene que hacer caso, que se aleje de los que se burlan de él, pero me dice “yo lo hago mami, lo intento, pero me siguen y no sé que hacer y me enfado mami”. Ahí, ¿qué le contestas? Si él se siente mal por haber reaccionado mal.
    Anny

  14. Si madremarte, es muy difícil decirle que no tiene que hacer caso cuando se burlan, que no tiene que pegar, que se lo diga a la profe o al adulto que tenga cerca y que no le hagan caso y todo porque O es un niño de caracter, cuando se enfada grita (no pega/pegaba), así que con que el que se ha burlado/pegado se ponga a llorar porque el mío grite, la culpa es de O., no buscan más culpables y eso lo estoy viviendo desde infantil. La coletilla de “es que O es fuerte, es que O…” o la de la maestra “es que claro O es más explosivo” (esto después de que un niño se burlará y le empujara, y ya iban muchas veces, y O le dió un bofetón, la otra madre sólo veía y ve lo que le da la gana y su hijo no hace nunca nada porque es imposible).
    Y si, mi niño es inquieto, no para nunca de hablar, cuando se enfada grita (estamos trabajando en ello), se frusta muy pronto cuando algo no le sale, es cabezota, le encanta ser el protagonista… pero también es un niño al que se le da bien el inglés, que es muy sensible, le encanta el deporte, que tiene unos razonamientos increibles, que quiere con locura a sus amigos y daría todo lo que tiene por su mejor amigo, que es supercariñoso, que me dice que no necesito ser guay porque ya soy muy guapa, es un niño que da los buenos días y se despide correctamente, que da las gracias, que come sin levantarse de la mesa cuando vamos a algún restaurante… y ahí iremos y creceremos juntos, que poco a poco iremos limando las cosas que son un poquillo más feas y disfrutaremos de las buenas.

    Anny

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