familia monoparental y adopción

Primer año en casa

Cuando B. llegó a casa, todo lo que yo había leído, imaginado, reflexionado… sobre mi vida en familia saltó por los aires. Aquel niño que no paraba de tocarlo todo, abrirlo todo, subirse a todo, moverse de un lado a otro… durante todas las horas que permanecía despierto (¡que eran muchas!), que tardaba horas en dormirse – y lo hacía de forma intermitente y demandante -, que lloraba durante horas por motivos imposibles de identificar, que comía sin medida, gritaba sin medida, se agarraba a mí sin medida… me agotaba física y emocionalmente. Me sentía sola, asustada, desbordada, incompetente … convencida de que había cometido un error y mi decisión de ser madre me iba a hacer desgraciada el resto de mi vida. Y lo que es peor, haría desgraciado a mi hijo.

Nada de lo que había leído o escuchado me había preparado para esto. Me preguntaba cómo nadie me había contado… hasta que me di cuenta de que si lo hubieran hecho, cuando lo habían hecho, no había escuchado. Habría pensado, pensé, “yo lo haré mejor, a mí no me pasará”.

El primer año en casa, con todas las maravillas que trajo, con este lento descubrirnos el uno al otro… fue uno de los peores de mi vida. Y a posteriori, hablando con los compañeros de viaje, descubrimos que a casi todos nos había pasado igual.

Las cosas fueron mejorando, lenta pero inexorablemente. Y poco a poco, olvidé la dureza, la soledad, la tristeza… de aquel primer año.

Hasta que leí esta experiencia, narrada por B., y me acordé de golpe:

Yo creo que no he llorado más en mi vida que cuando ya estuvieron mis hijas en casa… En serio. Fue un agotamiento físico y mental, sobretodo mental….

Todo, absolutamente todo había sido un cuento. Los viajes, llegar al hotel, ir a la casa cuna, estar con ellas, la espera, todo… el ir a por fin recogerlas…

Todas las parejas adoptantes con las que había hablado, siempre me dijeron que todo era maravilloso… Pero yo vivía una situación completamente distinta… No sé por qué no habla de esto la gente que adopta. Como si por el hecho de ser padre adoptante, no puedas decir o quejarte de lo dura que es la situación. Porque luego, cuando yo lo decía o lo contaba… todos me reconocían lo duro o menos duro que había sido para ellos. ¿Y por qué nunca me lo comentasteis!!!!?????…. ¡Llegué a pensar que era el animal más desnaturalizado del mundo!

Con N. no nos entendíamos porque hablaba ruso… además estaban bastante asalvajadas… comían cosas del suelo de la calle… hurgaban en las papeleras… y cada una se iba para un lado y no podía seguirlas (son tres)… Y cuando nos sentábamos en un banco en la calle, no jugaban… se subían a nosotros a que les diéramos besos, pero ¡las tres! como compitiendo por el cariño…¡¡¡¡¡¡ Agobiante!!!!!! N. a su p… bola, A. que no la podías dejar sola porque se metía por todas partes y lo que le cayese en las manos lo desmenuzaba y si tenía buen aspecto, se lo comía (entre muchas cosas dos orfidales caducados que aparecieron en una cartera vieja, un audífono mío…. rico rico), E., que no hacía más que llorar en la casa cuna y ni se movía… empezó a moverse… y cómo! Es hiperactiva!…

A la semana de estar aquí, V. tuvo que volver a su trabajo. Cuando salió con el traje de chaqueta para irse, me puse a llorar desconsoladamente…él se dio media vuelta y se quitó el traje, ¡hala! otro día sin ir a trabajar…

Ahora me río, bueno nos reímos V. y yo… un día en la cocina, yo llorando y hundida en la más profunda miseria… diciéndole a V. que no podía… que me había equivocado y ahora iba a arruinar la vida de esas niñas y la suya y la mía…buaaaaahhh….¡No sabía ya qué hacer! Para tener tiempo de prepararles el desayuno cada vez me levantaba antes porque ellas siempre conseguían levantarse antes que yo, fuese la hora que fuese! Si yo me ponía el despertador a las 6,30, pues ellas ¡¡¡¡¡¡a las 6,15!!!!!

Bueno y un sinfin de historias… Y yo también tengo que reconocer que gracias a V…. que no se permitió ni la más ligera flaqueza… tiró del carro de los cinco. Y yo poco a poco y sin darme cuenta, dejé paulatínamente de llorar… Mi economía mejoró porque ya no necesitaba tantos pañuelos…

Y hoy cinco años después… me río, porque V. lo cuenta muy cómico y porque puedo con ellas y cinco más!!! son pocas tres!!!!!

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Comentarios en: "Primer año en casa" (33)

  1. qué linda crónica… la maternidad biológica también es una sorpresa tal que te deja ko, yo los primeros meses tampoco paraba de llorar, estaba agotada y cada vez que mi hijo se dormía estaba aterrada de que fuera a despertar de nuevo, muy muy cansada, nunca jamás nadie me había interrumpido mis ciclos vitales y de sueño de esa manera, dejé de ser yo misma para ser sólo su madre y atender todas sus necesidades… y las mías??? dónde estaban las mías??? lloraba todo el tiempo y me sentía miserable por no poder ser una madre ‘ejemplar’ como todas las demás, que sonreían a sus bebés redondos y risueños como ellas, mientras yo buscaba mi tiempo desconsoladamente y mis horas de sueño y me sentía egoísta egoísta egoísta… cuando mi madre se fue por la puerta y me dijo después de un mes ‘hija, ya te puedo dejar sola, tú puedes con este niño y con veinte más, ya verás’ no podía creerla, nunca la había necesitado tanto a mi lado! pero ahí me quedé… con mi bebé… y un día cogí el toro por los cuernos y empecé a disfrutarlo, a disfrutarle… pero tardé mucho… mi madre adoptiva nunca me contó cómo fue para ella cuando llegué a sus brazos, cómo lo vivió o cómo lo sufrió, ahora que ya no vive me arrepiento de no haberle preguntado más por su vivencia, especialmente después de haber yo sido madre también, pero me daba pudor, me daba no sé qué hablarle del tema… qué pena…

    • Supongo que no dormir (a mí también me pasó, creo que es lo que peor viví: no poder descansar ni de noche, ni de día, estar aterrorizada cada vez que se dormía a deshoras…) es una de las cosas más desestabilizadoras de la maternidad… Si a esto le sumas que el tiempo “para tí” desaparece de golpe…

      Lo bueno es lo fácil que es “olvidarlo”, ¿verdad?

      • bueno, digamos que mi hija pequeña acaba de cumplir tres años y todavía no duerme bien, así que olvidarlo olvidarlo… ejem ejem por ahora todavía no!!! pero no cambiaría sus caritas ni por mil horas de sueño…

      • Aish… paciencia!! Mi hijo mayor empezó a dormir no diré que bien, pero sí menos mal (y ser más autosuficiente en sus despertares) a los 5…

  2. Es curioso. A mi me “avisaron” de la parte negativa de la maternidad dos madres que lo habían sido gracias a procesos biológicos. Las dos decían eso de “esto no me lo había dicho nadie!” Y las dos están muy felices con su familia (aunque la que quería familia numerosa no la tiene a causa de lo duros que fueron los 5 primeros años con una de sus hijas).

    Mi experiencia es un poco distinta. El proceso previo a la adopción en sí fue tan duro que las dificultades de ese primer año me parecían nimiedades teniendo a mi hija y viéndola cada día un poco mejor. Pero no sé si las personas de mi entorno estarían de acuerdo con mis percepciones. Algunas de esas personas dicen haber notado mucho más el proceso de adaptación a mi nueva vida (quizás pq el proceso previo lo conocían muy poco o nada).

    • Yo tuve la suerte de compartir viaje con varias familias que iban a por el segundo, y recuerdo que una de ellas tenía claro lo difícil que es a veces sentirse “madre” de estos desconocidos… aún así, las dificultades me pillaron por sorpresa y el primer año fue durísimo… seguramente no es así en todos los casos, depende de los fácil que te lo ponen los niños y los recursos de los padres (seguramente, ser una tampoco ayuda mucho…)

      • Yo no digo que mi adaptación fuese fácil; sólo que fue más fácil de lo que esperaba. Quizás me había preparado para una adaptación muy mala y mi hija me lo puso fácil. Quizás la dureza del proceso previo, me ayudó a llevar mejor la adaptación. Quizás… Lo de ser monoparental a veces (muchas veces, creo) limita, otras facilita.

      • Sí, supongo que de las dos opciones (pintártelo idílico y que sea difícil o imaginarlo difícil y lo sea menos), la segunda es mucho mejor…

        Y sí, ser monoparental facilita muchas cosas, sin duda. Sin embargo, a mí no poder desconectar nunca de mi hijo fue algo que casi me pudo.

    • Hablando del asunto en FB, otras madres decían que les había pasado con los hijos biológicos (y no con los adoptivos), algunas habiendo tenido primero hijos bio, otras habiéndolos tenido después… igual no depende tanto de por qué vía llega la criatura ni en qué orden sino de lo demandante que es, lo “difícil”. Y como comentábamos antes, también de nuestras expectativas. Para mí tener un niño “fácil” (dormilón, tranquilo, cariñoso) después del primero fue como un regalo que me reconcilió con la maternidad, y me convirtió en una madre más parecida (menos gruñona, menos desbordada…) a lo que siempre había imaginado… Supongo que al revés (primero un niño “fácil” y luego uno que no te deja tener vida aparte de él) tiene que ser mucho más difícil de asumir…

      • Mi mayor, adoptada, tuvo algunos problemas de sueño, pero pocos y se solucionaron perfectamente, era demandante pero no tanto, y mis “ansias” por ser madre y lo duro del proceso de adopción hicieron que el tiempo pasara volando y que disfrutara muchísimo la maternidad con ella, pude tener reducción de jornada durante 3 años y pasamos los 6 primeros meses juntas todo el tiempo… Iba a todas partes con ella, encantadora, no se quejaba, nos vinculamos muchísimo las dos, y además tenía tiempo para mí!
        Con la llegada de la segunda, bio, después de un embarazo fantástico, todo se dio la vuelta! Los 3 primeros meses, horrorosos!!!! Con la mayor (con 4 años) en casa todo el día por vacaciones! (nació a 2 semanas de vacaciones de verano!!!) lactante a demanda, no dormía más que 1 hora seguida, la mayor lo pasó fatal, yo lo pasé fatal, sin poder estar con ella…. su padre todo el día con ella, yo todo el día con la pequeña…. Bufffff No tenía tiempo para nada, de nada,
        Hasta que no cumplió 1 año no empecé a ver la luz a final del túnel! Yo ya estaba trabajando…. horror…
        Y ahora ya se está poniendo todo en su sitio… el sábado cumplen 2 y 6 años…. y ya empezamos a respirar tranquilos….

      • Que duro, mientras dura, aunque sepas que dura poco… Menos mal que ya estáis en el camino de salida…

  3. Yo también recuerdo el primer año como el peor de mi vida… y a la vez el mejor!
    Pero tres años después… hay días que sigo desquiciada, saturada, sobrepasada… con ganas de llorar y sin dejar de preguntarme si lo estoy haciendo bien,…
    Luego vuelve la calma, las risas, las cosquillas, las conversaciones y las anécdotas, y todo pasa… hasta el próximo “loop” de ésta montaña rusa que es la maternidad.

    • Yo reconozco que en mi caso, es ahora (casi 8 años después de la primera adopción y 5 después de la segunda) que siento que las cosas fluyen, que tengo el control, que no voy desbordada…

  4. Madre…supongo que se parece a algunas otras circunstancias de la vida en que las que no puedes hacer lo que te pide el cuerpo y aguantas y resistes para ver transformarse la situación, en este caso en positivo. Por sus cambios, por nuestros cambios…Nada hay como mirar en perspectiva. Pero… fíjate, ni el peor año de tu vida te hizo desistir de ir a por su hermano…y era la misma loteria. Podías haber tenido “dos peores años de tu vida” 🙂 y sin embargo, lo que intuyo tienes son años mejores que tienen ratos desquiciantes. Solo eso. Yo no los tuve tan feos, pero también tuve momentos desquiciantes. Creo que no volveran, porque ahora tenemos otras cosas con las que hacerles frente. Más bien espero 😉

    • Sí, tienes razón. Para mí la diferencia radica en que en cualquier otra circunstancia de mi vida, por dura que fuera, me he podido tomar un respiro: con mi hijo no podía. No podía irme a la calle a dar un garbeo, tomar un café con algún amigo y olvidarme durante media hora, ni siquiera parar 10 minutos… Cuando finalmente se dormía estaba tan arrastrada que no daba para más, ni física ni emocionalmente…

      Ahora sí, son años mejores, con ratos desquiciantes. A temporadas, muchos ratos desquiciantes. Pero si me pregunto (a veces lo hago) si volvería a hacerlo… lo cierto es que sí, que sabiendo lo que sé, volvería a hacerlo. Una y otra vez.

  5. Yo también lo pasé mal y callada. No podía compartir nada por que hace 16 años adopté a mi primera hija con 4 años y medio y entonces, ni se adoptaban niños tan mayores ni de procedencia extranjera. Pero al tiempo me parecía que había hecho algo extraordinario que con todo lo malo estaba colmando mi vida y entendía a la vez que no me había preparado para una niña mayorcita y con mochila rebosante.

    Los segundos y terceros los adoptamos con media carrera hecha y a estas alturas casi estamos a punto de conseguir el master en niñ@s con mochilas de serie.

    Cuando leí a B me pareció fortísimo, por que yo estaba desbordada con una niña, así que imaginarme a tres de golpe… buff!!!!. Yo recuerdo pensar por aquel entonces que la niña estaba desequilibrandome psiquicamente, pero me parecía que ni siquiera un especialista entendería mi situación, ahora sé que sí lo hubiera entendido y ayudado, pero para mí entonces, manifestarme era como admitir un fracaso y yo luchaba para que mi adopción fuera un éxito por sobre todas las cosas.

    Con lo bonito que fue el encuentro y los 23 días de convivencia en el país de origen!!!!!

    • Yo quería adoptar a dos de golpe en vez de hacerlo de uno en uno. ¡¡No sabes cuánto agradecí que los técnicos del CI me hubieran convencido para ir pasito a pasito!!, creo que a dos de golpe no habría sobrevivido… Yo también pensé que nadie entendería mi situación, ni un especialista ni una persona de mi entorno, y reconocer mis dudas, mis miedos, mis carencias, mi ineptitud… me parecía un fracaso mayúsculo, así que me lo pasé solita… fue después que descubrí los foros de adopción… donde por fin conseguí sentirme entre iguales.

  6. Mi primera hija fue una “niña-trampa”. De esas que son buenas, cariñosas, duermen y comen bien. En fin, que te lanzas a por la segunda y !ja!. Ahora en serio, con mi primera adopción fue muy sencillo todo. La peque sólo tenía 7 meses y es de natural tranquila y muy cariñosa. La pequeña fue adoptada con 19 meses y el día 21 hará el año de su adopción. Ha sido un año difícil. Primero por establecer el vínculo que ha costado, aunque ya casi, casi estamos. De no soportar que la tocara a recibirme con gritos de alegría y abrazos….Además aunque de su NE ìnicial (cardiopatía doble) está bastante bien, ha tenido muchos problemas de alergias, intolerancias y nos hemos pasado el año de brote en brote, corticoide va, pediatra viene. Además como dicen las abuelas “no medraba” porque cada vez que comía algo que no toleraba (y había que ir probando alimento por alimento) tenía unas diarreas tremendas/vómitos (me la dieron con 9 kilos y perdió 2 en 10 días). Aparte de sus problemas físicos, la pobrecilla ha estado “enfadada con el mundo” y muy triste. Acabamos de regresar de nuestro primer viaje en familia y ha ido bastante bien y el estar las 24 horas del día con nosotros nos ha servido para dar un paso más para fortalecer nuestra unión. También ha resultado ser un pequeño terremoto que igual tira toda la comida de los gatos en el bebedero, que te pinta una pared con rotuladores, se cae de cabeza de la cama y todo esto en menos de 1 hora. Así que sí. Yo también me he visto desbordada, desquiciada, con pelos de loca y dando gritos. Afortunadamente son etapas. Hoy puedo decir que la quiero con toda mi alma, porque a mí eso de “los amores a primera vista” no me ha pasado con ninguna de mis hijas, sino que ha sido como dice la canción “poquito a poco, tú que llegaste sin avisar”.

    • En mi caso fue al revés, más fácil con el segundo, y aunque no es un niño fácil en muchos aspectos, a mí en comparación con lo que fue el primero siempre me lo ha parecido… recuerdo cuando en el cole me decían “que movido es” y yo decía, “¡que va! movido es B.”… y B. ya no lo era, pero es que yo tenía el listón muy bajo…

      Nosotros no hemos tenido problemas de salud equiparables, pero B. tuvo el primer año todos los virus del mundo (muchos de ellos pasaron también por mí: ¡qué difícil es encontrarte mal con un niño altamente demandante!), bronquitis, otits, neumonía… y lo recuerdo como una angustia permanente, no saber cuándo volvería a caer, la fiebre, el miedo a la meningitis…

      Para mí, de todas formas, los niños “difíciles”, los niños a los que les cuesta vincularse, tienen una ventaja: lo mucho que disfrutas cuando lo consigues. Aún recuerdo el primer beso de B…. la primera vez que me dijo “la mama me gusta”… como si fuera hoy.

    • El primer año en casa con mi hija mayor fue estupendo, era una niña cariñosa, sociable, un amor de hija. Desde luego no me preparó para la segunda que llegó a nosotros con pequeños problemas físicos y con un rabia dentro que nos costó mucho entender y aplacar. Al principio me sentía fatal porque no lograba querer a mi hija, la miraba y sólo me deban ganas de llorar, llorar por mi peque que sufría y yo no sabía cómo consolarla, cómo curarla, porque me consideraba una madre horrorosa a la que le costaba querer a su hija, por la que tanto había luchado. El sentimiento de culpa era terrible y me costó muchísimo salir de ahí. Poco a poco y con la ayuda de excelentes profesionales fuimos encontrandonos y queriéndonos. Hoy, 10 años despues, mi hija pequeña es una niña despierta, risueña, divertidísima y como bien dices madre de marte lo mejor es que se “olvida” todo lo malo.
      Ójala entonces hubiera encontrado un foro como este, seguramente me habría sentido mucho menos monstruo.

      • ¡Ay!, ya dicen que leemos para saber que no estamos solos… a mí también me habría ayudado saber que otras personas pasaban por lo mismo, que no era un “defecto” mío de serie…

  7. Yo ya tenía un hijo..bio..y no tenía para nada idealizado el tema… Aplicaba la lógica…con uno agotada…con dos y uno de ellos con mochila añadida…iba a ser duro..y lo fue..pero lo lleve relativamente bien. La verdad es que en los cursos para la idoneidad la gente tenía muy idealizado el tema, para casi todos era el primero, en realidad como casi todos los padres primerizos..sólo que en la maternidad adoptiva, salvo excepciones, hay dificultades añadidas…recuerdo también desconfiar de las historias de adaptaciones idílicas..q contaban por ahí…aplicaba la lógica…niño con mochila..adaptación idílica no cuadraba..

  8. Pues nuestra experiencia de momento (solo tenemos una adoptada con 10 meses) encuadraría bastante en la “niña trampa” que comenta Marta. Ahora hace dos años que fuimos a por ella y todo ha sido muy fácil. También puede ser, como comentabais antes, que el proceso de espera para mi fue tan duro y que además me esperaba una adaptación plagadas de problemas…que después todo me ha parecido bien o muy bien. Dentro de que es una niña de casi 3 años y por supuesto se comporta tal…con sus trastadas y sus rabietas.
    Ahora estamos en la larga espera del segundo, a saber lo que nos espera…
    Me alegro de haber vivido al menos una adaptación facil.
    😉

  9. Nosotros acabamos de cumplir el primer año, mi hijo es de los tranquilitos, que tarda en dormirse pero lo hace del tirón y come muy bien, somos muy conscientes de que nos lo ha puesto muy fácil, pero aún así me vi desbordada también al principio, no podía hacer nada más que cuidarlo, me absorvía su presencia y no tenía mente para nada ni nadie, lo que me costó hacer todos los papeleos lo recuerdo como una tortura. Me han acudido enfermedades de todo tipo, hasta quistes en el pecho que se producen por cambios hormonales, curioso no?. En fin, es duro, pero también está lleno de momentos emocionalmente deliciosos, intensos, tiernos…

    • Yo que nunca he tenido ni resfriados, lo pillé todo en el momento en el que conocí a mi primer hijo (en menor medida, me pasó también al adoptar al segundo). Supongo que la fragilidad emocional en la que estaba me dejó las defensas bajo cero…

  10. Pues para mi el primer año de mi hija fue duro… pero no porqué ella nos lo pusiera difícil.. al contrario era una recién nacida que sólo dormía y comía. De hecho, como ya he comentado más de una vez, ella no lloró hasta más allá del año (ni una sola vez…). Todo el mundo nos decía que teníamos un chollo de niña.. Pero para mi fue durísimo ver que no la quería como a mis otros dos hijos biológicos… tenía la sensación de ser mala madre.. Me hizo dudar de mi capacidad de amar y de mis principios. Con mi segundo hijo, ya me había pasado algo parecido… tardé un tiempo en quererle… Sentía instinto de protección pero ni a él.. ni a la peque adoptada los quería como al primero.. Con mi hijo mediano eso duró poco tiempo, sus exigencias me hicieron vincularme muy rápido y olvidé esa sensación.. y muy pronto sentí ese amor incondicional… Con la pequeña… ese obligarte a quererla.. duró mucho más tiempo… Seguramente porqué ella no exigía nada, porqué no reía, no lloraba… era difícil crear un vínculo emocional fuerte… o quizás porqué inconscientemente me protegía de la posibilidad de que algún día una llamada del juez o del ICAA nos dijera que ella no era nuestra hija.. Pensad que durante el primer mes la madre podría haberse desdicho de su renuncia y ella dejaba de ser automáticamente nuestra hija.. El amor incondicional fue llegando poco a poco… cuando mi coraza se desarmó… Cuando fui aceptando que el riesgo de perder a un hijo existe siempre…. y fui descubriendo como comunicarme con ella. No sé cuando ni en que momento ocurrió… pero recuerdo que el día que fuimos ante el juez a confirmar que queríamos que ella fuera nuestra hija (un año y medio después de que llegara a casa) lloré como nunca lo había hecho en mi vida y cuando ese día la miré sentí esa sensación de paz y amor que lo llena todo… Me costó querer a mi hija…. y eso no me convierte en peor madre.. lo malo es que nadie me había hablado de ello… y esos largos meses de aprendizaje mutuo, de conocerse y quererse fueron muy duros para mi

    • Que duro!!
      Yo tengo una amiga que tardó un año y medio en conseguir llevar a su hijo a casa, con decenas de viajes, trámites, papeleo… yo siempre pensé en lo duro que habría sido para el niño encontrarse y separarse de su madre tantas veces (enfermaba cada vez que ella se iba), qué secuelas le había dejado… pero hasta que ella me lo dije no pensé en lo difícil que es para la madre vencer el blindaje emocional que tienes que ponerte para sobrevivir el miedo a perderlo…

      Yo tardé en querer a mi segundo hijo, tardó incluso en “gustarme”, pero por suerte, el haber vivido un proceso paulatino con el primero sí me preparó para esto… no para la culpabilidad que sentía porque él no fuera mi prioridad emocional (que lo era su hermano, muy tocado por la llegada del peque)…

  11. Yo estoy ahora en la fase desestabilizadora de la que hablas en tu primera. Mi primera adopción fue de un bebé y bastante tranquilo, pero la segunda, una niña de 3 años saca lo peor de mi y lo que no me gusta. Pierdo la paciencia, me reta, pasa de mi como de la m… después me abraza, parece que hace todo para que le de un grito, y no quiero….pero estoy saturada y ultimamente estoy gritona con ella y con su hermano por extensión.Se que va a pasar y eso es lo que me anima todas las mañanas, sobre todo porque yo si siento que la quiero pero me exaspera, además de mi adaptación a ella también está la de dos hermanos y yo a tener dos hijos en vez de uno. Yo si que lo sabía, he hablado antes con padres que adoptaron a niños de 3-4 años y que los primeros años son duros, así que nada, a seguir y sobre todo, leer estas entradas y saber que estais ahí, anima un montón.

    • Yo también sentía que mi hijo sacaba lo peor de mí… y que muchas veces parecía estar buscando el grito, la bronca, el mal rollo: cuando lo conseguía, se cambiaba de golpe. Seguramente es la dinámica en la que han crecido y con la que se sienten cómodos, seguros… si consigues volverte zen y no responder así, acaban viendo que las otras dinámicas, las que no incluyen gritos, broncas ni, si me apuras, bofetones, funcionan mucho mejor… pero claro, esto quiere tiempo y paciencia. Que todo llega, seguro.

  12. Madre de Marte, tu no lo sabes pero fue gracias a ti que supe de eso llamado “depresion postadopcion”. Me acuerdo perfectamente cuando contaste como fue tu adaptacion con “B”. Yo en ese momento aun no habia empezado siquiera con los papeles pero me di cuenta de que no todo era tan maravilloso como te cuentan.
    Tengo que reconocer que Abraham es de los “buenos”. Es supercariñoso, duerme bien (bueno, muuuuuy bien), se porta medio bien y aunque reta bastante (sobre todo con el tema de las comidas y los “deberes”) por lo demás no me da problemas gordos. Aun con todo eso a mi los primeros meses se me hicieron durillos. Los cinco primeros, con la baja maternal fueron “horribles”, no tanto porque el niño se portara mal sino porque a mi se me hacian largos no larguisimos…Tan largos que solo pensaba en que se hiciera de noche para irme a dormir y “perderlo de vista a el y a sus coches”. A ese “aburrimiento” se me juntaba el duelo que tenia por haberlo sacado de su familia de acogida. Y no tanto esa sensacion de “robo” sino por el hecho de pensar. Como puedo ser asi y no quererlo tanto como lo queria ella. La cosa se arreglo cuando volví a trabajar y ya tuve tiempo de desconexion (que no de “tiempo para mi”) y en parte a echarlo de menos.
    Y es que lo que mas me ha costado es la perdida absoluta de libertad. No echo tanto de menos el quedar con mis amigas, ni los viajes que me pegaba sino el estar una tarde sola viendo la Tv o paseando por algun lado sin ir repropiando y vigilando que no me cruce en rojo (eso lo ha estado haciendo muuuucho tiempo) o que se me pierda en las tiendas. Vamos, que desde Septiembre no me he separado de el mas que para ir a trabajar y media hora que tengo los sabados que el esta en la piscina (y que suelo aprovechar para ir corriendo a comprame alguna prenda de ropa o algo que necesite).
    A veces pienso… ay, si pudiera dejarlo una tardecita e irme a pasear solaaaa. Pero luego me siento mal y digo, pero con lo poco que lo veo al dia no se como puedo pensar asi. Y luega llega el fin de semana y pienso…otra vez 24h noooo.Y asi dia tras dia.
    Tambien me esta costando vincularme emocionalmente, tanto que a veces creo que tengo un problema. Yo lo quiero mucho, lo cuido y protejo lo mejor que puedo, pero eso del amor incondicional… no se si lo tengo todavia. Igual tengo idealizado eso del amor maternal aunque bien es cierto que poco a poco lo voy queriendo mas. Solo llevo 9 meses con el, imagino que aun no estoy fuera del año
    Yo soy transparente y se cuento a todo el mundo, otras madres bio, otras adoptivas, incluso a la asistente social que me hace los seguimientos. La mayor parte de las personas me entiende y muchas se han sentido igual (ahora ya nadie me cuenta cuentos rosas de lo maravilloso que es todo desde el principio). Igual no es lo mismo adoptar un bebe (bueno, se entiende) que hace un poco lo que tu quieres (lo controlas al menos con cunas o sillas de paseo), que un niño algo mayor (digase de tres para arriba) que ya tiene gustos definidos, un caracter y al cual tienes ya que educar ya de alguna forma.
    Pero vamos, que aunque me siento culpable de pensar asi (y mas porque el pobre niño ha sufrido mas cambio que yo y parece ya plenamente adaptado) veo que hay un gran adelanto. el creo que tiene un apego seguro hacia mi y a mi solo me falta ese paso hacia una adaptacion completa
    Pues eso, que gracias por haberlo contado en su dia porque sino ahora igual estaria yo sintiendome la peor madre del mundo, jeje

    • Es inevitable sentirte la peor madre del mundo a ratos… pero tenemos que ser indulgentes con nosotras mismas. Como me dijo una madre que ya tenía un hijo, cuando yo adopté a B. y ella a su hijo pequeño, “hay veces que las emociones tardan en llegar, y hay que actuar como si estuvieran”. Y sí, a veces tardan… pero llegan. Y sí, pueden tardar más de 9 meses. Yo empecé a tener la sensación de vínculo más o menos al año de llegar, y aún nos faltaba mucho camino por hacer!!

      Tengo una amiga que ha adoptado a bebés y niños mayores, y aunque con alguno de los bebés, el vínculo no fue tampoco fácil, por parte del niño, siempre dice que la diferencia básica es que los bebés están diseñados para que te vincules, tan redonditos, tan indefensos, tan frágiles, tan achuchables… que con los niños mayores, para los padres, muchas veces no es tan fácil. Y creo que tiene razón.

      Yo también recuerdo esta sensación de no descansar, no desconectar nunca (con el tiempo se pasa, va creciendo el espacio, puedes sentarte en el parque y hablar por teléfono, o leer, quedar con amigos en la plaza, mientras ellos juegan a distancia; van a jugar a casa de amigos; pueden apuntarse a los scouts; etc). Y lo de los semáforos en rojo… ¡¡no sabes cuánto lloré después de que me cruzara sin mirar calles de 5 carriles!!

      Lo mejor es poder verlo con la distancia que da el tiempo, el camino recorrido…

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