familia monoparental y adopción

Padre biológico

Aunque pusieron el 50% de la genética de nuestros hijos, y a veces, tomaron parte en la decisión de darlos en adopción, lo cierto es que los padres biológicos son los grandes ausentes en el discurso sobre la adopción:, hablamos poco o nada de ellos, y de sus pérdidas, que también las tienen.

R. me pasa este texto, escrito por un hombre que fue padre biológico de un bebé al que dieron en adopción, y que se ha reencontrado con él, años después. El peso que esta circunstancia – que no decisión – tuvo en su vida no es en absoluto pequeño.

Sentado en la mesa del café, frente a mi hijo, no podía evitar echarle vistazos mientras hablaba. Había imaginado este encuentro mil veces y ahora, finalmente, él estaba delante mío.

Miré su perfil, y vi características de mi propio padre. Le escuché mientras me hablaba de sus dos hijas – mis nietas – y de la vida feliz que tuvo con sus padres adoptivos. La vida sobre la que tanto me había preguntado. Una vida en la que yo no tuve ningún papel desde su concepción.

Para mí, los 32 años anteriores habían estado marcados por un solo acontecimiento – la adopción de mi hijo cuando yo tenía 19 años. Sucedió en un abrir y cerrar de ojos, y sin embargo, marcó cada decisión que tomé, para bien o para mal, a partir de este momento.

En 1967, yo era un adolescente enamorado. Carol tenía 18 años y era mi primera novia. Nos habíamos estado viendo durante algunos meses cuando mi padre encontró un trabajo a 200 millas. Carol y yo nos comprometimos a hacer funcionar nuestra relación a pesar de la distancia.

A pesar de ello, las semanas que siguieron a mi partida, la fui notando más distante en cada llamada. Supuse que sus sentimientos hacía mí se habían enfriado. En realidad, estaba embarazada, pero demasiado asustada y confusa para decírmelo. Dolido y desconcertado, yo también me retiré.

Pasaron los meses y las llamadas disminuyeron, hasta que un días mis padres me dijeron que iban a visitar algunos amigos en nuestro anterior pueblo. Ansioso por descubrir qué sucedía con Carol, fui con ellos y la llamé. Sus padres me invitaron y soltaron la bomba: Carol estaba en el hospital, dando a luz a nuestro bebé, que inmediatamente sería dado en adopción.

Desesperado, quise ver a Carol en la maternidad pero sus padres me dijeron que no era una buena idea. Yo ni podía imaginar que ella estaba deseando que la visitara. Mis padres llegaron, y solo pude sentarme allí, desconcertado, mientras a mi alrededor, los adultos discutían la mecánica de la adopción. Entonces, los padres tomaban la decisión por ti. Todo lo que yo sabía es que había tenido un hijo.

No llegué a cogerle, ni siquiera a tocarlo. Desde el hospital fue a una casa de acogida, y fue adoptado al cabo de 6 meses, cuando el proceso legal se completó. Y esto fue todo. Pareció irreversible. Nunca fuimos conscientes de que, mientras los engranajes legales se movían, podríamos haber objetado y le habríamos recuperado. No hubo acompañamiento: fue un simple caso de “esto ha sucedido, seguid con vuestras vidas”.

Volví a ver a Carol al cabo de unas semanas. Los recuerdos de este encuentro son brumosos – los dos estábamos en shock. Tratamos de reconstruir nuestra relación – yo tenía un trabajo como estadístico cerca de la familia de Carol – desesperados por darle sentido al asunto. Dos años después nos casamos. Fue como tratar de retrasar el reloj al “antes”. Nunca hablamos de nuestro hijo directamente, aunque creo que ambos sentíamos su presencia agudamente. No teníamos el lenguaje para hablar de esta clase de pérdida.

El matrimonio duró solo dos años; porque ninguno de los dos fue capaz de hablar de la enorme pérdida que habíamos sufrido, nos fuimos distanciando. Me sentí aliviado, pero también traumatizado, y en una ocasión me autolesioné, arañándome la mano con las uñas hasta hacerla sangrar.

Siguiendo el consejo de mis amigos, traté de superarlo. Entré en la universidad para estudiar Sociología y Estadística, intentando crear la vida que habría tenido si la paternidad no hubiera ocurrido jamás.

En parte, funcionó: en la superficie, parecía feliz, pero por dentro era un revoltijo de asuntos por resolver. Recuerdo quedarme en shock cuando un amigo me pidió que escribiera 5 palabras que me describieran, y una de ellas era “triste”.

Estaba pasando un duelo, pero en mi caso, ni siquiera sabía el nombre de la persona. Pero ahí fuera, en algún sitio, mi hijo iba creciendo. No me podía desprender del sentimiento de que había abandonado mis padres, a Carol, y sobretodo a nuestro bebé, sin luchar por él.

Después de la universidad, tuve una carrera exitosa como estadístico e investigador de mercados, pero mis opciones laborales se vieron cada vez más afectadas por lo que había sucedido. Cuando mi hijo tuvo la edad de ir a la universidad, yo trabajé como consejero universitario, preguntándome en mi subconsciente si alguno de los rostros adolescentes del otro lado del escritorio sería el suyo.

Le busqué sin cesar.

Estaba confuso sobre mi identidad – ¿era un padre o no? En una fiesta, una mujer me preguntó si tenía hijos y yo dudé tanto rato que ella dijo: “Pensaba que había hecho las preguntas fáciles al principio”. A la inversa, cuando pasaron los años, me encontré hablando de mi historia con desconocidos.

La adopción marcó todas mis relaciones con mujeres: era incapaz de comprometerme a largo plazo. Aunque parecía el tipo de persona que sería un buen padre, no me sentía capaz de tener otro hijo, algo que mis parejas lucharon por entender. Volver a convertirme en padre me habría traído alegría, pero también habría significado revivir la pérdida anterior.

Hasta la muerte de mis padres cuando yo estaba en la cuarentena no empecé a buscar activamente a mi hijo. Mientras mis padres estaban vivos, me preocupaba que excavar en el pasado les doliera. Entonces, sin embargo, me di cuenta de que tenía que descargarme de lo que había llevado en mi interior tanto tiempo. La búsqueda fue compleja. Todo lo que tenía era su fecha de nacimiento, el nombre que Carol y yo le habíamos puesto y el hospital donde nació. Si quería tener alguna oportunidad de encontrarle, había que ponerme en contacto con Carol. Hablar con ella tantos años después no fue fácil. Aunque ella, afortunadamente, se había casado y formado una familia, la pérdida seguía estando allí.

Continué la búsqueda con su aprobación, con la ayuda de una mediadora profesional. Hubo momentos muy duros, como cuando vi el certificado de nacimiento de Ben y el espacio en blanco donde debería haber estado mi nombre. En esa época era habitual dejar el nombre del padre en blanco si no estabas casada.

Entonces, en el año 2000, después de 3 años de búsqueda, mi mediadora me llamó para decirme que había encontrado a mi hijo, Ben. Vivía a 100 millas con su hija, y su compañera estaba esperando otro bebé. Mi mediadora se puso en contacto con él en mi nombre. Ben se sintió complacido pero necesitaba tiempo para responder. Me sentí exaltado de que estuviera vivo y tuviera su propia familia. Seis agónicas semanas más tarde, llegó un email de Ben. Me decía que había tenido una vida feliz con su familia adoptiva y que aunque alguna vez se había planteado investigar sobre sus padres de nacimiento, nunca se había decidido.

4 meses después del primer contacto, quedamos que Ben viniera a mi casa. Sentí excitación, trepidación, nervios. Fue como una primera cita. Fue una primera cita. Ben me lo puso muy fácil. Es muy agradable y compartimos el mismo sentido del humor. Curiosamente, aunque me había pasado la mayor parte de mi vida imaginando este momento, no recuerdo muchos detalles de lo que hablamos, sólo la calidez y la calma del amor sin palabras. Me sentí eufórico y satisfecho. La inquietud que había definido mi vida durante 32 años parecía alejarse. En pocas horas, el nacimiento de mi hijo había pasado de ser mi mayor trauma a ser mi mayor logro.

Nos lo tomamos con calma, comunicándonos sobretodo por mail o teléfono. Nunca nos quedamos sin temas de conversación, aunque nos centramos en la alegría de habernos encontrado más que en la tristeza de lo que había sucedido antes. Dos meses después, Ben se encontró con Carol. Tuvo que pasar otro año antes de que conociéramos a su pareja y mis dos nietas – una tarde feliz en la que disfruté de la alegría de ver a mi propio hijo convertido en padre.

Desde entonces, nos encontramos una vez al año, aunque el contacto real no es lo más importante: es saber que está bien. Hay una sensación de que todo se ha resuelto, siempre respetando las relaciones que ya existían: Ben ya tiene un padre y yo entiendo mi posición. Es un sentimiento hermoso tener nietas, sin embargo – Ben me envía fotos y yo las veo crecer como no pude hacer con él.

Sólo en los últimos años he sido consciente del impacto que la adopción ha tenido en mí. Bucear en las experiencias de otras personas me ha hecho darme cuenta de que algunas de mis rarezas – mis relaciones fracturadas, mi sentimiento de pérdida – las experimentan otros padres de nacimiento. Me di cuenta de que hay malentendidos comunes, también. A menudo, la gente ve a los padres biológicos como irresponsables, pero entonces, muchos de nosotros estábamos comprometidos, incluso aunque no estuviéramos casados.

Hoy no hay amargura ni remordimiento. He conseguido seguir adelante con el corazón más ligero: los últimos dos años he tenido una buena relación con una mujer encantadora y no hay nada de la angustia que marcó mis relaciones anteriores. Carol y yo estamos en contacto, y ocasionalmente nos llamamos o escribimos. La adopción crea un renglón vacío en la familia, y tienes que encontrar la manera de soldar algunos de los elementos. Soy afortunado de haber tenido la oportunidad.

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Comentarios en: "Padre biológico" (16)

  1. qué bello, es la historia soñada por cualquier adoptado: unos padres bio lindos que se querían y cuya única pena fue ser demasiado jóvenes, nada más que eso… dónde hay que firmar para encontrarse con un papá bio así??? me encanta… y me ayuda saber que también existen historias así, aunque las sórdidas vendan más… gracias! yo soy del 69 así que me siento plenamente identificada con la época en que nació su hijo…

    • Sí, desde luego: se querían, le querían… y no tomaron la decisión. Sin embargo, a mí me parece doloroso pensar que con algo de apoyo de su familia, con diálogo, con información… podrían haberse quedado con él y criarle, como hicieron otros adolescentes en la misma época (sin ir más lejos, mis padres, o los de mi pareja…)

      • claro, es que yo lo veo como esa hija o hijo, y los hijos adoptados tenemos -al menos yo- muchos fantasmas con cuál será la historia sórdida que habrá detrás de nuestro origen, un tipo casado que no quería a tu madre y nunca quiso saber ni de ella ni de ti? un cura? una violación? conozco casos así por lo tanto el pensar que detrás de tu origen sólo hay unos padres que se querían y que por las circunstancias de la época no se quedaron contigo y que encima te buscan, es casi casi la mejor historia con la que -como adoptados- nos podemos topar…

      • Te entiendo perfectamente. Yo recuerdo que con mi primera adopción me daba pánico que hubiera detrás una historia tan sórdida que no supiera cómo contársela a mi hijo…

  2. Me ha encantado, gracias

  3. A mi me duele esta historia. Me duele pensar que los padres de unas personas de 18 y 19 años decidan por ellos sin más. Es verdad que un hijo cambia la vida, y que a esa edad todavía no has vivido nada, no eres consciente de a lo que te enfentas…. pero me parece una decisión muy poco madura por parte de sus padres. Demasiado protectora. Y definitivamente poco humana. Me pregunto tantas cosas sobre su propia historia como padres….. Y no sé si por disculparles o por qué, pero no me extraña que esa madre y ese padre no supieran/pudieran tomar las riendas de la situación. Me imagino que pocas decisiones habían podido tomar hasta entonces. Quizás me equivoco com mi visión de la historia, al fin y al cabo sólo sé lo que el padre cuenta, pero me duele.

    • Desde luego. A mí me pasa lo mismo. Es verdad que a esta edad eres muy joven, aunque hace 30, 40 años… muchos jóvenes se casaban, tenían hijos, trabajaban… a estas edades: eran adultos. Y ser padre joven no te convierte en un mal padre, claro que te cambia la vida, pero esto no es necesariamente malo, algunas cosas se hacen más difíciles y otras más fáciles.

      Desde luego, creo que deberían haberles escuchado y dejarles decidir; y que si hubieran estado juntos, si se hubieran atrevido a hablar, quizás se habrían atrevido a tomar sus propias decisiones…

  4. A mi también me duele la historia.

    Muchas veces los padres biológicos sin embargo no saben ni que son padres. Algunos lo saben pero deciden no responsabilizarse, como que no va con ellos… Y en otros casos en cambio, no los dejan decidir… En este caso, fueron los padres quienes decidieron por él (por ellos) pero hay otros muchos en que quién decide es la madre biológica sin consultar, o sin tener en cuenta lo que el padre quiere… Las mujeres muchas veces pecamos de pensar que los hijos ” son sólo nuestros” ..

  5. Me ha gustado mucho la historia. Y por mis hijas ojalá la suya fuera esa aunque por otra parte también se pueden plantear si no había otras opciones. Yo no pienso en la familia biológica de mis hijas. Estoy intentando hacer contactos para la búsqueda de orígenes de la mayor pero por ella. Porque en un futuro tenga todos los datos (la pequeña es imposible saber alguna cosa por las circunstancias del abandono), pero no me paro a imaginar cuál será la historia. No sé por qué, no me surge ese pensamiento.

    • Suerte en la búsqueda!! Y a lo mejor, cuando descubras la historia real sí te darás cuenta de que no cuadra con algo que, de alguna manera, te habías imaginado… de forma tan difusa que solo lo ves después, cuando la realidad no coincide… Igual no te pasa, pero a mí esto me ha pasado bastantes veces…

  6. Pues si los padres biológicos son los grandes olvidados, pero también es verdad que esta situación de padre, aunque pueda darse en ocasiones, no debe ser la más común. Imagino muchos padres desentendiéndose de ese fruto de su relación. Obviamente pensamos más en las madres biológicas pues ellas vivieron juntoa nuestros/sus hijos al menos 9 meses que seguro marcaron su vida.
    Me indigna la toma de decisión por parte de los abuelos biológicos sin dar una oportunidad a sus hijos.
    Yo conozco más de un caso de adolescentes embarazados que tuvieron a sus hijos y los criaron junto a los abuelos y siguieron con su vida, acabaron sus estudios y tienen un trabajo. Está claro que no siempre se puede seguir adelante sin modificar tu vida completamente, necesitas el apoyo de los abuelos pero qué egoista por parte de estos obligar a dar al niño en adopción no?

    • Sin duda no es el caso más típico, pero creo que tampoco es único. Es cierto que muchos padres biológicos se desentienden del asunto… pero también que muchas veces no se cuenta con ello.

      Yo también conozco a varios adolescentes (algunos en mi propia familia) que tuvieron hijos, con apoyo familiar, y que no desperdiciaron su vida: la vivieron de otra manera. Quizás perdieron algunas oportunidades en su juventud (o no: unos abuelos jóvenes, bien dispuestos y que en algunos casos aún están criando a sus propios hijos pueden descargar bastante más trabajo que si tienes padres octogenarios), pero las han ganado en su madurez, cuando se han encontrado, con 40 años, con buena parte del trabajo hecho: los hijos criados y ellos con un buen trabajo, mucha capacidad, algo de dinero, y mucho tiempo para hacer lo que quedó pendiente, y han podido aprovechar para viajar, estudiar, reorientar su carrera profesional, etc, con media vida por delante.

  7. Releyendo lo que he escrito, qué egoista no, qué cruel

    • Sí. Incluso aunque creas que es lo mejor para ellos, que cruel, imponer una decisión así. Que además seguramente está impuesta desde la vergüenza, desde la certeza de que una chica soltera no puede ser madre de un bebé…

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