familia monoparental y adopción

De madres biológicas

Mucho he escrito en este blog sobre madres biológicas. Este creo que es el primer texto que escribí… y me sigue pareciendo un buen resumen de mi relación con esta figura, a menudo tan olvidada o silenciada, de la tríada adoptiva…

Cuando empecé la adopción de mi primer hijo, alguien me dijo, que “la adopción es una solución para dos necesidades, la del niño de tener una familia y la de los padres de tener un hijo”. Nadie habló de la tercera parte implicada en esta historia, la familia biológica. Y durante mucho tiempo, yo tampoco pensé mucho en ellos. Sabía que existían, o que habían existido, pero eran para mi algo periférico, que implicaba la genética, y la decisión y la herida del abandono. No eran una realidad que contemplara ni con la que pensara relacionarme.

En esa época, inspirada por expertos varios en temas de adopción, yo me refería a los padres biológicos como “progenitores”, es decir, alguien que había dotado de genética a mis hijos, pero que no tenían el papel social de los padres y las madres. Este papel me lo reservaba para mí.

Cuando me asignaron a mi hijo mayor, me dijeron que había una madre biológica, viva, con la que él había convivido hasta pocas semanas antes, que había dejado sus datos, y una carta en los servicios sociales en la ciudad donde nació. Con esta información, la figura de la madre biológica, tomó más entidad. Ya no era simplemente la progenitora, que también, era su madre, la única que había conocido hasta entonces.

Cuando algunas semanas mas tarde, tuve la posibilidad de ponerme en contacto con ella, no lo dudé. Pero seguía viéndola como alguien ajeno, alguien que no formaba parte (ya) de la vida de mi hijo. Alguien que había tomado su decisión, que se había apartado. Que había renunciado.

Recuerdo los consejos que recibí en esa época, de amigos, de familiares, de psicólogos. Todos venían a decir lo mismo: no te impliques. Escríbele una carta fría, sin emociones, nada de mandarle fotos, será más doloroso para ella. Semanas más tarde me respondió, contestando a todas mis preguntas… y expresando su tristeza por no haber recibido ninguna foto del niño. Y ahí empecé a verla de otra manera. Porque si hubiera sido yo quien hubiera tenido que separarme de mi hijo…. algo inimaginable…. ¿no habría dado lo que fuera por recibir noticias de él, por verle, crecer aunque fuera a distancia? Y esto que yo había vivido con él mucho menos tiempo de lo que había hecho ella…

Los consejos, supongo que bienintencionados, siguieron: no mantengas correspondencia con ella, esta bien tener el acceso, pero no una relación continuada, no la sigas enviando fotos, pon distancia…. No le hables de ella a tu hijo, puede idealizarla, puede confundirse, tiene que quedarle claro que su madre, su única madre, eres tú.

Aún no había digerido la nueva situación familiar, pero algo ahí me parecía poco claro. Si mi hijo se confundía no era porque le hablara de tener dos madres, sino porque tenía dos madres, algo difícil de entender y más difícil aún de asumir.

Y así, la madre africana, despojada ya del adjetivo de “biológica”, entró en nuestras conversaciones, sus fotos empezaron a formar parte de nuestro álbum, su nombre pasó a integrar los relatos que mi hijo contaba sobre sus orígenes, pudo llorar por su pérdida y soñar con el reencuentro. Y descubrí que su presencia no hacía que mi hijo me quisiera menos ni que yo fuera menos su madre de lo que soy. Dejar de vivirla como una amenaza nos enriqueció como familia.

Ni mi hijo ni su otra madre tuvieron ninguna parte en la decisión de retomar este contacto. Fue una decisión que tomé yo, que soy quien tiene el control de la situación. Fui yo quien decidí buscarla, y en mi mano está continuar o no con esta relación, hacerla más intensa o más continuada, viajar a conocerla o no, llevar a mi hijo a que la conozca, hablarle o no de ella.

Sin embargo, es a ellos dos a quien más creo que ha cambiado el hecho de retomar esa relación que se rompió. Para mi hijo, poder hablar libremente de su madre biológica, decir que la quiere, que es más guapa que yo; preguntar las cosas que no sabe, inventar relatos al respecto, mirar sus fotos, buscarse en su imagen; incluirla en nuestro día a día, en resumen, ha servido para desbloquear muchas cosas que parecían difíciles de resolver (incluso para todos esos psicólogos que me recomendaban no buscar a su madre biológica, no hablar de ella al hijo que compartimos). En cuanto a ella, lo único que tengo son las cartas, las fotos… pero he visto cómo ha cambiado de foto en foto, cómo la expresión recelosa de las primeras veces se ha convertido en una sonrisa ancha, desbordante, como ha desechado las camisetas viejas que llevaba en las primeras fotos que me llegaron y las ha sustituido por ropas elegantes, preciosas, conjuntadas que denotan que se arregla para las fotos que hace para su hijo…. Esto me hace pensar que saber de su hijo le ha insuflado vida. Exactamente igual que me pasaría a mí si tuviera que separarme de mis chicos.

Adopté a mi segundo hijo en otro país de África, en el que a menudo no hay datos de la familia biológica. No tuvimos suerte: no hubo en su caso ninguna información a la que agarrarnos. Y he descubierto que gestionar este vacío va a ser mucho más complicado que gestionar la presencia de la madre biológica de mi hijo mayor.

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Comentarios en: "De madres biológicas" (37)

  1. me encanta este post. Has explicado de una manera muy bonita la relación con la madre africana. Me gusta mucho lo que cuentas de cómo ha cambiado su expresión y su forma de vestir. Creo que has gestionado perfectamente este asunto, se tiene que ser muy maduro emocionalmente para poder hacerlo. Yo estoy empezando la búsqueda de orígenes de mi hija mayor, porque quiero que tenga todos los datos por si algún día quiere conocerla o contactar. De momento es pequeña (5 años) y no sé por qué pero no suele preguntar nada acerca de su vida antes. Hemos sacado el tema y sabe que nació en un hospital de otra barriga y después vivió en una casa cuna donde la cuidaba M. y había más niños y que la fuimos a buscar, pero parece más intertesada en cómo era cuando la vimos, qué hizo, si lloraba o se chupaba el dedo que en “lo anterior”. De hecho diría que no quiere hablar de esto y eso que siempre le decimos que puede preguntar lo que quiera cuando quiera. El día que fui más allá y le dije claramente que “que había nacido de la barriga de otra mujer (no le he puesto nombre de mamá, madre biológica o qué porque prefiero que se ella quien decida como llamarla)” me contestó “Sí, que se murió”. Me dejo impactada porque jamás habíamos hablado de ella y sobre la muerte sólo sabe de nuestro perro porque no ha fallecido nadie cercano. Le tuve que decir que eso no era así, que no sabíamos qué había pasado con ella que podía haber muerto (no vaya a ser que sí esté muerta) o no. Pero cambió de tema. No quiero forzarla, claro, pero no sé por qué ese rechazo a hablar del tema. Tampoco ha mostrado interés en mirar el libro “Esta es nuestra historia” que está en casa a su alcance. Y el año pasado viajó con nosotros a China a buscar asu hermana y recuerda el viaje perfectamente pero nada. Sólo una vez nos preguntó “por qué abandonaron a S. (su hermana)'” Otra flipada por el término que utilizó, que ha tenido que oír en la calle o el colegio. De ello deduzco que sabe perfectamente que con ella pasó lo mismo pero no le interesa. Perdón por el rollo, pero cuando leo cosas tan bonitas como tu historia no dejo de preguntarme si estaré haciendo algo mal.

    • Estoy convencida de que no estás haciendo nada mal: muchos niños tienen resistencia a este tema, incluso aunque en casa se hable con naturalidad (otros no, y no sé qué marca la diferencia). Me doy cuenta muchas veces con hijos de amigos que me dicen que no hablan para nada del tema, pero a los que sí les oigo comentarlo con mis hijos (supongo que porque entre iguales es más fácil) o con niños que no preguntan, no quieren hablar cuando los padres sacan el tema, pero si dejan a su alcance libros sobre el país de origen, etc… sí indagan cuando no les ven.

      También es posible que sea pequeña y que el interés no hay surgido todavía.

      A mí me parece muy útil utilizar historias ajenas para hablar de estos temas: películas, libros, cuentos… la historia de niños conocidos… hablarles de esas historias “de otros” para que nuestros hijos puedan hablar de la suya sin sentirse invadidos o incómodos… Un poco lo que tu hija mayor hace con la historia de su hermana…

      Nosotros viajamos a buscar a A. cuando B. tenía unos 4,5 años, y este viaje fue un revulsivo tremendo, yo creo que le situó cara a cara con su propia historia, su abandono, … fue muy duro, pero por otra parte, creo que tenía que pasarlo, entonces o más tarde, y que ayudó a colocar muchas cosas.

  2. Me encanta leerte siempre, pero más todavía cuando escribes sobre las familias biológicas de nuestros hijos.
    Mi hijo convive con las fotos de su madre bio, la llama por su nombre, la tiene presente… Todo lo habla de una forma tan natural que yo me alegro infinito cuando lo oigo decir algo al respecto de su familia etíope.
    Tenemos la gran suerte de que mi hija (adopciòn nacional) tendrá también todos los datos sobre su familia bio, incluídas fotos de su madre que nos han dado en menores y su teléfono ( esto último creo que ha sido un despiste).
    Sus familias están presentes en nuestras conversaciones y no hay ningún tapujo a hablar sobre ello delante de nadie. Forma parte de sus vidas!

    • Que suerte, ¿verdad?, tener todos los datos… A mí me crea una sensación agridulce tenerlo todo de la madre del mayor, y en cambio, nada (y parece que posibilidades cero) del pequeño… esta diferencia es difícil de gestionar, aunque creo que a A. le ayuda imaginar su historia (desconocida) por persona interpuesta a través de la de su hermano…

  3. Me ha encantado tu relato, y estoy de acuerdo contigo que es mejor hablar de la familia biológica e intentar que recuerden cuanto más mejor.
    Me gustaría introducir aquí otra figura. La madre biológica de mis hijas murió cuando la pequeña tendría un año o así. Pero mis hijas vivieron con otra madre hasta que fueron dadas en adopción. Ellas siempre se refieren a ella por el nombre pero tienen muy claro que era su madre. Era la madre de su hermano y la persona que las cuidaba y las quería. No tengo ninguna duda. Por eso muchas veces pienso en ella. Me parece la gran olvidada. Su nombre no aparece en los informes, no tengo foto, nada. ¿Solo porque no las llevó dentro? Al menos mis hijas la recuerdan. Pero no puedo dejar de pensar cómo se sintió cuando se fueron las niñas. Me pregunto si pudo participar en la decisión o si fue tan ignorada como la ignoran los informes. ¡Qué situación tan difícil!

    • Pues sí, todavía más ausentes son las figuras que ocupan el papel de madre (o de padre, abuelo, etc) pero sin tener el título… con la misma función, pero sin ningún derecho… que tristeza que haya “desaparecido” de los informes (menos mal que no lo ha hecho de la memoria de tus hijas). ¿Hay posibilidad de recuperar el contacto?

  4. Cada vez que te leo aprendo algo nuevo.
    Soy psicóloga y siempre he pensado que cada persona ha de conocer su historia, sea cual sea (hay formas y formas de narrarla) y que el mantener vacíos y lagunas lo que genera son incertidumbres y miedos. Lo he pensado para todos hayamos sido adoptados o no.
    Hace no mucho, por tres casos cercanos (que no pacientes) me he acercado a los procesos de adopción, tres procesos totalmente distintos y vividos y desarrollados de formas muy diferentes; por ellos he querido saber más sobre este tema y por eso te he descubierto.

    Como te decía, cada vez que te leo aprendo mucho sobre ti y sobre la maternidad.

    Muchas gracias por todo lo que compartes

    • Gracias a ti.

      Hace poco leí que todos queremos conocer, conectar, con nuestra historia: sólo que la mayoría, como lo podemos hacer sin problemas, no le damos importancia.

      Hace poco leía una adoptada adulta que decía que no conocer su historia biológica no la dejaba sin identidad. Estoy de acuerdo con ella, pero creo que desconocer esta historia (y desear o no hacerlo, y decidir cómo gestionar este vacío) sí forma parte de su identidad.

  5. A mi me emociona mucho este tema y lo bien que lo expones, lo bien que haces que se entienda. Es difícil hacer ver a los demás que lo vives con tanta naturalidad y a veces incluso pienso que el vivirlo y hablarlo de forma tan abierta y natural me hace menos madre a los oídos de los que escuchan… Aunque lo cierto es que no me importa en absoluto. En mi casa de habla de A. (según los informe tía de mi hijo) y de G. (igualmente tío) de forma abierta, como si habláramos de alguna de sus tías o de su abuelo, o de quien sea. También es cierto que con el tiempo he notado cómo mi hijo ha cambiado la forma de “enfrentarse” a sus recuerdos, a veces tengo la sensación de que pone cierta distancia (quizás para protegerse?).
    Y por fin me alegro de poder decir que estamos organizando un viaje de vuelta a Etiopía para este mismo diciembre, un viaje abierto para decidir si visitar a la familia bio o no; mi hijo cambia de opinión de vez en cuando así que organizaremos un viaje en el que podamos cambiar de ruta en cualquier momento. Yo me muero de ganas por ir pero de momento no hay posibilidad de ir sola así que tendré que dejar que él marque los tiempos.

    • Oh, que bien!!

      Yo tengo ganas de hacer este viaje, pero aún no ha llegado el momento… seguro que también ayuda a recolocar muchas cosas, los casos en los que conozco, y en contra de lo que mucha gente cree, para lo que han servido sobretodo es para reforzar lazos entre padres e hijos adoptivos…

  6. Estoy de acuerdo en que cuantos más datos tengamos mejor, yo tengo pocos, sólo nombres, hermanos, profesión, padre desconocido…, pero nada de motivos y causas, que sé que es ponerle una razón y nada más pero no sé, me da curiosidad y me gustaría conocer más. Y si soy yo, imagino que para mi hijo en un futuro , la curiosidad será mayor.
    Sin embargo, pienso, que el saber más, el tener más datos, no alivia el sentimiento de abandono. El saber que te abandonaron porque eran muy pobres, o porque no te deseaban, o porque eran drogadictos o alcohólicos y no podían cuidar de ti, no hace que te sientas mejor o peor. El sentimiento de abandono es inherente al hecho de ser adoptado, y eso lo tendrán todos, sean los motivos que sean y se tengan los datos que se tengan. Aunque evidentemente al tener los datos, se podrá completar una historia y ver más claras las secuencias, les ayudará a poner nombres, caras, acontecimientos…pero el dolor de saberse abandonados estará ahí y lo importante es hacer que se sientan sentidos, que entendemos su dolor y ayudarlos a gestionarlo para poder seguir con sus vidas a pesar de ello.

    • Yo sí creo que sirven los datos, las razones, los porqués. Sirven para construir un relato, y poder construir un relato es necesario para sanar, para recolocar las cosas donde les corresponde.

      • totalmente de acuerdo, es muy importante poder construirte tu historia sin tenértela que inventar… y el porqué también nos sirve para espantar demonios…

      • Ya para erradicar fantasías… y miedos… para poder mirar cara a cara tu historia verdadera, sin convertirla en mito.

  7. hola madredemarte! podría escribirte a algun correo privado?
    me gustaria preguntarte algunas cosas al respecto de esta entrada… si a ti no te importa claro.
    casi como si me hubieras leido el pensamiento y mis angustias.
    el mio: addisval_2010@yahoo.es

    (bendito internet y bendito ciberespacio!)

  8. Cuando encontramos a la madre y hermanos de nuestra hija, a nuestra familia africana, y se lo contamos a nuestra hija, no solo enriquecimos a nuestra familia sino que conseguimos por fin crear el vínculo del que tantas veces nos habían hablado. Había como un algo que nos ahogaba, que no nos dejaba acabar, y ese algo desapareció. No sé muy bien explicarlo.

    Lo que sí puedo decir es que no fue una decisión fácil, mucha gente nos juzgaba y muy poca lo entendía.

    • Creo que es más habitual de lo que creemos. Algo que tiene que ver con la confianza, la cercanía, el vínculo, hace click. Quizás el ver que no hay conflicto de lealtades, que pueden querer a las dos familias, que no tienen que escoger…

  9. Hola. Acabo de desayunarme tu emocionante relato y quiero felicitaste por vivir siguiendo tus “mejores instintos” y por compartirlo. Tus hijos son afortunados (ya, tú más, lo sé) Mi niño tiene 6 años, nos conocimos cuando tenía 21 meses y conectamosl! Y aunque hablamos de sus orígenes, de Etiopía, de la adopción y de casi todo con aparente naturalidad, me cuesta, me resulta muy difícil sentir esa naturalidad de verdad porque tengo datos de su madre y su historia (algunos que preferiría no conocer…) confusos y me asusta herirle. Supongo que es cuestión de tiempo. Lecturas como la tuya me ayudan y mucho. Gracias.

    • Gracias a tí.

      Alguien me dijo, hace tiempo, que las historias de nuestros hijos, hay que contárselas desde antes que las entiendan para que, cuando las entiendan, no les vengan de nuevo. Yo creo que también para perder la rigidez, la falta de naturalidad que sentimos al principio.

      En la mayoría de historias de nuestros hijos hay momentos duros. Pero creo que podemos mirarlos desde el “no quisieron” o desde el “no pudieron” o “no supieron”… y esto cambia mucho el relato.

      • Y cuánta razón tiene ese alguien! Sí, con todos mis miedos y cautelas, esa necesidad de que la música le suene, esa familiaridad con sus orígenes, la he tenido clara desde el primer momento y la historia vive con nosotros con más o menos detalle según el reclama. Pero, en este relato, la dureza a la que yo me refiero va por otros derroteros y… no sé, quizá tenga que madurar más yo para saber qué hacer. Por eso me encanta leerte a ti y a quienes aportan sus comentarios tan generosamente. No sabéis como me alimenta
        . Gracias!

      • Uno de los mejores consejos que he oído sobre adopción (y sobre crianza… y aplicable a muchas cosas): cuando no sepas qué hacer, no hagas nada. Ya sabrás, ya llegará algún momento en el que veas qué y cómo hacer.

  10. Yo he estado leyendo ‘Indómito y entrañable’ estos días y creo que puede ayudar a convencer de la importancia de la historia previa a la adopción (familia biológica incluida) a las personas involucradas en el mundo de la adopción que todavía no sean conscientes de esa importancia. La historia que se presenta es dura (muy dura) pero salvando todas las distancias yo veía a mi hija, que es todavía pequeña y que creo ha hecho un proceso de adaptación creo que modélico, en muchas de las imágenes que emanaban del libro. En relación a las personas no relacionadas directamente con la adopción creo que, a no ser que sean muy empáticas o que hayan experimentado y superado aprendiendo procesos duros, es difícil que lleguen a darse cuenta de lo que puede representar para nuestros hijos toda su historia personal. De hecho yo sólo conozco a dos madres que en el momento de conocer a mi hija de manera automática pensaron en sus hijas (de la misma edad que la mía); y, automáticamente también, se pusieron en la piel de mi hija. Su actitud fue muy distinta de la mayoría de madres, magníficas en muchos sentidos, que conozco.

    • Yo recuerdo que cuando llegó B., la gente me preguntaba a qué edad lo había adoptado. Todos decían: “que pequeñito (que bien)”… excepto las personas que tenían, en este momento, niños de la misma edad. A estos les cambiaba la cara, supongo que de pensar en todo lo que llevaban vivido con sus hijos, en qué habría pasado si hubieran estado separados este tiempo (y también quizás en cómo se sentirían sus hijos si fueran separados de ellas en este momento)… Es curioso, porque a la gente con hijos mayores o menores no les pasaba, sólo a los que tenían la misma edad…

      • Yo me encontré con otras madres con hijas de la misma edad que la mía y la mayoría no reaccionaron poniéndose en la piel de mi hija. Es más, una apartó a su hija de la mía tan rápido como pudo (disimulando un poco, pero igualmente de manera súper óbvia).

      • ¡Que horror!, la gente está fatal, verdad?

  11. me encanta este post, no lo había leído antes porque hace poco que te sigo… mmm todavía no tengo claro si es mejor saber de los padres biológicos cuando eres niño o no, yo no supe y crecí feliz y segurísima de mi familia, segurísima de que eran mis padres y de que nadie me los iba a quitar, vamos es algo que un biológico no duda creo… y yo pensaba que lo era… claro que luego conoces la verdad cuando ya eres mayor de veinte y bueno, te entran ganas de correr en cualquier dirección contraria que no sea la de tu casa, te sientes rara, yo nunca culpé a mi madre por no decírmelo antes porque tuvo una vida muy dura y bueno hizo lo que pudo la pobre y lo mejor que pudo… pero claro, el shock es brutal. Hay una cosa que me encanta de tu post, que es cuando dices que si tu hijo se confundía no era porque le hablaras de dos madres sino porque TENÍA dos madres. Y claro, eso cuando eres pequeño es un poco de lío, especialmente cuando yo crecí y se decían cosas como ‘madre no hay más que una’… aunque para decirte la verdad, para mí sí se cumple esa frase, porque madre para mí es la que se levanta cada noche a ponerte el termómetro y te cuida y te abraza y te quiere más allá de su propia vida, y de ésas sólo he tenido una. La otra no sé qué sería de ella ni si pensará o no en mí, pero qué duda cabe que me hubiera encantado conocerla claro. Mi madre también hizo por encontrarla a través de las monjas, nunca cesó en su empeño de intentar pasarme algún dato, pero las monjas de antes son resbaladizas y tienen la boca sellada, con la Iglesia hemos topado. Quizá sea más fácil seguir la pista de una madre en Africa que en un convento español de los sesentas y setentas! Si todas las madres adoptivas fueran como tú de valientes y no se hicieran fantasmas con las madres biológicas, el mundo sería mucho más sencillo, enhorabuena!

    Lo único que yo puedo decir como hija es que todos los hijos sin excepción queremos referentes fijos y seguros de sí mismos y de cuál es su papel, y que si un día les replicamos ‘cállate que tú no eres mi madre, o mi padre’ que sepan contestarnos ‘claro que lo soy, faltaría más!!!’

    • Para mí fue un shock, en cierta manera, aceptar que mi hijo SÍ tenía dos madres en el sentido que tú les das, porque durante mucho tiempo, su madre etíope había sido su madre (de levantarse por la noche y limpiarle las lágrimas) durante mucho más tiempo que yo. Esta fue una de las razones que me hizo cambiar la mirada…

      Yo tengo dos hijos, adoptados a la misma edad, y con historias muy distintas, los dos son frágiles en muchos sentidos, pero te puedo decir que las angustias, los miedos, el pánico al reabandono, la inseguridad… del mayor, el pequeño no lo tiene; y el mayor lo tenía mucho antes de que habláramos de estos temas, no fue hablar de ello lo que se lo despertó, fueron sus vivencias, sus carencias y sus pérdidas los que lo hicieron. Hablarlo ha servido (o está sirviendo) para ir sanando estos miedos…

      Buscar, y encontrar, puede ser muy fácil, o muy difícil, dependiendo de los lugares. En Etiopía es relativamente fácil, muchas veces tan simple como ir al pueblo donde nació el niño y preguntar, la gente se conoce, la gente sabe, no hay tabú al respecto. En otros lugares es casi imposible (y virtualmente peligroso para la madre, por ejemplo, si lo ha sido siendo soltera)…

      • claro, tu hijo ya recordaba vivencias anteriores, por eso le hace tanto bien hablarlo… en general es buenísimo tratar el tema para que no veamos fantasmas, ni los unos ni los otros… en mi casa se vivió como un tabú, era algo incómodo y tú notabas cómo tu madre se sentía dolida con el asunto a pesar incluso de haberlo verbalizado porque sabía que era bueno para mí, una madre como tú espanta todos esos miedos a sus hijos, es genial!!! en algunas cosas el mundo ha cambiado a mejor!!!

      • Supongo que no todas las madres de la época de las tuyas actuaron igual, como no lo hacemos ahora… tiene que ser duro vivir como un tabú una parte tan importante de tu vida. Sí tengo que decir que nos ha ayudado mucho el que los adoptados que habéis llegado a adultos alcéis la voz, nos contéis (o contéis y podamos escucharlo) cómo os sentís, y nos permitáis poner palabras a estas emociones que nuestros hijos todavía no saben expresar.

  12. Ole y Ole por ti. Me ha encantado tu entrada y mas aun tu actitud.
    Como ya he comentado en otros post yo tambien me he saltado a la torera las recomendaciones de psicologos y demás respecto a la idea de familia.
    Primero, he querido mantener de forma estrecha la relacion con la familia de acogida (ya lo he contado en otros post) y no he dejado de llamar mami a la madre de acogida. Mi hijo, casi un año despues (con solo 4 años) no tiene confusión alguna acerca de nosotras. Yo soy mama y ella mami
    Pero lo que no recuerdo si conté es que tambien di mis primeros pasos para buscar a la madre biologica y que si no hice mas fue porque estaba sola con el niño en su pais y meterme a investigar por aldeas me parecio poco prudente. Si que consegui un dato que no estaba en el expediente que puede que mas adelante (si mi hijo quiere buscar) pueda ser una puerta (abierta o cerrada eso no lo se) pero que antes no contabamos con el. Lo que si que consegui fue una descripcion fisica de ella y un motivo de abandono que en el expediente no aparecia por ningún lado (se supone al tratarse de algo no probado). Me siento orgullosa de no haber hecho ni caso a los que me decian que no fuera a “investigar”.
    Si pudiera haria lo mismo que tu, estoy casi segura de ello. Esta claro que no mantendria el contacto con una madre a la que le han retirado el niño por malos tratos (o similar), pero con una madre “obligada” a abandonarlo y mas con un niño que tiene recuerdos…¿porque no?

    • Yo creo que en general, el viaje de adopción no es un buen momento para buscar, menos aún si vas sola. Conozco familias que lo han hecho, y con buenos resultados, pero yo reconozco que el conocer y ocuparme de mis hijos me chupaba tantas energías que me resulta casi inconcebible… Quizás podrás hacerlo más adelante, o quizás podrá hacerlo él (o los dos juntos). En cualquier caso, cada pizca de información es impagable…

  13. Virginia Andreon dijo:

    No te imaginas el alivio que me dió leerte. En mi país es tabú absoluto el tema de lo biológico.Décadas de adopciones clandestinas y un servicio actual del Instituto del menor que tiene un discurso y un accionar bien distinto a el.
    Yo adopté a mi hijo en el 2007,ese fue el último año en que en Uruguay se podía recibir de manos de la Mamá biológica a los hijos..
    Conocí a Yamila llorando en una acera enfrente del Hogar donde estaba su hija,no la dejaban entrar a verla,para agilizar la entrega de la pequeña. Claro que era una muchacha muy problemática,adicta y herida. Pero no le jugaron limpio.
    Nuestra empatía fue inmediata,nos abrazamos como si siempre nos hubiésemos conocido.
    Más adelante creció su vientre y Santiago nació.No me dijo nunca mientras la trataba de apoyar, que ese niño me lo iba a dar.Las cosas se fueron sucediendo y a los veinte días me entregó al niño para que lo cuidara.
    Ya pasaron siete años de ese día,siete años de amor, crecimiento,sacrificio,y trámites.
    Mi hijo siempre supo su nombre. En sus primeras preguntas ya la nombraba.
    Seguí en contacto con ella todos estos años. Su deseo es que sus hijos,los que no pudo sostener ,no tengan el corazón dolido ni sientan rencor.
    Ella los ama,sin duda. Quizás no con las formas aceptadas por las personas de las clases favorecidas económica y culturalmente.
    Pero con la misma vibración de cualquier corazón amante.
    Le mando fotos de mi hijo que también es el de ella,y lo ve crecer y sabe sus gustos, sus tristezas y deseos.
    Santiago me dijo un día que querría ver una foto suya y se la mostré,la miró con atención,y curiosamente no se vió parecido.
    Me siento ligada a ella,con el agradecimiento porque creó a uno de mis hijos y con la complicidad de que estaremos unidas de algún modo siempre. Aceptar y querer la biología de nuestros hijos,honrarla, es la mejor manera de respetarlos y amarlos plenamente.
    Gracias por contar tu experiencia.Bendiciones.

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