familia monoparental y adopción

Dos bofetones

https://madredemarte.wordpress.com/2010/12/10/dos-bofetones/

Esta fue una de las primeras entradas que escribí. Aunque la noticia que la inspiró queda lejos en el tiempo, creo que la reflexión sigue siendo vigente.

He seguido de forma superficial la noticia de la familia de Colombia a la que se le quitó la custodia de sus 3 hijos recién adoptados por darle dos bofetones a uno de ellos, así que no sé si hay cosas que se me escapan. Entiendo que ha habido un proceso judicial, que se ha retirado la custodia de los niños, e imagino que el proceso ha sido lo suficientemente serio como para decidir que esto es lo mejor.

Las imágenes son muy duras. Ningún niño se merece que le den una bofetada (ni dos). La violencia física nunca es justificable.

Todos nos rasgamos las vestiduras ante una bofetada como la que se ve en las imágenes… incluso familias que han dado más de una, y más de dos, bofetadas a sus hijos. El bofetón está muy mal visto en teoría, pero lo cierto es que hay muchas familias que ocasionalmente utilizan la violencia física para corregir a sus hijos. ¿Tenemos que quitarles la custodia a todas?

Hay una doble moral en el tema de pegar a los niños. De puertas afuera, en público, el discurso es unánime: ¡¡Jamás hay que pegar a un niño!! ¡¡Nada justifica una bofetada!! ¡¡Ninguna violencia física es aceptable!!

En petit comité, en cambio, descubres que la mayoría de la gente, o dejémoslo en mucha gente, justifica de una manera u otra algunos tipos de violencia física con los niños. A mí me han recomendado que pegue a mis hijos, en determinadas circunstancias, vecinos, pediatras, pedagogos y padres del parque. Lo de “una bofetada a tiempo”… “Más vale que llore él que tú”… cosas de este tipo. Mis hijos son niños que en ocasiones se portan muy mal, y parece que para alguna gente sí está justificado pegar en estos casos. También he visto a madres del cole pegar en el culo a sus hijos, y más de una y de dos y de tres me han contado que les han dado una colleja o una bofetada o lo que sea. En algunos casos, con vergüenza, en otras, como si se tratara de algo inevitable. Incluso vi a una madre pegar un capón a su hijo al grito de “¡¡No se pega!!”

La gente no considera esto maltrato, la misma gente que, en otros contextos, te dice que nunca hay que pegar a un niño. ¿Es mala esta doble moral? En cierto sentido, sí, claro, porque al final, muchos menores reciben capones, collejas, bofetadas y golpes en el culo que no deberían recibir. Pero también tiene una lectura positiva: incluso los que ocasionalmente pegan a sus hijos, saben que está mal hacerlo. Esto es un primer paso, teniendo en cuenta que venimos de una sociedad donde la “corrección física” de los menores era ley.

Esta doble moral la he visto en los foros de adopción. He leído frases como “¿Cómo se puede pegar a un niño de 3 años?” (¿A uno de 10 sí?) “¿Cómo se puede pegar a un niño al que acabas de conocer?” (¿Si hace tiempo que le conoces sí?), “¿Cómo se puede pegar dos bofetones así, en frío?” (¿Si sólo es uno, si es una colleja o un golpe en el culo, si es en caliente, sí?).

De todas las “pseudojustificaciones” que he leído, la que más me sorprende es la que no comprende que se pueda pegar a un niño en pleno viaje de adopción. ¿Quizás porque se supone que esta etapa debe de ser necesariamente una luna de miel?

Recuerdo los viajes de adopción como algunos de los momentos más duros de mi vida. Nada era como había imaginado, ni los niños ni mis reacciones. No hice nada parecido, pero os aseguro que no estaba en mi mejor momento… desde luego, me considero mejor madre ahora que en aquellos momentos, más flexible, más paciente, más consciente de mis límites, más capaz de controlar mis emociones. Y me pregunto ¿por qué es peor pegar una bofetada cuando estás aprendiendo a ser padre que cuando ya has aprendido?

Luego también creo que hay cierta fijación con el bofetón, y tendríamos que plantearnos que otras formas de violencia, física o no, son violencia también y pueden ser igualmente dolorosas o humillantes para los niños. Una compañera de trabajo me decía que “nunca ha pegado a su hija” (fantástico, me parece lo correcto), pero que en cambio, una vez, porque se provocaba el vómito, la metió vestida en la ducha de agua fría. ¿No es una forma de maltrato? Hablamos de una niña de 2 años (y adoptada, para más señas, aunque me parecería igual de mal si fuera biológica). Otra madre del trabajo, que tampoco ha pegado nunca a sus hijas, le tiró un vaso de leche a la cara a una de ellas cuando tenía 3 o 4 años, porque no se sentaba a tomársela. ¿Es menos grave que un bofetón? En ambos casos, por cierto, la coletilla fue “y nunca más volvieron a hacerlo”. ¿Si es “útil”, la violencia, sea ducha fría o bofetón, sí es admisible?

¿Son admisibles los insultos, el desprecio, el ninguneo, la falta de contacto físico, que vi el otro día en el episodio de Supernanny, por parte de una familia a quien nadie pensó en retirar la custodia? ¿Es admisible la falta de respeto, obligar a los niños a hacer extraescolares que no les gustan, alimentarles con comida basura, tenerles enganchados a la tele, impedirles ver al otro progenitor, negarles información sobre la familia biológica, por poner sólo algunos ejemplos que se me ocurren a vuelapluma? ¿Dónde están los límites de lo que es maltrato?

Muchas más preguntas que respuestas, y una última: ¿Tendríamos esta discusión si los niños no fueran adoptados?

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Comentarios en: "Dos bofetones" (20)

  1. En respuesta a tu última pregunta, creo que no, no estaríamos hablando de esto porque no habría sido noticia ni les habrían quitado la custodia.

    • Yo pensé lo mismo. Que con hijos biológicos (y por tanto, “suyos”), se habría considerado que era potestad de los padres su política educativa.

      • no estoy de acuerdo, hay varios casos en que se ha juzgado a los padres biológicos por pegar a sus hijos, recuerdo una señora a la que le quitaron la custodia una temporada porque pegó una bofetada a su hija, fue portada en muchos medios de comunicación y no hará ni dos años… la ley es la misma para todos y no se puede pegar a los niños en general, sean biológicos o no… de hecho yo diría -pero eso vosotras lo sabréis mejor- que después de la adopción ya no hay seguimiento por parte de Servicios Sociales sobre la adaptación de ese niño a su familia, o sí la hay? en acogimiento sí hay seguimiento pero en adopción no porque ya ese niño es hijo de esos padres y tienen la misma misión que cualquier otro padre o madre para con él… salvo error por mi parte…

      • En Adopción Internacional sí hay seguimiento, no en todos los casos, pero sí en muchos países, por ejemplo en Etiopía, hasta los 15 años. Aún así, el seguimiento se hace con lo que contamos los padres, así que no sé hasta qué punto son detectables comportamientos de este tipo…

  2. hOla! esa última respuesta me ha puesto los pelos de punta…. Sobre todo porque creo que pese a los discursos que escuchamos y leemos, para muchas personas sólo los biólogos son “tuyos, tuyos”. (esta expresión es otra que me repatea y que tiene el mismo origen). Un abrazo y gracias por el post!

    • ¡Claro! ¿os acordáis de la consideración social que tenía la adopción en nuestra infancia? Algo vergonzante, que llevar en secreto o al menos en silencio, con niños que “a saber qué sangre llevarían”… Estas ideas tan arraigadas no han desaparecido de la conciencia colectiva, aunque el discurso sea otro…

      • tampoco estoy de acuerdo, yo creo que la gente ahora no va pensando esas cosas de los orígenes, en mi época de cuando a mí me adoptaron claro que sí, era algo que pertenecía a la intimidad de la familia y no se comentaba con nadie ni se preguntaba nada, éramos hijos ‘del pecado’ muy probablemente, y la gente no hablaba de si era impotente sexual o si pensaba en la adopción o en cualquier otro método, pero hoy en día la tendencia es la contraria, los buenos amigos te cuentan cuando tienen problemas para concebir, y el motivo, y los análisis que se han hecho, y cómo se sienten, y si piensan adoptar o en fecundación in vitro, y en porqué sí o porqué no, y la única preocupación de adoptar es si me adaptaré a esa personita y esa personita se adaptará a mí, pero nadie está pensando que a saber de dónde vienen salvo si me dices alguna familia megapija o megapoderosa donde el linaje se pase a través de la sangre pero de ésas quiero pensar que hay muy pocas…

      • Sigue habiendo familias, no muchas, que ocultan la adopción; algunas, a los propios hijos, otras (cuando esto es posible, es decir, cuando se comparten rasgos fenotípicos) al resto del mundo, con el argumento de que “es algo que pertenece a nuestra intimidad” (ergo: es tabú; algo de lo que no se debe hablar; o sea, algo malo).

        Yo creo que el discurso oficial, efectivamente, es el que tú dices, pero muchas veces, en frases que oyes, detectas que siguen pensando esto de “de quién serán los genes” o “todos los niños adoptados son difíciles”, o “a ver si sale bien”… Quizás no, en general, los padres (que a veces también: a mí me sorprende oír a adoptantes que atribuyen a la genética los gustos musicales o estilísticos de su hijo adoptado, con cierto desprecio por su origen), pero sí desde luego la gente del entorno, ajena a la adopción…

  3. Carolina dijo:

    Gran reflexión. Me gusta eso de que vamos mejorando con el tiempo en nuestra maternidad, por lo menos así lo siento en mi caso y me gusta verlo. Frente a la violencia de un adulto hacia un niño no podemos dejar de ver la inferioridad de condiciones como un atenuante. No como justificativo pero si como análisis los adultos tenemos nuestra historia de infancia y un presente muchas veces complejo. Lo que no me gusta para nada de la supernanny es que siempre enfoca todo en el comportamiento de los niños, sin asumir que son consecuencia de nuestros actos y somos responsables de ellos en sus conductas. Nunca un mea culpa, de todos modos ese programa últimamente no lo puedo ver ni para criticarlo, me produce rechazo físico. En ocasiones que me he puesto agresiva verbalmente con gritos y enfado con mi hija, solo me ha salido después, pedirle perdón aunque tuviera 2 años, explicándole que no me gustaba ponerme así y que intentaría no repetirlo. Nunca hasta ahora llegue al castigo físico. Y espero no hacerlo porque no lo merece ella ni nadie, ni yo estar en esa situación.

    • A mí tampoco me convence la metodología de la Supernanny, no digo que no haya nada aprovechable (en determinados contextos), pero en general me parece que hace un análisis pobrísimo de la situación familiar (poniendo siempre la “responsabilidad” en los niños) y que es muy poco creativa en sus estrategias… Hace años solía ver la versión británica y era infinitamente más interesante.

  4. Hola Madredemarte:
    No tiene mucho que ver con el tema en si, sino con tu último comentario sobre la consideración social de la adopción en nuestra infancia…
    Me he acordado de una compañera de clase, éramos crías, estábamos en lo que era antes 6º de EGB y una chica se metió en clase en la hora del recreo y cotilleó el cuaderno de una profesora. Allí, en la ficha de la compañera ponía “es adoptada y ella no lo sabe”. Evidentemente al rato ella se enteró, y nunca volvió al colegio.
    A partir de ahí yo le tuve “mania” a la profesora que se dejó el cuaderno en la clase, era la psicóloga del colegio además de profesora y nunca más se volvió a hablar en clase del tema ni de nuestra compañera. Tengo mas cerca los 50 ya que los 40, y no me puedo imaginar algo así ahora.

    • La verdad es que la sensibilidad de la profesora deja mucho que desear… aunque la manera en la que su familia llevaba la adopción también, para qué negarlo (me parece difícil de argumentar por qué no se lo has contado, pero más todavía que no se lo hayas contado a ella y sí a otras personas del entorno…)

  5. a tu última pregunta, mi respuesta es que sí, que tendrías la discusión también, porque las madres biológicas también nos ponemos histéricas con las rabietas de nuestros hijos y nos llevan al límite a veces y yo he pegado más de una vez al culo, no lo puedo evitar, cuando se ponen muy muy desobedientes… y me he sentido horrible por gritarles, pero es que a veces te llevan al límite, repito, y también las mamás somos humanas y explotamos… puede ser que al tener un hijo adoptado sí tengas más cuidado, porque es una personita con una mochila que probablemente va cargada de cosas y experiencias que tú desconoces, y vas con pies de plomo hasta que afianzas la relación, eso sí… yo fui una niña bastante mimada -soy adoptada desde bebé como sabes- de muy pequeña, pero luego murió mi padre cuando tenía 7 años y mi madre no me crió mimada, me hizo aprender a compartir -a pesar de ser hija única- y a valorar las cosas por lo que cuesta ganarlas y que no todo es gratis ni el dinero cae del cielo… pero lo dicho, somos humanas, y mientras seamos conscientes de cuándo actuamos bien y cuándo nos estamos dejando llevar, y sepamos pedir perdón también nosotras… pero sí creo que es muy importante poner límites a los hijos, que sepan hasta dónde se puede y hasta dónde están cruzando una frontera peligrosa, lo difíicil es saber reñir o corregir o incluso castigar sin gritar ni alterarse, en mi caso es casi imposible pero lo sigo intentando todos los días!!!

    • Si es difícil, sí… Yo tengo a personas en mi entorno que sostienen que se sienten más observados cuando regañan o castigan a sus hijos por el hecho de que estos destaquen por ser de distinto color: que sienten que a los padres adoptivos (que se nos nota que lo somos, claro), nos juzgan más, o más duramente. A esto se refería la pregunta, no a nuestra capacidad o comportamiento como padres sino a cómo los demás nos juzgan según la procedencia de nuestros hijos (siempre y cuando esta se note, claro, o se sepa…)

      • y no podría ser que por tu propia condición -de padre/madre adoptivo- te sientas más observado como una percepción personal y no siempre cierta? a mí no me pasa, nunca se me ha ocurrido mirar diferente a unos padres cuando tratan a su hijo porque el hijo sea de otro color o raza, la verdad… siendo un poco simplista, es como cuando te pones un vestido nuevo o un nuevo peinado y no estás acostumbrada y piensas que todo el mundo te está mirando pero es sólo porque tú estás pensándolo, pero los demás ni se fijan… no sé, pero vosotros sabréis que para eso es vuestra experiencia…

      • Supongo que pueden ser las dos cosas. Lo que te comentaba de sentirse juzgados al regañar a los hijos reconozco que a mí no me pasa, o yo no lo percibo: son amigos los que me lo han contado. También creo que la mayoría de personas te miran con normalidad, pero que la minoría que te mira “de más” molesta mucho… Lo que sí percibo, en mi caso, es la diferencia en las miradas cuando voy con mi hijo mayor, que es negro, y por tanto ostensiblemente adoptado, y cuando voy con el pequeño, o con mis hijastros (todos blancos y que por tanto pasan por hijos biológicos míos, aunque ninguno lo sea).

  6. Yo sí me siento observada cuando voy con mis hijas. Constantemente. Con la mayor oímos comentarios continuos de “que guapa es. te fijaste en esa niña?” Ni siquiera van dirigidos a nosotros sino que los oímos al pasar. Afortunadamente parece que ella hace oídos sordos de siempre. Con la pequeña oigo más el “que mona”. Parece que por ser pequeñita (2,5 años y muy menudita) y china como que hace gracia. Así que sí me siento observada y cuando la pequeña, que es un trasto, está haciendo de las suyas ni te cuento. Muchas veces voy con el modo “mirada asesina” on, pero es que me repatea esa observación constante.

    Estoy de acuerdo en que la visión sobre la adopción ha cambiado muchísimo. Cuando yo era pequeña (tengo 42) se hablaba de ello en susurros y tenía una amiga que tenía miedo de que “sus padres no fueran sus padres”. Pero sigue habiendo gente que cree que adoptas por motivos equivocados (como hacer una obra de caridad), que es racista (“no te irán a dar uno de esos con los labios bembudos” dicho por una vecina analfabeta con quien evidentemente ya no me trato).

    Y el tercer punto que es el motivo del post. Con mi hija mayor que es todo “paz y amor” nunca he tenido un grito ni le he puesto la mano encima. Con la pequeña he perdido los nervios muchas veces y le he dado alguna torta en el culo (de lo que me arrepiento enormemente). Estoy siguiendo algunas técnicas propuestas en los foros de adopción (ponerme a su altura, mirarla a los ojos, pedirle las cosas por favor e intentar razonar con ella) y 1. yo estoy más tranquila y 2. funciona el 80% de las veces (el 20% restante pasa de mí, pero me lo tomo de otra manera).

  7. Acabo de descubrir tu blog!
    Tengo un niño de dos años y estoy embarazada de 10 semanas. Mi primer hijo no es adoptado, asi que cuando he empezado a leerte, he pensado que no ibamos a tener mucho en común porque yo no iba a poder ponerme en tu situación, en tus sentimientos, en tus miedo,s en tus alegrias…, pero tengo que decir, que no se cómo, pero me he enamorado de tu blog….al fin y al cabo, todo se trata de ser madre. De una forma u otra! al final son los mismos miedos, las mismas inquietudes, las mismas etapas de crecimiento personal…

    Según he leido el título de esta entrada ya me he puesto en plan defensivo. Me horroriza pensar que alguien pueda pegar a un niño, tenga 2 años, 10 o 15. Quién se cree con derecho a pegar a otro ser humano? Acaso la gente sigue pensando que una torta mejora la conducta? A mi cuando hago algo mal en mi trabajo, no viene mi jefe y me da una torta.

    Sería ridículo pensar que voy a mejorar en algo por el simple hecho de haberme llevado un castigo físico. Pero por alguna razón, algunas personas creen que en niños y adolescentes si funciona. A qué edad ya deja de funcioanr y se te respeta como persona?

    Vaya idioteces de verdad. Luego la gente le dice a los niños” no se pega” mientras su madre les da un azote…”no se grita” mientras el padre les dice esta frase gritando al pequeño.

    Somos animales que aprendemos por modelos de repetición. Se el modelo para tu hijo, no le enseñes lo que no quieres que haga!

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