familia monoparental y adopción

Mirar y ser mirada

Este texto lo escribí hace tiempo, al poco de llegar A, cuando recordé cómo me sentía al ser mirada; tiempo después escribí este, reflexionando sobre cómo miramos nosotros. Hoy he decidido fundirlos en dos.

  1. Ser mirado

Una de las cosas que más me sorprendieron – y agobiaron – cuando llegó mi hijo mayor fue la cantidad de atención que empezamos a recibir, de golpe, por parte de desconocidos. Una mujer blanca con un niño negro debe resultar una rareza… así que nos empezaron a mirar. Con curiosidad, con simpatía la mayor parte de las veces, en alguna ocasión con desprecio o superioridad. Pero la cosa no se limitaba a las miradas. También empezaron las preguntas. ¿De dónde es? ¿Es tuyo o adoptado? ¿Su padre es negro? ¿Desde cuándo está contigo? ¿Cuánto te costó? Al principio, yo no quería que mi hijo percibiera que había nada malo ni en ser negro ni en ser adoptado, así que contestaba a cualquier pregunta hecha con educación. Pero pronto me di cuenta de que detrás de una pregunta, llegaba otra, que la curiosidad no se saciaba con nada, y que muchos querían saber cosas que pertenecían a nuestra intimidad. Así que empecé a desviar más la vista, a ser más seca, a desarrollar estrategias para quitarme a la gente de encima, incluso llegué a los malos modos en más de una ocasión. Aprendí a detectar en la mirada, en los gestos de los que se acercaban, quién iba a acribillarnos a preguntas incómodas, quién iba a hacer un comentario o un gesto de más. La estrategia funcionó, y poco a poco dejé de sentirme observada…

Hasta que llegó a casa mi hijo menor, blanco y bastante parecido a mí. Y entonces me di cuenta de que cuando andaba con él por la calle… me sorprendía que nadie nos mirara. Y entendí que mi hijo mayor y yo no habíamos dejado de llamar la atención: la única mirada que había cambiado era la mía.

  1. Mirar

Las personas a las que nos gustan los niños, miramos a menudo a los locos bajitos que se cruzan en nuestro camino. Cuando estaba esperando, se me iban los ojos de forma insistente tras cualquier criatura que se me cruzara… tanto más si tenía la piel oscura. Me recuerdo intentando no observar fijamente a las familias adoptivas, especialmente a las que tenían niños negros… mi timidez / discreción no me dejaba acercarme y preguntar, presentarme como madre adoptiva en ciernes.

Después, me he descubierto muchas veces mirando (intentando que no se note, no ser maleducada) a familias negras. Intento imaginar qué piensan ellos de nosotros… y también qué piensa B. de ellos, y de rebote, de nuestra familia. Si se pregunta cómo sería crecer en una familia donde todos se parecieran, si lo echa de menos; si en su interior me reprocha haberle arrancado este derecho. También miro a menudo a los adolescentes negros y magrebíes, tratando de discernir si B. y A. van a parecerse a ellos cuando crezcan. No sólo de aspecto: en sus comportamientos, en su estilo, en sus maneras de relacionarse.

Y mirando a los demás, he llegado a la conclusión que igual que hay maneras y maneras de decir las cosas, que a veces no se trata de lo que decimos sino del tono, el contexto, la intención… con el mirar pasa lo mismo. No es lo mismo mirar fijamente, con el ceño fruncido y la boca apretada, que mirar con una sonrisa cómplice.

Y cuando miro, si me devuelven la mirada, sonrío. Sonrío mucho. Y si me devuelven la sonrisa, muchas veces hablo. Soy de las que hablan con otra gente (si les veo receptivos) en tiendas, autobuses, salas de espera… algo que he descubierto que resulta más cómodo, por lo general, a los inmigrantes que a los españoles. Y quizás por esto – o porque les adivino otro tipo de intenciones; o por prejuicio – me doy cuenta de que las miradas, las sonrisas e incluso las preguntas de las personas de otras etnias me molestan menos que las que recibo de mis iguales.

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Comentarios en: "Mirar y ser mirada" (12)

  1. Antton Zabala dijo:

    Simplemente maravilloso. Te contaré un secreto. Las madres de los tres niños adoptados de mi pequeño pueblo deben mirarme como a un bicho raro. Sin que me conozcan de nada y desde pequeños jugueteamos y nos lanzamos miradas y muecas cómicas cuando nos cruzamos por la calle. Ellas deben de pensar que estoy pirado, no las culpo. Algún día les diré que siento una extraña conexión con sus hijos. Algún día les diré que yo también fui adoptado… Sentirse observado y sonreír es una maravillosa forma de darse cuenta de que la vida va siendo maravillosa.

  2. Sentirse diferente y observado puede ser muy duro para nuestros hijos. Recientemente me he encontrado con tres personitas (2 de ellas ya mayorcitas) que parecen estar pasándolo francamente mal. ¿Cómo podemos ayudarles (me refiero a los extraños a su familia) a que cambien su mirada? La sonrisa cómplice no parece ser suficiente, como mínimo en uno de esos casos que he conocido.

    • Pues no lo sé… a mis hijos les gusta que les hablen como a un niño más, de futbol, por ejemplo… no de dónde son o si son adoptados…

      • Sí, supongo que para niños es lo mejor.
        El problema que he observado es inseguridad muy acentuada al ser el foco de atención en un entorno social amistoso y (creo) con tendenca a la empatía.

  3. siempre me sorprende la facilidad con que la gente emite comentarios incómodos como si nada, por ejemplo decirle a una tía que de cuándo está cuando a lo mejor no está embarazada -tengo una amiga a la que se le hincha el vientre por una enfermedad y cada vez que le preguntan si está embarazada se pone mal-… yo no lo pregunto salvo que el niño ya sea tan obvio que esté saliéndose de la barriga casi… y gente que no tiene hijos y que no paran de preguntarles que si piensan tenerlos, o que tienen uno y tú sabes que están haciendo esfuerzos sobrehumanos por tener otro que no viene y la gente que si querrán la parejita… nunca lo he entendido, así que con los hijos adoptados será lo mismo, claro, qué pesada es la gente a veces… mi prima se enteró de que yo era adoptada porque cuando tenía como 8 años se paró con su mamá a saludar a una tía suya y la tía le preguntó a mi tía que cómo les iba a mis padres ‘con la niña que adoptaron’… y mi prima que estaba allí lo escuchó, no dijo nada pero no paró de llorar al llegar a casa porque no entendía… ahora parecería una pregunta trivial, pero en los setenta pues no lo era, y menos en mi familia que de esto no se hablaba… siempre odié a esa tía por cotilla…

    pero efectivamente como tú dices también ha cambiado tu mirada, que es más relajada después del segundo niño que con el primero, y eso se nota, transmites seguridad seguro y la gente te deja más en paz…

    te cuento que yo una vez me fui a hablar con una periodista que publicó un artículo de una chica que había sabido de su adopción de adulta -la periodista era Puri Binies- y que decía cosas con las que me identificaba mucho, y Puri me dijo que estaba segura que en los gestos y sobretodo en la MIRADA me parecía a mi madre adoptiva, que seguro que teníamos muchas cosas en común porque ella me había criado y con ella convivía, y que los gestos se pegan, la forma de mirar se pega, y por eso a veces te llegan a decir ‘ay cómo te pareces a tu mamá’ a pesar de que no es tu mamá bio… y me encantó eso de que la mirada o la forma de mirar mía y de mi madre podía ser la misma simplemente por vivir juntas… nunca lo he olvidado…

    última cosa, si puedes le echas vistazo a mi último post sobre Marsella, la peli… me gustó mucho!!!

    • A mí me sorprende también, quizás porque yo suelo pecar de lo contrario (no felicité a una compañera embarazada hasta que estuvo de 8 meses porque tenía dudas de si había engordado). Lo peor es que son inasequibles al desaliento, da igual que contestes de forma seca, tires pelotas fuera… y si les dices que no vas a contestar, ¡¡te consideran maleducada!!

      Yo también creo que en muchas cosas nos parecemos, porque no somos sólo genética: somos también cómo nos hace el entorno. Mis hijos tienen muchos referentes culturales, frases, maneras de ver la vida, gestos… que son aprendidos, y son aprendidos en casa… y esto no nos lo quita nadie.

      Ahora me miro el post, ¡¡tengo ganas de verla!!

  4. Tal cual! yo siempre he tratado de ser educada, y de hecho lo soy, mas de lo que deberia serlo tal vez, por eso, porque entiendo en que no hay nada malo en decir si, lo adopte, en pasado, adoptar es un verbo no un adjetivo, pero es lo que tu dices la gente quiere saber mas, pero lo que me da rabia es que no pregunten cosas que para mi son mas importantes, cosas que si les preguntan a las mamas bio, sino que las preguntas se reducen a simple morbo, sobretodo preguntan por los origenes, el coste, lo de la obra de caridad, y sin ningun pudor este o no el niño delante. Y aunque hay gente que notas que lo preguntan sin maldad, yo no he logrado distinguir quien se acerca de buen rollo y quien no. Asi que acabo respondiendo eso no se pregunta , es privado, con lo cual se quedan mas cortados. Curiosamente ninguna persona de otra etnia con los que habitualmente hablamos nos ha hecho preguntas indiscretas, solo nos han mirado y nos han devuelto una sonrisa complice, o le preguntan al niño como le va el futbol, o como esta? o donde esta? si es que voy sin el, preguntas asi,
    Yo tambien miro mucho a los adultos negros para ver si mi hijo se parecera en las actitudes en gestos, aunque ya me han dicho que mira como yo, y hace gestos mios, asi que seguro que si, que hay cosas que se pegan.

    • ¿pero de verdad os hacen esas preguntas?
      A mi nunca…tengo 2 hijos a los que adopté hace ya 7 años a la mayor y 3,5 años al segundo…y nunca me preguntaron nada de eso.
      Me preguntaron cosas como 2y cuántas veces tuviste que vijar a Rusia?
      ¿y tardastei mucho en el proceso?…pero esas preguntas tan “maleducadas” nunca jamás.

      • A mí me han llegado a hacer preguntas tremendas (¿cuánto te costó? ¿tiene un montón de hermanitos en África? ¿qué pasó con sus padres?). No es lo habitual, pero claro, cuando pasa, no se olvida…

    • Es cierto, a veces sorprende, y se agradece, cuando te preguntan cosas normales, de niños, que nada tienen que ver con la adopción…

  5. Una vez fuera de nuestro entorno una amiga me preguntó como nos habíamos acostumbrado a las miradas de la gente, a que se diesen la vuelta a nuestro paso. Yo no lo veo, no me doy cuenta, al principio era cansino y las preguntas más, pero ya casi no hay preguntas y las miradas no las veo. Me molestan mas los comentarios de gente conocida y desconocida sobre lo guapa que es Txiki A, sobre todo cuando hay otro niños delante a los que no les dicen nada, supongo que por ser blancos.

    • Siempre es muy desagradable cuando hay varios niños y uno es alabado (por su belleza, su simpatía, lo que sea), y otros no… pero es algo contra lo que es muy difícil luchar, ¿cómo se le ponen puertas al campo?

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