familia monoparental y adopción

Mucho hemos debatido en este blog sobre la autonomía de los niños, el juego libre, el uso de las calles,… este texto de Fernando Tonucci añade algunos elementos de reflexión con los cuales no podría estar más de acuerdo. Seguramente, el gran cambio en la vida de nuestros hijos no es tanto cómo ha cambiado su relación con los padres (que somos mayores, que tenemos menos niños, que tenemos menos tiempo y nos sentimos más culpables) como la desaparición de las relaciones no regladas entre iguales.

(Por cierto, un tema de debate no menor es si los que han perdido la calle son todas las criaturas… o solo los chicos. Me da la sensación de que las niñas, a partir de edades bastante jóvenes, nunca han tenido la calle a su alcance).

Las consecuencias de que los niños no puedan salir a jugar en la ciudad libremente son varias y son graves. La primera es que un niño que no puede salir de casa solo -sin adultos- no puede jugar. Y bueno, cuando digo esto los adultos se ofenden: “¿cómo que no pueden jugar, si gastamos tanto dinero por sus juguetes y los acompañamos todos los días al parque?” En mi opinión los juguetes pueden ser buenos para jugar si son pocos y se pueden aprovechar por mucho tiempo con varios amigos. Y estos dos elementos: tiempo y amigos, han desaparecido. Con lo cual se han quedado solo los juguetes y nuestros hijos se están transformando de jugadores a propietarios de juguetes. Esto tiene relación con el parque para el juego. Es un lugar inadecuado para los niños porque se quedan siempre en lo mismo. Tienen que ir acompañados por los padres y acompañar a un niño a jugar es nocivo. Es una contradicción interna: el verbo jugar no se puede conjugar con el verbo acompañar sino que es conjugado con el verbo dejar (permitir). Por lo cual el juego necesita confianza.

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Comentarios en: "De jugadores a propietarios de juguetes" (21)

  1. Yo, que me crié en un pueblo dónde jugábamos libremente por la calle, a menudo recuerdo mi rebelión cuando una madre me dio la rutina diaria de su hija, a quién iba a cuidar durante un tiempo. Dicha rutina incluía dos horas prefijadas para juegos: una por la mañana y otra por la tarde. En mi cabeza no entraba que las horas para jugar fueran esas y no pudieran ser otras. En la actualidad a veces me siento fatal porqué mi hija también tiene una rutina muy estipulada. Cuando hay la posibilidad la dejo tan libre como puedo. No es la libertad de salir de casa y no regresar hasta que viene tu hermano, tu madre o quien sea diciendo eso de ‘vamos que es la hora de cenar.’ Si es la libertad de jugar con lo que quiere que a menudo son mantas, cajas, botes… y no es por falta de juguetes comprados, que también los tiene, como no 😉 El tema de las relaciones no regladas con los iguales creo que es más complejo.

    Por cierto la calle también estaba a nuestro alcance cuando éramos niñas. Aunque el uso que hacíamos de ella era distinto.

    • Me parece horrible programarle el juego a los niños. Ya me parece molesto en los colegios (he tenido discusiones con padres que se quejan del tiempo de juego libre en el recreo del comedor; consideran que es fuente de conflictos. Pero, ¿cómo van a aprender a resolver conflictos si no les dejamos espacio para que los tengan?), pero, ¿¿¿¿en casa????? ¿¿¿¿¿Nos estamos volviendo locos????

      Nosotros ahora tenemos la suerte de vivir en una calle peatonal, al lado de una plaza, en la que los niños (los mayores) bajan libremente a jugar con los amigos que ya van haciendo… creo que es un espacio de libertad importante. Hace unos días vinieron amigos a cenar, y los niños estuvieron en la calle hasta tarde… alucinaban.

  2. Al otro lado de la calle tenemos una zona verde, segura y grande con campo de fútbol y para jugar al baloncesto, etc. Con un centro cívico muy activo… No tengo problema en que mi hija baje a jugar sola… Pero ¿con quién ? Sólo están los abuelos y sus cuidadores, los que juegan al fútbol, petanca, bebés y sus madres…. ¿Dónde están los niños de 9 a 14 años.? Imagino qué en las extra escolares, en sus casas, no conocemos a nadie de los están en el parque… Se ha perdido ese juego en la calle… Cuando ha venido a casa alguna amiga las mando a la calle. A la media hora vuelven…. No hay nadie, se aburren y prefieren jugar en casa.

    • En nuestra calle si juegan niños, no sé si lo harán en horario de extraescolares (aún no han empezado aquí), pero sí lo hacen en las tardes larguísimas de la jornada intensiva y los fines de semana… los parques, las plazas, están llenas de niños,y lo mismo pasaba en la ciudad donde vivíamos antes…

      Que triste que en la ciudad con más zonas verdes de España, los niños no las utilicen.

  3. Les encanta jugar en la calle, supongo que por la sensacion de libertad, este verano mi hijo ha salido todas las tardes a la calle, en una zona peatonal, vamos echando un ojo por la ventana, se lo ha pasado pirata y han jugado niños de todas las edades.

    • Donde vives marca una gran diferencia. En nuestra casa anterior, aunque el barrio era igualmente seguro, la calle tenía mucho tráfico y ningún espacio para jugar… no podías dejarles bajar en ningún sitio donde les pudieras observar… donde vivimos ahora, en cambio, les ves, te ven, les escuchas, te escuchan, hay muchos niños (muchos de ellos acompañados de adultos)… A mí me gusta que este cambio nos dé la posibilidad de que jueguen en la calle, sin ir acompañados, algunos ratos.

  4. Nosotras vamos al parque casi cada día. Mi hija tiene 4 años, no es nada tímida, así que en cuanto llega al parque, va hacia los niños que vea por allá y “hola! quieres jugar?”, aunque no los conozca. Pero la mayoría de los niños no quieren jugar con niños que no conozcan, al menos en mi ciudad, y cuando le dicen que no, o ni siquiera le contestan, y se me queda mirando con esa carita… yo le hago un gesto desde lejos en plan “bah, no tiene importancia”.
    Sólo de vez en cuando algún niño acepta su invitación, o es él el que pregunta si quiere jugar…
    Mi nena, si vamos a un parque donde no hay niños, no se quiere quedar.
    No sé en otros sitios, pero aquí, o juegas con tus amiguitos del colegio, o nada 😦

    • Creo que a esa edad algunos necesitan tiempo para acopiar confianza y jugar con niñ@s que no conocen. El problema es que vamos al parque a la hora que nos conviene a los mayores, el rato que nos conviene, y no siempre vamos al mismo –> es difícil que tengan el tiempo necesario para lanzarse. Además los mayores tampoco nos prodigamos en eso de hablar con desconocidos….

      • Bueno, depende de los mayores… yo sí hablo fácilmente con desconocidos, y mis hijos también. En nuestro caso, además, sí hemos echado muchísimas horas en los mismos parques y plazas y se han ido generando redes. De hecho, hay una parte de nuestros amigos (amigos de verdad, de quedar, de pedir favores, de viajar juntos) que los hemos conocido en el parque…

    • ¡¡Pues que triste!! En nuestro caso, tanto en una como en otra ciudad, mis hijos suelen acercarse y acabar jugando con niños que no conocen. No sé si entran directamente preguntando si quieren jugar o si es una aproximación más sutil (en muchos casos, así es), pero lo cierto es que siempre terminan en “pandilla”…

  5. Yo creo que dependiendo del barrio donde se viva, es mucho mejor que no jueguen en la calle…no todos los barrios son ideales. Muchos problemas empiezan cuando el niño sale a jugar solo a la calle. A partir de cierta edad el peligro no son los coches, sino la falta de control sobre el niño… A mi de pequeña mi madre no me dejaba bajar a la calle, porque a ella le parecía que no era bueno para mi; y eso no me ha traumatizado en absoluto. Mas bien me hizo un favor. Tiempo he tenido para campar a mis anchas…

    • Lógicamente, depende del barrio, de la ciudad… del niño… y de los padres. Yo creo que dejarles ir solos a la calle tiene riesgos, pero que no puedan hacerlo nunca, también los tiene… hay cosas que se aprenden a manejar ganando libertad de a poquitos. En este sentido, yo no he dejado (por ahora, y aún tardaré) que mis hijos deambulen libremente por las calles, pero sí que vayan de un sitio a otro, que salgan cuando hemos estado en un pueblo, que bajen a lugares que yo puedo ver desde la ventana, que vayan adelantándose en el camino al colegio… E ir viendo, poco a poco, si saben gestionarse en estos espacios de libertad ganada. Lo que me daría miedo es llevarlos de la mano hasta que un día, indefectiblemente, tengan que ir solos, y no estar segura de que han ido aprendiendo a moverse sin la compañía del adulto.

      • Claro, yo iba y venia sola del cole , e iba a las tiendas, no estaba en una urna…pero a mi madre no le gustaba el ambiente que se veía en la calle y no me dejaba bajar a jugar, cosa que ya te digo que le agradecí, porque igual ahora seria una choni poligonera, y con todos los respetos hacia ellas, yo paso de serio…Además a edades de diez o doce años ya están los primeros porros, las primeras pandillas insanas, y mucho de eso lo aprenden en la calle.

      • Yo abogo por un uso “controlado” del salir solo a la calle… no hacerlo de forma indiscriminada, sino en determinados entornos, circunstancias y compañías… pero ir haciéndolo. En mi barrio de antes, había un par de niños que desde bastante pequeños han tenido libertad para vagar por las calles durante muchas horas al día. En fechas vacacionales me los solía encontrar en una y otra plaza, yo en compañía de mis hijos, ellos enganchándose a cualquier compañía que encontraran… porque andar solo cuando eres el único que lo hace, tiene todavía más riesgos. De estos niños, a uno de ellos le he visto meterse en muchos líos, con adultos y con niños mayores. Y he tenido siempre la sensación de que lo que pedía en realidad con todo su cuerpo eran unas horas de compañía adulta, de madre o padre…

    • Añadiría que uno de los factores que hacen inseguras las calles es precisamente la ausencia de niños…

  6. Nosotros nos vamos al parque con el patinete y la pelota y alguna otra cosa mas. Las ponen por ahi y van a jugar con los otros crios, todos comparten sus juguetes sin grandes dramas, y se montan sus juegos mientras los padres miramos. De salir solos ni hablar, son peques y el trafico da miedo hasta yendo conmigo.

    • Los míos también, en los parques del barrio siempre se compartieron juguetes. Me sorprendió de hecho una vez que leí la noticia de un parque en el que se hacía, porque siempre me pareció que (salvo algún imbécil excepcional) es lo que se hace siempre…

  7. En la Ciudad de México imposible pensar en que salgan solos a la calle, ni aún pudiéndolos ver desde una ventana, a menos que sea un fraccionamiento cerrado. Vivimos en un condomio con un jardín enorme, y varios jardines pequeños, cancha de fut y basquet. Las tardes, vacaciones y fines de semana hay muchos niños en el jardín, sólo los más pequeños bajan con compañía adulta, los mayores bajan solos y vuelven a casa al oscurecer o cuando los vamos a buscar. Este verano mi hija finalmente se atrevió a bajar sola, y es la más feliz. Mi hijo realmente disfrutò su niñez, formaron una pandilla, exploraban los departamentos vacíos, escalaban una especie de montaña con una casita abandonada, y fue él quien logró convencer a su hermana que era divertidísimo bajar sola al jardín, sin papás. Comparten juguetes, inventan juegos, y empiezan a ser independientes, lo que para mí es lo más importante!

  8. Yo acompaño a mi hija al parque porque tiene 3 años! Lleva un par de juguetes, generalmente coches y una pala o cubo, y comparte porque le interesa negociar para que a ella le presten otros juguetes. Lo que hago es evitar intervenir, excepto que la sangre llegue al río. Yo soy de las madres que odian los parques, especialmente por los padres que los frecuentan, ya que veo mucho intervencionismo, mucha comparación en los comentarios, mucho “mi hijo va a chino, a inglés, a taekwondo, y el tuyo?”. La mía no va a nada. Yo evito a los grupos de padres, seré rara…

    • Yo tengo que decir que he encontrado de todo en los parques que hemos frecuentado, gente del perfil que comentas, pero también gente muy parecida a nosotros, algunos, de hecho, se han acabado convirtiendo en buenos amigos…

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