familia monoparental y adopción

Mucho hemos hablado en este blog de la cara más turbia de la adopción, y en concreto, de la adopción en Etiopía. La mayoría de niños adoptados en este país desde España son aún pequeños – están entrando en la adolescencia- pero en Estados Unidos ya hay muchos adoptados que se han convertido en adultos. Algunos ofrecen testimonios tan amargos como el de esta chica, Tarikuwa Lemma, que considera que la adopción la ha convertido de una hija en una mercancía.

La adopción internacional me convirtió en una mercancía, no una hija.

Fui sacada de mi casa en Etiopía por una agencia de adopción corrupta. Cuando regresé, me sentía etíope, pero me veían como una americana.

En el 2006, menos de un año después de que nos llevaran a mis hermanas y a mí a América como víctimas de una agencia de adopción corrupta, les dije a los americanos que decían que eran nuestra familia “para siempre” que quería regresar a Etiopía. Yo no quería una familia nueva, quería volver a mi familia y a mi país.

Entonces, mi familia adoptiva se puso en contacto con mi familia en Etiopía (usando documentos que nos había dado mi padre, y que nuestra familia adoptiva nos confiscó cuando llegamos) para averiguar la verdad de nuestra historia, ya que la agencia de adopción les había mentido. A través de un traductor en Etiopía, mi padre dijo a mi familia adoptiva que nos devolviera a mis hermanas y a mí, donde él pudiera inscribirnos en la escuela.

Pero el traductor – cuyas traducciones estaban impregnadas por sus propias impresiones de la vida en América – les dijo a mis adoptantes que mi padre quería que nos quedáramos en Estados Unidos para tener una vida mejor, y que no nos quería de vuelta. Este mensaje me lo retransmitió mi segunda familia adoptiva (parientes de los primeros, pero extraños para mí). Como consecuencia de la mentira del traductor, caí en una depresión profunda – que llegó a ser suicida – y odié a mi padre a lo largo de mi adolescencia y primera juventud.

Me perdí nueve años de crecer con mi familia. Me perdí hablar la lengua de mi madre. Perdí a mis amigos y mi cultura. Perdí los sonidos y los olores y el bullicio de mi ciudad natal. Lo perdí todo.

Pero el 2 de junio, dejé la vida que me había construido en Maine para regresar a mi vida en Etiopía. Estaba llena de alegría y excitación – y un poco de nerviosismo – porque no estaba segura de que a mi familia fuera a gustarle la persona en la que me había convertido.

Enseguida me di cuenta de que, aunque estaba en Etiopía, ya no era una etíope – y no era igual, económica o socialmente, a la familia que me trajo al mundo. A mis ojos, era una estudiante universitaria con un préstamo estudiantil, que trabajaba a media jornada por poco más que el salario mínimo con la esperanza de encontrar un trabajo bien pagado en el futuro para pagar mi deuda de estudiante. La gente en Etiopía, en cambio, me veía como rica y privilegiada. Para ellos, era una americana.

Cuando vives en la pobreza, ves los países desarrollados como un paraíso terrenal –económicamente hablando – y mi familia, sus amigos y nuestros vecinos, no eran una excepción.

Por ejemplo, aunque apenas soy capaz de pagar mis propias facturas en América, gano en una semana en mi trabajo a media jornada más de lo que mi hermano, un graduado universitario que trabaja como profesor en Etiopía, gana en un mes. Y, cuando estaba en Etiopía, la gente chismosa les dijo a mi familia que mis amigos me estafaban dinero, o que les daba dinero a ellos en vez de dárselo a mis parientes. Reprendieron a mi familia, diciendo que un amigo – que se compró una motocicleta coincidiendo con mi visita – se beneficiaba de la “inversión” de mis padres. Mi propio padre llegó a preguntarme qué haría por él, para que la gente del pueblo pudiera señalar algún objeto material y decir: la hija de Lemma fue a América y le compró un coche, o le renovó la casa.

Había pasado de ser una hija a ser una mercancía.

Me queda tratar de averiguar, como adoptada, cual es mi rol en mi familia en Etiopía. Cuál es mi responsabilidad hacia aquellos que me enviaron fuera con un desconocido – uno que no se parecía a mí ni hablaba mi lengua – convencidos de que invertían en nuestro futuro común y que yo haría algún día que las cosas les fueran mejor.

Las familias etíopes a menudo colocan, o se ven forzados a colocar, a sus hijos en “programas educativos”, como este en el que me enviaron, después de que les digan que los blancos que patrocinan a sus hijos ayudaran financieramente a las familias, o que sus hijos les ayudarán más adelante (la palabra “adopción” no se usa jamás, y a las familias etíopes no se les dice que perderán sus derechos sobre sus hijos). Permitiendo a un niño viajar a los Estados Unidos con lo que creen que es un programa educativo, los padres creen que están haciendo una inversión a largo plazo en el futuro de la familia entera.

Pero los adoptados no firmamos los papeles de adopción – no tuvimos elección sobre si queríamos entrar en un programa educativo, y mucho menos, ser adoptados. Muchos de nosotros fuimos adoptados de muy pequeños y ni siquiera tenemos recuerdos de nuestras familias, nuestra tierra natal o las expectativas culturales que tienen que ver con ambas cosas. En lugar de esto, crecimos en la cultura occidental, ,en la que nos enseñaron a ocuparnos solo de nosotros, mientras que la cultura etíope enseña a la gente a ocuparse de su familia.

La adopción Internacional está construida sobre una base de mentiras y malentendidos culturales. Una regulación mejor ayudaría, pero el poder se concentra en las manos de un poderoso lobby de agencias de adopción, y los padres adoptivos, que tienen derechos legales de los que los adoptados carecemos. Los deseos de los padres adoptivos se convierten al instante en algo más importante que el niño, o su tierra natal, su cultura o su primera familia. Las historias de los adoptados son borradas cuando se cambian sus certificados de nacimiento para reflejar solo los nombres de sus padres adoptivos – y estos padres pueden cambiar los nombres de los adoptados en contra de sus deseos. Las voces de los adoptados raramente son oídas en las discusiones sobre políticas y, cuando se les escucha, a menudo se las ningunea como “enfadados” o “desagradecidos”.

La adopción no me ayudó; ayudó al negocio de la adopción. La adopción no me salvó; sirvió a la visión americana de la adopción. La adopción no me encontró una familia; me encontró a mi para familias que querían aparentar ser héroes en sus comunidades y sus iglesias. NO fui salvada de Etiopía: Etiopía fue robada de mí.

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Comentarios en: "La adopción me convirtió en una mercancía" (27)

  1. Llevaba yo tiempo echándote de menos y has vuelto de la forma más dura!

  2. Bueno… He de decir que este artículo me toca de cerca porque conozco mucho, mucho, mucho a los padres adoptivos de Tarikuwa e incluso a sus hermanas. Y T. es una chica con problemas, problemas serios. Y no todos proceden de la adopción.

    Sin dejar de estar de acuerdo en que la adopción se ha convertido en un negocio que busca niños para padres, y que éstos se convierten en mercancía – y en mercancía barata – os puedo asegurar que los padres de T. son buenísima gente que cuando supieron que las tres niñas – pues son tres hermanas – no eran huérfanas, se ofrecieron a llevarlas de nuevo a Etiopía. Y JAMÁS, JAMÁS, JAMÁS les confiscaron nada. De hecho, cuando las niñas comenzaron a hablar inglés y les hablaron de su familia etíope, fueron ellos quienes les buscaron, Y su padre, por mucho que le duela a T., no quiso saber nada de ella. Especialmente de ella, lo que supuso un mazazo. El había estado encantado de soltarles y no tenía intención de que volvieran, a pesar de que los americanos se ofrecieron a ayudarles.

    Lo que T. no cuenta es que sus dos hermanas pequeñas estuvieron ya hace años en Etiopía – en un viaje pagado con gran esfuerzo por sus padres adoptivos – y que llevaban otros tantos años teniendo contacto con ella. Y fue T. quien no quiso ir.

    Tampoco fue adoptada de muy niña: ya era toda una adolescente, y aunque ahora dice que tiene unos 19 o 20 años, lo cierto es que tiene más bien 27. Y hay varias mentiras más en el texto en las que no quiero entrar porque no vienen al caso, pero T. se ha construido un personaje en torno a su papel de adoptada engañada.

    No quiero entrar en detalles, pero os puedo asegurar que si muchas familias adoptivas fueran como sus padres americanos, la adopción no sería tan rastrera como es ahora.

    Dicho esto, no me cabe absolutamente ninguna duda de que mucho de lo que dice es cierto. Que se buscan niños por dinero, y que se engaña a familias, pero en el caso de esta familia, no se engañó a nadie. Estoy de acuerdo con ella en que muchos adoptantes niegan a sus hijos adoptados su historia, sus papeles, y su verdad, y me parece trágico, pero éste no fue su caso. Y a mí esa mezcla entre argumentos y mentiras me duele, quizás porque sé cuánto han sufrido sus padres adoptivos – y sus hermanas, que saben que lo cuenta no es cierto.

    • Steffi, gracias por tus aclaraciones. Me parecen, por un lado tranquilizadora (respecto a la familia adoptiva), por el otro, descorazonadoras (por cómo ella se siente a pesar de la actuación de la familia adoptiva).

      Cuando lo leí sentí que algunas cosas no encajaban. ¿QUé quiere decir cuando habla de “segundos adoptantes”? ¿No es una contradicción que su familia adoptiva le requisara los papeles y a la vez los usara para contactar con la familia biológica? ¿Por qué idealiza a un padre que ella misma reconoce que espera rendimientos de la inversión que hizo al enviarla al extranjero? El traductor pudo mentir, pero, ¿no pudo cambiar el padre su versión de los hechos al pasar de los años?

      Sin embargo, tengo que decir que muchas cosas de las que narra, incluso si en su caso no son ciertas del todo, me resultan tremendamente familiares. Hay en mi entorno familias que han ocultado, incluso destruido, documentación relativa a sus hijos adoptivos; traductores que han falseado declaraciones en aras de lo que es aceptable culturalmente para ellos, de lo que piensan que los que les escuchan quieren oír; niños que se sienten secuestrados por su familia adoptiva incluso cuando esta nunca tuvo más intención que darles una familia; familias biológicas que han ido recurrentemente a los servicios sociales o al orfanato donde entregaron a sus hijos, porque estaban convencidos de que esta entrega no rompía los lazos familiares; adoptados adultos que no se sienten ni de un sitio ni de otro (ni son reconocidos como pertenecientes ni a su cultura de origen ni a la de adopción)… Y por supuesto, agencias de adopción que sólo miran por el negocio. Quizás porque es todo tan verosímil es creíble su historia.

      Y aunque en algunos sentidos (o en muchos), no sea verdad, las emociones que ella siente son sin duda reales. Y no es el primer caso de adoptado adulto que leo que se siente así… Y no puedo negarlo, me asusta.

  3. Gracias Madre de Marte por compartir estas refllexiones que, más allá de que sean ciertas o no en este caso en particular (gracias también Steffi por matizar), creo que pueden ser válidas desde las vivencias de los personajes del circuito adoptivo. Creo que todos y todas somos conscientes de que la inocencia con la que asumimos la adopción como una vía valida de ser padres, dista mucho de la complejidad que nos hemos encontrado en el camino. Y creo que hay que escuchar el relato y asumir, estos y otros hechos, no desde la narrativa de intentar definir donde estan el bien y el mal (aunque también), sino desde las múltiples lecturas que un mismo hecho puede tener desde según donde te posiciones. Y ese leer los hechos desde las entrañas de los personajes. Ese compromiso de ayudar, no a cambiar la realidad (que a menudo es imposible), sino a “gestionar emocionalmente y racionalmente” lo sucedido en el pasado, es lo que nos permiirá salir adelante sanamente, en el futuro. Tiene que ser duro “sentirlo asi” independientemente de que haya sido o no así.

    • Claro. No hay otra intención al compartirlo que prepararnos para lo que (ojalá no sea así) puede venir… que buscar herramientas para afrontarlo, si es que llega.

  4. Una historia realmente muy dura!!! Pero es una adopción claramente sin ningún tipo de vinculación, habla de sus padres adoptivos como adoptantes y nunca los reconoce como padres.

    Creo que entiendo un poco mas la historia una vez he leído a Steffi

  5. Magnífico post, Madre, para hacernos pensar, reflexionar… sobre, entre otras muchas cosas, como pueden llegar a sentir/percibir su historia nuestros hijos. Esperemos que esto nos pueda ayudar a saber acoger/aceptar sus sentimientos, sus percepciones. Gracias; a ti i a las personas que participan con tanto atino.

  6. Sin negar que muchas de las cosas que explica el texto por desgracia ocurren.. y sin negar que eso me preocupa y mucho… en este caso, la aclaración de Steffi me ha llevado a pensar que en ocasiones las personas adoptadas con conflictos personales importantes utilizan la adopción como “excusa” como causa justificativa de todos esos problemas y conflictos personales. No sé si me sé explicar bien. Conozco jóvenes que tiene importantísimos conflictos familiares (especialmente con sus padres…) y que reniegan de sus padres y de su familia… pero no tienen la salida emocional que ofrece la adopción: el negar que tus padres adoptivos sean realmente tus padres, el idealizar a tus padres biológicos… La adopción ofrece en este caso una explicación fácil para el propio adoptado… a sus conflictos.. y facilitan que el joven sienta o se fuerce a sentir que no existe vínculo con sus padres adoptivos. El joven “utiliza” la adopción para desculpabilizarse de los conflictos..

    Eso es lo que a mi me parece en este caso y con la información que tenemos. Lo que no significa ni mucho menos que eso siempre sea así y que en muchas ocasiones una adopción mal fundamentada pueda ser la causa de muchos conflictos y sin negar tampoco que la adopción de por si puede generar muchos conflictos de identidad y fidelidad… Es un tema muy complejo… porqué además sea cual sea el caso es evidente que la chica sufre y mucho … e imagino que su familia adoptiva también así como su familia biológica

    • Sí, yo también creo que esto sucede. Hay mucha gente que prefiere quejarse de sus problemas y poner las “culpas” en algo externo que resolverlos; en el caso de los adoptados, la adopción, la familia adoptiva… son chivos expiatorios de cajón.

      Espero que el tiempo le permita recolocar las cosas y verlas de otra manera, con menos dolor, que es lo que sin duda transmite este escrito.

  7. La parte final del texto cada vez la veo en más textos.
    Independientemente de si es verdad o no lo que le pasó (le podría haber pasado, que duda cabe), no se puede generalizar. No todas las adopciones son un fraude, no se mercantiliza a todos los niños.
    La conclusión debería ser que hay que ir con cuidado, que los controles son pocos, lo que se quiera, pero no que es todo negativo siempre, pues no ayuda a nadie y perjudica a muchos.

    • Estoy de acuerdo. Creo que en la adopción en Etiopía, si bien es cierto que no todos los casos son como los que denuncia esta mujer (sea o no correcta la denuncia), sí hay un riesgo importante de que así sea… por esta razón, entre otras cosas, yo no escogí este país para mi segunda adopción, y busqué otro en el que pudiera tener la seguridad de que mi hijo realmente necesitara una familia.

  8. Sin llegar más lejos, yo conocí a una chica Paraguaya en un parque de Mataró, cuando jugaba con mi hijo hace unos cuantos años, me conto que cometió el error de pedir ayuda a asuntos sociales para poder afrontar las necesidades de su hijo, ya que no tenía familia en España para dejarlo cuando trabajaba, el caso es que como era pequeño se lo entregaron a una familia de acogida y esta presento los papeles de adopción al 4º año de acogerlo, la pobre nunca pudo afrontar lo que le exigían, una vivienda en condiciones para ella sola, porque al trabajar de señora de la limpieza, no le dio para alquilar una casa en condiciones, al no tener un trabajo remunerado con seguridad social, no tenia como sustentar que tenia ingresos, solo vivía en una habitación de un piso compartido… ella triste me dijo que a partir de que adoptaran a su hijo ya no podría verlo nunca más…. se desmorono al saber que yo era madre adoptiva. …
    Mi pregunta es cómo se sentirá ese niño cuando sepa la historia de su adopción cuando la conozca de la boca de su madre biologica.

    • SE me hace difícil de entender algunas decisiones que las administraciones públicas toman respecto a la permanencia de los hijos en sus familias biológicas… parece que a veces (espero que sean la minoría) se toman en base estrictamente a lo material. Y me parece tremendo…

      • Desgraciadamente no es minoría, es el procedimiento, como no tienes ninguna subvención o ayuda para la madre es lo “unico” que pueden hacer. Nos podría pasar a nosotras madredemarte, si nos quedamos en el paro, no tuviesemos vivienda propia y acabamos las prestaciones de desempleo y no tuviesemos familia o amigos que nos echase una mano con nuestros niños y se te ocurre ir a Servicios sociales a ver que puedes hacer, estamos jodidas.

      • Yo estoy convencida que en la actualidad los servicios sociales no retira la permanencia de un hijo a su familia biológica por motivos económicos si no se da ninguna otra causa y yo tb. sé de lo que hablo.

    • Lo de Servicios Sociales en España también es de delito. Si tienes problemas para criar a tu hijo, el ultimo sitio al que hay que acudir es a servicios sociales, casi es mejor hablar con algún vecino o amigo que te ayude a criar a tu hijo (se de lo que hablo) que acudir a los servicios sociales. Lo primero que hacen es quitarte al niño y en este caso lo entregaron a una familia de acogida, pero lo habitual es que lo manden a un centro, tanto la mísera subvención que le dan a la familia de acogida, como los 2800 euros al mes que nos cuesta a los españoles un “centro de acogida”, que no deja de ser un orfanato pero con mejores condiciones, se le puede dar esa ayuda a la madre para que se quede con su hijo y en el caso del centro de acogida aun ahorramos déficit publico. Es penoso que en España una madre tenga que renunciar a su hijo por cuestiones económicas, no es tan distinto de África desgraciadamente, cuando si la pobre mujer estuviese en Londres o en Berlín, con unas ayudas sociales decentes y no la mafia de los Centros de Acogida, las fundaciones y la seguridad de Eulen, nunca tendría que dejar a su hijo. Se me parte el corazón.

  9. Montse, no sé si en la actualidad los servicios sociales apliquen ese tipo de acciones ante una situación en el que ellos crean que hay desamparo del menor, pero no es la única historia de mujeres extranjeras que no han podido recuperar a sus hijos por motivos económicos, al ser yo extranjera he escuchado ese tipo de comentarios en unas cuantas ocasiones, el caso que ahora comentamos, lo hable con la propia afectada hace 6 años.. ya que nos encontrábamos un tiempo en el parque, que paradójicamente ella trabajaba cuidando a una niña.

  10. Ya te digo yo que es lo que hay, vienes y tienes que trabajar porque no tienes ingresos en trabajos que te llevan muchas horas, los que trabajamos y tenemos niños sabemos lo que hay, lo que tenemos que pagar para que se queden con nuestros hijos cuando el horario laboral y el del cole no coinciden, y ahí está el círculo por el que no puedes encargarte de tu hijo completamente, o no trabajas y no le das de comer, o trabajas pero no te llega para pagar a otros que lo cuiden y ahí entras en el sistema de centros de acogida…Cuando los centros de acogida dejen de ser un negocio lucrativo para unos cuantos, empezaré a creerme el beneficio del menor. Por supuesto que hay muchas familias desestructuradas, con problemas de prostitución,drogas y alcohol, pero mujer sola por la razón que sea con hijos y sin ingresos en este país, no consigues un subsidio inmediato nunca y el del ayuntamiento, que te puede tardar un año, ya te has quedado sin hijos antes

    • No conozco bien el asunto de los trabajadores sociales, los menores y las acogidas, he leído cosas muy contradictorias, desde lo que tú cuentas a lo difícilisimo que es retirar una custodia a la familia biológica… Supongo que lo que sucede es que se dan ambos extremos, y que los dos son igualmente injustos para los niños… verse separado de una familia por razones estrictamente monetarias, o permanecer junto a ellos por razones estrictamente biologistas…

  11. Está claro que esta chica ya adulta – añadiendo los problemas que encima tenga además de su adopción- se siente muy desgraciada, algo salió muy mal .
    No tiene porque ser debido a sus adoptivos, que muy probablemente tenían las mejores intenciones del mundo. Pero si metemos en una coctelera los siguientes ingredientes:
    Edad indeterminada de la chica en el momento de ser adoptada, quizás fuese ya casi adulta.
    Mercantilismo puro y duro de la adopción en Etiopía.
    Pocas garantías que ofrece el proceso de adopción en Etiopía en cuanto a legalidad moral, no burocrática.
    Mundos tan contrapuestos y distantes el uno del otro , el occidental y el etíope…
    El resultado es cuanto menos explosivo.
    No podemos extrañarnos que la chica se considere una mercancía si
    1/Conoce como se adopta en Etiopía, y que su agencia de corrupción es corrupta , y que se pago un montón de dinero por su adopción.
    2/ Su padre le exige algo material, pero no olvidemos que en un país donde muchas personas sobreviven y malviven por pobreza extrema, y mas si la agencia le dice que así será, es normal que el padre bio espere que su hija cuando menos adolescente- y ahora ya adulta- cuando fue enviada a USA – y casi seguro sin entender lo que es la adopción porque a los padres y menos a los niños no se les explica nada o se les miente, para que perder el tiempo con los pobres, los padres solo son donantes de niños y los niños seres inocentes que se ven transportados a un mundo extraño de un día a otro- espere que esta de adulta le mantenga o le de algo, para el se fue a vivir a USA, el sueño de casi cualquier etíope.
    Las familias etíopes se ayudan entre ellos, es una obligación moral.Muchas personas apenas sobreviven en Addis para poder enviar dinero a la familia en la zona rural.

    La adopción internacional es muy compleja, cuando adoptamos no pensamos ni en la décima parte de complejidad que tiene.

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