familia monoparental y adopción

En esa discusión que os comenté sobre conciliación y jornada escolar, salió varias veces la frase de que “los niños, con quién mejor están es con los padres”. Nadie lo cuestionó (yo tampoco), pero al rato me puse a darle vueltas.

Creo que todos los niños necesitan pasar tiempo con sus padres, tiempo suficiente y tiempo de calidad. Sin duda. Especialmente, cuando son bebés, con quien mejor están es, en primer lugar (y sobretodo mientras toman pecho) con su madre, y después con su padre (si lo hay, o la otra madre), y, en menor medida, con otras personas de confianza, abuelos, familia, canguros…

Pero, ¿sigue siendo esto verdad cuando crecen? Se puede criar niños de forma saludable exclusivamente en el ámbito familiar? ¿O un exceso de presencia parental puede convertirnos en padres controladores e hiperprotectores, y a nuestros hijos en niños que no saben manejarse solos?

¿Necesitan los niños pasar tiempo en otros entornos?

En la escuela (que en el mejor de los casos puede suavizar contextos familiares difíciles de gestionar, y en el peor, darles una preparación para un mundo en muchas ocasiones hostil); en otras casas, donde las normas son distintas y el papel que ocupan en ellas, también; con los abuelos, los tíos, los primos; con amigos; con iguales.

Hay una parte del aprendizaje de los niños, y todavía más de los adolescentes, que se produce lejos de los padres. La parte del autocontrol y la gestión de conflictos, la de las relaciones entre iguales, la de entender que no eres el rey de la casa, ni, casi nunca, el rey del mambo, … la del juego.

A este respecto, me llegó hace pocos días este artículo que se pregunta si los padres deben o no jugar con sus hijos.

 Las dinámicas familiares han cambiado radicalmente en las últimas dos generaciones y desde que la mujer se ha incorporado de lleno al mundo laboral, las campañas que nos invitan a jugar con nuestros hijos han ido creciendo, como si jugar con ellos fuera una obligación o una fórmula para redimir consciencias o un método para compensar el tiempo que, por los motivos que sea, no estamos con ellos.

 Probablemente, jugar con nuestros hijos sea una manera fácil de acercarnos a ellos y de pasar un buen rato pero creemos que la clave está en saber separar muy bien nuestras necesidades de las de los niños y niñas.

 La necesidad de un niño o una niña es jugar, es vital, tan necesario como comer o dormir, por eso, siempre que pueden juegan; ahora bien, jugar con adultos o con niños es muy diferente, al jugar con sus iguales pueden y deben aprender normas de juego y de relación y tienen más posibilidades de ser ellos mismos y explayar el juego a su máxima dimensión. Cuando un niño juega a espadas con un amigo, los dos sabrán cómo y cuándo hay que caer, que gritar, que esconderse…. Si preguntáis a un niño con quién prefiere jugar, casi siempre elegirá a otro niño o niña.

 Los adultos también somos capaces de jugar con ellos, pero en muy pocas ocasiones bajamos a su nivel para permitir que sean ellos los que dirijan el juego, nos cuesta entregarnos al 100%. Muy probablemente acabaremos imponiendo nuestras normas y decidiremos el momento en el que hay que acabar, porque otras tareas (cena, lavadoras, compra…) están ocupando nuestra mente desde que empezamos a jugar. Por este y otros motivos, es muy frecuente que un juego entre adultos y niños acabe en enfado.  En cambio, cuando los niños se enfadan con sus amigos todo es mucho más liviano, mucho menos transcendental.

Otra cosa que suele ocurrirnos con frecuencia es que jugamos sin ganas, nos comemos la sopa de piedras que nos han servido mientras estamos pensando que estar sentado en la sillita mini del Ikea es muy incómodo y pedimos que nos sirvan el segundo plato, los postres y el café al mismo tiempo, para acabar rápido con el juego.

Que esto nos ocurra no debería preocuparnos, es bastante natural, nosotros somos adultos, ya hemos jugado a espadas, caballeros y cocinitas miles de veces y no tener ganas de ese tipo de juegos es natural y normal.

Los que hoy somos padres seguramente no recordamos haber jugando con nuestros padres cuando éramos niños, pero en cambio, tenemos un bagaje importante de juego con nuestros hermanos, primos, amigos, vecinos, etc.

Quizás la reflexión que debamos hacernos está justamente aquí, en observarnos como padres y darnos cuenta de que involuntariamente, les estamos robando el placer de jugar con sus iguales y a cambio están recibiendo algo mucho menos rico.

Nuestro deber como padres es facilitar el juego libre de nuestros niños y niñas, una actividad que tiene múltiples beneficios y que es sumamente importante, y a partir de cierta edad, debemos facilitar también que se encuentren sin vigilancia adulta con sus amigos y darles libertad y tiempo para que, en definitiva, puedan ser niños y niñas.

¿Y nosotros? Pues nosotros también tenemos derecho a jugar, a mantener vivo el espíritu del juego, pero para ello no es necesario tomar sopas de arena cada día.

Cambiar las dinámicas familiares no siempre es fácil, las campañas publicitarias e incluso de profesionales recomendando jugar con nuestros hijos nos ponen una fuerte presión, pero Jugar con ellos es una decisión que en todo caso debería estar libre de juicios. No querer jugar nunca debería crearnos un sentimiento de culpabilidad.

Compartir tiempo con nuestros niños y niñas es muy importante, pero hay muchas maneras más naturales, que nos saldrán del corazón y que nos permitirán conectar con ellos:  Cocinar, escucharlos, explicarles cómo nos sentimos, contarles cuentos,  hacer excursiones que nos permitan vivir experiencias juntos o regalarles historias de nuestras propia infancia es algo que les encanta y todo eso formará parte de sus recuerdos y les dará la base y concepto del significado de la palabra familia.

Lo leí un sábado por la mañana, aún en la cama, mientras oía a B., A. y P. jugar sin parar con sus robots de lego y sus dinosaurios… y me di cuenta de que este artículo obvia algo fundamental: la mayoría de los niños no tiene en casa otros niños con los que jugar. Y a veces, dado que ya no juegan en la calle, tampoco fuera, salvo ratos muy concretos.

Y volví a pensar que el gran cambio de los niños de la generación de nuestros hijos no es que sus madres trabajen o se lleven muchos años con ellos: es que están perdiendo la relación entre iguales.

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Comentarios en: "Donde mejor están los niños es con sus padres" (29)

  1. Lo que dices es sin duda alguna lo ideal (padres juguetones con tiempo para vida familiar, niños en la calle, colegio con espacios de juego, vecinos con niños, etc.) Sin embargo en ese ideal hay cosas que se pueden porque no se tienen.. Así que con lo que tenemos hacemos lo que podemos. Y no creo que la cuestión sea con quién están mejor. Mi planteamiento es lo que con lo que tenemos que es lo mejor que podemos hacer. Y ahí estamos.

    • Para mí el problema no es cuando hacemos lo que podemos con lo que tenemos: es cuando consideramos que la única forma de hacerlo es que hemos escogido. La única forma correcta. Cuando no nos cuestionamos si puede o no haber otras (estén o no a nuestro alcance).

      • Para mi desde el momento que te paras a analizar tu situación, en esta o cualquier cosa, ya estas abierta a cuestionarte y buscar otras opciones. Aunque tb es verdad que a veces por lo que sea no podemos ver mucho. Analizar para mi va unido a cuestionar

      • Sin duda. Esto es lo que eché en falta en la discusión que originó la reflexión de la entrada: que alguien se cuestionara esto de que “los niños con quien mejor están es con sus padres”.

  2. A mi los contrastes blancoo-negro siempre me dan un poco de grima. Además cuando se trata de educación, crianza… también me da la impresión de que nos van bandeando (o nos bandeamos nosotros solitos). Y es que siempre veo matices, dependes… Un par de anécdotas para ejemplificar esos matices.

    Al poco de llegar mi hija todo el mundo parecía convencidísimo, o eso me decían a mi, que los niños con quién debían estar era con otros niños La verdad es que no me dediqué mucho a la argumentación; a la que decía que mi hija en esos momentos necesitaba mucho más a su madre que a otros niños la liaba. Es decir, me dediqué a estar tanto tiempo como pude con ella y pasé de los consejos bienintencionados.

    Yo soy de pueblo y de una generación que éramos muchos (y muchas veces familias numerosas, no de 3 sino de 5 o 6 hijo/as). Jugábamos por las calles, con amigos, primos, íbamos a las casas de los amigos…. Y tengo muchos recuerdos de nuestra madre jugando con nosotros. Nuestro padre no lo hacía, aunque sí recuerdo algún padre de otros niños que lo hacía. Los domingos los recuerdo como los días de la familia (de hecho era el día que los adultos descansaban); pasábamos muchos ratos jugando con nuestra madre, que los otros día trabajaba y mucho.

    • Sabía que alguien haría esta matización… efectivamente, creo que con los niños adoptados, recién llegados a casa, sí se aplica que dónde mejor están (incluso aunque parezca lo contrario) es con sus padres. Es necesaria una construcción del vínculo que precisa tiempo, cercanía, intimidad… a la misma edad, sin embargo, otros niños necesitan ambas cosas: el tiempo con los padres, el tiempo con otras personas, el tiempo con otros niños…

      Yo recuerdo poco a mi madre jugando con nosotras: no le interesaba nada, y se le notaba. Sí hacía muchas otras cosas, desde hablar a pasear o llevarnos a museos y cines… mi padre sí jugaba con nosotras, pero era de los pocos adultos que lo hacía. Y en su caso, se notaba que disfrutaba tanto o más que los niños…

      • En eso estoy en que los niños necesitan un poco de todo: tiempo con los padres, con otros adultos, con otros niños…. Y a cada época lo suyo, sin olvidar lo demás.

        He escrito la anécdota de las m/padres jugando con sus hijos para contrarestar la afirmación del artículo “Los que hoy somos padres seguramente no recordamos haber jugando con nuestros padres cuando éramos niños,” que me parece un poco fuera de lugar. Me imagino que siempre ha habido y habrá m/padres que disfrutan jugando con sus hijos y otros que no. Y no creo que ni una cosa ni la otra los haga mejores (tampoco peores) p/madres.

      • Supongo que siempre ha habido padres que jugaban con sus hijos, almenos a ratos… pero este artículo me hizo recordar algo que me decía una amiga de la edad de mi madre (acabada de jubilar), que cuando era pequeña los niños pasaban muchas horas con las madres (en su caso, a pesar de que su madre trabajaba, era costurera), pero haciendo “las cosas de las madres”: acompañándolas a comprar, cocinando, ayudando en casa, en su caso, aprendiendo a coser… Ahora parece que tengamos que montar unos campamentos para los niños todo el tiempo, organizarles juegos, organizarles el tiempo… y esto, que no me parece mal en dosis razonables, creo que tiene muchos aspectos negativos si es constante.

  3. Creo que los niños deben estar donde estén seguros, porque aunque deben jugar con sus pares, también pueden relacionarse con otros adultos que no son familia, y de los que pueden aprender mucho. Lamentablemente, hoy en día, parece que la escuela es el único lugar, donde estarían las garantías dadas para que un niño esté seguro. Ya no hay seguridad en la calle, en los vecinos, muchos menos en los desconocidos. Somos una comunidad de incomunicados. Cuando era chica, todos cuidaban a los niños, era solo cuestión de “echar un ojo”, jugabas en la calle, o con los vecinos, y sabías que había alguien que siempre estaba cuidando, incluso la gente que no tenía hijos, o la gente mayor del barrio. Le hacíamos los mandados a los viejos (anciano sería la palabra correcta) del vecindario, y hasta podían ganarse unas monedas cortando el pasto.

    Mi suegra suele prestarle sus juguetes (de cuando chica) a mi hija, muchos son miniaturas de lata, que mi hija adora. A veces comentamos que son juguetes “peligrosos”, porque tienen algunas partes filosas, por supuesto que hoy día no responderían a las normas de seguridad de un juguete para niños, pero mi hija ha aprendido a tratarlos con cuidado, y sabe que son prestados.

    Mi marido se enoja, porque le he enseñado a mi hija a decir “no me toques”, lo hice inconsciente, porque fue algo que aprendí de chica, que nadie podía tocarme, jugábamos con los vecinos, pero tenía claro que nadie podía tocarme. En el centro de atención temprana, también nos han comentado que dice “don’t pull, is not nice”, cuando tratan de sacarle algo por la fuerza, o siente que la “jalan”.

    Todo este rollo para decir que, (a mi modesto entender) hay una idea asumida de que los hijos están mejor con los padres, porque en realidad nadie quiere hacerse cargo/responsable de los menores en la sociedad en general. Exigen niños independientes, pero nadie tiene tiempo para escucharlos y respetar sus ritmos. Todo el mundo dice, son el futuro, pero no pueden aceptar el presente y siguen enganchados al pasado. Los niños solo deberían estar ocupados jugando, explorando, aprendiendo y todos deberíamos asegurarnos de que estén seguros. Como cuando les escuchas a tu hijos jugar, gestionarse su lugar en la nueva familias que han ensamblado. (Ayer mismo fuimos a una reunión familiar, donde mi hija era la única niña, y en menos de una hora he escuchado decir a las tías de mi marido no sé cuántas veces -conté 20 y perdí la cuenta- “los niños solo quieren llamar la atención de sus padres”, “molestan”, “no duermen a horario”, solo les faltó decir que cometían crímenes de lesa humanidad, y les tuvimos que escuchar las gracias de sus perros por otras dos horas. En este mundo algo anda mal.)

    Un fuerte abrazo!!!

    • Buen diagnóstico. Me quedo con lo de que decimos que los niños son el futuro pero no podemos aceptar el presente… efectivamente, muchas veces, a mucha gente, los niños “molestan”. Esto también es algo que ha cambiado (a mí me sorprendió en Marruecos que la gente aceptara con naturalidad las travesuras, el movimiento, el ruido… que hacían mis hijos. “Son niños”, decían con una sonrisa, y seguían a lo suyo… nunca como entonces he sido consciente de lo poco tolerante que es nuestra sociedad con los niños y lo que conllevan).

      • eso es verdad, queremos niños que parezcan adultos, que no molesten mientras comen los adultos, que no interrumpan, que usen correctamente los cubiertos, que no salten por la calle…, pero en cambio no les damos ninguna minima responsabilidad.

      • recuerdo una maestra en mi carrera (soy graduada de educación especial) que solía decir que amábamos de los niños lo que podían ser, pero no lo que eran en realidad, nos enamorábamos de lo que el niño significaba subjetivamente, pero no le teníamos mucho amor a todo el caos, la suciedad, las preocupaciones y los engorros que implicaban tener al niño, al niño en físico, al niño de verdad.

  4. Ufff!! ya me siento un poco menos mal por no jugar mucho con mis hijos 😉 Es que parece que si no juegas con ellos ya eres una malamadre.

    Mis hijos aun tienen la suerte de compartir tiempo con la tribu que los rodea:primos, vecinos, adultos que no son su madre… y para crecer creo que hay que estar en contacto con mucha gente. Yo reconozco que no me pongo a jugar con mis hijos a menos que sea un juego de mesa , el tema cacharritos pues va sobre la marcha, de paso que yo estoy fregando los platos la niña me trae su comidita…y le digo que está riquísima y que si me trae chorizo, mientras sigo fregando o leyendo un libro, para que no todo sea trabajo en casa. Y la verdad es que en el tiempo libre siempre estamos fuera, reconozco que no soy una persona muy casera y cuando estoy en casa es porque tengo que hacer algo, juegan en el cole, en el parque entre ellos o miran para el aire y se aburren, que también es importante pero no se me da por sacar los Legos y montarlos con ellos, solo admiro lo que hacen cuando me lo vienen a enseñar. Supongo que repito los roles de mi infancia, mis padres me llevaban por ahí de paseo, a la playa o a donde sea, pero los juegos me los montaba yo con otros niños o conmigo misma. Cuando hablo de juegos, por supuesto, no hablo de cosquillas, abrazos o estar los tres en el sofá enroscados viendo una peli, que me leo y parece que soy una madre distante, cuando hablo de juegos es ponerme con ellos a pintar, cocinar o montar los legos o jugar al escondite.

    • Totalmente identificada con Bone. En el día a día,después del cole,mi hija va un poco a remolque mío. Si hay que hacer la compra o algún recado ella ayuda y le sirve para aprender y relacionarse con otra gente. Luego en casa o juega un rato sola o vienen sus primos o un par de amigos con niños p vamos nosotras a su casa.Eso cuando hace muy mal tiempo,porque si no a la calle,parque,excursión o lo que sea. Lo que no hago es buscar constantemente actividades específicas para ella,tipo conciertos, cuentacuentos,fiestas infantiles,etc,cosa que los padres del cole sí hacen a diario y fines de semana(envían mil whatsapp al día con propuestas de ocio).A veces me siento un poco el patito feo por ello,pero creo que una cosa es ir algún día a una actividad concreta y otra organizar todos los fines de semana entorno a estas cosas para niños. Mi hija comparte nuestro ocio,o se queda con abuelos,o con sus primos. Tiene 3 años y por ahora no tiene amigos definidos.
      Estoy de acuerdo en que se pierde la relación entre iguales, pero no porque no exista,sino porque los padres supervisan todo e interfieren:en el parque,niño déjale el juguete que hay que compartir,etc. Y a veces ese empeño en que llevarles a ciertas actividades dirigidas les ayuda socializar o si no lo llevas eres un padre dejado y egoísta. Pues bien,ayer mi hija fue a un cuentacuentos,se acabó, cada niño a su casa y de relacionarse más bien poco.

      • A mí que me gustan las actividades “culturales” (también para mí), sí que suelo ir, si me cuadra y me entero, a algunas infantiles (no para socializar sino para entretener)… para acabar descubriendo que a menudo los niños son mucho más felices corriendo en la plaza!!

      • A mí las actividades culturales me parecen estupendas, para entretener,para aprender…Pero parece que si tu hijo se pierde alguna no va a estar a la altura. Veo mucha competitividad de algunos padres/madres que compiten a través de sus hijos.

      • Totalmente de acuerdo. Como en casi todo, el veneno está en la dosis…

  5. en mi caso igualito a Bone, veo otras madres que montan legos, juegan a pepa pig o a lo que sea, y yo no lo hago, y tb creo por otra parte que cada persona (niño o adulto) necesita su espacio, y mi hijo prefiere mil veces jugar con sus iguales que conmigo, y así me lo demostró cuando recién llegado solo pedía ir a la escuela, periodo que dilatamos lo que pudimos por aquello de la vinculación…, etc, Lo cual no quiere decir que no compartamos momentos de cosquillas, de confidencias, de leer un cuento juntos, en cambio si hemos encontrado un lugar donde estar mucho tiempo juntos y que creo que es positivo, desde el minuto uno demostró un gran interés por la cocina, así que siempre lo tengo enganchado mientras cocino, mejor dicho cocinamos, a veces hasta organiza algún menú. Supongo que lo ideal es encontrar el termino medio en todo, pero parece que eso no es viable, o lo das todo o nada, las nuevas corrientes te hacen sentir muy mala madre en ese aspecto.
    por otro lado estar todo el tiempo pendiente de tu hijo o hija no puede hacerles pensar que son el centro del universo? no creo que eso tampoco sea bueno….

  6. Añado yo no jugaba con mis padres, pero en cambio si jugué mucho con mi abuelo, que siempre nos acertaba las preguntas del trivial de deportes, y nos hacia trampas al parchis, y de esos ratos si guardo muy buenos recuerdos, ahora mis padres (que no jugaban con nosotros) si lo hacen con sus nietos, y me parece tb muy importante.

    • Yo también recuerdo las partidas de oca con mi abuela!! Se dejaba ganar, por cierto… Yo no soy muy fan de los juegos de mesa, pero mis hijos tienen la ventaja de que en casa siempre hay compañeros de juegos 😉

    • Misma situación con mis abuelos,y ahora con mis padres y mi hija. Yo tampoco juego con mi hija. El momento que compartimos que es sagrado es leer a diario un cuento. Se lo leo,surgen preguntas o alguna historia.A veces simplemente nos acurrucamos en el.sofá ella con su cuento y yo con mi libro y cada una a lo suyo. Pero jugar,poco.

  7. cuánta razón! yo me siento culpable por estar jugando a tomar ‘sopas de arena’ como sabiamente dice ese artículo que referencias y aburrirme y pensar en que desearía estar leyéndome la prensa!!! y de hecho, soy sincera, en cuanto puedo me escapo! pero me encanta contarles historias de cuando yo era pequeña -a nadie más que a ellos le interesan jeje- o de cuando nacieron, o bien conversar con ellos sobre una peli o qué sé yo… yo no tuve hermanos -en mi época eso era poco frecuente- y no recuerdo tanto a mi madre jugando conmigo, tenía otras cosas que hacer, pero siempre me decía que el aburrimiento no existía y que siempre siempre me podía inventar juegos y de hecho me pasaba horas jugando con mis muñecas, y sino convenciendo a amigas para que se quedaran en mi casa a dormir… buen punto de vista, y reconfortante… cuando mis hijos juegan entre ellos -y mientras no se pelean- está prohibido interrumpirles, claro que cuando se pelean soy incapaz de no meterme para evitar riesgos, y debería dejar que lo resolvieran ellos… otros ambientes que no sean la familia nuclear son esenciales para su desarrollo, claro!!! y para que desarrollen empatía, flexibilidad, y un largo etcétera de habilidades y capacidades…

  8. Yo también me reconozco como madre que juega mucho, y eso me está creando algún problema pues mi hijo se ha acostumbrado a tenernos a su padre y a mi compartiendo su tiempo en casa y nos reclama continuamente. Cuando llegamos de Etiopía era prioritario el vínculo, y no lo digo de forma teórica, sino que era una necesidad que teníamos todos, los juegos y los mimos los disfrutábamos con gran intensidad y dedicación, pero ahora noto que eso ha cambiado y yo disfruto menos o no puedo jugar tanto tiempo con él, pero mi hijo no ha adquirido esa autonomía que muy bien recordáis que es tan necesaria. Espero poco a poco conseguir que encuentre el placer de jugar solo y por supuesto traer a casa más niños.

  9. Se puede tener un equilibrio no? Tiempo con otros niños, y tiempo, no necesariamente de juego, con los padres. Hay mil actividades que hacer con un niño sin comer sopas de arena, véase ir de compras y dejarles pedirán la carnicería, a hacer fotos, al campo, a descubrir la ciudad, a coger setas y luego pintarlas, cocinar, bricolaje…no se, mil cosas que salen de las ludotecas o cuentacuentos…que hacen pasar buenos ratos y luego tiempo para hacer el indio con los amigos, no? Siempre que el cole entienda esto y no ponga toneladas de deberes…

  10. No sé por qué desde hace unos años, la sociedad en general, se empeña en decirnos toooooodo lo que debemos hacer, y más con los niños/as. Que si cuando vayas a parir hazlo así, ponte asá… cuando es bebé que le des o no chupete, que si ya ha aprendido a leer o si sabe inglés (con 3 años!!!!), que si mi hijo permanece sentado durante toda la comida y el tuyo no, que si tienes que jugar x horas con los niños para ser buena madre, y un largo etc.

    ¡¡¡¡Que son niños/as!!!! Por tanto, no adultos. No tienen que ser perfectos, ni saber leer a los 3 ni a los 5. Ni saber hacer infinidad de cosas. Los niños/as solamente necesitan jugar, recibir cariño en la misma medida que unas normas adecuadas a su edad, y que les dejen crecer. Tanto encasillar, ordenar y clasificar a las personas y a los más peques, no lo entiendo, no sé qué sentido tiene…

    Creo que igual de bueno es jugar con los peques (eso si con sus normas, ahi no mandamos los adultos, sino su imaginación), como darles libertad para que jueguen con sus iguales. Aunque sean hijos únicos, siempre quedará el parque, la familia extensa, o por qué no, un campamento de verano.

    Lo ideal es que cada madre/padre se conozca a si mismo, sus posibilidades, las alternativas, que conozca a su(s) hij@(s) y que crie y eduque como le de la gana. Sin prejuicios, sin perfecciones, sin ser el hijo el centro del universo, pero si una parte importante de él.

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