familia monoparental y adopción

Yonkis de estímulos

Cuando B. llegó a casa, no tenía mucha idea de crianza, los ejemplos que tenía en casa no me resultaban útiles más que para no seguirlos y tampoco me convencían la mayoría de libros que cayeron en mis manos… la crianza fue, en muchos sentidos, un sistema ensayo-error. Sin embargo, había algo que tenía claro desde el primer momento: había que limitar los estímulos. Quizás porque era consciente de que B. (y luego A.) procedían de un entorno con muchos menos estímulos que el nuestro, quizás porque de alguna manera a mí también me criaron así… pensaba que era importante que aprendieran a hacer primero las cosas de forma manual, lenta… tenía claro que no podría mantenerles apartados del mundo exterior, que acabarían viendo tele, escuchando música moderna, teniendo acceso a Internet… pero sí pensé que podía limitar y, sobretodo, posponer este acceso. Hacerles escuchar primero música infantil y ya luego que escogieran a Shakira o Rihanna; ponerles clásicos de Disney antes de que ellos zapearan por las series contemporáneas; que aprendan a escribir a mano antes de empezar a manejar el teclado; cuentos en vez de tabletas; darles espacio para juegos tradicionales antes de entrar en maquinitas; horas de plaza en vez de agendas sobrecargadas…

Este artículo que cayó hace poco en mis manos me ha hecho recordar (y reafirmarme) en esta decisión, tan a menudo cuestionada por la sensación de ir a contracorriente del mundo.

“Mamá, no puedo parar los pensamientos que me llegan a la cabeza”.

Una amiga me comentó hace unos días que su hija, de apenas cinco años de edad, le había sorprendido con este comentario mientras la llevaba a un cumpleaños. Sentada en su sillita, en los asientos traseros del coche, la pequeña se mostraba agobiada y desconcertada. No es la primera madre que me comenta algo parecido, pero en este caso resulta especialmente significativo el hecho de que la niña considerara que los pensamientos le llegaban de fuera.

No se trata del argumento de una película de ficción, al estilo de “La invasión de los ultracuerpos”, ni tampoco es consecuencia de alguna extraña enfermedad mental, o una situación puntual y pasajera. Tras descartar todo lo descartable, la conclusión no se hace esperar: se trata sin duda de otra niña más alcanzada por lo que denominamos sobreestimulación. En 1997, hace ya dieciocho años, publiqué un libro sobre el consumo de drogas de síntesis entre los adolescentes, en el que hacía referencia exactamente a esta situación. Sin lugar a dudas nos encontramos ante la generación más sobreestimulada de toda la historia de la Humanidad. Hasta hace apenas 50 años los estímulos que recibíamos del exterior eran muy limitados y moderados en relación a los que recibimos hoy en día. Se trataba fundamentalmente de estímulos procedentes de nuestro entorno inmediato, familia, amigos, y las pocas horas a la semana que podíamos pasar viendo un canal de televisión en blanco y negro, o escuchando algún programa de radio.

Hoy, cualquier niño de diez años de nuestro entorno, ha recibido muchísima más información que cualquier otro homo sapiens de los que han pasado por aquí en los últimos 40.000 años. Ha visto imágenes de tiranosaurios corriendo por un bosque, cuando hasta hace un siglo ni tan siquiera sabíamos de su existencia. Imágenes de peces abisales, animales e insectos de cualquier punto de la tierra, vídeos grabados en la superficie de Marte por un robot, secuencias reales sobre el corazón bombeando sangre o linfocitos haciendo su trabajo en nuestro sistema inmunológico. Cosas con las que ningún sabio de la antigüedad se atrevió a soñar, y un volumen de información muy difícil de manejar. Estímulos dirigidos a todos sus sentidos: sintetizadores, sonidos y ritmos nunca antes escuchados, alimentos procedentes de los cinco continentes, chicles que los primeros minutos saben a maracuyá y después a frutos silvestres del bosque australiano… ¿Se han parado a contar los tipos de cereales que hay en las estanterías de los supermercados? ¿Y los yogures?

Pero estos niños no reciben sólo los estímulos de su entorno habitual, sino que en muchas ocasiones nos empeñamos en “enriquecerlo” y llenar absolutamente todo su tiempo con más actividades. Un tiempo libre absolutamente copado, que se combina con histriónicas series de dibujos animados, estridentes partidas de videojuegos en 3D y todo tipo de aplicaciones para llenar sus móviles, tabletas y cabezas.

Hace ya unos años que distintos expertos, como los del grupo de investigación sobre Neuroplasticidad y Aprendizaje de la Universidad de Granada (UGR), advirtieron sobre cómo la estimulación temprana podía influir en el proceso de aprendizaje. La psicobióloga Milagros Gallo, señalaba que: “El entrenamiento en tareas demasiado complejas, antes de que el sistema esté preparado para llevarlas a cabo, puede producir deficiencias permanentes en la capacidad de aprendizaje a lo largo de la vida”.

El problema de la sobreestimulación es que, al igual que hacen las drogas de síntesis, provoca lo que denominamos “tolerancia”. Es decir, el organismo se acostumbra a recibir con regularidad su dosis de estímulos, hasta que llega un momento en el que tal dosis no le satisface. ¿Qué hace entonces? Pues muy sencillo: buscar una dosis mayor. Los niños que viven este efecto se hacen cada vez menos sensibles a los estímulos del entorno, y necesitan cada vez más. Se vuelven hiperactivos, o se muestran desmotivados mientras su imaginación y creatividad se van mermando. Les cuesta centrarse mucho tiempo en una misma actividad, y sienten que sus pensamientos se atropellan los unos a los otros.

Puede parecer algo paradójico, pero necesitamos más que nunca que los niños y niñas tengan tiempo para aburrirse. Necesitamos que tengan tiempo todos los días para llevar a cabo actividades que no estén previamente estructuradas, organizadas y controladas por normas rígidas y preestablecidas. Es preciso que tengan la oportunidad de crear sus propias estructuras, normas y parámetros. Creo que los adultos que no son capaces de innovar, de adaptarse, cambiar o evolucionar y aportar algo a la vida de quienes les rodean, son con frecuencia niños privados de la posibilidad de crear y experimentar. Es necesario tener la posibilidad de explorar, y también la posibilidad de equivocarse.

Definiría el aburrimiento como la ausencia de motivación que incite a la acción física o mental. Así pues, si un niño se aburre y desea actuar tendrá que terminar encontrando o creando sus propias motivaciones. Tendrá en definitiva que automotivarse. Y no les quepa duda de que lo hará. Un niño o una niña en un parque, con un palito, arena y un par de piedras creará todo un mundo. Sentado frente a una mesa y con una caja llena de pinzas de tender la ropa, organizará una carrera de coches, desarrollará una batalla o realizará algún tipo de construcción. Una hoja en blanco, un lápiz y varios rotuladores darán lugar a todo tipo de creaciones…

Los niños y niñas de hoy, más que nunca, necesitan disponer de tiempo no estructurado y dirigido por sus mayores. La sobreestimulación, la constante motivación externa y el encadenamiento continuo de tareas y actividades programadas les saturan, agobian y ahogan su necesidad de crear.

Resumiría mis principales recomendaciones en el siguiente decálogo:

– Procure que sus hijos/as dispongan con frecuencia de tiempo no estructurado. ¡Verdadero tiempo libre!

– Reduzca las actividades extraescolares al mínimo que considere necesario. Priorice y tenga muy en cuenta aquellas que son iniciativa de ellos mismos.

– No se adelante a sus demandas, no queme etapas demasiado pronto. Necesitan detenerse y paladear cada edad y cada etapa. Respete su ritmo de maduración.

– Interactúe y juegue con ellos si se lo piden, pero no organice ni desarrolle las normas.

– Controle el acceso a internet y las nuevas tecnologías. No deben convertirse en prioritarias ni conformar su principal forma de ocio. Establezca horarios.

– Distancie el uso de ordenadores, tablets o teléfonos móviles de la hora de irse a la cama. El sueño es fundamental, y el cerebro necesita un tiempo para volver a la normalidad tras los estímulos recibidos durante el empleo de estos aparatos.

– Supervise las series de dibujos animados que ven. Compruebe si es usted capaz de ver un capítulo y en qué estado se encuentra después. Algunas generan un estado de ansiedad muy apreciable.

– Sus hijos necesitan contacto con la naturaleza. El ritmo que ésta establece actúa como un verdadero bálsamo. Necesitan tocar, oler, sentir y experimentar en espacios abiertos y naturales.

– Controle los ruidos innecesarios. Si alguien quiere ver la tele en casa, escuchar música o discutir, los demás no tienen que compartirlo necesariamente.

– Preste toda la atención posible a sus comentarios, preguntas y observaciones. Nada de lo que dicen es superficial, aunque en un principio podamos no entender lo que están intentando decirnos.

Anuncios

Comentarios en: "Yonkis de estímulos" (18)

  1. Aquel dicho africano que afirmaba que “para educar a un niño hace falta toda la tribu” justifica que, quienes compartimos la idea de que hay que limitar la exposición de los niños a la variedad de estímulos, ayudándolos a centrarse en operaciones (interacción con objetos reales) y relaciones (con otras personas que encuentran próximas), nos sentimos cada vez más solos, rodeados por seguidores de un nuevo paradigma en el que se prima la virtualidad.

    Quizá no estemos conectados, pero, tengo la sensación, somos muchos los padres que confiamos en transmitir a nuestros hijos aquello que nos transmitieron nuestros padres a nosotros.

    Es un camino cada vez más difícil, pero resultará fructífero. Seguro.

    • Totalmente de acuerdo. Yo también creo que somos muchos, que muchos están en nuestro entorno (cuando la gente dice que los padres de hoy no educan, regañan, se preocupan por sus hijos… yo siempre pienso en que casi todos los padres que conozco, del parque, la escuela, etc, sí lo hacen; pero los otros, los que no, se hacen notar mucho más); y otros, como tú dices, los encontramos a través de estas redes virtuales. Sin duda, nos conectamos para estar menos solos…

  2. Los niños/as ya no quieren jugar… hay que obligarlos a salir a la calle para relacionarse o practicar algún deporte… lo quieren todo, pero en seguida se aburren de todo… ¡qué pena!

    Me encanta el decálogo y doy la enhorabuena a todas aquellas madres/padres que lo lleváis a cabo con vuestros hijos. Todo un regalo para ellos. Pronto lo descubrirán.

    • No sé si esto que dices se aplica a todos o muchos niños… a los míos no. Mientras te leo, C. está en el salón con su amiga A. jugando a un juego de mesa que les trajeron los Reyes; A. y P., en el patio haciendo caravanas con sus coches; y B. ha bajado a la calle a jugar al futbol con unos amigos… La verdad es que hemos descubierto, no sin sorpresa, que ¡ni siquiera piden tele!

  3. ¡Cómo me gusta esta entrada!

  4. Yo el año pasado me agobié mucho, porque en la guardería de mi hija, de 2 años, la profesora que la cuidaba siempre me decía “que la niña manejaba mucha información”. En eso se resumía todo lo que le pasaba a mi hija, en su opinión. Y yo no entendía lo que me quería decir con eso, no lo pillaba del todo.
    Ahora leyendo este artículo, se me ha encendido una lucecita, y puedo decir que por fin lo he captado…
    Gracias!.
    De todas formas, como aclaración, quiero decir que a mi hija nunca la hemos sobre estimulado, que no le gusta la tele, que no le programo actividades, etc.
    Ahí veces en las que no sabes de dónde viene la estimulación o la sobreinformación, yo solo he ido adaptándome a las demandas de la niña.
    Creo que es un tema complejo de analizar
    Saludos
    Isabel

    • Me alegro que te haya sido útil… ¿Y a la profesora le parecía malo que manejara mucha información? porque a mí esto no me parece negativo, al contrario…

      A mí una de las cosas que me encanta de la edad de tu hija es que es un momento en el que la vida, el día a día, es estímulo suficiente. Subir y bajar una escalera puede ser una actividad que les entretenga toda la tarde!!, cualquier cosa es un aprendizaje y algo que les maravilla… es una pena que luego lo vayamos perdiendo (aunque sea inevitable).

      • Sí, por eso pienso que es un tema complejo de analizar. Hay muchos niños para los que cualquier cosa es un estímulo, las hojas del árbol en el suelo, las sombras, cómo se refleja la luz en un objeto. Y otros muchos que necesitan un tipo concreto de estímulo para sorprenderse o reaccionar.
        Yo creo que NO todos los niños responden por igual a los mismos estímulos, aunque haya algunos que sean universales. ¿ A qué se debe que un niño responda a un estímulo x y otro de la misma edad sólo a uno xx ?
        Ni idea. Es muy interesante todo esto, porque cuando somos muy pequeños se supone que todavía somos lienzos en blanco, y sin embargo tenemos ya unas marcadas preferencias por casi todo, que vete tú a saber de dónde vienen.
        La eternas disputas sobre genética y/o educación- contexto…
        En nuestro caso, el “problema” de mi hija venía porque muchas veces no quería hacer las fichas en la guardería, y tampoco prestaba atención a las actividades que la profesora proponía. De ahí el “que la niña manejaba mucha información”.
        Ahora en el colegio, con 3 años, le ha pasado algo similar y la niña nos ha dicho que es porque se aburre. Misterio resuelto.
        Me la imagino mirando por la ventana o quedándose embobada ante un rayo de luz mientras los demás rodean números, porque ella es de las que responden a ese tipo de cosas, 🙂

        Blog interesantísimo el tuyo, muy interdisciplinar. Y muy bien escrito
        Gracias de nuevo

      • A mí me parece sanísimo que una criatura de 2 años, y de 3… no quiera estar sentada haciendo fichas. Quizás habría que mirar qué les pasa a los que sí lo hacen!!

  5. HAY veces en las que no sabes de dónde viene la estimulación o la sobreinformación (eso es lo que quería decir, 🙂

  6. me encanta, sobre todo el último de ‘escúcheles, aunque lo que dicen parezca superficial’ o algo así… a veces somos nosotros los que estamos sumergidos en las tablets y teléfonos y les hacemos esperar para contarnos que en clase les pusieron un adhesivo por buena conducta y nos lo quieren explicar…

    • Ni que lo digas… las normas de cortesía que intentamos mantener con los adultos, a veces las obviamos cuando son niños los que nos interpelan…

  7. Esto último es cierto; a mí me ha pasado varias veces y luego me he sentido fatal. Seguramente, con un adulto no lo hubiera hecho. Tirón de orejas pa mi!!

  8. Aun recuerdo cuando llegó mi hija con 3 años después de haberlos pasado entre 4 paredes y un patio y la verdad es que la definición era esa “yonki de estímulos”, estaba como una moto, parecía que se había metido alguna droga alucinógena y no me extraña, después de una vida prácticamente sin estímulos llegar en Navidad, luces, fiesta, tele, personas, hermano,madre…se notaba que era demasiada información junta para su cerebro. Nos llevó meses calmar esa excitación tan exagerada y aun es hoy que anda acelerada, demasiadas cosas nuevas, rutinas cambiantes…y siempre preguntando que va a ser lo siguiente que vamos a hacer:ir a casa, dormir, al coche..necesita saber lo que va a pasar. Unos consejos muy valiosos que tenemos que practicar todos los días.

    • Es curioso, porque mi hijo A. reaccionó exactamente a la inversa: encerrándose, bloqueándose, desconectándose… al llegar de Marruecos era capaz de dormir 15 o más horas al día, y la psicóloga me dijo que seguramente tenía que ver con la necesidad de desconectarse del exceso de estímulos… durante mucho tiempo fue muy sensible a los mogollones de gente, al ruido, aún ahora lo es, aunque sus reacciones son menos extremas que al principio (se estresa y se desborda pero no se angustia). Reacciones muy opuestas para los mismos estímulos…

      • Lo del sueño si que es cierto, una vez que pilla el sueño puede dormir 12 horas o mas, de hecho la levantas por la mañana , no se despierta ella y cuando la dejo el fin de semana puede estar hasta las 11 en cama. Supongo que su cerebro necesita descansar de la excitación diaria.

      • A. es aún muy dormilón… ahora ya no le pasa, pero hasta los 5 un par de días por semana (el día de piscina fijo y otro, u otros dos), se dormía antes de las 7 de la tarde y hasta el día siguiente…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Nube de etiquetas

A %d blogueros les gusta esto: