familia monoparental y adopción

Hemos hablado en otras ocasiones de los duelos que han (o deberían haber) hecho los niños por las pérdidas que han sufrido antes de la adopción, y de los duelos que hemos (o deberíamos haber) hecho los padres cuando llegamos a la adopción. Pero los duelos no siempre se hacen antes… hay algunos que hacemos después. Me ha gustado mucho cómo lo explica este artículo:

Sabemos que nuestro niños tienen heridas, leves o graves, pero las tienen.

Sabemos que su comportamiento puede estar determinado por un pasado que les hirió duramente.

Sabemos que su lugar en el mundo puede resultarles incómodo, difícil de entender o asumir.

Sabemos tantas cosas…

A veces llegar a este conocimiento requiere mucho tiempo. Un tiempo doloroso de incertidumbre, inseguridad y miedo. Un tiempo que puede hacer estragos en el equilibrio emocional de la familia, de los padres, de las madres, de los hermanos…

Y no pasa nada. Al menos, aparentemente.

El entorno se va ubicando respecto a la situación, a las características particulares de nuestros hijos, de nuestra nueva familia. Se acostumbran a las rabietas, a los miedos, a los comportamientos disfuncionales y nos otorgan las correspondientes etiquetas. Sacan sus propias conclusiones y elaboran sus propias teorías. Y siguen adelante con esta nueva visión de nuestro devenir.

Es el flujo de la vida. Imparable, inclemente. Nos arrolla.

Sin embargo, de puertas para adentro esto no es tan sencillo ni tan evidente.

Cuando nuestros hijos plantean problemas demasiado complejos, la vida cambia. Y nos quedamos como atrapados en esa circunstancia. Desde fuera es muy fácil asumir. Al fin y al cabo cada uno tiene su propio carro del que tirar.

Pero desde dentro hay muchas rupturas que hay que procesar.

El Duelo no es ninguna invención. No es ninguna tontería y no es algo que se escoja. Es inherente a las renuncias, al dolor y a la aceptación. Es más, es anterior a ésta.

Lo que ocurre, es que en adopción siempre están presentes sentimientos complejos que a veces dificultan el reconocimiento de este duelo.

Cuando nuestros hijos nacen enfermos o enferman de gravedad, todo el mundo entiende el duelo. Es algo terroríficamente doloroso que el entorno puede comprender de alguna manera y que habitualmente no es juzgado de forma negativa. Si tu hijo padece una dolencia incapacitante todo el mundo te ofrecerá en mayor o menor medida su comprensión o su empatía. Pero cuando nuestros niños adoptados llegan a casa con problemas las cosas pueden ser diferentes. Me refiero a los casos más frecuentes en los que aparecen problemas poco evidentes a primera vista. Los problemas que hacen que el transcurso de la relación se vea fuertemente alterado y los padres en encuentren con un niño, con una paternidad totalmente diferente a la que soñaron.

Los padres detectan, sufren y tratan de batallar con estos hándicaps desde casi el principio. Pero la diferencia con el duelo que antes mencionaba es que la comprensión exterior pasa por filtros muy diferentes.

El hecho adoptivo crea en muchas personas una expectativa más frágil de la aceptación del niño. Muchos padres adoptivos han sentido y sienten, la necesidad de algunas personas externas de cantar las cualidades de nuestros propios hijos ante nosotros. O bien, de justificar cada comportamiento recordándonos sus dolorosos orígenes. O justo lo contrario, de reducir al máximo las expectativas con los pequeños recordando sus deprivaciones iniciales. Dejando los sentimientos de los padres sin un espacio seguro en el que aflorar.

En definitiva: hay un cierto recelo acerca de la intensidad de nuestro amor, de nuestro compromiso, de nuestra vinculación…Eso, lo corrige normalmente, el tiempo. Y las familias se van consolidando ante el entorno, despejando dudas.

Por eso el reconocimiento de la decepción, del miedo o del dolor, tiene implicaciones que a veces hacen que el duelo quede escondido, disimulado bajo la necesidad de demostrar el amor y la realidad de nuestras familias.

Sin embargo…

Sin embargo, el duelo es un proceso imprescindible de reconocimiento emocional. Cuando una pareja debe cambiar su imagen ideal de nuevos padres, en la que quizás, imaginaron que se incorporarían a su familia llena de primos con un niño que enseguida sería uno más y se encuentran con un pequeño disfuncional, que requiere un cuidado especial para ir curando su maltrecho corazón. O soñaron con un bebé al que mecer y se encuentran con un pequeño que rechaza brutalmente el contacto. O pensaron que se sentirían orgullosos de su nuevo hijo y tienen a su hijo expulsado del colegio por mal comportamiento una y otra vez. O… hay un necesario cambio de expectativas que puede no ser tan sencillo.

Y no pasa nada. Sentir dolor porque tus sueños no resultaron ser como pensabas es normal. Sentir dolor porque tu hijo está herido es normal. Sentir dolor porque tus esperanzas han cambiado es normal.

Es evidente que no todo el mundo pasa por un duelo al adoptar. Adoptar es algo grandioso que promueve un caudal ingente de emociones maravillosas. Y en muchos casos resulta fluido y sencillo.

Pero no en todos. Y por eso este post. Porque sentir que tu hijo no es como esperabas no significa no quererlo. Porque decepcionarte, o angustiarte cuando ves que los problemas te asaltan no quiere decir que no lo sientas tuyo.

Durante el proceso de duelo hay que reconocer los sentimientos que nos hieren con claridad. Compartirlos con personas de nuestra total confianza, que no juzguen ni se asusten. Buscar información acerca de los problemas que nos acucien. Hablar con un profesional si llega el caso. Remover, airear, compartir…las tres claves para hacer la limpieza general de las emociones que el Duelo requiere.

Negar los sentimientos no los hace más pequeños. El duelo, cuando llega, hay que pasarlo. Masticarlo cuidadosamente sin sentirse culpable y caminar el recorrido que las emociones nos van mostrando hasta llegar al objetivo final:

Aceptar a nuestros hijos como son. Sin reducir al mínimo nuestras expectativas para no sufrir. Sin imaginar escenarios terroríficos que no existen más que en la imaginación. Reconociendo sus numerosas cualidades y componiendo su idiosincrasia personal sin comparaciones, sin rencores.

Cuando el duelo se ha procesado real y efectivamente, sentiremos que amamos a nuestros hijos sin condiciones, con sus pupas, con sus fortalezas, con sus irritantes defectos a veces y con sus increíbles cualidades la mayor parte del tiempo.

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Comentarios en: "A vueltas sobre los duelos" (7)

  1. que bonito el último párrafo. Ojalá pudiéramos querer siempre así… Lo que he aprendido en estos años de maternidad (biológica y adoptiva) es que muchas veces aquello que más nos irrita de nuestros hijos, es la otra cara de aquello que también más nos gusta o les caracteriza. No habría uno sin lo otro.

    También he descubierto que inevitablemente a veces como madre adoptiva tiendo a no compartir aquello que me irrita de mi hija porqué quizás sienta inconscientemente que algunos puedan llegar a pensar que no la quiero como debería… Y esa prevención no la tengo tanto con mis hijos biológicos… Es como una autodefensa ante la recurrente pregunta “pero la quieres igual?”… igual? igual? que a los otros” Pues no… la quiero distinto como quiero de forma distinta a cada uno de mis hijos, por lo que es y por como es…

    Maria

  2. Me ha encantado el comentario de María. Mi abuela siempre decía, ” A cada uno le quiero cosas distintas. Algunas cosas les quiero más que otras. Pero no, no les quiero igual. Les quiero distinto, porque son muy diferentes el uno del otro.”

  3. Muy bien expresado lo del duelo en el articulo.
    Pero cuando el duelo está hecho, siempre queda el poso, por que el duelo de “lo que no ha sido ni será” deja poso dificil de eliminar. Nosotros cambiamos con el duelo, pero es un cambio forzado, un cambió dificil, necesario pero dificil.
    Despues de ese duelo, ya no somos los mismos. Seguramente somos mejores….,
    pero un duelo es un duelo y en el fondo, por diversas causas, queda el poso que nos recuerda siempre el duelo que hubo que hacer.
    Respecto a las personas que nó son parte implicada directamente en nuestra adopción`, creo que suelen ser las que nos dificultan enfrentarnos a los duelos adoptivos sin perjuicios y sin lastres.
    No es agradable que no se entienda por lo que estás pasando ni las decisiones que tomas, y menos agradable es tener que explicar o justificar.

  4. Difícil hablar sobre el duelo, de ahí tan pocos comentarios, más que duelo, para mí si que es andar con pies de plomo hacer alguna crítica sobre mis hijos a las personas “de fuera”, porque tengo la sensación de que el primer juicio sería “no es lo mismo que si lo hubieras parido…”, yo hacia afuera nunca estoy harta de los niños porque están hoy insoportables, expresiones que cualquier madre dice, pero que a tí te sueltan “pues no los trajeras…”

  5. Ciertamente muchos pasamos ese duelo, padres e hijos. en mi caso mi hijo tuvo un gran duelo por la separacion de su madre de acogida. No era algo exagerado, agresivo sino diria yo, que lo envolvia en un halo de tristeza, miedo e incertidumbre. Solo hay que ver las fotos de antes y de ahora, mirar sus ojos para darse cuenta. Yo siempre lo comentaba cuando la gente decia “que bien se le ve” (era un niño de caracter timido y daba la impresion de ser un niño bueno por su mutismo), y yo decia, no, esta triste (creo que ni el mismo sabia como se sentia).
    Por mi lado siempre reconoci (gracias a madres que tambien me habian contado sus duelos y lo que les habia costado sentirse madres) que me costaba sentirme madre. No porque el niño fuera malo y aunque no se portara mal se notara a la legua que no me queria (no tanto como a su madre, se entiende), no porque fuera un cambio de 180º en mi vida anterior, sino porque lo pase tan mal en la separacion que hasta que no supere mi propio duelo por sentirme la secuestradora del niño (que fue cuando vi al niño mas relajado) no pude empezar a sentirme madre.

    • Yo no fui capaz de ver la tristeza de mi hijo hasta mucho después, cuando ya había desaparecido, al ver la diferencia entre el niño en el que se había convertido y el que era entonces…

  6. Madre de 2 dijo:

    Si bien siento que hay duelos en la adopción es innegable… porque como dicen otros post mi hijo mayor al menos era reacio al contacto físico, no se reía mucho, estaba hiperalerta a movimientos bruscos o a sonidos fuertes, y se podía leer en sus ojos el miedo o la desconfianza con la que nos miraba… y aun quedan secuelas que hemos ido tratando con profesionales, que nos han permitido darle lo que necesita…

    En mi caso el duelo fue doloroso por las conductas disruptivas que ambos presentaron en un comienzo… por lo que lo de la familia feliz y la adopción se fue diluyendo, tuve que dejar de trabajar y uf muchos cambios, dolores, se desregulaban fácilmente, fueron 3 meses dificilisimos… por lo que mi duelo fue intenso…
    Pero al principio todo lo relacionaba con su historia de vida, lo consulte con nuestra santa terapeuta y claro ella me dijo que estaba super bien… luego comprendí que lo que ella en realidad me decía era “tomate tu TIEMPO” y así fue de apoco me di cuenta que habían padres “biológicos” que sentían lo mismo que yo… cuando en partidos de football una padre le dijo a su esposa: “viste, no salio igual que a mi… yo era delantero a su edad” o “no entiendo porque no le gusta la matemática a mi me encantaba” o “sera el único artista de la familia” y me di cuenta que de alguna forma es parte de convertirse en padres vivir el duelo de las expectativas y comenzar la aceptación de nuestros hijos y eso lo entrega el tiempo que es sanador, aun me quedan secuelas pero hoy, soy consciente de que existen…

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