familia monoparental y adopción

La cuna-cama

Hace nueve años, andaba yo esperando la asignación de B. No sabía nada. Ni quién sería, ni cómo sería, ni su edad, ni su sexo, ni cuándo me llamarían para que viera esa primera foto, ni cuándo podría viajar a buscarle.

Yo no monté ninguna cuna (lo hizo mi hermana cuando, de un día para otro, tuve que irme a Etiopía), pero me he sentido tan identificada con esta maravillosa entrada que publica hoy la autora de Cuaderno de Retazos

Y no, él tampoco durmió jamás en su cuna.

Hace nueve años estábamos pensativos, mirando atentamente la cama-cuna (marca Ikea) de Flor de Canela y sin saber qué hacer. En las instrucciones venían las diversas maneras de montar la cuna según la edad del niño.

Hace nueve años llegamos de China con nuestra hija de tres años. El tiempo que permanecimos en China dormir y dónde dormir fue sencillo. Ella en la cuna, que los hoteles habían colocado para nosotros, y nosotros en la cama.

En nuestra casa no fue tan sencillo. La primera noche, la noche de por fin en casa con nuestra hija… Flor de Canela durmió en su habitación y en su preciosa cuna montada modo niña de tres años y se cayó varias veces. Y se siguió cayendo las siguientes noches dándose buenos trompazos y sustos, por lo que se estaba empezando a romper el ritmo de su sueño. Visto lo visto, en el modo camita no podía dormir, así que desmontamos la cuna y probamos la forma cuna de bebé que empieza a andar. Ver a Flor de Canela tan chiquitina, tan frágil y tan temeraria como trepaba a la cuna y como se bajaba nos hizo desmontarla de nuevo y elegir otra forma que nos pareció más segura.

Mientras montábamos y desmontábamos la cuna, Flor de Canela iba descubriendo su nuevo mundo… un mundo muy distinto al suyo y donde no sabía cuánto tiempo iba a estar, ni para que estaba… tampoco entendía que queríamos de ella nosotros, no entendía nuestra forma de comer, ni nuestro obsesión por bañarla a diario… ni casi nada de lo que le rodeaba.

Mientras montábamos y desmontábamos la cuna-cama, Flor de Canela decidió que ella en su habitación no dormía. Y eligió la alfombra que estaba a la entrada de nuestro dormitorio. En la cuna no había manera, en la alfombra imposible…

Así que de nuevo desmontamos la cuna y la pusimos en nuestra habitación. Y empezó a dormir junto a nosotros.

“¡No, no y no¡ Con tres años debe de dormir en su habitación”. Los que nos aconsejaban ser firmes con este tema, desconocían cómo dormía nuestra hija en el orfanato compartiendo habitación y compartiendo cama o cuna con otros muchos niños; desconocían el profundo desconcierto de nuestra hija ante su nuevo mundo; desconocían lo que es ser un niño de tres años que ha perdido toda referencia y al que ni tan siquiera su lengua le vale, que ha perdido incluso su propio nombre . Y empezamos a aprender a bajar las persinas, a dejar de mirar hacia fuera… hacia otros niños y empezar a mirar a nuestra hija.

Llegaron las pesadillas y los terrores nocturnos, las primeras fiebres de 39,9º, los primeros y dolorosos desencuentros…

Una noche Flor de Canela saltó de la cuna a nuestra cama. Empezó a dormir con nosotros. La cuna ahí seguía ocupando espacio en nuestro dormitorio totalmente inútil. Un día aceptamos que nuestra hija dormiría con nosotros. De nuevo desmontamos la cuna y la volvimos a montar tipo cama en su habitación…

Pasaron años hasta que Flor de Canela tomó la decisión de dormir ella sola. Para entonces su cuna-cama ya no servía. Así que para celebrar su decisión y su hacerse mayor compramos una cama nueva de niña grande y desmontamos, por última vez, la cuna-cama de Ikea que fue a parar al desván, y de ahí a la casa de los amigos de unos amigos que tenían a un recién nacido.

Hace nueve años era una madre recién estrenada con un montón de ideas muy claras de cómo educar y actuar con nuestra hija.

Hoy miércoles, me recuerdo a mí misma mirando una cuna… sin saber qué hacer con la dichosa cama-cuna, sin saber qué hacer con mi hija de tres años… Y siento compasión y amor por aquella inexperta y asustada madre que luchaba por lograr entender a su desconcertante y hostil hija, por lograr que su hija la aceptara al menos un poquito, por defenderla de un mundo que descubrió de repente hostil… Siento amor por aquella madre que miraba hacia sus ideas sobre educar, sobre hijos, sobre madres… y veía que no servían porque su hija necesitaba otras cosas… y no sabía que eran esas otras cosas.

Un besito a todas las madres que se sienten o se han sentido así alguna vez.

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Comentarios en: "La cuna-cama" (12)

  1. Que bonito, y cuanto me identifico. Tres adopciones y tres descubrimientos, nunca es nada igual, siempre hay que adaptarse.

  2. Muy tierno. También me identifico. Y no, mi hija tampoco durmió nunca en su cuna…

  3. Me ha gustado mucho. Yo soy de las que insistí en que durmiera en su cuna, no costó demasiado tiempo (2 o 3 noches). , tenia 17 meses, no fue por teorías sobre crianza ni nada por el estilo, yo necesitaba dormir sola sino no descansaba. Hoy cuando miro atrás siento que fui demasiado dura con él, siempre ha dormido fenomenal él solo, primero en su cuna a mi lado y ahora en su cama en otra habitación, pero siento una cierta desazón en mi interior. Sé que en todos estos años me he equivocado con ellos en muchas ocasiones pero ésta me duele especialmente. Ya no tiene remedio.

  4. Cada niño es un mundo, eso está claro. El mio nada mas llegar (algo hostil tambien hacia mi persona y con un duelo importante por la separacion de su madre de acogida) durmio en su cama nueva el solo, de tirón, sin problemas. Yo toda contenta, claro, porque creia que despues de compartir habitacion en su pais con un par de niños y seis semanas conmigo alli tendria problemas. No paso nada pero a los tres dias cambio. El se acostaba en mi cama llorando echando de menos a la madre perdida. Yo no lo echaba.
    Deje que pasara esos primeros meses conmigo por el tema apego, preguntandole siempre si queria dormir solito. Lo consegui comprando una barandilla de cama. Le hizo gracia pensando que era un barco y desde entonces duerme solo, de tiron 10-12 horas, sin pesadillas. Se acuesta solo sin problemas. Alguna noche se despierta y viene a mi cama y se queda. Hay semanas que todas las noches y otras que ninguna. Unas noches que viene a las 2 y otras a las 6 casi a punto de despertarnos, depende.
    Tengo que reconocer que lo separe por egoismo porque no puedo dormir con el: ronca, se mueve muchisimo (ahora menos pero al principio eran todo patadas y brazazos) o se me pega completamente cosa que no me deja dormir. En fin, que le sigo dando la seguridad de que me tiene cuando lo necesita pero no se lo fomento.

    • Mis hijos también se movían, roncaban… pero con el mayor, era dormir mal o no dormir. En su habitación (lo intenté) podía despertarse 8-10 veces por noche… en mi cama se daba la vuelta, me tocaba, y seguía durmiendo… Yo siempre digo que el colecho me salvó la vida.

      • El mio es que duerme bien solo (ahora). A la mala se levanta una vez y si se asusta viene a mi cama

  5. Mi hijo llegó hace dos años y duerme al lado nuestro en una camita pegada, pero nos reclama dormir en medio, le decimos que siempre que se despierte se pase…pero yo también intenté que durmiera en una habitación sólo cuando llegamos, y cómo me gustaría llegar a sentir amor y compasión por esa madre inexperta que era yo también, sin juzgarme ni reprocharme mis errores…espero conseguirlo. Gracias “cuadernoderetazos” por recordármelo.

  6. Me identifico totalmente con lo escrito,y me rio cuando recuerdo los dias que dedicamos a pensar cómo distribuir los espacios y también tendré que redecorar la habitación sin casi haberla pisado.Besos

    • Cuando fui a buscar a mi hija a su país, me dijeron en el hotel k pondrían una cama pequeña para ella en la habitación para cuando volviera con ella.
      Cuando volvimos las dos, me encontré k habían puesto una cuna de recién nacido y la niña tenía SIETE AÑOS! Así k esa noche empezamos a dormir juntas y hasta este trimestre no se ha ido a su cuarto. Y eso pork decía k ronco y no la dejo dormir jjjjj
      Empezó muy pronto y colegio así k fuimos construyendo el apego abrazadas en la cama…

      • Yo también tuve esta sensación con mis hijos, que podía pasar con ellos por la noche las horas que no podía pasar por el día… aquello que cantaba Sabina, “me podrán robar tus días, tus noches no…”

    • En el caso de mis hijos, además, tengo que decir que su habitación (la de la casa anterior, la que compartían), no solo no la usaban para dormir, sino que prácticamente tampoco la usaban para jugar… al menos los primeros años. Necesitaban estar en mi radio de acción. Era más un almacén de juguetes y ropa que otra cosa.

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