familia monoparental y adopción

Historia de una adopción

Este fin de semana se ha estrenado “La adopción”, una película que, como su título indica, narra la historia de una adopción. No la he visto todavía – y no sé cuándo podré hacerlo – pero he leído algunas críticas de personas ajenas a la adopción, que la califican de floja… y he asistido a algunos debates sobre ella de familias adoptivas que me han parecido de lo más interesantes.

Me ha recordado mucho a otros debates que tuvimos en otros tiempos y otros lugares, donde se discutía sobre las irregularidades en los procesos adoptivos. Y siempre se polarizaban entre gente que denunciaba estas irregularidades, vividas en propia carne, y gente que las negaba, tanto en sus propios casos, como en los de los demás.

Siempre me ha sorprendido que alguien niegue la validez de las vivencias y las emociones de otros… creo que cuando alguien tiene la valentía de denunciar irregularidades o ilegalidades en algo tan íntimo y fundamental en su vida como un proceso de adopción, solo se puede escuchar y atender.

Pero siempre surgen voces que dicen que estas historias “ensucian la imagen de la adopción”.

También en el caso de esta película.

Y yo me pregunto: ¿No son las propias irregularidades, la cantidad de dinero que cambia de manos, la opacidad del proceso, las dudas sobre la adoptabilidad de los niños… lo que ensucia la imagen de la adopción?

Cargar contra las voces que denuncian, ¿no es matar al mensajero?

Mientras veo (o no veo) la película, comparto un artículo de Daniela Fejerman, la autora de la película sobre su propia historia de adopción. La que inspiró la película.

 

Adopción película 

Visto con perspectiva, llegué a la decisión de adoptar muy tarde. Y digo tarde porque antes me sometí a varios tratamientos de fecundación in vitro que machacaron mi cuerpo, mi espíritu y mi relación de pareja.

 Además, estos tratamientos hicieron que el deseo de ser madre -un deseo que se despertó en mí tardíamente- se convirtiera en una obsesión.

Cuando te metes en la lógica de los tratamientos de fecundación te metes en la lógica del jugador compulsivo. Esta vez no ha tocado, pero ¿por qué no a la próxima? Y sigues apostando. Sólo que aquí no se trata sólo de dinero (que también), es mucho más lo que está en juego. Los médicos exhiben sus porcentajes para demostrarte que estás en manos de la ciencia, pero en realidad estás en manos del azar.

Finalmente me planté. Ya digo, tarde, pero me planté.   Y entonces empieza esta historia. Decides que vas a adoptar. Enseguida sabes que lo primero es obtener la “idoneidad”, un certificado que emite tu comunidad autónoma en el que te declaran “apto” para adoptar. Primero pasas por unos cursos de formación. Psicólogos y especialistas te hacen ver que adoptar no es un juego. Te explican que no se trata de defender tus derechos como adoptante sino los derechos del menor. Hablan de la “mochila” con la que llegan a una nueva familia los niños adoptados: una historia pasada de abandono, institucionalización o acogida que va a determinar su identidad. Piensas que está bien que hagan que te tomes en serio el asunto. Pero también ves cómo a veces se deslizan de la “formación” a la “presión”: por ejemplo, sobre las mujeres solas que desean adoptar.

Las cuestionan de tal manera que resultan disuasorios.Después, te entrevistan psicólogos y asistentes sociales. Te interrogan sobre tu historia familiar. Sobre tu relación de pareja. Sobre tu trabajo.  Y claro, temes mostrar alguna fisura. Temes que ser hija de padres divorciados, o de exiliados políticos de Argentina, juegue en tu contra. Intentas dar una visión idílica de tu relación. O sea, construyes un relato pensando en lo que esperan de ti.

 

Adopción 3

La asistente social visita tu domicilio y examina cómo vives, y cómo y dónde vas a instalar al niño o niña. Y piensas: está bien, deben garantizar que eres capaz de recibir a un menor y criarlo, pero… ¿es necesario este escrutinio fiscalizador?

Cuando por fin te conviertes en idóneo para la administración, viene la elección del país. ¿Dónde adoptar? ¿Nos planteamos una adopción transracial o no? ¿Averiguamos dónde hay más facilidades? En mi caso, una amiga que había adoptado en China nos habló muy bien de su experiencia. Pero aquí entran en juego las legislaciones de los distintos países. Y en China te exigían dos años de matrimonio. Llevo con mi pareja desde la adolescencia, pero no nos habíamos casado. Acabamos haciéndolo porque vimos que eso ampliaba nuestras posibilidades.

Intentando buscar algún lazo emocional que me ayudara en la elección del país, pensé en Ucrania. El lugar de origen de mis abuelos paternos, emigrados a la Argentina en los comienzos del pasado siglo. No es que mis abuelos me hubieran hablado mucho de Ucrania de niña: eran judíos y salieron huyendo, y su único nexo con el pasado era la lengua Yidish.  Pero encontré ese vínculo irracional que andaba buscando.

Por supuesto, no es que elijas dónde vas a ir y ya está. No. Vienen entonces las exigencias del país en cuestión. Certificados de penales, informes sobre tu situación socioeconómica, informes médicos exhaustivos, pruebas que ni sabías que existían… Intentaba tomarme todo este proceso con calma. Mi pareja iba acumulando papeles y papeles. E intentábamos no desesperarnos con las esperas ni cuando un certificado caducaba porque el expediente no avanzaba y había que volver a empezar.

En España no hay ECAI para Ucrania. Ah, que no os lo he explicado. Las ECAI son agencias intermediarias entre los países de adopción y España. Visto lo que vino después, creo que si hubiéramos ido a un país con una ECAI hubiéramos estado algo más protegidos.

Tratábamos con una intermediaria ucraniana que nos había recomendado un conocido. La información que nos llegaba era escasa e incierta. Una tónica que no era más que un ligero anticipo de lo que nos íbamos a encontrar allí.

Por fin nuestro expediente se puso en marcha y salimos pitando para Kiev, en pleno mes de diciembre. Lo que siguió es lo que, ficcionado, relato en “La adopción”, la película que se estrena este 13 de noviembre: la inmersión en un mundo hostil, donde rige la opacidad y donde la corrupción lo impregna todo.

Os cuento sólo el comienzo. Los adoptantes tienen opción a tres citas en el Centro Nacional de Adopciones de Kiev. En cada una te enseñan fichas de niños que viven en orfanatos de todos los rincones del país, fichas con muy escasa información. Pero suficiente para saber que en la primera cita sólo te ofrecen niños con enfermedades gravísimas. Quizá el Estado prueba a ver si suena la flauta y se libera de un niño que implica un gasto mucho mayor que el de un niño medianamente sano.

Nos habían advertido de esta primera cita. Pero una cosa es que te lo cuenten y otra verte ahí, mirando fotos borrosas de niños que vas rechazando, uno tras otro. Parálisis cerebral, minusvalías psíquicas y físicas gravísimas. Aunque sabes que si hubieras estado dispuesto a hacerte cargo de un niño enfermo podrías haber adoptado en España, no dejas de plantearte dónde están los límites. Qué estás dispuesto a aceptar y qué no. Y no dejas de sentirte fatal por plantearte estas preguntas.

Lo que ocurrió después, como tras el fracaso de la segunda cita nos enteramos (porque la desesperación de nuestra intermediaria y la necesidad de salvar su cara ante nosotros la llevó a hablar más de la cuenta) de la corrupción que anida en el corazón mismo de ese Centro Nacional de Adopciones que supuestamente vela por la seguridad de los menores de Ucrania, cómo funcionarios de ese centro “trapichean” con las fichas de los niños, cómo el grueso del dinero que pagas (unos 7000 euros en el año 2008) van a parar a manos de uno de esos funcionarios para que se haga con la ficha de un niño que no esté gravemente enfermo y la “reserve” para tu intermediaria… Y cómo confrontarnos con esa realidad empezó a crear conflictos entre nosotros (era inevitable que surgiera la disyuntiva de plantarse o seguir adelante)… Todo eso lo dejo para que lo veáis en la pantalla.

De lo que viví allí, sin embargo, quiero dejaros un par de imágenes, que se han quedado grabadas en mi memoria de manera especialmente intensa. Una es la del primer encuentro con mi hijo. Una sala de juegos en un orfanato de una ciudad remota del este de Ucrania. Expectación, taquicardia. Un pasillo. Y de pronto, por el pasillo, un niño que asoma de la mano de una cuidadora. Viene dando pasitos, y la cuidadora murmura cosas que no entendemos, pero donde se distinguen las palabras papa-mama. El niño es pequeñito. Lleva un peto corto azul claro y una camisetita. Y sonríe. Una sonrisa dulce y triste. Como todos los niños de orfanato, lo que notas en él es casi una ausencia de expresión. Es como si no tuvieran cara, como si la falta de figuras de apego les hubiera impedido, hasta ese momento, empezar a ser alguien.

Mirando las fotos de las sucesivas visitas que fuimos haciendo al orfanato, se ve cómo la expresión de Sergio (Serguei era su nombre ucraniano) se va transformando. Aparece la curiosidad. Aparece la diversión del juego. Aparece la picardía. Aparece la risa. Aparece la pena cuando nos marchamos. Os podéis imaginar lo poco que se tarda en crear un vínculo en una situación así.

La otra imagen aún me encoge el alma. Un día cualquiera, voy a visitarle y entro en la habitación a recogerle. Allí, doce camitas, y otros tantos niños de la edad de Sergio, en torno a los dos años. Van en medias y camisetas, algunos juegan, otro miran una pantalla de TV.

Cojo a mi niño en brazos para llevarlo a la sala de juegos. Y entonces, todos los demás se arremolinan en torno a mí, tendiéndome sus brazos, buscando que les coja. Una niña llora, llena de mocos, y sólo dice “mamamamamama”. Salgo de la habitación conteniendo las lágrimas. La puerta tiene un cristal. Allí se quedan los niños apoyando sus manitas. No saben hablar, pero saben que los que son cogidos en brazos por estas presencias nuevas y extrañas se van de allí. ¿Qué será de todos estos niños? ¿Por qué la funcionaria del Centro de Adopciones de Kiev se empeñaba en decirnos que no hay niños menores de tres años adoptables en los orfanatos?

Sólo una cosa más, a modo de apunte final: lo mal que lo pasé allí no tiene nada que ver con la gratificante experiencia de maternidad que vivo con Sergio. La adopción no es una cuestión de  solidaridad sino de deseo: el deseo de ser madre o padre. Pero aún ahora hay veces que miro a mi niño y recuerdo de dónde salió. Recuerdo ese orfanato en esa antigua ciudad industrial desmantelada al Este de Ucrania, casi en la frontera con Rusia.  Esa ciudad ahora invadida por los tanques rusos. Y pienso: “qué suerte que te sacamos de allí”.

 

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Comentarios en: "Historia de una adopción" (22)

  1. Y yo me pregunto: ¿No son las propias irregularidades, la cantidad de dinero que cambia de manos, la opacidad del proceso, las dudas sobre la adoptabilidad de los niños… lo que ensucia la imagen de la adopción?

    Cargar contra las voces que denuncian, ¿no es matar al mensajero?

    Para mí no es matar al mensajero, es ese mensajero el que ensucia la imagen de la adopción, esa imagen la ensucian quienes participan de estas irregularidades.
    No hay que hacer películas cuando ya tu hijo esta en casa hace muchísimos años, hay que denunciar aquí en cuanto se llegan y allí en el momento de producirse esa irregularidad.

    • Yo no creo que la imagen de la adopción la ensucie quien denuncia sino quien hace las cosas que otros denuncian. O no denuncian. Y esa “no-denuncia” también ensucia esta imagen. Si es que es necesaria ensuciarla… quizás ya es bastante sucia desde el principio.

      La mayoría de la gente que conozco ha vivido un proceso que ha pasado de verlo todo de color rosa, creerse todo lo que le contaba la ecai, empezar a tener dudas, buscar información, sospechar de irregularidades, intentar confirmarlas… no es tan fácil denunciar de entrada. Y menos cuando lo que está en juego es algo tan sensible como un niño, que quizás es ya tu hijo…

      Yo no sé si la autora de la película denunció o no o tomó medidas al respecto. Sí pienso que una película como esta puede abrir los ojos a mucha gente. Y que si lo que narra sucede, no contarlo no ayuda a nadie.

  2. Me quedo con la frase de q la adopcion no es un acto de solidaridad sino un deseo dexser madre/padre

    • Bueno, yo creo que está claro que esta es la motivación fundamental para ser padres. Pero creo que a veces, tras esta frase se esconden cosas algo más oscuras… “como la adopción no es un acto de solidaridad, rechazo un niño que tenga algún problema de salud”… algo que, en ocasiones, no está muy lejos de la elección a la carta de un niño, no tan solo sano, sino que responda a otras expectativas (edad, sexo, etc). No sé si es el caso de la autora de la película, pero es lo que siempre me hace pensar esa frase.

  3. Mi experiencia fue distinta a lo que siempre se habla, al ser yo misma quien gestionó los trámites por vía libre para el Perú, fue una verdadera sorpresa descubrir que un organismo público de mi país fuera tan transparente, sin ningún manejo bajo mesa, todo claro y directo… pero para mi segunda adopción las esperas se hicieron interminables llegando a durar más de 3 años (ahora sé que llegan entre 4 a 5 años).

    En ese proceso hice llegar una carta a la ministra de turno del MIMP para darle a conocer las esperas tan largas que teníamos los peruanos y parejas mixtas en el extranjero, a cuenta y riesgo que mi propio expediente adoptivo tuviese un contratiempo… pero gracias a Dios no pasó nada.. Solo recibí una carta de respuesta y a esperar más tiempo hasta que me nuestra princesa llego a casa; ahora que tengo a mis dos hijos sigo a pie de lucha para que el organismo del estado hagan bien su trabajo, declarando en estado de abandono a miles de niños que nadie ha reclamado durante tantos años, para que puedan ser susceptibles a la adopción y tener la posibilidad de vivir en familia. Escribo a los medios, periodistas, organismo y congresistas, para hacer oír su voz, ya que parece ser que a nadie le importe. Particularmente me marco la historia de Willmar.. https://hijosdelperu.wordpress.com/2015/10/05/esperando-una-familia/

    • A mí de las esperas largas no me preocupa lo que esperamos las familias sino, si es el caso, lo que esperan los niños. Quiero decir que si hay muchas solicitudes de adopción y pocos niños adoptables (y se toman el tiempo en comprobar la adoptabilidad de cada uno de ellos), me parece que esperar es un precio bajo. Si los que van esperando (y creciendo) en orfanatos son ellos, por trabas burocráticas o lo que sea, me parece más grave…

      ¡¡Y me alegro de que en Perú os encontrarais una experiencia tan transparente!!

      • No solo es mi experiencia, todas las familias del grupo igualmente están de acuerdo con la transparencia de Perú en materia de adopción y somos más de 13 familias que hemos ido por vía Libre, lamentablemente el caso de Chabelita Pantoja ha manchado la imagen del organismo, por otro lado es verdad que al inicio piensas en tu propia espera, luego vez que la espera que tu hijo ha pasado les ha robado lo mejor de su infancia, te solidarizas con los demás niños, te pones en la piel de ellos, te sientes mal porque te has llevado al más pequeño y los grandes miran con resignación. Las trabas burocráticas son un mal endémico en Latinoamérica, el año pasado se avanzó mucho con la anterior directora para poder agilizar las declaratorias de abandono, ahora quieren tirarlo atrás… desde aqui no puedo hacer mucho, mas que escribir y escribir.

      • Esto me recuerda la situación de Marruecos, donde en muchos orfanatos no hacían actas de abandono hasta que alguna familia se interesaba por kafalar… los niños iban creciendo sin papeles, con menos posibilidades cada vez de ser adoptados…

  4. Hola, yo estuve en el estreno de la película y tuve el placer de compartir el debate que se organizó después con la directora de la peli. Precisamente le pregunté si era una película “denuncia” y me dijo que no. Que ella había hecho una película basada en su vivencia personal.
    Yo agradezco que la película sirva para poner el tema sobre la mesa , para que las familias estén atentas y que la información que se recibe sea transparente.
    Por otro lado es su película y no creo q nadie tenga derecho a juzgar si tenía q haber puesto más énfasis en una fase u otra (ya he leído comentarios de este tipo).
    Ella no ha hecho un manual de adopción , ha hecho su película y a mí me gustó verla.
    Un abrazo

  5. Yo pertenezco a esa minoría que no vivió ninguna irregularidad en la adopción. Adoptamos en dos países diferentes y no es por negarme a ver las cosas es que, sencillamente, en nuestro caso, no ocurrió nada que pudiera interpretarse como corrupción, chanchullo, negocio etc…Es más, tuvimos un problema muy serio que nos obligó a cambiar de región, alargar la estancia en el país etc.. y salvo los billetes que cambiamos y los hoteles que pagamos nadie nos pidió otra cosa que mil perdones.
    Por supuesto, creo que la corrupción existe en este mundo y no pongo en duda ninguna de las historias que me cuentan o leo. Precisamente porque creo que existen irregularidades buscamos y rebuscamos y elegimos aquellos países que nos ofrecían unas mínimas garantías. Puede ser que en estos que elegimos también se den situaciones de ese tipo pero a nosotros no nos ocurrió.

    • Yo no fui consciente de vivir ninguna irregularidad en los procesos de mis hijos; sin embargo, no pondría la mano en el fuego. Hay mucha opacidad en todo el proceso, en qué exactamente se gasta el dinero que pagas. Creo que a veces, hacerlo a través de la ecai es una manera de quitarnos la responsabilidad; pero si la ecai, o el abogado de turno, usa parte de ese dinero para comprar voluntades, acelerar procesos, priorizar expedientes, convencer familias… ¿cómo saberlo? Yo no lo sé en el caso de mis hijos, aunque sí estoy absolutamente segura, porque lo he podido comprobar, de que no hay ningún defecto de forma en la adoptabilidad de mis hijos, y esto no es poco.

  6. Personalmente, pienso que las irregularidades existen… sino ¿ porqué se crea el debate y se habla tanto del tema?
    En mi caso… hace ya 10 años, descarté varios países porqué las ECAIS me hablaban ya de la corrupción que allí existía y conocía casos muy cercanos en los que los adoptantes a su regreso me contaron verdaderas barbaridades…. como la del catálogo de niños que narra la directora de esta película.
    Está bien que se conozcan todas las caras de la adopción aunque a veces no sea lo que nos gusta oir.

    • No creo que nadie tenga ningún interés en “inventarse” irregularidades ficticias en el proceso de adopción de sus hijos, que a los primeros que “mancha” es a su propia familia… otra cosa es que no sean siempre fáciles de detectar, o de denunciar.

  7. Si las irregularidades existen. Y no sólo en los países de origen de nuestros hijos. Las ECAIs a veces también cometen sus irregularidades, muchas veces en forma de amenazas, coacciones… verbales que son difíciles de denunciar por la falta de pruebas.

  8. No entiendo porqué algunas familias adoptivas se ponen a la defensiva cuando estrenan una peli basada en hechos reales. Es un hecho real, es así, más o menos doloroso igual que otras muchas películas basadas en hechos reales, el ser humano es capaz de lo mejor y lo peor y validar esa realidad es parte de la solución y de que no se vuelva a repetir, esconder unos hechos con la excusa de que a mí no me ha pasado me parece cobardía. Este debate está en el aire, y lo estará mucho más cuando nuestros hijos sean mayores y lo saquen ellos mismos y ahí yo prefiero estar en el bando de los que hablan de ello sin tapujos y validan el dolor y la injusticia de los que les ha pasado y no en el bando de los que esconden el tema con la excusa de que a mí no me ha pasado eso.

    • A mí me pasa lo mismo, si tan seguros están de la incorruptibilidad de su proceso, ¿por qué les afecta tanto que otros denuncien que el suyo no ha sido igual de transparente? ¿No será que están menos seguros de lo que aparentan – y que no quieren salir de dudas?

  9. Personalmente la peli no me pone a la defensiva, y tengo ganas de verla, pero en general la gente de la calle es bastante ignorante en temas de adopción, lo que me preocupa es que se crea que todas las adopciones son irregulares, haberlas las hay, pero no todas son así.

  10. Buenos dias, he leido tu narración y me he hartado a llorar, es lo mismo ke vivimos en Rusia. Está claro ke lo ke keremos es adoptar y una vez ke llecamos a España con nuestros niños nos olvidamos del proceso.

    • Pues creo que no deberíamos… quizás olvidar la dureza del proceso… pero nunca las irregularidades, si las ha habido, o se sospecha que las puede haber habido.

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