familia monoparental y adopción

“Si estás escribiendo un verso sublime y tienes que dejarlo para atender a un niño que llora, cuando vuelves, el verso es todavía mejor”. Manuel Rivas.

Estos días en los que andamos discutiendo sobre el atrevimiento de Carolina Bescansa de llevarse al Congreso (su trabajo) su bebé de 5 meses, he leído y oído a muchas personas diciendo que el Congreso (el trabajo) no es lugar para llevar un bebé, que hay que escoger entre criar o trabajar, o al menos, marcar una clara línea de separación entre una cosa y otra. Es decir: mientras trabajamos, nuestros hijos están en otro lugar, con otras personas, y mientras criamos, nos olvidamos de nuestro trabajo.

Pero, ¿tiene que ser esto necesariamente así, en todos los casos?

Me gustó mucho esto que escribía Noelia Adánez:

Ayer alguien me advirtió que si cuidas a un bebé y trabajas al mismo tiempo no harás bien ninguna de las dos cosas. En mi experiencia y en la de tantas otras mujeres el problema está en definir cuándo estás trabajando y cuándo estás cuidando de tus hijos. ¿Cuántas veces me senté a escribir al ordenador o a preparar clases con mi hijo colgado del pecho? ¿Cuántas veces ahora me siento frente al ordenador o a un libro mientras él divide por números de dos cifras? ¿Y cuántas veces las cigarreras de finales del siglo XIX limpiaron sus manos en el mandil, a contrapelo, para poder ponerle un dedo en la boca al bebé que lloraba en el cajón y silenciar su ansia, su hambre?

Y pensaba que muchas veces la frontera entre la crianza (la vida) y el trabajo es muy difusa, al menos en un trabajo como el mío. Uno consulta el correo personal en el ordenador del trabajo y recibe mensajes de trabajo cuando ya ha llegado a casa; desde el teléfono del trabajo he resuelto asuntos domésticos (por aquello de los horarios), pero he terminado en casa lecturas y textos. He compartido con mis hijos películas que he tenido que ver por trabajo y he utilizado para el trabajo reflexiones que me han hecho mis hijos.

Por no hablar de lo difícil que es compartimentar el cerebro: he seguido dando vueltas a temas de trabajo en mi tiempo “libre” y, por descontado, las necesidades y problemas de mis hijos no se me van nunca de la cabeza, por intenso que sea el ritmo laboral.

Y todo nos enriquece. Que trabajemos, mi trabajo, lo que me aporta mi trabajo, ser una mujer trabajadora, me enriquece como madre (como pareja, como amiga, como persona); criar a mis hijos (y ver a mis amigos y leer lo que me da la gana, y viajar, y querer), enriquece mi trabajo. Todo se alimenta.

Beatriz Gimeno lo explicaba muy bien en este artículo:

Los diputados y diputadas de Podemos parecían marcianos en una reunión de la trilateral. No nos parecemos en nada a los tradicionales, y no es sólo una cuestión de adscripción política, es también una cuestión de experiencia vital que se refleja en el aspecto exterior pero también en la relación que establecemos con la vida, con nuestra vida cotidiana. Y no es una pose, ni es un show.

Y es ahí donde creo que hay que situar la cuestión del Bebé de Carolina Bescansa. La gente que entra en el Congreso (y que ha entrado antes en otras instituciones) viene del activismo social, de posiciones que se podrían considerar antisistema, que es una posición no sólo política, sino también vital. Esta gente no viene, como es lo tradicional en los cargos públicos, de hacer méritos durante años en un partido político, ni de un bufete de abogados, ni siquiera de las facultades de derecho privadas o de una empresa. Viene, venimos, directamente de las manifestaciones, del desempleo, de los trabajos más precarios y de un tiempo político distinto. Esto hace que esa distinción radical, tan propia del capitalismo liberal, entre esfera pública y privada, no la vivamos de manera tan estricta.

Y esto es un tema propiamente feminista. Para ellos y ellas, para nosotras, el ideal de ciudadanía que se sustenta sobre la separación radical entre la esfera pública (lugar de la ciudadanía, del trabajo remunerado y del debate político; el Mundo del Estado, que dice Habermas) y la esfera privada (la crianza, el cuidado de ancianos y enfermos, el Mundo de la Vida, según el filósofo alemán), es una separación que, en gran parte, ya no opera. Carolina Bescansa no llevó a su bebé al Congreso como un gesto de nada, sino como una manera de estar ella misma en la vida. Mucho antes de ser diputada ella iba con su anterior bebé a todas partes y después con este pequeño de ahora se ha hecho toda la campaña; quienes la hemos visto lo sabemos. Simplemente, ella escogió en su momento ese método de crianza y no lo ha cambiado aunque la hayan elegido diputada. Ella ha escogido no compartimentar radicalmente su vida.

Debido a que un bebé en el Congreso es algo profundamente incongruente con esa radical separación entre las esferas pública y privada, todos los medios se cebaron en ello, pero sin bebé por medio, la actitud de Bescansa era la misma de los otros diputados y diputadas. La gente que entró con Bescansa llegó en bicicleta, en metro, con sus rastas, con sus melenas, con los mismos vaqueros que llevaban el día anterior para ir a hacer la compra; llegaron con sus maletas de gente normal con vidas normales que no han aprendido a dejar en el guardarropa (y esperemos que no aprendan). La esfera pública, para estas mujeres y hombres jóvenes, no ha sido nunca un compartimento estanco en el que se ejerce la ciudadanía, se gana el salario, se trabaja. Nuestras vidas van con nosotras, y eso es feminista aunque, naturalmente, tiene sus sombras. El bebé de Bescansa puede enmarcarse en una manera diferente de posicionarse en la política y en la vida que no es únicamente propia de Bescansa o de las madres, o de las mujeres. Es la propia de esta generación salida del 15M.

Y Soledad Alcaide en este:

Que haya guarderías no nos obliga a dejar allí a los niños, si elegimos criar en el apego. Que tengamos hijos no nos obliga a ocuparnos de ellos las 24 horas, si tenemos ambición profesional. Lo deseable es que las mujeres (y los hombres) puedan elegir. Entre ser madres gallina o malasmadres. También el camino intermedio, el que ha tomado Bescansa. Y, en nombre de las que querríamos haber tenido todo y no pudimos, le doy las gracias a la diputada de Podemos por hacer lo que le sale del escaño.

 

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Comentarios en: "Los difusos límites entre el trabajo y la crianza (la vida)" (20)

  1. Si señoras, así se habla/escribe!! 😉

  2. Totalmente de acuerdo…
    Si chirría no es porque no sea adecuado, no esté bien, etc. sino porque no estamos acostumbrados, porque no se ha hecho nunca. Y visibilizar esta otra forma de estar y ser en la política es lo que ha hecho Bescansa. Y así se cambian las sociedades!

  3. Carolina dijo:

    Gracias por este maravilloso rescate de lo más valedero que se ha escrito al respecto. Gracias por tu mirada. Claro que si, nuestras vidas no son compartimentos. Siempre he pensado y dicho que Criar es una manera de hacer política !! Y como criamos demuestra cual es nuestra posición en la política.

  4. evambernal dijo:

    Muy interesante, Madre. Gracias!

  5. Gracias. Necesitaba este aporte. Mi intuición me decía que las críticas a la Bescansa chirriaban, pero no era capaz de librarme de la maleza del discurso establecido. No me convence Podemos, pero ¡qué falta nos hace! Ojalá todo esto dé buen fruto, ojalá evolución y no enfrentamiento.

    • Yo también creo que, nos guste o no, hace falta podemos, sus gestos, sus “postureos”, sus dedos señalando lo que debería ser evidente… hace falta que nos sacudan, y que entre aire fresco.

  6. Pues yo me he llevado a alguno de mis hijos alguna tarde a mi trabajo por circunstancias excepcionales, y yo no he podido trabajar en condiciones y mi hijo, que no era un bebé, se ha aburrido como una ostra..mi idea de la conciliación es desde luego otra cosa…esto..muy idílico pero inviable en la inmensa mayoría de los casos….

    • El problema no es cuando es inviable (efectivamente, en muchos casos). Es la inflexibilidad que tenemos cuando sí es viable (que en otros casos lo es). Yo por ejemplo, acompañé muchas veces a mi madre a vigilar exámenes de septiembre, o a reuniones… nunca se le habría ocurrido llevarme a una de sus clases. Personalmente me encantaba ir, me parecía divertido y enriquecedor….

  7. El artículo y los citados me parecen geniales. Obviamente el poder llevarte un niño al trabajo depende mucho del tipo de trabajo k se tenga y del tipo de niño y su edad (mi hija en el trabajo sería imposible). Pero de verdad, verdad, lo k más me ha gustado es lo de hacer “lo k le salga del escaño”, k al fin y al cabo es lo k han estado haciendo siempre la inmensa mayoría de los políticos. La diferencia es k mientras tanto tenían a sus hijos atendidos por sus esposa a y sus niñeras…

  8. Pues sigo sin verlo. Aparte de que no veo normal el hecho de tener al nene en el lugar de trabajo salvo excepciones,no se que “lucha” de es esa del “yo me llevo al nene porque puedo y nadie me puede decir nada aunque mis horas de trabajo me dedique a hacerle cucamonas al niño” cuando la mayor parte de la gente ni puede planteárselo (aunque por su tipo de trabajo fuera mínimamente posible). No veo a ningún o casi ningún jefe encantado de que sus trabajadores se lleven a los niños al trabajo. Lo que seguro q si eso lo hubiera hecho Soraya muchos de los que alaban a Bescansa la hubieran criticado diciendo eso de “yo no pago a un político para que en lugar de trabajar cuide al nene” (cosa que ya hicieron xq a la susodicha xq le dio x volver a trabajar recien parida,que igual de libre era). Y que conste que no soy de PP

    • Yo creo que la cosa no es poderse llevar a todos los niños a todos los trabajo todos los días… es aceptar que la vida es más flexible y que la flexibilidad nos beneficia a todos. Yo tengo 4 hijos y no todos aguantarían una tarde en mi trabajo, probablemente ninguno de los pequeños… si por lo que sea tienen que quedarse conmigo, prefiero trabajar en casa… pero si en un momento dado se necesita mi presencia en el trabajo sí o sí y excepcionalmente uno de mis hijos no puede estar atendido en otro lado y yo sé que es capaz de estar algunas horas en este entorno sin impedirnos trabajar… no veo que tiene de malo.

      • Igual como caso excepcional si,pero esta mujer de la que hablamos se llevo al nene como parte de su idea de vida. Si hubiera estado malito oy lo hubiera llevado no creó que hubiera sido criticada. Pero se lo llevó y el nene paso el rato de brazo en brazo. Eso es lo criticable.

  9. Pues yo continuo pensando que se trata de mirar un poco al trasfondo, no de ver o no ver bien el hecho de llevar a un bebé (o a un niño más mayor) al trabajo. Creo que con nuestro trabajo nos ganamos el sueldo, y algunos además tenemos el privilegio de trabajar en algo que nos gusta y mucho. Pero no creo que se deba esconder/minimizar (o lo que sea) la vida personal.

    Un ejemplo de algo que es muy normal en mi entorno (que reconozco es muy privilegiado en relación a derechos laborales). Hay muchas personas que no comprenden (y que si se tercia critican) a las personas que aducen no poder asistir a una reunión convocada a las 7 de la tarde porqué es el único momento en que todos pueden asistir. Y esta claro que si esto pasara un día no importaría…

    • Una amiga mía trabajaba en una gestoría, la mayor parte del tiempo ocupándose de gestiones y papeleos para sus clientes. Su horario era de 9 a 7 de la tarde, con 2 horas para comer. No hubo manera de convencer a la empresa que ajustando el horario (comiendo en media hora y entrando algo más tarde, o saliendo más temprano algunos días) podía sacar adelante el mismo trabajo… se pasó años sin poder llevar ni recoger a su hijo jamás, a no ser que pidiera un día de vacaciones. Un poco en la línea de lo que contabas…

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