familia monoparental y adopción

La adopción: una imagen

Hace algún tiempo, alguien me mostró este cuadro, que se llama “La Adopción”, de Ferdinand Georg Waldmüller, un pintor austríaco de principios del siglo XIX.

Es un ejemplo meridiano de que una imagen vale más que mil palabras. Ahí está retratado todo: la desigualdad, la diferencia en los ropajes y las actitudes de la (madre) adoptante y la madre (biológica), entre la que se va a convertir en madre y la que hasta ahora ha sido la madre, sin adjetivos. El desamparo, la impotencia, de esta, y la expectativa de la otra. El miedo del niño. Y la presencia de la ley, rubricándolo todo.

Me impactó mucho esta imagen la primera vez que la vi. Y me ha hecho recordar una escena muy parecida en la película “Sufragistas”, cuando el marido de la sufragista entrega a su hijo a un matrimonio rico para separarlo de su madre depravada (depravada según la moral de la época, claro).

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Comentarios en: "La adopción: una imagen" (12)

  1. Sin palabras, cuantos detalles.

  2. Maria Eugenia dijo:

    Nada que ver con la figura actual de la adopción.
    Soy madre adoptiva por partida doble y este cuadro no refleja ni mi sentimiento ni la realidad hoy por hoy de la adopcion.

    • Sigue teniendo mucho que ver, por desgracia… excepto que en la actualidad, borramos la parte izquierda de la foto. No vemos a las familias biológicas, su dolor, su pérdida.

      • Totalmente de acuerdo. Sigue estando vigente, solo que la familia biológica, hoy en día, queda apartada de la foto. La realidad, creo, sigue siendo similar..

  3. A menudo recuerdo la carita de añoranza de una mujer. Era una mujer joven de vida muy alternativa y estaba embarazada. Un buen día desapareció y a la semana estaba de vuelta. Había parido y decía que la niña se había tenido que quedar en observación en el hospital. Su carita se me quedó grabada. Nunca se supo nada de la niña. La madre continuó con su vida. Pronto desapareció del barrio. Al cabo de un tiempo me la encontré por casualidad. Me pareció ver una mirada muy dura (como de superioridad impuesta) en su rostro.

    • Me acabas de recordar a otra mujer, a quien una vez abrí la puerta en la crèche de mi hijo, en Marruecos. Las cuidadoras no la dejaron entrar, la acompañaron a la calle con una charla. Luego me contaron que era la madre de uno de los bebés, que iba a preguntar cómo estaba. Días más tarde, me la encontré en la playa, no teníamos ningún idioma en común, pero se entendía todo.

      Me guardé esta imagen en la cabeza, por si alguna vez en el futuro tenía la ocasión de decirle a ese niño que su madre había vuelto a preguntar por él.

      • Bufffff. Es una de las grandes preguntas que me hago. ¿La madre biológica de mi hijo, volvería al orfanato a preguntar por él? Y creo, es una de las preguntas que se hará él. Y cuando me hago la pregunta, no tengo claro qué respuesta me reconfortaría, aunque creo saber cual reconfortaría a mi hijo.
        ¡Qué doloroso que mi felicidad se derive de tan terrible situación!

  4. Es una imagen desgarradora, que nos incomoda como adoptantes y de la que rápidamente nos desligamos por la lejanía en el tiempo, los cambios éticos y morales y toda la legislación que rodea hoy en día a la adopción. Pero, ¿realmente ha cambiado tanto? Todavía se me eriza la piel cuando recuerdo un documental (por desgracia he olvidado el título, pero quizás alguien lo recuerde) en el que una pareja de USA, ya entrados en la cincuentena y con el síndrome del nido vacío (dicho literalmente por la voz en off del documental) van al encuentro de 3 hermanos de corta edad a Etiopía cuya madre no puede cuidar porque está enferma de sida. Cuando llegan al orfanato, la cuidadora que los entrega echa a llorar y se descubre que es la madre de los tres hermanos, que no está enferma de sida sino de pobreza. El matrimonio le entrega una foto grande de los tres hermanos, la abraza, la compadece, pero parten de allí con los tres niños. La siguiente escena transcurre en una iglesia evangélica donde los asistentes a la misa dan gracias a la familia por su caridad cristiana. En ese punto tuve que dejar de ver el documental porque me entraron ganas de vomitar.
    Por desgracia, siguen pasando cosas muy parecidas a las del cuadro.

  5. no sabia la existencia de este cuadro, me ha dejado sin palabras, y me ha dado mucho que pensar

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