familia monoparental y adopción

Archivo para marzo, 2016

No lugares, No tiempos

El antropólogo francés Marc Augé acuñó el concepto “no-lugar” para referirse a los lugares de transitoriedad que no tienen suficiente importancia para ser considerados como “lugares”. Son estos espacios en los que nos relacionamos: Un no-lugar es una autopista, una habitación de hotel, un aeropuerto o un supermercado… Carece de la configuración de los espacios, es en cambio circunstancial, casi exclusivamente definido por el pasar de individuos. No personaliza ni aporta a la identidad porque no es fácil interiorizar sus aspectos o componentes. Y en ellos la relación o comunicación es más artificial. Nos identifica el ticket de paso, un D.N.I, la tarjeta de crédito…

Algo parecido podría establecerse respecto a los no-tiempos. Estos tiempos muertos en los que la vida no parece avanzar. Tiempos tremendamente complejos y desgastantes.  Que se rigen por normas distintas. Que paran toda tu vida. Que vives en stand-by. Que tienen otra dimensión.

Como los tiempos de enfermedad o de hospital. Los días en los que esperamos para empezar un viaje.

O las 6 semanas que tardé en tramitar la kafala de A.

Facebook ha cambiado la adopción para siempre

Hace poco, dos familias amigas que han adoptado a sus hijos a través de la adopción nacional, me contaban cómo habían localizado a las familias de sus hijos a través de las redes sociales. En un caso, la madre; en otra, la madre, y a través de ella, también al padre. Fue tan fácil como poner los nombres y los apellidos en google… ahora, además de un nombre, tienen información y algo impagable: fotos.

Hace poco, alguien preguntaba en un grupo de adopción por un niño de un país africano adoptado en España. Al parecer, alguien de su familia biológica lo estaba buscando para poder tranquilizar a la madre, muy enferma. Solo tenían el nombre y los apellidos… con estos datos fue posible encontrar el club de futbol en el que juega y una noticia en prensa con una foto actual.

Hace poco, una amiga me habló de alguien que buscaba a la hermana biológica de su hija adoptiva, a su vez adoptada en mi ciudad. Con muy pocos datos fue posible localizar el lugar de trabajo de su madre y hablar con ella por teléfono. Tiempo más tarde, encontraron imágenes de ella en un reportaje de televisión sobre adopción.

Los padres adoptivos hablamos muchas veces de preservar la intimidad de nuestros hijos, pero, ¿es fácil, es más, es posible, hacerlo en la era de las redes sociales? ¿Habéis probado a googlear el nombre  y los apellidos de vuestros hijos y ver qué sale? ¿Y qué sucederá cuando sean nuestros hijos los que hagan la búsqueda?

Este artículo británico lo explica muy bien:

La adopción está sufriendo una revolución. Hasta hace poco, ha sido un proceso controlado, con trabajadores sociales llegando hasta el extremo para proteger a los niños entregados en adopción de contactos inapropiados con familiares biológicos. El crecimiento exponencial de las redes sociales como Facebook la han cambiado para siempre – y las consecuencias son de largo alcance.

El mes pasado, un escalofrío colectivo recorrió las casas de los padres adoptivos después de una ráfaga de artículos de prensa y reportajes de televisión sobre padres de nacimiento que usaban las redes sociales para acercarse sin permiso a los hijos de los que, años atrás, habían sido separados y dados en adopción. Hay también un número creciente de casos de jóvenes adoptados que son contactados por sus padres de nacimiento a través del Facebook. Hay todavía más casos en los que el acercamiento es iniciado por los mismos adoptados, que tienen curiosidad por sus familias de nacimiento.

“Los niños buscando sus familias de nacimiento han sido la mayoría de los casos – tenemos docenas de ellos en North Yorkshire”, dice Joan Hunt, trabajadora social en el Consejo de North Yorkshire. Cada semana recibe llamadas asustadas de padres adoptivos que han descubierto que sus hijos adoptados han tenido contacto secreto con familiares biológicos.

“Hemos tenido casos de niños adoptados que han huido de la familia adoptiva a la familia biológica. Los 14, 15 años parecen ser la edad más vulnerable. Desafortunadamente, después de los 16 suelen salir de nuestro radar”, dice. “Obviamente esto tiene grandes repercusiones para todas las partes involucradas. Lo que me parece descorazonador es que los niños busquen sus familias de nacimiento y les conozcan sin ningún apoyo de los que tienen más cerca. Igualmente, la familia biológica se está encontrando con los niños sin el apoyo que deberían tener”.

Hunt insiste en que es importante no demonizar las familia biológicas – que son en muchos casos vulnerables. “Cuando el contacto ha tenido lugar, los padres adoptivos están asustados – sienten que su privacidad ha sido invadida – pero como se sienten vulnerables, muchos se enfadan con sus hijos e intentan cortar su actividad en las redes sociales y quitarles los móviles. Conozco chicos que han mantenido el contacto durante meses, y padres que incluso han ido a la biblioteca pública para pedir a los bibliotecarios que no dejen que su hija use el ordenador. Los padres no pueden ver una salida. Pero no es la manera de tratar a chicos de esta edad.

“Hay que intentar encontrar un equilibrio. Los chicos están intentando decirnos algo cuando actúan así. No lo hacen para ser malos. Quieren saber y no tienen todas las respuestas. Últimamente, estos chicos necesitan que les demos mucha más información sobre su pasado”.

Las familias adoptivas a menudo buscan ayuda de los trabajadores sociales con el asunto del Facebook. Pero los propios trabajadores sociales consideran el asunto un desafío. “Cuando nos llegó el primer caso, un temblor recorrió a todos los que estábamos ahí. Enseguida te das cuenta de que no lo puedes controlar”, dice uno de ellos.

“Siento que, hasta el momento, mi papel ha sido correr detrás con una fregona”, dice otro. (…) Los trabajadores sociales quieren aprender más sobre como aconsejar y apoyar a las familias, asesorar sobre los riesgos, proteger a los niños y jóvenes y manejar las complejas situaciones que a menudo derivan del contacto no planeado y no mediado.

Cuando un niño es adoptado, a menudo se organiza un contacto indirecto con la familia de nacimiento, si es lo mejor para los intereses del niño. En un sistema conocido como “contacto de buzón”, cartas y a veces fotografías se envían a través de los servicios sociales, para proteger la identidad y localización de las familias. Algunos niños adoptados hacen visitas ocasionales a hermanos adoptados en otras familias.
Los niños adoptados de pequeños a menudo conocen los nombres y apellidos de sus padres de nacimiento. Es una parte importante de la historia de vida de un niño adoptado. Con esta información, en la era del Facebook, jóvenes adoptados pudieron rastrear a sus padres de nacimiento en minutos, sin necesidad de ayuda de padres o trabajadores sociales.

Los adolescentes adoptados son los primeros que han crecido con Facebook – y en el momento de las adopciones, nadie podría haberlo previsto. Al hacer tan fácil encontrar a la gente, las redes sociales han volado los cuidadosos procedimientos para buscar, contactar y encontrarse en la adopción. El encuentro no habría tenido lugar hasta que el niño adoptado tuviera 18 años al menos, y el proceso habría involucrado una gran dosis de preparación y comunicación a través de una tercera parte al inicio, para proteger la confidencialidad; además de otras salvaguardas tanto para el adoptado como para sus familiares biológicos. Al hacer contacto vía Facebook eluden todo esto.
Para los jóvenes adoptados, atravesar esta situación en secreto y en solitario puede ser dinamita emocional – independientemente de si ha sido él, el padre o la madre de nacimiento o quizás un hermano biológico quien ha dado el primer paso.
Los adolescentes adoptados tienen todas las dificultades habituales en la adolescencia – y más. Pueden tener problemas de identidad, sentir que no “encajan” en ningún lugar y rebelarse contra los padres adoptivos. Algunos fantasean sobre sus padres de nacimiento y les idealizan. Por tanto, pueden encontrarse en un contacto inmediato e intenso con familiares biológicos que son, de hecho, extraños, sin que lo sepan sus padres adoptivos o los trabajadores sociales.

“Tuvimos una adolescente que sólo había visto a su padre cuando tenía pocos meses, que se puso en contacto con él a través de Facebook – en dos meses había escapado de casa para vivir con él en otra ciudad”, dice un trabajador social.

Puede haber una “luna de miel” cuando el joven está emocionado por haber encontrado a la familia de nacimiento y piensa que son la respuesta a todos sus problemas, pero raramente dura. A veces el familiar pasa información del joven a otros miembros de la familia, que empiezan a llamarle y enviarle mensajes, bombardeándole y presionándole. Los jóvenes pueden descubrir datos molestos, recibir una versión engañosa de los hechos, o encontrarse con que el contacto suscita recuerdos de maltratos previos. Y, si no se lo han dicho a nadie, tendrán que atravesar sin apoyo situaciones que pueden ser de confusión, enfado, angustia, rechazo o decepción. “Yo planificaría los encuentros entre familias de nacimiento y jóvenes adoptados con mucho cuidado. El contacto incontrolado hecho a través del Facebook puede ser mucho más complejo”, dice Norma Sargent, facultativa jefe de post-adopción en el Servicio Coram de Adopción de Londres.

Katie Smith tenía 6 meses cuando fue entregada en adopción por sus padres de nacimiento. A los 14, se puso en contacto con ellos en secreto a través de Internet. Estaba muy excitada al principio pero el contacto con su padre de nacimiento y una de sus hermanas mayores se ha convertido en lo contrario de lo que esperaba.

“Mi hermana biológica solía escribirme cada mañana para decirme que yo era basura y debería morir”, dice. “Una vez, mi padre de nacimiento me dijo por teléfono: Sé todo lo que pasa en tu vida, tengo el Facebook abierto”, y empezó a leer cosas del perfil de mi madre también. Han intentado manipularme, haciéndome creer cosas que no son verdad”.

Pasaron 3 meses hasta que sus padres descubrieron qué había pasado. El padre de nacimiento de Katie ha estado al menos dos veces en la cárcel por violencia y delitos relacionados con drogas,, y, como es lógico, la madre de Katie, Lorna, se alarmó. “No sabíamos que saldría de ahí o qué podíamos hacer. Entramos en pánico”, dice.

Ha habido una consecuencia positiva, sin embargo. Katie fue contactada en Facebook por su hermana mayor Amy que, – como todos en su familia extensa – pensaba que Katie había muerto. Amy había huido de su familia a los 15 años para escapar del maltrato. Las hermanas se han visto muchas veces y se han hecho amigas, y hablan por teléfono todas las noches. Katie ha luchado con el impacto de dos años de contacto dañino. Un terapeuta post-adoptivo ha recomendado medidas como bloquear el contacto, cambiar su número de móvil y ponerse en contacto con la policía. Pero Katie también puede ser obstinada, y de momento no lo va a ser, incluso aunque reconoce que cada llamada, cada correo y cada mensaje “me destruyen un poquito”.

Su familia adoptiva ha tenido que llegar a un acuerdo con lo que ha sucedido. “Cuando adoptamos a Katie, no se habló de mantener el contacto con la familia de nacimiento – simplemente no estaba en la agenda”, dice Lorna. “Mi visión es que esta gente forman ahora parte de la vida de Katie, y tiene que encontrar la manera de manejarlo. Es muy duro para Katie, pero así es como debe ser”.

La revolución de las redes sociales ha incrementado las preguntas apremiantes para todas las partes implicadas, o afectadas, por la adopción. Algunos trabajadores sociales se preguntan si cambiarán los fundamentos de la adopción. “Ya ha habido una metamorfosis en los términos en los que se prepara a los adoptantes y lo que ellos deberían esperar”, dice Hunt. “Creo que en el futuro incluso cambiará el tipo de persona que adopta”.

Los candidatos a adoptantes tendrán que estar preparados para ser todavía más abiertos con sus hijos adoptados y a ver empáticamente a los padres de nacimiento, cree. “En otro caso, no van a conseguir salir adelante cuando toda la porquería salga a la luz cuando la criatura tenga 15 años. No siempre sabemos qué nos tocará a nosotros. Pero lo importante que debemos recordar es que somos padres cariñosos y que tenemos responsabilidades y deberes hacia nuestros hijos, pero no nos pertenecen. Y a menudo, este sentimiento de propiedad realmente nos embarga”.

No todos los familiares biológicos representan un riesgo y los riesgos tienen que ser evaluados cuidadosamente en cada caso individual. En algunos casos, encontrarse con los padres de nacimiento puede ser útil para un joven, y permitirle aceptar la realidad de su primera familia y seguir adelante.

“Algunos padres adoptivos están a la defensiva – ven a los padres de nacimiento como malas personas y dicen “¿Por qué deberías dejar que vieran a tu hijo?”, pero el hecho e s que no importa lo que, como padre o madre, desees. Si el niño lo quiere, sucederá y no será tu decisión”, dice Hunt. “A los 15 puede tomar un autobús y encontrarse con ellos”.

Una alternativa es que los padres adoptivos se involucren y ayuden a sus hijos a encontrar respuestas a sus preguntas. Es una ayuda que puedan mostrarle a sus hijos que están abiertos a hablar sobre la adopción y la familia de origen – de esta forma, si el niño necesita saber más o si un pariente biológico le contacta, es más probable que se lo cuente. En algunos casos, trabajar con los servicios de apoyo a la adopción, incluso puede ser una ayuda para un posible encuentro con la familia biológica, si deciden hacerlo”.

“Los padres están asustados – no saben cómo hacerlo”, dice Hunt. Están preocupados sobre el impacto en su propia relación con sus hijos. “Pero si eres un joven adoptado y tus padres son abiertos contigo y te ayudan a averiguar lo que necesitas saber, este es el mensaje más potente”.

Cómo es ser hermana de un niño adoptado

En la anterior entrada, en la que nos preguntábamos por los hermanos, contestó la hermana – ya adulta – de un niño adoptado. Y creo que la lectura merece realmente la pena.

Siempre he creído que los hermanos somos los grandes olvidados en las familias que tienen escrita la palabra adopción en su historia. Cuando leí tu post me emocioné, porque al fin alguien tenía en cuenta o se cuestionaba nuestro papel en esta cuestión. Nosotros, los hermanos. Nuestras emociones y nuestros duelos están siempre a medio camino entre las de nuestros padres y las de nuestro hermano adoptado.

Soy la hermana mayor de dos hermanos. Uno biológico y otro adoptado. Sé que uno de los motivos que lanzaron a mis padres a la adopción fue mi anhelo permanente de un hermano pequeño, aunque nunca lo han dicho abiertamente. Ellos, en un arranque de sinceridad, alguna vez han confesado que querían adoptar porque creían ser muy buenos padres. Según dicen, la adopción vino a demostrarles que no lo eran tanto.

Ser el hermano de alguien adoptado es algo que cambia tu vida por completo. Cambia en el momento en el que tu familia es el blanco de todas las miradas, preguntas y comentarios. Y a ti nadie te ha dicho que eso pasaría. Cambia en el momento en el que los curiosos te preguntan a ti, en lugar de a tus padres, esas cosas que dan morbo a los que ven la adopción desde fuera. Y tú no tienes herramientas para gestionarlo. Cambia en el momento en el que, en tu adolescencia, te obsesionas con leer acerca de la herida primaria o el abandono solo por dar con las respuestas a ese aura de dolor que ha puesto tu familia del revés.

Esa, formarme en adopción, fue mi respuesta a la búsqueda de respuestas ante la expresión disruptiva de las pérdidas de mi hermano. Aprendí a hablar con él de sus duelos no resueltos porque era algo que mis padres no sabían o podían gestionar. Porque mi hermano sabía que para mis padres era demasiado doloroso hablar de otra madre, del tiempo de la institucionalización o del vacío que ha dejado el abandono “que es como un agujero en el pecho que nada puede llenar”. Porque mis padres creyeron que la mochila, que cualquier niño abandonado trae a sus espaldas, algún día podría guardarse en el trastero.

Ser el hermano de alguien dañado en cierto modo me ha robado mi adolescencia. O, quizás, la ha hecho enfocar de otra manera. No me he podido permitir ciertas conductas propias de la edad porque la construcción de mi identidad pasaba a un segundo plano cuando la de mi hermano estaba en un interrogante continuo. La atención de mis padres ha sido enfocada siempre hacia él y hacia mi otro hermano y yo he aceptado la realidad que me ha tocado, porque he sido consciente siempre de esa situación. Sé que mis problemas no han sido una prioridad para mis padres y eso a veces me ha causado cierto dolor y, en otras ocasiones, una gran independencia.

Ser el hermano de alguien abandonado y posteriormente adoptado que quiere saber sobre sus orígenes de una forma ansiosa y a veces desesperada me ha hecho tomar distancia sobre su historia. Porque como bien dicen los comentarios, el dolor de que la persona que más quieres haya podido sufrir tanto en su primera infancia es algo que no he podido soportar nunca. Y me gustaría poder hacer de su dolor algo mío para arrancarle todos los miedos y las inseguridades. Para arrancarle el vacío que su familia adoptiva jamás llenará.

No me puedo imaginar cómo hubiese sido mi vida sin él, tampoco quiero. Aunque imagino que sería más fácil, menos reflexiva. No me quitaría el sueño pensar si sabrá escoger pareja, profesión o amigos, por ejemplo. No tendría que asistir a las reuniones con sus tutores para explicar qué consecuencias tiene la adopción en la adolescencia. Mi matrimonio sería diferente porque mi marido, quizás, se plantearía la adopción para nuestra (nueva) familia. Porque ya no diría eso de que es muy doloroso ver sufrir de forma permanente a alguien a quien quieres.

Siento haberme alargado así. Pero es que no sé explicar de otro modo cómo se vive siendo hermano de un niño adoptado.

¿Y los hermanos?

¿Cómo es ser el hermano de un niño adoptado? ¿Cómo es ser el hermano blanco de un niño adoptado transracial? ¿Cómo es ser hermano de un niño que expresa de forma disruptiva sus pérdidas, sus duelos no resueltos? ¿Cómo es formar parte de una familia que llama la atención cuando sales a la calle, cuando tú eres alguien que no llamarías la atención por ti mismo? ¿Cómo es ser el hermano de un niño dañado que te quita buena parte de la atención que tendrías si no estuviera? ¿Cómo se vive siendo hermano de un niño que tiene una historia desconocida, secreta, con otra madre, otros padres, otra familia? ¿Te preguntas cómo habría sido su vida si este niño no hubiera llegado a su vida, de una forma distinta a cómo te lo preguntarías si fuera tu hermano biológico?

¿Cómo se vive siendo hermano de un niño adoptado?

Ni una menos

La amiga que sueña un marido que la mantenga
el pibe que escribe el reggaetton de moda
la madre que educa machitos y princesas
el jefe que escupe: es que está en día femenino
la compañera que te dice: así no vas a conseguir novio
la boluda que aclara: soy femenina, no feminista
la mamá que la viste sólo de rosa, porque es nena
el papá que compra muñecas y cocinitas
y lavarropas a la nena
y pelotas y aviones y juegos de química al varón
el novio que te revisa el teléfono y el facebook
la mina que dice de otra mina que parece una puta con esa ropa
la mamá que sueña un príncipe azul para yerno
el papá que paga por sexo con nenas de la edad de su hija
el novio que no coge con la novia por respeto
y sale de putas después de acompañarla a casa
los compañeros profesionales que en vez de escucharte
lo que tenés para decir en la reunión,
te piden que sirvas el café o hagas el mate
la marca de detergente que sólo te habla a vos, mujer
el médico que te hace cesárea sin necesidad
o el que te hace la episiotomía de rutina
la enfermera que te grita: bancátela, bien que te gustó hacerlo
o la que te ata a la camilla para parir
el marido que te prohíbe trabajar
o el que te esconde los documentos y la plata
o el que te controla los ingresos y egresos
la caricatura política diaria
el chiste de mierda, las propagandas,
Tinelli, la novela turca, los concursos de belleza
el que te obliga a hacer algo en la cama
que no deseás, el que se fija sólo en su placer
el que te dice: ahora no me podés dejar así
el que te humilla, el que te adjetiva, el que te menosprecia
el que te caga a trompadas
el que te aisla, te controla, te cela, te sigue
el que me dijo el primer piropo grosero
a los doce años, el que me tocó contra mi voluntad
en el boliche de moda, en todos los boliches de moda
el compañero que te manda a barrer el piso del local del partido
el compañero que no cuestiona sus privilegios
el que recibe un cheque más gordo sólo por tener pene
y se calla y se lo guarda en el bolsillo
el pelotudo que pregunta y el día del varón, eh?
la mamá que obliga a la nena a levantar
los platos sucios de sus hermanos varones
la pelotuda que rápido vuelve a aclarar
pero mirá que yo soy femenina, no feminista
la que se burla de que no me pinto
la que se burla de que vos no te depilás
la que se burla de que no calzás tacones
la que se ríe de que compro libros y no carteras
el compañero que me mira las tetas
Todos unidos frente al televisor
preguntándose cómo puede ser
que asesinaron a otra mina

Itatí Schvartzman

Anonimato en reproducción asistida

El anonimato en la donación de esperma y óvulos es uno de los dogmas aparentemente indiscutibles de la reproducción asistida. La ley española no permite que los donantes sean conocidos. Las personas que recurren a reproducción asistida, por lo general, no lo cuestionan. Ya les parece bien. Incluso lo agradecen.

Aunque otras no piensan lo mismo.

Hace unos  días cayó en mis manos esta noticia: 1.500 mujeres españolas han sido madres gracias a la inseminación casera. Un sistema que vadea la ley, ya que las mujeres (parejas si es el caso) compran directamente el esperma a un banco de semen danés, a donantes que pueden no ser anónimos, de los que pueden conocer los datos psicológicos, personales, y a los que la criatura podrá conocer cuando cumpla los 18 años…  La muestra se recibe en casa y la mujer se autoinsemina en la intimidad de su hogar.

Cuando lo leí pensé que era una opción muy interesante, sobre todo para quien no está de acuerdo en el anonimato del donante o en la medicalización del proceso.

Creo que es bueno que esta opción exista.

En cambio, muchas madres que lo han sido por inseminación se han escandalizado ante esta noticia. Como si, por alguna razón, fuera amenazadora para ellas, para las decisiones que han tomado.

Argumentan lo de siempre: que el donante no es un padre, que seguro que al donante no le haría ninguna gracia que los niños nacidos de sus gametos le buscaran algún día, que sus hijos no buscarán porque ellas se lo explicarán bien; que no tienen ningún interés en saber más de lo que saben del donante.

Como si la cosa fuera de ellas y no de sus hijos.

De lo que ellas desean y necesitan y no de los que sus hijos podrán querer y desear en el futuro.

Y yo puedo entender que alguien decida seguir adelante con un proceso que implica donante al que no se puede conocer, pero, ¿preferir no conocer los datos? ¿Hacerlo sin ninguna reflexión? ¿Sin pensar en las consecuencias? ¿Sin plantearte qué precio tendrá? ¿Sin pensar en cómo repercutirá a los hijos?

Lo blanco y lo étnico

No se representan personas que no sean blancas, o, cuando se representan, lo hacen como “etnia”, como si los blancos no fuesen una etnia. Hay una invisibilización, no tanto práctica como conceptual, de esas personas. Es la invisibilidad que promueve el etnocentrismo: la raza que está considerada universal por definición es la blanca. Las demás son alteridad. Lo universalizable es lo blanco, lo otro son “etnias”.

Patricia Soley-Beltran, socióloga

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