familia monoparental y adopción

En la anterior entrada, en la que nos preguntábamos por los hermanos, contestó la hermana – ya adulta – de un niño adoptado. Y creo que la lectura merece realmente la pena.

Siempre he creído que los hermanos somos los grandes olvidados en las familias que tienen escrita la palabra adopción en su historia. Cuando leí tu post me emocioné, porque al fin alguien tenía en cuenta o se cuestionaba nuestro papel en esta cuestión. Nosotros, los hermanos. Nuestras emociones y nuestros duelos están siempre a medio camino entre las de nuestros padres y las de nuestro hermano adoptado.

Soy la hermana mayor de dos hermanos. Uno biológico y otro adoptado. Sé que uno de los motivos que lanzaron a mis padres a la adopción fue mi anhelo permanente de un hermano pequeño, aunque nunca lo han dicho abiertamente. Ellos, en un arranque de sinceridad, alguna vez han confesado que querían adoptar porque creían ser muy buenos padres. Según dicen, la adopción vino a demostrarles que no lo eran tanto.

Ser el hermano de alguien adoptado es algo que cambia tu vida por completo. Cambia en el momento en el que tu familia es el blanco de todas las miradas, preguntas y comentarios. Y a ti nadie te ha dicho que eso pasaría. Cambia en el momento en el que los curiosos te preguntan a ti, en lugar de a tus padres, esas cosas que dan morbo a los que ven la adopción desde fuera. Y tú no tienes herramientas para gestionarlo. Cambia en el momento en el que, en tu adolescencia, te obsesionas con leer acerca de la herida primaria o el abandono solo por dar con las respuestas a ese aura de dolor que ha puesto tu familia del revés.

Esa, formarme en adopción, fue mi respuesta a la búsqueda de respuestas ante la expresión disruptiva de las pérdidas de mi hermano. Aprendí a hablar con él de sus duelos no resueltos porque era algo que mis padres no sabían o podían gestionar. Porque mi hermano sabía que para mis padres era demasiado doloroso hablar de otra madre, del tiempo de la institucionalización o del vacío que ha dejado el abandono “que es como un agujero en el pecho que nada puede llenar”. Porque mis padres creyeron que la mochila, que cualquier niño abandonado trae a sus espaldas, algún día podría guardarse en el trastero.

Ser el hermano de alguien dañado en cierto modo me ha robado mi adolescencia. O, quizás, la ha hecho enfocar de otra manera. No me he podido permitir ciertas conductas propias de la edad porque la construcción de mi identidad pasaba a un segundo plano cuando la de mi hermano estaba en un interrogante continuo. La atención de mis padres ha sido enfocada siempre hacia él y hacia mi otro hermano y yo he aceptado la realidad que me ha tocado, porque he sido consciente siempre de esa situación. Sé que mis problemas no han sido una prioridad para mis padres y eso a veces me ha causado cierto dolor y, en otras ocasiones, una gran independencia.

Ser el hermano de alguien abandonado y posteriormente adoptado que quiere saber sobre sus orígenes de una forma ansiosa y a veces desesperada me ha hecho tomar distancia sobre su historia. Porque como bien dicen los comentarios, el dolor de que la persona que más quieres haya podido sufrir tanto en su primera infancia es algo que no he podido soportar nunca. Y me gustaría poder hacer de su dolor algo mío para arrancarle todos los miedos y las inseguridades. Para arrancarle el vacío que su familia adoptiva jamás llenará.

No me puedo imaginar cómo hubiese sido mi vida sin él, tampoco quiero. Aunque imagino que sería más fácil, menos reflexiva. No me quitaría el sueño pensar si sabrá escoger pareja, profesión o amigos, por ejemplo. No tendría que asistir a las reuniones con sus tutores para explicar qué consecuencias tiene la adopción en la adolescencia. Mi matrimonio sería diferente porque mi marido, quizás, se plantearía la adopción para nuestra (nueva) familia. Porque ya no diría eso de que es muy doloroso ver sufrir de forma permanente a alguien a quien quieres.

Siento haberme alargado así. Pero es que no sé explicar de otro modo cómo se vive siendo hermano de un niño adoptado.

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Comentarios en: "Cómo es ser hermana de un niño adoptado" (3)

  1. No habrá nunca dos miradas iguales y cuanto nos enriquecen todas. Que importante ese rol de compañero de viaje. Y cuanta responsabilidad has puesto/han puesto sobre tus himbros…Gracias Madre de Marte y gracias hermana por hacernos participe de tus reflexiones. Que importante es que nos enseñeis….

    • Y a pesar de todo, ser hermana es de las experiencias más bonitas que he tenido en la vida. Gracias a ti.

      • Totalmente de acuerdo. Yo cuando mis hijos reclaman las ventajas de ser hijo único, siempre pienso en lo importante que ha sido y es para mí mi hermana.

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