familia monoparental y adopción

Durante muchos años, se ha pensado en los adoptados como una tabula rasa, alguien cuya vida empieza al llegar a su familia adoptiva… Aún hay gente que piensa así, aunque cada vez son menos. Aunque falta camino por recorrer, cada vez más, los adoptados, los adoptantes, y la sociedad en la que viven, acepta la curiosidad por los orígenes, la necesidad de buscar, la posibilidad de establecer una relación con la familia biológica… pero aún hoy parece que este encuentro, este instante de colisión, es el final feliz del cuento. Esta adoptante americana explica una historia muy distinta.

La foto de arriba se tomó durante los primeros días en Corea que pasé con mi Omma, cuando finalmente me encontré con ella en 2009… 34 años después de que renunciara a mí en 1975.

Es la clase de foto que todo el mundo quiere ver, porque es el tipo de foto que hace que todo el mundo se sienta tan cómodo y feliz y bueno respecto la adopción. Pero es precisamente el tipo de foto que puede ser tan engañosa, porque muestra un único instante. Deja fuera toda la angustia y dolor y pena que precedió al encuentro y todo el que seguirá en los años que seguirán a esta reunión.

Cuánto más conozco e interactuo con adultos adoptados, y en particular, con adultos adoptados que se reencuentran, más he empezado a reconocer una experiencia común entre nosotros. He empezado a llamar esta experiencia “la disonancia del encuentro”.

Esta disonancia causa una angustia psicológica y un conflicto intensos.

Es básicamente la disparidad que experimentamos los adoptados que nos reencontramos entre cómo los otros perciben nuestras historias y cómo nosotros experimentamos nuestras realidades post-reunión (los adoptados que no se reencuentran y también nuestras madres y padres originales experimentan también este tipo de disonancia, pero siendo como soy una adoptada que se ha reunido, me centraré en la perspectiva de la experiencia del reencuentro del adoptado).

Los que ven y oyen nuestras historias sin duda no pueden evitar idealizar nuestras adopciones y nuestros encuentros. Nuestras adopciones y encuentros se han convertido en cuentos de hadas modernos en las mentes de las masas uniformadas. No pueden evitar idealizar nuestras historias porque en la narrativa que aún es dominante en la cultura de la adopción (a pesar de años de adultos adoptados desafiando está narrativa) que idealiza, casi idolatra, el acto de la adopción.

La gente observa nuestras historias de encuentro y sus ojos se llenan de lágrimas, les toca las fibras de su corazón, y aún así no comprenden nada en absoluto. En vez de utilizar las lágrimas y la angustia que sienten para entender el  profundo dolor, pérdida, ,desesperación, confusión, agitación, que los adoptados experimentamos, se alejan de nuestras historias diciéndose y demandándonos que seamos los “afortunados”. Nos insisten en que la adopción nos ha salvado, y que la reunión nos ha completado. Así que, últimamente, cualquier dolor o daño se vuelve nulo cuando permite que la adopción siga siendo el héroe incuestionable.

Es el final feliz que todo el mundo quiere.

Pero no es un final feliz para los adoptados que se han reunido. Mientras todo el mundo nos dice que felices y en paz, cómo de completos, cómo de sanados y enteros nos sentimos, nosotros experimentamos bastante lo contrario. Aunque no pretendo hablar por todos, sé sin duda que hablo por algunos. Y sobretodo, hablo por mí misma.

Y aunque he experimentado felicidad y paz, resolución y terminación, sanación e integridad en determinados puntos post-reunión, he experimentado igualmente, si no más, desesperación y caos, irresolución y vacío, sufrimiento y división.

Puede ser una grave disonancia, una incongruencia dolorosa para el adoptado – constantemente manejando las percepciones que los demás tienen de nosotros de que “vivimos un cuento de hadas”, mientras nosotros experimentamos un sufrimiento psicológico muy real y un conflicto que puede ser adormecedor y aislante hasta el punto de que deseamos no haber nacido.

La gente nos trata como personajes encantadores en una película de Disney, mientras que en la privacidad de nuestras mentes y hogares somos adultos experimentando una pena profunda y una confusión que pocos pueden soportar.

La gente observa nuestras historias y nos dice: tenéis tanta suerte de ser adoptados… es una bendición que os hayáis reunido… tenéis lo mejor de los dos mundos… tenéis una historia hermosa… tenéis que sentiros tan queridos… ahora podéis sentiros completos… habéis encontrado paz.

Parad. Por favor. Parad.

Parad de decirnos cómo se supone que debemos sentirnos. Parad de retorcer nuestras historias para que os plazcan. Parar de convertir en eufemismos nuestro dolor real, nuestras pérdidas irreparables, nuestra disonancia irreconciliable.

Nuestras historias no son una postal del Hallmark. Nuestras historias no son cuentos de hadas. Nuestras vidas reales, crudas, no son algo para que empaquetéis en un paquete bonito y limpio.

Después de la reunión, la vida se vuelve más complicada. El encuentro es sólo el principio. No es el final. Desafíos que nunca habíamos imaginado nos superan. Emociones que no sabíamos que podríamos sentir nos engullen. La confusión que creíamos haber domesticado empieza a golpear tan fuerte que nos deja inconscientes.

Incluso en las circunstancias más “ideales”, la reunión precipita un dolor complejo y nuevo. Saca a la superficie emociones que te pueden engullir hasta que solo ves oscuridad.

La reunión no trae un cierre.

Es más bien como una bola de demolición que echa abajo la vida que habías construido con tanto cuidado, meticulosidad, protección, la convierte en una montaña de escombros que lentamente te das cuenta de que nunca podrás volver a juntar.

En lugar de esto, te quedas plantado en medio de las ruinas teniendo que tomar una decisión tras otra como si intentarás reconstruir desde los cimientos o simplemente te alejaras de todo, porque el proceso de reconstrucción es mucho más desalentador y abrumador, implacable y eterno, de lo que jamás podrías haber anticipado.

Y entonces, antes de saber qué está pasando, tú mismo empiezas a agrietarte y romperte en pedazos, hasta que no eres más que polvo arrastrado irremediablemente a sitios innombrables que ni siquiera sabías que existieran, que no puedes percibir, que nunca conseguirás encontrar o ver.

La reunión adoptiva es un proceso constante de contradicción y acuerdo, adaptarse y mantenerse firme, separación y unificación, dolor y alegría, sufrimiento y curación. Nunca se vuelve fácil, más bien se convierte en una nueva “normalidad” dolorosa que debes aprender a aceptar a menos que quieras volverte loco absolutamente. Te acostumbras a vivir en un limbo. Te acostumbras a manejar las disparidades, los sentimientos de culpa, deslealtad, traición, división. Aprendes a sobrevivir y quizás a prosperar a ratos, pero no porque vivas un sueño o un cuento de hadas o un final feliz, sino porque aprendes a salir adelante a pesar de la adopción y el reencuentro.

No hay ningún punto al que llegues a menos que sea llegar a una destinación para pasar a la siguiente.

Pero cuando hacemos este viaje y nos parece que nos arrastramos hacia el Monte Mordor con la carga del anillo lastrándonos el cuello como si fuera el peso del mundo entero mientras todo el mundo a a nuestro alrededor piensa que estamos dando un paseo por alguna tierra lejana y exótica llena de belleza y felicidad -esta disonancia nos tritura y enloquece. Empiezas a pensar que no eres otra cosa que un loco.

Pero no estamos locos.

Lo que es una locura es que vivamos en un mundo tan lleno de miopía hedonística e hipocresía ignorante que afirma que somos tontos de afligirnos y llorar por todo lo que hemos perdido y todo lo que seguimos perdiendo a pesar de cada laborioso esfuerzo que hacemos para encontrarnos a nosotros mismos y reclamar los que siempre han sido los nuestro.

Lidiar con la disonancia del encuentro adoptivo es agotador, gravoso y doloroso. Puede convertir el proceso de construir una identidad en algo increíblemente desalentador y confuso para los adoptados. También puede atrofiar, obstaculizar o ralentizar nuestra habilidad para de sanar y hacer frente a las cosa de una manera saludable. Nos asalta con sentimientos de confusión, culpa, desesperación.

Y la parte molesta, frustrante, es que no tiene por qué ser así. Si tan solo la gente escogiera aceptar que la adopción, la búsqueda y el encuentro son procesos que duran toda una vida con emociones complejas que el adoptado no puede simplemente “superar”, que no hay una manera correcta o incorrecta, y que no son cuentos de hadas con finales inequívocamente felices.

Y aún así, desafortunadamente, la base sobre la que la adopción ha sido construida en América, irónicamente apoya y mantiene esta disonancia destructiva en la que se espera que los más directamente afectados por la adopción sintamos y nos comportemos de maneras que contradicen nuestras realidades.

Pero nunca me rendiré, No importa cuantas veces tenga que recoger los escombros. No importa cuántas veces deba llorar y gemir y desgarrarme. Sé que este proceso no terminará nunca. Estoy empezando a aceptar esta dura realidad.

Saber que el final no va a llegar sino más bien sentir, saber, encontrar la verdad – y en este contexto particular, aceptar que la pura verdad sobre la adopción y todas sus complejidades son incertezas – de que al final, nuestras historias, no son cuentos de hadas modernos. No lo han sido nunca y nunca lo serán.

Nuestras historias son nuestras vidas.

Y nos pertenecen – no a vosotros para juzgar y para escudriñar – nos pertenecen a nosotros.

A nosotros solos.

 

 

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Comentarios en: "Idealizar la adopción y el encuentro: el cuento de hadas que en realidad no lo es" (11)

  1. Muy buena reflexión, pienso que debemos tomar nota las familias adoptantes. Me siento afortunada de poder aprender y reflexionar acerca de lo que pueden vivir y sentir algunas personas adoptadas. Las familias actuales ya no tenemos excusa porque cada vez se disponemos de más información.
    gracias

  2. Gracias. Otra realidad para reflexionar.

    “Después de la reunión, la vida se vuelve más complicada. El encuentro es sólo el principio. No es el final”.
    “Es más bien como una bola de demolición que echa abajo la vida que habías construido con tanto cuidado, meticulosidad, protección, la convierte en una montaña de escombros que lentamente te das cuenta de que nunca podrás volver a juntar”.

    Qué difícil para el adoptado la gestión de este torbellino de sentimientos, y con qué frivolidad se ve la adopción desde fuera!. Es cierto que cada historia será diferente, pero lo que si es seguro es que nada en la adopción, ha sido, es, ni será, un cuento de hadas. Una adopción es algo que empieza con una tragedia, un abandono, EL ABANDONO. El reencuentro, si lo hay, estará cargado de preguntas, desconfianzas y rencores.

    Gracias por abrirnos los ojos con estos relatos. Aprendiendo cada día.

  3. Gracias por compartirlo.

    Yo que todavía tengo muy presente mi primer encuentro con mi hija y pienso poco en su reencuentro con su familia de origen, mientras leía el texto establecía muchos paralelismos. Lo que vemos en muchas fotos e incluso en algunos vídeos son las sonrisas, los juegos, las ganas de pasárselo bien… en definitiva la imagen bonita del encuentro con nuestros hijos; la imagen que la mayoría de gente ve. Los recuerdos, algunos vídeos y la historia previa de nuestros hijos nos recuerdan lo que nos costó llegar a ellos, lo que les costó a ellos reconocernos (adoptarnos que dicen algunas personas) y, sobre todo, lo que tuvieron que vivir y sobrevivir antes de llegar a nosotros. A mi todavía me duele (de hecho cada vez me duele más) lo que tuvo que sobrevivir mi hija para llegar a mi. Y a veces me transtorna completamente pensar lo que tendrá que pasar para poder digerir su historia. Este post me ha hecho ir un poco más lejos.

    Pues sí: aprendiendo cada día.

  4. Muy interesante y esclarecedor. Todo mi respeto

  5. Hola yo tambien encontre despues de 7 años buscando y preparandome. Echo en falta que no hables de un mediador en el proceso de Buqueda. Por que? Hay mediadores familiares especializados en Adopcion que nos ayudan a manejar empciones, expectativas y nos preparan para el antes, durante y despues. A mi me ayudo mucho aunque estoy muy de acuerdo con lo que dices. Muchas gracias

    • Solo puede hablar de lo que conozco, y yo no he emprendido ninguna búsqueda, ni con mediador ni sin él. Sé que muchos adoptados consideran imprescindible su figura. Si quieres contarnos tu experiencia, me encantará conocerla. Un abrazo.


  6. Es bastante impresionante verlo todo tan natural, os sugiero un vistazo al encuentro de este chico con su familia y su hermano mellizo, al que no entregaron en adopcion porque estaba sano.

    • Wow, es una pasada este reportaje!!

      • Si, echo de menos el ultimo capitulo, despues de volver a casa y digerir todo lo vivido, con toda la familia unida y tranquila en Corea, dificilmente se puede entender que lo entregaran por no pagar sus gastos medicos y arruinar a la familia economicamente. Sabiendo muy bien como eran (y son) las atenciones de los orfanatos; lo condenaron.

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