familia monoparental y adopción

Hace algunos años, Q., un amigo de infancia, me contó la historia de un amigo suyo, adoptado de bebé, que siendo adolescente les echó en cara a sus padres: “¿Por qué nunca me habéis contado que soy negro?”. Me pareció una situación absurda, porque, ¿cómo no va a saber a alguien que es negro? Pues es lo que sucede a las personas negras que han sido criadas por personas blancas y “ciegas al color”. Y como le pasa a la autora de este blog, a veces tienen que salir del armario.

 

Hace unos días pasé un poco más de una hora viendo el monólogo de Wanda Sykes “I’ma Be Me”. Hay un fragmento de este monólogo que me hizo reír tanto que mi hija me miró y me dijo: “en serio, sea lo que sea de lo que te estás riendo, debe ser extremadamente divertido… pero por favor, por el amor de Lilly (nuestro perro), ¡cállate!”. Wanda hablaba de la diferencia entre ser gay y ser negra. Subraya la dificultad de salir del armario como gay y dices que nadie tiene que “salir del armario como negra” hacia sus padres. La forma en la que lo planteaba era tan divertida… podéis verlo y escucharlo aquí:

 

 

Me hizo pensar sin embargo, en que cuando creces en una familia predominantemente blanca y cristiana, a menudo tus padres adoptivos no te ven como a los demás. Creces pensando que tus hermanos blancos son como tú, así que debes ser también blanca. Creces sin saber realmente que eres negra.

No es que no hablaran de raza conmigo, es más del tipo “no le hará daño si no lo mencionamos”. El problema con este pensamiento es que todo el mundo a mi alrededor se daba cuenta, y me llamaban fea y morena (que equivale a la palabra nigger). Así, si oía hablar  sobre mi color a otra gente, ¿cómo podía ser que mis padres no supieran que en realidad era negra?

Recuerdo tener unos 6 años, regresé del cole muy disgustada. Me había peleado con otro niño que resultó tener el mismo color que yo. Me llamó “negra”. Aún, con 6 años, no había oído a mi familia decir directamente que yo tuviera ningún color. Pero el chico me dijo que era negra y esto me enfadó taaaanto. Llegué a casa y estaba sollozando intensamente (el tipo de llanto que te hace convulsionarte un poco, con los hombros moviéndose incontrolablemente). Estaba enfadada. Estaba tan molesta porque me llamaran negra. ¿Por qué a mi hermana no la llamaban también negra? ¡No lo entendía!

Mi madre me subió a sus rodillas y me dijo “Odio soltártelo ahora… pero eres negra”. Fue tan devastador. ¿Yo? ¿Negra? Yo pensaba que era… como todos los demás. Cuando me dijo que era negra lloré aún más, quizás psicológicamente sabía que entre los 6 y los 19 años me maltratarían solo en base a mi color.

Así que me escondí. Intenté hacer ver que era blanca. Hablaba como blanca, andaba como blanca, pensaba como blanca. Me ponía ropa que creía que me ayudaría a encajar.

Alrededor de los 14, me enviaron a vivir con amigos en Carolina del Norte. La familia a la que fui era completamente blanca, así que pensé: “Sí, encajaré bien”. No quería tener alrededor a los negros que veía en televisión. Eran demasiado agresivos y hablaban de forma rara. El primer día que llegué al colegio, recuerdo andar hacia mi taquilla. Llevaba estos pantalones de color caqui y una camisa con botones con un jersey realmente feo que mi madre adoptiva me había comprado en la Buena Voluntad antes de soltarme en un vecindario todo blanco. Había tres guapas chicas negras en las taquillas. Pasé por delante de ellas haciendo ver que no las veía u oían, pero en mi corazón, queriendo ser como ellas. Una rió disimuladamente y dijo “coño, esta negra anda como si fuera blanca… no sabe que es una de nosotras?” Lo recuerdo tan bien como si fuera hoy porque de hecho me di la vuelta. Abrí la boca para decir algo y cuando empecé a hablar, se limitaron a reírse en mi cara.

Fue la primera vez en la que encontré a personas negras uqe esperaban que fuera negra y una de ellos. Había coincidido con negros en el país en el que crecí, pero era más con una mentalidad de “soy superior que tú”. Se trataba de perfeccionar la cultura en mi país de residencia para que cuando fuera a vivir a los Estados Unidos, aprendiera que eramos iguales, pero no lo sabía, o quizás me costaba admitirlo.

Cada año a partir de los 14 viví en distintos estados americanos. Empecé a abrir un poco mi mente pero el problema que me seguía encontrando es que vivía con familias blancas que se relacionaban con amigos blancos e iban predominantemente a iglesias blancas. Era la única chica negra en las comidas de después de la misa. Disfrutaba de conocer a personas negras en la escuela pero no me atrevía a llevar a mis nuevos amigos a casa. Sentía que las familias con las que vivía se sentían incómodos de tenerme en casa, y que se cruzarían si hubiera dos o tres como yo. Así que seguí escondiéndome.

Me metí de verdad en el amor a la diversidad cuando me escogieron para el papel de Dione en el musical off-Broadway “Hair”. Viví en Telluride durante 4-6 meses y aprendí realmente sobre cultura y diversidad. Había todo tipo de personas allí: gays, heteros, blancos, negros y pelirrojos. Era un mosaico – un sitio hermoso de ver y del que formar parte. Tenía 17 años y cantaba líneas y canciones y me sentía en la cima! Al fin y al cabo, me escogieron entre todos los que se presentaron. Durante este tiempo, tuve la oportunidad de hablar en unos pocos institutos sobre mi papel en el musical. No tenía ni idea de que significaba mi papel para los chicos y chicas negros del colegio. Era su modelo. Pero me di cuenta después de la segunda noche, que incluso aunque hacía el papel de una mujer negra, no había aceptado realmente mi negritud. NO había realmente salido del armario.

Tendrían que pasar otros cuatro o cinco años antes de que saliera del armario como negra. Cuando les dije a mis padres lo que ya sabían (como suele suceder con la comunidad LGTB), se disgustaron conmigo. Me trataron diferente porque quería abrazar mi negritud y porque había escogido abrazarla y no podían seguir haciendo ver que era como ellos. Les dije que quería ser negra y se preguntaron “¿quién eres tú?”, lo que me hizo sentir que estaban ninguneando mi identidad recién encontrada.

Para ellos, ser negra significaba ser escandalosa, pobre, llena de dudas, adicta al lenguaje soez y las drogas, embarazada a los 15, y sin educación. Oí lo de falta educación demasiado. En realidad no querían que fuera “negra” delante de los blancos. Les pregunté porqué se avergonzaban tanto y dijeron que se debía a que esta no era la “manera en la que me habían criado”. Para ellos, mi identidad estribaba en cómo me habían criado, rodeada de su gente y ahora quería “ser negra”. “Te cansarás de eso”, dijo mi madre. ¿De qué me cansaría? ¿De ser negra? ¿Cómo me puedo cansar de ser lo que soy?

Descubrí después que mi madre adoptiva se refería a que me cansaría de “actuar” como negra. Como si los negros tuvieran un papel determinado que cumplir. Le dije cuando terminé la universidad que esta cansada de “actuar” como blanca. La sacudió hasta los cimientos porque, en su mente, era todo lo que conocía.

Salí del armario como negra y fue raro. La negritud no es una actividad, o una acción, o una mentalidad, negra es cómo Dios me hizo y así soy yo!

Si sacáis algo de este post, por favor, entended que vuestros hijos adoptados que viven en una vida, familia y mundo que es diferente de su propia cultura o raza a menudo creen que son las personas que les han criado. Estad a su lado, escuchadlos, y por el amor de Lilly (mi perro), decidles que son diferentes y celebrar estas diferencias! Dejadles ser ellos mismos!!

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Comentarios en: "Salí del armario como negra… y me siento rara" (3)

  1. Me gustan tus articulos y te sigo desde hace muuuuucho tiempo, tengo un hijo que nacio en China y el con sus 10 años casi 11 sabe y se ve chino, en algun momento le ha costado emocionalmente aceptarlo pero asumido esta, creo yo.
    Sin embargo me cuesta trabajo aceptar que las personas son diferentes en funcion de su color de piel, y por lo tanto no puedo transmitir eso a mi hijo, creo sinceramente que todos somos iguales, solo nos diferencia la educacion, da igual el sexo, la religion, o el color.
    Asumir lo contrario me parece contribuir al racismo o al sexismo o a la homofobia y me siento incapaz.
    Que un negro haya nacido para correr o un chino sea un as de las matematicas y los gitanos nomadas son mas bien topicos que creamos para perpetuar las diferencias.

    Un saludo.

    • Te entiendo, pero creo que, sobretodo teniendo hijos de otras razas, hay que dar un paso más allá. La ceguera al color no ayuda a nadie, y sobretodo, no ayuda a nuestros hijos, puesto que minimiza sus experiencias, las discriminaciones, su sufrimiento. Idealmente no habría diferencias, pero las hay, aunque no sean más que construcciones sociales: ignorarlas solo sirve para perpetuarlas.

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