familia monoparental y adopción

La disociación

Y desde entonces, como un perro de Pávlov, en cuanto un sentimiento o una situación amenazan con abrumarme, dejo de estar. Existo físicamente y funciono con el piloto automático (supongo), pero de forma consciente no hay nadie en el interior de mi mente. Se podría decir que se me va la pinza. De niño esto era un desastre porque no lo podía controlar en absoluto, me pasaba todo el rato, e implicaba que me consideraran un chaval atontado, difícil, lerdo, completamente ido. Vivía instalado en la indefinición y siempre estaba ausente. Me mandaban a una tienda para hacer un recado y tardaba horas en volver. Cuando llegaba, me quedaba perplejo al ver el pánico y la preocupación que había causado. Daba la impresión que el tiempo desaparecía, y yo acababa pasando el tiempo con algún desconocido con el que me había cruzado, o me iba a otro sitio totalmente distinto al que me quería dirigir.

Este mecanismo es algo que tengo tan integrado que ha pasado a formar parte de mi hasta tal punto que suelo desaparecer, sin siquiera darme cuenta, al notar el menor atisbo de una amenaza, como la posibilidad de tener que comprometerme a quedar con alguien en Navidad cuando todavía estamos en Noviembre y puede que entonces me haya muerto, o esté de vacaciones, u ocupado, o con ganas de estar solo y a salvo.

Por culpa de eso, hay momentos esenciales de mi vida de los que no me acuerdo. Miro el pasaporte y sé que he estado en ciertos sitios. Veo a gente que asegura conocerme, a veces conocerme muy bien. Voy a restaurantes y se alegran de que haya vuelto, cuento anécdotas y hay personas que me recuerdan con tacto que ya se las he contado, o que estaban conmigo cuando sucedieron, y yo nada…, ni puta idea.

Llevo así desde que tengo uso de razón. De pequeño, la disociación era la única manera de que el mundo me resultara levemente manejable. Si no lo recuerdas, el pasado no puede aterrarte. Nuestras mentes son la hostia: se han diseñado para lidiar con cualquier tipo de situación, al menos hasta que se sobrecargan y se parten en dos. Y sin embargo, incluso entonces suele haber una manera de recuperar algo semejante a la funcionalidad.

James Rhodes, “Instrumental”, editorial Blackie Books

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Comentarios en: "La disociación" (5)

  1. Perdona por usar tu blog , pero….necesito el libro “Entre hipocampos y neurogénesis”, de Rosa María Fernández y…no lo encuentro por ningún lado.
    Alguien sabe donde puedo comprarlo????
    Muuchas gracias!

  2. Hola soy Rosa, la autora del libro. El blog ya no tiene contenido porque por razones de salud y de trabajo no podía atenderlo. De todas formas, si me das una dirección de email me pongo en contacto contigo y te digo como conseguir el libro. Muchas gracias tanto a ti por tu interés, como a Madredemarte. Un abrazo

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