familia monoparental y adopción

Hace algunos días descubrí un blog de una adoptada adulta que me pareció muy interesante. No he dejado de seguirlo desde entonces… Ayer publicó una entrada donde, a través de su propia historia, nos interpela sobre dónde queda este bien superior del menor del que tanto y tanto hablamos. Con su permiso, lo comparto aquí. No soy capaz de añadir nada más.

Resultado de imagen de Kiyoko Abe

Estamos todos perplejos ante el último caso conocido de negligencia por parte de los servicios sociales, el caso de Joan, como le llaman sus padres de acogida, o Juan, como le llama su familia biológica, arrancado de los brazos de su madre y entregado en pre-adopción de forma prematura, y teniendo que ser devuelvo pocos años mas tarde, causando con todo el proceso un daño irreparable en su madre, que ha tenido que vivir sin él, a sus padres pre-adoptivos, que ahora pierden al que sienten su hijo, y sobre todo a él, a Juan, a Joan, al niño, que no ha podido crecer junto a su madre y que ahora tiene que decir adiós a todo lo que conoce, a quien él considera sus padres, a sus amigos, a todo su entorno, y todo por errores en la administración.

Este es un caso que se ha mediatizado, que se ha hecho público, creando un gran debate, poniendo y exponiendo a ambas partes a la opinión pública y al juicio de todo el que quiera juzgar, pero no podemos olvidar que solo es un caso más, uno de muchos, porque por desgracia, somos muchos, demasiados, los que hemos tenido que sufrir las consecuencias de un sistema que no piensa en los niños, no podemos olvidar que muchos somos o en otro tiempo, hemos sido un Joan, o un Juan.

Hace ya muchos años de mi caso, que fue muy mal gestionado desde el principio. Antes ya de mi nacimiento constan episodios de malos tratos hacia mi hermana mayor, en los que servicios médicos y vecinos denunciaron el caso en múltiples ocasiones, sin embargo, nadie hizo nada por cortarlo o evitarlo. Tras mi nacimiento ambas sufrimos abusos, y tras el de mi hermano también. Durante años sufrimos golpes, palizas y agresiones, pasábamos hambre y abandono, y nadie hizo nada. Poco después de nacer mi hermano se abrió el primer expediente por presuntos malos tratos, y me horroriza pensar que se calificó de presuntos, cuando durante años los informes médicos y diversas denuncias los estaban alertando, y aún así, pasó otro año hasta que alguien movió un dedo, dejándonos mientras tantos en manos de una mujer adicta y prostituta que seguía maltratándonos diariamente.

Con 2 años y medio aproximadamente, fui ingresada de urgencia por una hemorragia interna ocasionada por otra paliza más, una de tantas, pasé una temporada en la UCI y mi hermano tuvo que ser tratado por una grave desnutrición, el hospital denunció el caso, y aún así, cuando me dieron el alta volvimos una vez más con mi madre biológica, porque a la persona que le correspondiera tomar la decisión, pensó que donde íbamos a estar mejor que con nuestra propia madre. Pasó un tiempo hasta que alguien decidió llevarnos a un centro de acogida.

De entrada nos separaron de mi hermano pequeño, algo que nunca voy a terminar de entender. Lo llevaron a otro centro por la corta edad que tenía entonces, y a mi hermana y a mi nos metieron en un internado masificado, donde convivíamos, o mejor dicho, sobrevivíamos diariamente, niños desde los 3 años hasta los 18. Los pequeños allí éramos carne de cañón, y nadie controlaba lo que pasaba en aquel lugar. Durante 5 largos años vivimos allí, 5 años en los que yo sufrí de nuevo agresiones, palizas y violaciones por parte de otros menores. Era fácil ocultar estos hechos porque era un centro muy grande, con varias plantas, muchísimos menores para controlar entre poca gente. Las personas responsables de nosotros, las que se supone que tenían que protegernos, hacían la vista gorda cuando te decidías a contar algo de lo que pasaba, minimizaban lo que ellas consideraban “peleas de críos”, y prácticamente nos dejaban a nuestra suerte en una jungla en la que  solo sobrevivía el más fuerte.

Para seguir complicando las cosas para nosotros, cada determinado tiempo la asistenta social decidía que teníamos que volver unos días con mi madre para intentar hacer algún tipo de adaptación a la vida con ella con intención de que volviéramos bajo su custodia, porque por algún motivo que desconozco pensó que mi madre se rehabilitaría, y se obcecaba en devolvernos con ella, para volver de nuevo a un infierno. Durante esas visitas seguíamos siendo maltratados, y mi hermana y yo en más de una ocasión fuimos violadas por clientes de mi madre, que nos ofrecía a ellos, supongo que pagarían más… Como es evidente, volvíamos de nuevo al internado.

Mi madre tampoco nos dejaba ser libres de ser adoptados. La asistenta o alguien determinó que tenía que hacernos visitas cada cierto tiempo y alguna llamada, para así demostrar su buena fe, que ella se quería hacer cargo de nosotros, y por lo tanto no lo consideraran abandono. Mi madre hacía lo mínimo, pero lo estrictamente necesario para que no lo considerasen como tal, mostrando así una supuesta muestra de intención de una supuesta rehabilitación que era evidente que nunca llegaría, y que efectivamente, nunca llegó, pero mientras tanto, yo me fui pudriendo allí encerrada, sin saber lo que era el amor, el cariño de una familia, sin saber lo que era sentirse parte de algo, sin demasiadas cosas que a nadie le deberían faltar, menos aún a un niño.

Pasados 5 años mi hermano y yo fuimos adoptados por separado, mi hermana mayor tardó más tiempo aún. Yo tenía 9 años. 9 años de abusos, de humillaciones, de violaciones, de abandono, de hambre que se podían haber evitado de una forma muy sencilla, porque era un caso excesivamente claro como para no ver que no había más solución, y aun así nadie lo hizo. 9 años de mi infancia y de mi vida perdidos por una madre ausente, que le importaban más sus vicios que yo. Perdidos por una administración negligente incapaz de ver los errores internos que condenan a niños a una infancia de absoluta soledad. Perdidos una institución carente de medios ni ganas de hacer nada que permitió todo tipo de aberraciones contra niños indefensos. 9 años de golpes y de situaciones anormales que han dejado dañada mi salud de por vida, y lo peor es que se podía haber evitado.

Y ahora yo me pregunto, si lo que tiene que prevalecer en estos casos es el bien al menor, el bienestar del niño, ¿Quien veló por mi? ¿Donde estaban esas personas que debían protegerme? ¿Donde quedaron mis derechos? ¿Porque se tardó tanto en ver que mi madre no tenia intención de rehabilitarse? ¿Es tan complicado tener unas pautas en las que si un niño esta siendo maltratado, dirijan al mismo hacia una adopción sin tanta dilatación? Y lo más importante de todo, ¿Donde está la protección del menor?

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Comentarios en: "¿Dónde quedan mis derechos?" (11)

  1. Que pregunta tan difícil y qué tema más doloroso hasta para el que solamente lo lee. La verdad es que no se qué responder (o si) pero este texto me genera una reflexión. Estoy acostumbrada a leer en algunos foros en los que participan adoptad@s adult@s lo importante de gestionar y motivar muy bien una adopción. Cómo much@s adoptad@s sufren, y con razón, las consecuencias de unas adopciones precipitadas, quizás realizadas no para el interés del menor sino posiblemente para otros intereses nada nobles y/o para saciar los deseos y demandas de nosotr@s, los padres y madres adoptiv@s. En este caso, sin embargo, vemos como actuando de igual forma para los intereses de no se quien (pero alguien que desde luego no eran l@ menores) esa adopción no llega a tiempo. Y digo esa adopción porque me ha parecido leer en algún lugar del texto cómo la narradora lo reclamaba. No se si esa era la mejor opción, no conozco la historia en profundidad, faltan muchos datos. No se si podría haberse ayudado a esa madre que desde luego no supo serlo, no se si la familia extensa existía y estaba capacitada para hacerse cargo… La cuestión está en que sigo reflexionando, pues para ella la salida apropiada era la adopción, para otr@s adoptad@s adult@s la salida que hubiesen deseado muchas veces pasa por que la madre y/o padre (generalmente la madre) hubiese sido ayudada.
    Este caso desde luego parece bastante extremo pero no se cual hubiese sido la mejor solución. Desde luego cualquiera de las dos, adopción más rápida o protección de algún tipo, hubiese sido mejor que lo que les ocurrió.
    Y después de reflexionar llego a una especie de conclusión y es que tanto las adopciones como las NO adopciones deben estar muy, pero que muy bien motivadas y estudiadas, y desde luego parece que demasiadas veces no lo están, ni para un lado ni para el otro.

  2. Me ha encantado esta otra visión de la adopción. A veces tengo la sensación de que los padres adoptantes somos una banda mafiosa y sin escrúpulos dispuesto a cualquier cosa por un hijo, sin importarnos nadie. Y nos dedicamos a trancar a bebés de los brazos de madre entregadas y amorosas que se lo único que carecen es de medios para cuidar a esos niños, pero que con ayuda lo harían genial. Y compruebo con tu terrible historia que muchas veces no es así. Que el e interés del menor no le importa a nadie. Que muchas veces los padres no dan a sus hijos en adopción por qué ese niño es una fuente de ingresos. Me dan ayudas por ser madre soltera me dijo a mi una “madre”. Si le doy en adopción no cobro. En fin espero que hayas conseguido rehacer tu vida. Un saludo de una madre adoptante que no vive en un mondo rosa.

    • Yo estoy convencida de que en ambos lados hay de todo… Que lo importante (y lo difícil) es separar el grano de la paja.

    • Hola Myno, por desgracia esa postura que dices, de no los entrego porque entonces no cobro, existe, en esta película hay de todo, desde biológicos que no quieres a sus hijos, adoptivos generosos, compras de bebes, trafico…. el problemas es que el ultimo al que se mira el al menor… si quieres saber más, pásate por mi blog

      https://lasalasdenabi.wordpress.com/

  3. Trabajo como educadora social en un centro de menores en Catalunya, lo primero decir por la parte que me toca….lo siento!! tanto horror y tanto abuso, tanta negligencia, no solo por tu madre biológica, sino la más grave, la que sufriste por servicios sociales que en teoría deben cuidar y proteger a los menores.
    La postura del educador/a es muy difícil cuando trabajas en un centro, por un lado quieres proteger al menor de esa familia que no los cuida bien, por otro lado estan las familias que quieren recuperar a sus hijos/as, y que en muchas ocasiones hacen esfuerzos reales para conseguirlo, también debes hacer caso de lo que te dicen los referentes del caso…..pero se equivocan, nos equivocamos!! la verdad que en tu caso me sorprende que se mantuvieran las visitas biológicas, si se ven indicios o el menor verbaliza que no está bien con la familia, se les escucha y se toman medidas, se reducen las visitas o incluso se eliminan…..muchos factores negativos influyeron en tu historia, da igual, una mierda!! una infancia muy dura y unos mayores y responsables que no supieron estar a la altura….gracias por compartir tu historia, un abrazo!

  4. Ahora mismo solo siento deseos de abrazarla y protegerla . Ahojala el destino te de multiplicado por mil todo lo que te arrevato . Me gustaria que estuviese rodeada de gente que la quiera y la valore . Tengo tres hijos adoptados ahojala a ti te quieran ranto como quiero yo a los mios

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