familia monoparental y adopción

La de la mochila es una de las primeras metáforas que aprendemos los adoptantes. Nuestros niños no son niños como los demás, a diferencia de los otros, no son páginas en blanco, sino niños con un pasado, con unas vivencias que les lastran el paso: con mochila.

En la entrada anterior, Nuria, lectora y madre de dos hijos adoptados, reivindicaba los errores que subyacen tras esta metáfora. ¿Podemos llamar “mochila” a algo que uno no puede quitarse?

 

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Nunca podré entender que alguien quiera “deshacer ” una adopción. No se puede. No se despare, no se desadopta.

Pero entiendo a la fuerza que las dificultades que tiene un niño o niña adoptados no son una mochila que se cura con amor. son el resultado de ver truncados todos los procesos de maduración emocional y desarrollo. Y desde luego que mejoran con la atención y el cariño , pero algunos daños son irreversibles.

La gente te pregunta ¿y los dos tienen dificultades? ¡qué mala suerte! No, no es mala suerte. Tener dos hijos adoptados con dificultades varias no es mala suerte, es realidad.

Es lo que hay. Lo normal no es pasar un abandono, un orfanato o un cuidado negligente sin secuelas. No es una mochila, porque las mochilas se quitan y no son parte de ti. Tus carencias, tu fragilidad, el no saber modular las emociones, las dificultades en el vínculo…están y son parte de ti y una parte que no se cura, que se lima como se puede si se puede…Y estas secuelas son muy variables, pero no se curan mejor o peor en función de la cantidad de amor que podamos dar ni desaparecen al año de “tener una familia que te quiere”.

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Comentarios en: "Dejemos de hablar de mochilas" (6)

  1. Hace unos días fui a visitar a un recién nacido. Y recuerdo llegar a casa y pensar en cómo de pequeño era, de indefenso y vulnerable. Y en ese momento pensé en mi hijo, en los de muchos de mis amigos, en todos nuestros niños…. niños abandonados al nacer cuando más vulnerables son….. Puede alguien creer que ese abandono, ese desamparado, todo aquello de lo que fueron privados, todo lo que no tuvieron en ese momento….todo eso, no deje huella?

    • Hay varias madres en la clase de A. que tienen bebés de cerca de un años. Los he visto crecer el último año, cada vez que no les dejaban llorar, tomar teta a demanda, ir horas en brazos, hacerles carantoñas y hablarles incesantemente… Sí, es difícil ver un bebé y no pensar en todo lo que nuestros hijos se perdieron.

  2. Una adopción si se puede “deshacer”, cuando nunca has sido consciente de lo que hacías cuando adoptabas, en papeles no, claro, pero en emociones si, claro que se deshace.

    La mochila es una cosa que suena muy bien, recurrente, todos hablan de ello.
    Las penas pesan en el corazón…, decía la canción.
    Para qué hablar con nadie de las penas del corazón de nuestros hijos????.
    Esas nunca son fáciles de verbalizar . Ellos no logran hacerlo a las claras y nosotros no somos quiénes para interpretarlas y mucho menos para compartir la interpretación que podamos hacer de ellas.

    • No podemos hablar de sus penas, pero sí de las nuestras, de cómo nos sentimos, nuestros miedos, dudas y esperanzas… aunque yo he descubierto que de verdad de verdad solo puedo hacerlo con personas que han vivido situaciones parecidas, que no van a malinterpretar ni juzgar nada de que les diga.

  3. Nuria, mi padre también me dice que mala suerte he tenido con mis dos hijos. Al principio traté de explicárselo pero ya no, le sigo queriendo igual y entiendo la dificultad que tiene para entenderlo.

    Como dice Madre, solo puedo hablar tranquilamente de estas cosas con familias adoptivas que han pasado por lo mismo que nosotros. Del resto de familias adoptivas, a las que lo cuentas a veces para advertir de lo que les puede pasar, recibo muchas veces incomprensión e incluso acusación. Les veo decirme sin palabras que algo habré hecho mal, que a ellos no les va a pasar.

    Me produce un gran desánimo y mucho cansancio que ni mis iguales, padres adoptivos, entiendan o admitan. Pero también pienso que tenemos que visibilizar nuestros casos para avisarles, porque sus hijos necesitarán su ayuda si la situación llega, aunque sus padres aún no lo quieran creer.

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