familia monoparental y adopción

Futbol

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Nunca me gustó el fútbol.

En mi cole de izquierdas, casi todos los niños y casi ninguna niña jugaban al fútbol. Pero cuando jugábamos partidos contra otros colegios (algo que hacíamos un par de veces cada curso), nos repartíamos el tiempo estrictamente entre todos los jugadores. Los mismos minutos para los niños que no se despegaban del balón (fuera de cuero o de papel de aluminio de los desayunos), que para los que nos tapábamos la cara con las manos si veíamos acercarse una pelota.

Siempre perdíamos, claro.

Menos una vez que ganamos al colegio vecino 7 a 1 y se sorprendieron y cabrearon tanto que nos despidieron a pedradas.

Nosotros, muy dignos, nos fuimos comentando entre nosotros que no sabían perder, y eso.

No como nosotros, que habíamos aprendido a fuerza de derrotas.

Nunca me gustó el fútbol.

A mi abuelo le gustaba, a mi madre le gustaba, a mi hermana le gustaba.

Yo odiaba las costellades familiares donde el evento estrella era el partido posterior.

Odiaba correr y me tapaba la cara con las manos cuando se acercaba un balón.

Nunca me gustó el fútbol.

No tuve novios futboleros, tuve novios a los que les gusta el cine y la literatura y los cómics, y las jornadas de final de Liga las aprovechábamos para ir a cines vacíos o salir a cenar a restaurantes en los que no había nadie.

Nunca me gustó el fútbol.

Y de repente me encontré con un niño que vivía pegado a un balón, que hacía girar su vida alrededor del fútbol, que ansiaba jugar en ligas infantiles, que peloteaba en cualquier rincón, que se acercaba (y se metía) en todos los partidos en todas las plazas.

Y de repente descubrí que él tenía algo que yo no tendría nunca.

Que el fútbol puede ser (también) algo fascinante. Una herramienta de socialización e inclusión (también de exclusión de los que no juegan, claro).

Un lenguaje.

Me di cuenta en una playa de Marruecos, cuando B. se acercó a un niño con el que no podría haber cruzado dos palabras, le chutó el balón y pasaron una hora jugando.

Como decía Eduardo Sacheri: Si chutas el balón y te lo devuelven, estás dentro.

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Comentarios en: "Futbol" (3)

  1. Muy bueno , me siento totalmente identificada , mi hijo también vive pegado al un balón.

  2. Para mis hijos (hija incluida) el futbol ha sido y es un elemento de integración espectacular. Vayan dónde vayan siempre encuentran con quién jugar… Para mi marido, en cambio, de pequeño fue un elemento de exclusión del grupo… Él odiaba, y durante mucho tiempo ha odiado el futbol. Han tenido que pasar muchos años y ver a sus hijos jugar… para que valorara como algo positivo la fascinación que sienten mis hijos por ese deporte en todas sus facetas (de jugador y de hincha….)…

    Maria

    • Viendo la potencia que tiene el fútbol como herramienta de comunicación e integración, se hace también muy evidente que para los chicos que no les gusta, la exclusión es un factor de mucho peso. Ser un chico al que no le gusta el fútbol puede hacer la infancia muy difícil… sin embargo, en general, diría que te convierte en un adulto más interesante.

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