familia monoparental, diversidad familiar y adopción

Archivo para agosto, 2017

Atípico

Hace algunos años, cuando la primera infancia de mis hijos parecía que no iba a terminar nunca, M. me advirtió: “Te van a decir que te prepares para la adolescencia, que es terrible… pero ¡no es verdad!, a medida que crecen las cosas mejoran, puedes compartir con ellos películas, libros…”

Lo cierto es que el tiempo ha pasado rápido, demasiado rápido, y B. y C. ya están entrando en la adolescencia (y a A. y P. no les queda tanto). Y empezamos a poder compartir cosas no de las que ellos desean ver (por buenas que sean) sino de las nuestras.

Exposiciones, canciones, algún libro.

Y series.

En estas últimas semanas hemos visto los 8 capítulos de “Atypical”, una serie protagonizada por un chaval que tiene un trastorno del espectro autista.

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Una serie que retrata muy bien el día a día de las familias con personas con alguna discapacidad: la centralidad de esta condición en la vida familiar, la invisibilidad de los hermanos, las distintas formas de afrontarlo de los padres, los conflictos con el entorno, la dificultad de la madre que ha sido cuidadora de dejar volar solo a su hijo cuando empieza a convertirse en adulto.

No dejen de verla.

Después del atentado

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El atentado nos encontró en Barcelona, lejos del lugar de los hechos (si es que se puede estar lejos en una ciudad como Barcelona), pero igual nos golpeó.

La calle en la que he trabajado 20 años, el trayecto por el que volvía a casa, la hora de salir a recoger a los niños.

Primero fueron las llamadas y los Whatsapps, la búsqueda de noticias, las preguntas. El silencio de la piscina mientras la gente iba marchándose a sus casas. Después, las sirenas de ambulancia a lo largo y ancho del barrio. Y el helicóptero sobrevolando nuestra terraza toda la noche.

¿Podemos dormir contigo?

Y luego llegó el momento de hablar. La conversación que siempre hay que tener con los niños, qué ha pasado, por qué, quiénes eran, qué querían, qué pasará ahora.

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Pero también otra conversación que tenemos que tener cuando nuestros hijos tienen un origen que les conecta con los terroristas: la de las burradas que van a oír a partir de este momento, más todavía. El “puto moro”, “vete a tu país”, “es que no se integran”…

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Pero hay una tercera conversación de la que no he sido consciente hasta que han ido pasando los días y goteando las informaciones, y hemos sabido que los terroristas son chavales, niños en algunos casos, muy parecidos a los nuestros: niños que iban al colegio y jugaban al fútbol, y se encontraban en un casal en el que nadie imaginó siquiera que algo así fuera a pasarles por la cabeza… ¿Hasta qué punto pueden convertirse nuestros hijos en el caldo de cultivo de los radicales que puedan querer aprovecharse de sus dudas identitarias y sus arraigos inseguros para sembrar en sus cabezas la ilusión de pertenecer a algo o alguien?

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