familia monoparental y adopción

Archivo para octubre, 2017

La idoneidad

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La idoneidad en adopción… ¿qué será exactamente? A mi entender son unas características personales que trascienden la propia adopción. Una persona idónea para adoptar es aquella capaz de respetar y tener sentimientos positivos hacia personas a las que no conoce ni de las que posee ningún dato. Es tratar de entender desde la compasión unas circunstancias trágicas y desde la humildad intentar repararlas en la medida de lo posible. Ser idóneo es cuestionar lo que te han dicho, entender que la vedad es poliédrica e incluso aceptar que, aún creyendo no haber hecho nada malo, podemos ser responsables del dolor de otrxs. Es amar sin condiciones ni esperar nada a cambio. Es incorporar a tu vida otras culturas y otras formas de ver el mundo. Ser idóneo en adopción son muchas más cosas, pero pongo aquí estas pocas porque estos días he leído cosas de madres y padres adoptivos que nada tienen que ver con estas características personales. En situaciones de conflicto debemos mantener las cualidades humanas. Quienes no las conservan, para mi, no son idóneos. 

L.E., madre de una niña adoptada en Malí.

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Cuerdas y marionetas

En una discusión sobre el tema que debatimos en el post anterior, una docente bienintencionada me recomendó ver el cortometraje Cuerdas. No sé si lo recuerdan: ganó un Goya hace unos años, y fue noticia, entre otras cosas, porque el autor pidió repetidamente que no se compartiera por Internet.

La petición debió surtir efecto porque he estado buscando y solamente he encontrado trailers.

No sé qué opciones hay ahora mismo de verlo completo. Yo lo vi en su momento (pirateado, sorry) y recuerdo la historia de ese niño con parálisis cerebral que llegaba a un orfanato y que entablaba amistad con una de las niñas que había allí…

…y recuerdo también las críticas que desde Asociaciones de personas con discapacidad se hicieron, y me ha parecido interesante compartirlas aquí.

Esta es de Rocío Molpeceres, autora de un blog en el que da a conocer la parálisis cerebral desde la perspectiva de los propios afectados. Dice así.

Este corto  se desarrolla bajo el paradigma médico-rehabilitador.

La madre dice que sabe que no es el centro adecuado para él y no se preocupa de buscar los apoyos necesarios para que el niño pueda participar en la clase. Simplemente deja informes y medicinas, ¿por qué no nos fijamos en las capacidades que tiene una persona y no solo en sus problemas?

En cuanto a la profesora, lo presenta como un niño especial y ni siquiera le pone una mesa o un libro y sigue la clase normal con el resto de los niños y cuando le saca al patio solo pretende que le dé el sol.

Solamente hay una niña que se acerca a él y ella pretende que hable y que juegue al balón de la misma forma que los demás.

Esto cambiaría si en lugar de solo atender al niño, se le proporcionasen los medios para mejorar realmente su calidad de vida. Lo primero, con un sistema de comunicación adecuado para él o la adaptación de juegos; para esto habría que contratar a una persona que le apoyase o que ciertas entidades especializadas ayudasen, tanto al colegio como a la familia a normalizar la diferencia.

Por otro lado, es muy importante educar a los niños en el valor de la diversidad, es decir, hay gente que se mueve de forma diferente o habla de forma diferente: no somos enfermos, simplemente funcionamos de forma diferente. Por ejemplo, se puede bailar desde la silla.

Aunque es cierto que se habla de términos como normalización e inclusión, todavía queda mucho camino por recorrer y muchas mentalidades que cambiar. Es importante que existan leyes, pero también hay que quitar miedos, quizá algunos profesores no hayan trabajado nunca con personas con diversidad funcional.

Sin olvidarnos tampoco de las familias que a veces se centran en los problemas, sin saber buscar las capacidades. De hecho creo que aún se da demasiada importancia a la recuperación y no tanto a la calidad de vida, que es lo realmente importante.

Esta otra es de Ignacio Calderón Almendros,  Profesor de Teoría de la Educación, interesado en la experiencia de exclusión e inclusión educativa de personas situadas en los márgenes, desde la discapacidad y la desventaja sociocultural. Empeñado en que la escuela sea un lugar donde todas las personas podamos crear sentido”. Aquí algunos extractos:

En el film se asimila parálisis cerebral con enfermedad (debido al desenlace), pero tener parálisis cerebral no es una enfermedad, es una condición. Es evidente que si no se genera reflexión, se tiende a consolidar el estereotipo de que las personas con discapacidad están enfermas. También se alimentan otros estereotipos, por ejemplo, al quitarle al niño cualquier capacidad, incluso la comunicativa (y no me refiero únicamente al lenguaje). Bonita, pero…

Por todo esto, mientras la mayoría de los comentarios que he tenido la oportunidad de leer hacían alusión a “la integración”, yo lo que fundamentalmente veo es una evidente historia de exclusión educativa. Un niño tratado por las instituciones como un mueble, que tampoco tiene lugar, lo cual no hace otra cosa que reflejar la cruda realidad.

(…)

El corto se asienta en muchas cosas demasiado cuestionables, y no se ofrece una posibilidad de crítica, sino una normalización de la sangrante situación institucional que viven como si fuera neutral. Los niños con discapacidad estorban y no tienen lugar en las escuelas ordinarias, se podría leer. Las personas con discapacidad son objetos hasta el punto de que el ¿protagonista? no tiene ni nombre, lo cual obliga a quien ve la película a llamarle por la etiqueta: “el niño malito”.

Así se había mostrado en la inexistente relación del resto de niños, niñas y docentes con el chico: nadie en toda la película le hace caso. Por otra parte, es evidente que estaba allí para cualquier cosa menos para aprender, hasta el punto de ¡no tener ni mesa! Estaba en la escuela del orfanato, pero en realidad no era una escuela para él, sino un lugar desolado en el que un niño “raro” y una niña “rara” se relacionan mientras son marginados por menores y adultos.

Lo mejor, a mi juicio, es la hermosa relación que comienza a establecerse entre la niña y el niño, y la metáfora de la cuerda, como el vínculo que les une. Pero incluso en esto el niño es convertido en objeto, que nunca es preguntado por lo que desea hacer. Y la cuidadora es una niña, como no podía ser de otro modo… con lo que reproducimos los roles de género, mientras eliminamos la responsabilidad de las administraciones públicas en establecer relaciones de cuidado justas.

Las cuerdas. La hermosa metáfora inicial comienza a chirriar cuando las cuerdas parecen hilos de una marioneta, y se revela con el mensaje final: la cuerda en la muñeca de una María (que sí tiene nombre) adulta comenzando su función como maestra en una escuela de educación especial… Es evidente que hay que segregar al alumnado con discapacidad.  Y esto ocurre porque en realidad nunca se valoró al niño como tal, sino como lo que no era: como si él fuera una enfermedad, como si él quisiera la voluntad de la niña, como si su valor estuviera (incluso en los sueños) en el niño que puede bailar. ¡Qué daño hizo que la bestia se convirtiera en príncipe al encontrar el amor de la bella!

Por eso genera tantas lágrimas, porque no dejamos a las personas ser ellas. Entonces da pena la persona discriminada, en lugar de darnos pena nosotros mismos, y lo que hacemos con los demás. Creemos que vive atenazado por su condición, en lugar de cuestionar las relaciones y nuestro sistema social que lo excluye.

En cualquier caso, toda película permite pensar y sentir, y es evidente que ésta lo hace. Eso sí, necesitamos desplazar nuestra mirada hacia lo que hay en los márgenes de “Cuerdas”, para poder ver las cuerdas que también a nosotros nos mueven como marionetas, que se compadecen por personas cuyos problemas los constituimos nosotros mismos.

 

Sobre escuela e inclusión

La Generalitat de Catalunya acaba de publicar el decreto de escuela inclusiva, que prevé que los niños con NNEE sean escolarizados en escuela ordinaria. Sobre el papel, parece la solución ideal, pero, ¿lo es? ¿Siempre la escuela ordinaria es la mejor opción, para todos los niños?

Hace años, yo también pensaba que era lo mejor. Que los niños, sean como sean, tienen que estar en el mundo, que no se les puede poner en una burbuja, que la escuela debe y puede adaptarse a las necesidades de cada uno.

Y lo cierto es que la escuela tiene previstos mecanismos para integrar a los niños “diferentes”: adaptaciones curriculares, dictámenes, apoyos de distinto tipo, repetición de curso. Mecanismos que a veces permiten a los niños trabajar a su ritmo, pero otras, reconozcámoslo, son meros parches para que no interrumpan el ritmo de la clase.

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Con las adaptaciones, los niños reciben menos presión a la hora de trabajar, sobretodo mientras son pequeños y está la esperanza de que maduren, “hagan el click”, se coloquen al ritmo de los demás;  pero muchas veces cargan con una cosa tal vez peor: el estigma. “Va a apoyo”, “el grupo de los tontos”, “pobrecito, no puede”. Y ven que los demás dejan de esperar que sean capaces, y dejan de esperarlo ellos mismos.

Y pasa otra cosa cuando crecen. Que de repente, todos los niños que a los 3, a los 5… no veían las diferencias, las empiezan a ver. Y la empieza a ver también el propio niño afectado. Y esto, en muchas ocasiones, convierte la vida escolar en un infierno.

Niños que pelean consigo mismos para llegar a los mínimos académicos aceptables, pero también niños que tiran la toalla y se convierten en el payaso o el gamberro de la clase. Niños que cambian de colegio una y otra vez. Que tienen suerte y les toca un buen tutor que les acompaña, pero al curso siguiente tienen menos suerte y les toca otro que no se preocupa lo más mínimo y deshace de un plumazo el trabajo de años. Niños que se encuentran a la merced de la capacidad / buena voluntad del profesorado que les toque. Niños que se desconectan, que se desmotivan, que empiezan a mirar a los demás con desconfianza y a tener conductas disruptivas.  Y la autoestima que no deja de bajar.

Por no hablar del patio. O de las horas de después del colegio.

Las madres y padres de los niños “normales”, los que no tienen problemas, los que no llevan la etiqueta del “tonto”, o el “distinto”… no dejan de defender la bondad del sistema. Están integrados, dicen. Son queridos, dicen. Tienen amigos, dicen. Les vemos contentos.

Incluso sus profesoras te dicen estas cosas cuando vas a preguntarles, extrañadas de que tengas dudas.

Lo que no ven  es lo que pasa por las tardes, en casa: los llantos, los ataques de rabia, la tarea rota, el “soy tonto”, el “soy inútil”, el ¿por qué mis hermanos van a casas de amigos y a mí no me invita a nadie?, el que los niños a los que invitó a su cumple no le devuelvan la invitación, el “me dicen que soy un acoplao”, el “no quiero ir al cole”…

El vivir disimulando las dificultades además de sorteándolas y superándolas, el estrés que esto provoca.

Lo deseable, claro que sí, es una escuela que incluya a todos. Pero, ¿cómo podemos hacer una escuela inclusiva cuando la sociedad no lo es? Lo deseable es que tengan las mismas oportunidades que el resto de chicos y chicas, pero siendo el “distinto” en una escuela uniforme no siempre las tienen. Lo deseable es que crezcan entre iguales, pero para esto tienen que dejar de sentirse diferentes. Lo deseable es que aprendan a convivir, pero, ¿cómo pueden hacerlo si siempre son “el otro”?

El mundo, dicen, no es una burbuja. En el mundo no estarán protegidos. La escuela tiene que ser un reflejo del mundo.

Pero esto no es cierto. Nunca, jamás, después de la escuela, en la vida, estamos tan expuestos. Procuramos escoger trabajos que sepamos hacer, nos relacionamos con gente que tiene gustos e ideas parecidas, creamos nuestra aldea gala para resistir a las inclemencias.

Este vídeo lo han hecho en una escuela de educación especial especializada en niños con Inteligencia Límite. Niños que fueron escolarizados en escuela ordinaria en primaria y que en secundaria han llegado a un entorno en el que los niños se parecen más a ellos.

Fijaos cómo explican (y muestran) lo que ha representado este cambio:

(El vídeo se ha presentado a un concurso sobre bullying. Podéis votarlo aquí).

Mi universo

La imagen puede contener: 3 personas, personas de pie y multitud

El converso al independentismo; el españolista recalcitrante; el que ve la independencia como un medio para conseguir un país más social; el que barrunta qué perjucios económicos traerá la independencia; el entregado al president; la que cree que lo importante es la independencia y, si acaso, el modelo de país lo discutiremos despues; el que no se siente representado por ningún partido ni tendencia; la maestra del PSUC que ve en lo que está sucediendo ahora la respuesta a todos sus sueños y luchas; la novia del policía que cierra los ojos ante la violencia de los colegas de su chico; la madre del cole que ha pintado su perfil de banderas españolas; el compañero que ve en lo que sucede en Catalunya el gérmen de la revolución que podremos usar de ariete para derribar el regimen del 78; el antiguo militante antifranquista que espera la intervención de Europa como en los 50 se esperaba la de Estados Unidos; la activista que se duele de que otras represiones no hayan merecido el mismo apoyo; el que sale a hacer caceroladas; la que celebra el aniversario de su hija con la familia divididida para evitar discusiones; el provocador; el compañero de instituto que se fue a trabajar a Inglaterra y lo ve desde la distancia; los que se sienten en Tierra de Nadie; los que lo cuestionan todo; los acríticos; los que son insultados por trabajar en La Sexta y los que lo son por trabajar en TV3; los que no saldrían a tomar las calles si no se lo dijeran los que gobiernan; los que resistieron en los colegios el día del referéndum; los que se convirtieron en indignados después del 1-O; los que viven ajenos a la cosa independentista; los que tienen todas las respuestas y los que solo tienen preguntas.

Gente con miradas tan distintas que son (somos) capaces de discutir sin llegar a niveles como los que estamos viendo en otros lugares… y a la vez la preocupante sensación de que hablamos lenguajes distintos y no acabo de ver si el entendimiento es posible.

7 años

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Hace 7 años, A. me dijo: ¿Por qué no escribes un blog?

No solo esto, sino que me lo diseñó, buscó el fondo, escogió los colores, y me lo ofreció, como un regalo envuelto con un lacito.

Me sentí como una niña con zapatos nuevos.

El blog se convirtió en lugar de reflexión, vómito a veces, archivo de mi memoria familiar,  punto de encuentro, centro de una red de difusión de historias sobre el racismo, la familia, la adopción, la vida.

En estos siete años, han llegado y se han marchado lectores, ha habido entradas que se han convertido en foros de debate, alguna se ha hecho viral, otras siguen siendo leídas al pasar de los años.

Mi familia cambió, creció, se mudó, se ajustó. Los niños están entrando en la adolescencia. El día a día se ha llenado de cosas que tiran de nosotros.

Y nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Pero aquí seguimos, a pesar de todo. Intentando no perder el hábito de escribir, de compartir. De asomarnos al mundo.

De celebrar cada pequeña cosa. Como que este blog haya cumplido 7 años.

No dormía el fascismo sino las personas blancas

En los últimos días, hemos vivido un repunte del fascismo. No me refiero al hecho de que personas teóricamente de izquierdas justifiquen la violencia policial (el “no haberse manifestado” ocupa el lugar de “no haber llevado minifalda”) e incluso se hayan destapado casi como herederos del franquismo… me refiero a la violencia física, la de los bates de béisbol y la mano alzada cantando el cara al sol.

¿Pero realmente está volviendo el fascismo? ¿O sólo se siente más libre? O, mejor aún, ¿no será que ahora golpea a personas a las que miramos?

Así lo ha escrito Alicia Murillo, y como yo no podría haberlo dicho mejor, se lo robo:

La imagen puede contener: texto

¿Sabéis lo que nos pasa a todas las personas blancas que nos estamos llevando las manos a la cabeza por el “renacer” del fascismo? Que están empezando a hostiarnos a nosotrxs también. Hasta hace unas semanas la represión racista y nazi la sufrían sólo las personas racializadas por eso no nos parecía tan grave. Ahora decís: “Malditos catalanes, han despertado a los fascistas”. En realidad el fascismo no dormía, estaba bien despierto al lado de tu casa, en el aula de tu hija, en el despacho de enfrente, en la Moncloa, en el Parlamento…

Estaban bien despiertos negando asilos a refugiados, asesinando a seres humanos en el Mediterráneo, insultando a niñxs gitanxs en los patios de las escuelas, desconfiando de las familias multirraciales…

Sí, ahora los fascistas van además a manifestaciones y han pegado a unas decenas de personas blancas. Por miles en cambio se cuentan las racializadas perjudicadas por el racismo en los años de esta supuesta democracia y a muy pocxs vi actuar.

Más hostias mereceríamos todos los blancos indignados a los que hoy nos parece que el fascismo ha “renacido”, pero hostias de realidad porque, de verdad os lo digo, vivimos en las nubes, en unas muy blancas, tan tiernas y acogedoras como el algodón. Son las nubes del privilegio.

Imagen

Nada que celebrar

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