familia monoparental y adopción

Bullying, antes y ahora

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Y el acoso era atroz. El profesor asiente: y más grave que el de ahora.. Sí, entonces no salía en los periódicos y no se debatía en los Consejos Escolares, y quizá por eso era peor, porque ningún ojo lo controlaba. Había un chico afeminado al que teníamos loco. Digo teníamos, porque, aunque yo no participaba en primera línea, consentía con mi silencio y me reía, porque reírse significaba que no me lo estaban haciendo a mí. Tirábamos sus cosas por la ventana. La mochila, los cuadernos, todo. Y cuando bajaba al patio a por ello, le arrojábamos proyectiles desde la clase. Borradores, tizas y, cuando la broma se desmadró, sillas, cajones, tablones de corcho. Como en un motín carcelario. El chico esquivaba la lluvia de objetos y contenía las lágrimas mientras recogía. Eso sucedía a diario y casi nunca llamaba la atención de los profesores, que andaban oportunamente encerrados en el claustro, comando café y subiendo el volumen de la tele para no oír nuestro alboroto. Sois mayores, decían. Apañaos.

Sergio del Molino, “La mirada de los peces”.

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