familia monoparental, diversidad familiar y adopción

Historia de A. reencontrada

 

La imagen puede contener: 1 persona, de pie y niños

Cuando tenía 5 o 6 años tuve una amiga que se llamaba A. Llevaba gafas de culo de botella y no tenía muchos amigos; recuerdo una vez que una compañera de clase, L., invitó a varios niños a su casa, entre ellos yo, y a última hora me dejó fuera para invitar a A. “Es que a ella no la invita nunca nadie”, dijo, “y tú puedes venir otro día” (fui en verano y me quedé a dormir pero esto no me compensó de verme desplazada de este encuentro con varios compañeros).
Estábamos en la terraza contigua a nuestra clase, donde nos sentábamos a escuchar canciones de Lluis Llach en cintas de cassette. La Gallineta, L’Estaca.
Ahora dirían que nos adoctrinaban.

A me proporcionó una de las enseñanzas más importantes de mi vida. Fue una vez que fui a cenar (y a dormir) a su casa y cuando nos sirvieron la cena, yo empecé a comerme lo que más me gustaba (¿aceitunas?). Ella me dijo que era mucho mejor comerse primero lo que te gusta menos y dejar lo que prefieres para el final, para quedarte con buen sabor de boca.

Al día siguiente, su padre nos llevó al cole en coche, y A. me contó que usaba el volante de plástico que tenía colgado del respaldo del asiento del conductor para conducir igual que lo hacía su padre: cada vez que él giraba el volante, ella hacía lo mismo.

A finales de 1º, A. se fue del cole. Su padre se convirtió en el primer alcalde democrático de una localidad costera cerca de mi ciudad, y se trasladaron a vivir allí.

Eché de menos a A. intensamente durante mucho tiempo, pero nunca la volví a ver. Mi madre de vez en cuando me traía noticias, no sé si mantuvo la relación con sus padres o si supo de ellos por casualidad. Una vez incluso me ofreció pasarme el teléfono de A., para que volviéramos a encontrarnos, pero le dije que no.

Este curso, el colegio en el que A. y yo compartimos aula, terraza, canciones de Llach y maestras cumple 50 años. Un grupo de compañeros ha armado un grupo de Whatsapp para reunir a todas las personas de nuestra promoción, y se me ocurrió buscar a A.

Como tiene un nombre común, no resultaba fácil identificarla; pero buscando entre los nombres de los alcaldes de su pueblo, encontré a su padre, y entre sus amigos de Facebook estaba ella.

Sigue viviendo en el pueblo costero al que se mudó al marcharse del colegio, trabaja en el Ayuntamiento y escribe novelas con seudónimo. Tiene una hija que ha empezado la universidad y de lunes a viernes vive en Barcelona, con su abuela, que al separarse volvió a la ciudad.

Y estuvo encantada de meterse en el grupo de Whatsapp.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Nube de etiquetas

A %d blogueros les gusta esto: