familia monoparental y adopción

Todas somos

En las últimas 24 horas, todos los timelines se han llenado de la muñequita que dibujó Laura Luelmo, la maestra de 26 años asesinada en El Campillo, cerca de Huelva, el pasado 8 de marzo. O del dibujo de las dos niñas que llevan una pancarta que pone “por un 2018 en el que cada niña y mujer que sale de casa, vuelva SANA y SALVA”. Todas somos Laura.

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Y sí, entiendo la empatía que genera, aunque no que no se vea como la derecha más abominable está utilizando este y otros casos para su propia agenda: a la vez que niegan la violencia de género, la utilizan para reclamar penas más duras. Como si la violencia fuera una decisión individual de cuatro pirados y no algo estructural que vertebra la sociedad en la que vivimos.

Y sí, entiendo la empatía que genera, porque era joven, guapa, deportista, profesional. Blanca. Porque podríamos ser nosotras, o porque todas tenemos una hija que.

Pero también porque nos reconcilia con el prejuicio de que son casos individuales, psicópatas concretos, desconocidos, los que nos ponen en riesgo. Que quedándonos en casa estamos protegidas.

Y sí, entiendo la empatía que genera, pero no puedo evitar compararla con la empatía que no generan otras víctimas. Como la mujer negra a la que encontraron calcinada en un container, hace 3 años, muy cerca de donde ha sido hallado el cuerpo de Laura Luelmo, pero cuyo caso se cerró con la etiqueta de suicidio (a pesar de que es difícil entender que una mujer calcinada camine hasta el contáiner más cercano).

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Como las temporeras marroquíes, que, también muy cerca de donde se ha encontrado a Laura Luelmo, y a pesar de su trabajo precario, su infravivienda, su falta de redes, su extranjería… se animaron a denunciar, por fin, los múltiples abusos que llevan años sufriendo, y que han tenido que ver cómo el juez ni siquiera quiera escucharlas y dé carpetazo a su denuncia con el argumento de que lo que quieren es quedarse en España. La versión migrante de “denuncia a su marido por maltrato para quedarse con la casa”.

Y sí, entiendo la empatía que genera Laura Luemo, pero me entristece que el carpetazo a las denuncias de las jornaleras marroquíes no haya generado ni un 1% de la atención que le hemos dedicado a ella, o a la víctima de la manada.

Que no hayamos salido a las calles, que no gritemos que las creemos, que no seamos todas temporeras.

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Comentarios en: "Todas somos" (3)

  1. Jaione Pérez dijo:

    Una reflexión muy acertada, otra vez.
    Jaione

  2. Tampoco era tan joven pasaba de los 25 años

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