familia monoparental, diversidad familiar y adopción

Archivo para enero, 2019

Interseccionalidad

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Yo no sé cuál es la receta de la interseccionalidad, pero sé que un primer paso es tomar conciencia no solo de las opresiones que me atraviesan sino también de los privilegios, reconocer las experiencias de personas que me dicen que es otra la opresión que a ellas más les afecta, y preguntarme qué me moviliza y qué no, con quién me identifico y con quién no. No me canso de recordar unas palabras de Brigitte Vasallo inspiradas en Boaventura de Sousa Santos: la violencia que yo vivo tendría que servirme para entender todas las violencias. Sufrir acoso machista debería servirme para entender el acoso racista. Nunca es verdad que el eje de poder que me oprime a mí o a ti sea el más grave o el más sistémico. No puede ser verdad porque, como han explicado Angela Davis o Bertha Cáceres o tantas otras, el poder heteropatriarcal, capitalista y colonial es uno solo, que muestra caras distintas. Si nos grabamos esto a fuego, partir de ahí igual podemos empezar a hablar de sororidad.

June Fernández (leed el artículo completo aquí, no tiene desperdicio).

 

El niño interior

Addif es una asociación de familias adoptivas que organiza talleres y charlas muy interesantes. Recientemente ofrecieron una con el psicólogo Xavier Garcia, sobre la importancia de ver “al niño interior” en los momentos de conflicto con los hijos (la traducción es casera). 

 

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“No hay crecimiento si no recogemos al bebé”, este fue el hilo conductor de la conferencia del psicólogo Xavier Garcia, organizada el pasado viernes por Addif.

“Veo a muchos adolescentes atrapados en el bebé desatendido. Cuando la familia es capaz de ver en su hijo adolescente este bebé, y le atiende, el mundo emocional del chico mejora y, por tanto, sus relaciones. Cuando haya podido pasar por la etapa de la dependencia, haciendo pequeñas regresiones a la etapa infantil que ni él mismo sepa que necesita hacer, estará preparado para la etapa de la autonomía, él mismo dirá “yo solo”.

Frente a los conflictos con los hijos adolescentes, Xavier Garcia propone una mirada desde el mundo emocional, porque nos permite, mucho mejor que la mirada racional, ir a las causas de lo que está pasando, y no quedarnos en lo que se ve, que son las conductas o las palabras hirientes que lógicamente censuramos, una y otra vez, sin conseguir prácticamente nada. A menudo, cuando les decimos “lo que haces no me gusta”, el mensaje que recibe nuestro hijo es “no me gustas”, y su vivencia interna a menudo es “no les gusto”, “no soy lo bastante bueno”, “ya no lo era, por esto mi madre biológica me dejó”, “tengo miedo de que no me quieran, que me vuelvan a dejar”. Y el miedo es la antesala de un estallido de rabia. La atención emocional, en cambo, da sin palabras, un mensaje fundamental: no somos enemigos, estamos en el mismo bando, nos queremos. Haces esto, o dices lo otro, que nos duele y te duele, porque tienes un dolor, una desazón, dentro, que te hace enfadar mucho y sientes a veces mucha rabia y no siempre la puedes controlar, vamos a mirar juntos como hacerlo. Este cambio de mirada, que enfoca hacia la atención emocional del hijo, es muy poderoso para conseguir cambios personales y en las relaciones.

¿Y cómo dar esta atención emocional? Permitiendo al hijo pequeñas regresiones a la infancia, rebajando exigencias. Podemos volver a acompañarles a la cama, , ayudarles a vestirse –aunque sepa hacerlo solo- en vez de gritar pidiendo que se dé prisa una y otra vez, viendo con ellos una película de cuando eran más pequeños, usando el plural en lo que cuesta (vamos a poner la mesa, vamos a recoger, vamos a hacer deberes… y hacerlo con ellos, como haríamos cuando son más pequeños). Cuando nuestro hijo empieza a sentir atendido su bebé interior, cuando se siente “con el permiso” de volver a ser pequeño, siente que validamos, valoramos y atendemos el bebé que fue y empieza a sentirse mejor, a estar mejor. Esta mirada previa de los padres es básica para poder avanzar en cualquier otro trabajo que se pueda hacer con el hijo.

El tema de los deberes es especialmente complejo. A menudo nos encontramos con que no los quiere hacer, o que no quiere que le ayudemos… Si les cuesta hacer los deberes, el momento de hacerlos pone en evidencia, delante de los padres, que “no soy lo bastante bueno”, “soy tonto”, “tengo dificultades”… y por tanto aparece la inseguridad y el miedo: “lo verán y no les gustará” y quizás “me vuelvan a dejar”…. Nuestra insistencia la reciben como una agresión porque es como si les estuviéramos diciendo: venga, muestra tu estupidez… Otra vez es importante rebajar exigencias. Podemos hacer los deberes con ellos como un juego, no para fiscalizar si lo hacen bien o no, si sabe o no… Podemos hacer nosotros una suma y ellos otra… La exigencia tiende a bloquear. Lo más importante es transmitirles que a todos hay algo que nos cuesta mucho y otras cosas que sabemos hacer muy bien, y poner ejemplos personales, de manera que les llegue el mensaje de que su valor está muy por encima de lo que le cuesta. En la escuela, no conseguirlo les lleva al “tú no vales” del bebé… Rebajar exigencias a nivel escolar, cuando hay dificultades, es pues fundamental, o repetir curso para que vayan más tranquilos. Los niños con “falta de atención” están muy atentos a todo lo que pasa a su alrededor –los primeros años o meses de sus vidas tenían que estar muy pendientes de todo para sobrevivir-…

Hay frases que deberíamos eliminar de la vida familiar, una de ellas es la de “esto no lo vuelvas a hacer jamás”. Porque segur que lo volverá a hacer, sencillamente porque no lo puede evitar… Si entendemos, como padres, que no lo puede evitar, podremos buscar una frase alternativa como por ejemplo “¿la próxima vez cómo lo hacemos para que no reacciones así…?”. Con esta frase les estamos diciendo que sabemos que hay circunstancias o emociones que le llevan a reaccionar mal que él no querría responder así, pero que a veces no lo puede evitar, no se puede controlar… y, sobretodo, le estamos diciendo que estamos a su lado, no en contra, que le ayudaremos para que poco a poco sepa gestionar lo que le pasa.

Los límites solo funcionan con un hijo si “vemos” al hijo. Si lo que decimos al hijo no es lo que le está pasando, los límites no funcionan.

Naturalmente hay conductas que pueden ser meramente chantajistas: hago esto porque así conseguiré lo que quiero. Cuando las conductas responden a un dolor interno, por mucho que obtenga recompensas las conductas no cesan ni mejora, a pesar de obtener la recompensa. Esta es la diferencia.

Con los castigos pasa lo mismo que con los límites cuando responden a lo que el hijo hace o dice, pero no a lo que está pasando en su interior -que es lo que le lleva a la conducta inapropiada-: que no sirven de nada. Si nos quedamos con el síntoma, nos enfadamos porque nos sentimos invalidados en nuestro rol materno/paterno aprendido (“a una madre no se le contesta así”)… y el conflicto aumenta. Cuando somos capaces de ver que lo que hace contra nosotros (generalmente contra las madres, porque fue la madre la que un día desapareció), no lo puede evitar, no lo sabe evitar, lo podemos vivir no como una agresión hacia nosotros, sino como un malestar profundo suyo. Y así lo podremos empezar a ayudar. De nuevo el mensaje emocional: sé que te duele, no sé cómo curarte, quizás tú tampoco sabes exactamente qué te pasa, podemos hablar, estamos contigo… No presionar, darle tiempo, que se sienta cuidado. “Yo la terapia la hago con los padres y las madres”, nos dijo Xavier Garcia, “cuando los padres enfocan lo que el hijo siente, más que hacia lo que el hijo hace, todo mejora”.

A la adopción…

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A la adopción no se puede ir buscando convertirse en ser padre, a la adopción se ha de ir para darle familia a alguien que ya tiene pero que está necesitado de otra para completar su proyecto de vida.

Antton Zabala (adoptado)

De vuelta

De vuelta tras dos semanas de pavos rellenos, mazapán casero, la casa de la abuela, el belén de los bisabuelos guardado en una caja, el ronroneo del gato, regalos inesperados, cabalgata en el barrio, paseos por la ciudad en la que ya no vivimos, carta a los Reyes, frío, fuegos artificiales, risas, madrugones, noches de guardia esperando a los Reyes, excursiones, cenas con amigos, películas en familia, tradiciones y novedades que terminaremos convirtiendo en tradición.

Terminan las fiestas el día preciso en el que en Etiopía están celebrando la Navidad. Melkam Gena!

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