familia monoparental, diversidad familiar y adopción

Archivo para febrero, 2019

Lactancia y adopción

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Uno de los temas más controvertidos en el mundo adoptivo es el de la lactancia materna inducida… es decir, lo que hacen algunas madres adoptivas, que se estimulan /hormonan previamente a la llegada de sus hijos – cuando todavía no saben si serán bebés lactantes o criaturas más mayores – para poder alimentarles de su pecho.

Desde la primera vez que oí hablar de este tema – yo aún estaba en el proceso de la primera adopción –, lo vuelvo a escuchar periódicamente. He conocido alguna madre que ha conseguido inducir la lactancia y amamantar a sus criaturas adoptadas, y a otras que, aunque no tenían leche, se han puesto a sus hijos al pecho porque estos lo demandaban o porque les parecía que esto favorecería el vínculo.

Pero también he escuchado la voz de muchas personas adoptadas que están radicalmente en contra de esta práctica. No todos los adoptados lo están, pero no son pocos. Creo que no está de más intentar entender por qué.

No les gusta porque lo interpretan como un intento de sustituir y borrar a la madre biológica, de tomar su lugar, de negarla. Igual que tantas otras cosas que se hacen en adopción, como desear adoptar a un recién nacido “porque no tiene pasado”, “porque así es más mío”, o ponerle un nombre (a veces, un nombre familiar), o adoptar a niños que se nos parezcan “para que no se note”. O cambiar el nombre por uno de nuestro país y ponerle nuestra ciudad como lugar de nacimiento.

Ven dar el pecho a un bebé al que no han gestado ni parido como una forma de usurpar una parte de la relación que solo incumbe a la madre biológica (y que en algunos casos, ya se ha dado con la madre biológica).

Yo no creo que nadie dude que desde el punto de vista nutricional, lo mejor para alimentar a un bebé es la leche materna… pero entiendo que la discusión no se refiere estrictamente a lo nutricional, sino a todo lo demás que acompaña a la lactancia: piel con piel, vínculo, relación materno-filial… ahí entiendo que hay dos posiciones contrapuestas… sin duda porque todas esas cosas son importantes. Hay quien piensa que la lactancia adoptiva se ejerce para suplantar una relación que no nos pertenece, y quien piensa que esta lactancia permite generar esta relación que no existiría…

Me hace notar C. el paralelismo entre la lactancia inducida en adopción (que a tantos adoptantes les llena de ternura) y esa escena de “El cuento de la criada” en la que veíamos a la mujer que se iba a quedar con el bebé fingir un parto y fingir que amamantaba a la criatura.

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En la serie, ver a las mujeres que no han parido remedar que amamantan a las criaturas nos parece repulsivo… porque empatizamos con las madres bio. Da mucho que pensar.

Hablando de donantes

Muchas veces hemos hablado de cómo hablar de los donantes, y qué lugar ocupan en la familia, y si merecen o no el nombre de padre (o madre) en cada tipo de familia. En esta charla de Ted, Veerle Provoost filósofa especializada en Bioética, habla de sus estudios con familias y criaturas concebidas con gametos de donante. Sobre cómo hablan las criaturas de los donantes, sobre qué lugar ocupan estos en la familia: no exactamente dentro, pero tampoco fuera. Y sobre cómo escuchan cuando les respondemos… y cuando no lo hacemos, incluso aunque estemos convencidos de que sí lo hemos hecho.

(Todo aplicable igualmente a la adopción).

La maternidad y la vida

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Me llega a las manos este cartel, probablemente de origen argentino, aunque se encontraba en un centro de salud valenciano.

“Viví tu vida”, dice, y pone en contraposición unos zapatos de tacón rojos con unos patucos.

Al margen de la necesaria previsión del embarazo adolescente, y de la imagen escogida (¿vivir es llevar zapatos de tacón? ¿Ser mujer es llevar zapatos de tacón? ¿Cuántas mujeres nunca los llevaremos, y cuántas los llevarán siendo madres?) no puedo evitar volver a plantearme: ¿Es que la vida solo es vida si no hay hijos en ella?

¿Se termina nuestra vida cuando tenemos hijos? ¿Tener hijos excluye viajar, formarse, trabajar, salir, leer, ser independiente, enamorarse, mudarse de casa o de ciudad?

La vida con los hijos, ¿es menos vida?

 

 

El padre reencontrado

D. es una mujer adoptada que lleva muchos años buscando pistas de su familia biológica. Finalmente, gracias a las pruebas de ADN, parece que ha encontrado algo sobre su madre biológica… y también sobre el padre, este gran olvidado en el discurso de la adopción. Estas son sus reflexiones y sus emociones al respecto:

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Después de un tiempo de hurgar en el gigantesco árbol genealógico de una prima segunda que descubrí con un test de ADN, creo que ayer descubrí quién podría ser mi padre bio. Coinciden muchas cosas y uno de sus hijos es parecidísimo a uno de mis hijos. Si es él, la historia sería así: cuando yo fui concebida él tenía 17 años y estaba en el último año de la escuela secundaria. Mi madre biológica, si es la que creo que es, era unos años mayor. Él perdió a su padre a los 10 años, hizo la secundaria en una escuela internado y luego se fue a la gran ciudad a estudiar Medicina. Imagino la situación. Por el mes en que fui concebida, su aventura o encuentro casual ha sido en una visita a su ciudad, en el verano, en las vacaciones escolares. Es posible que ni se haya enterado. O sí y hayan sido su madre o sus hermanas mayores las que hicieron los arreglos. No puedo evitar ponerme en el lugar de su madre (yo tengo dos varones adolescentes). Por más que miro su perfil de facebook y veo a un hombre de 67 años, no puedo evitar ver en él al chico de 17, que seguramente se parecía a mis hijos hoy, con toda la vida por delante, con la cabeza en una nube, el peso de ser (en esos años) el único varón de la familia, la esperanza y el orgullo de su madre viuda. Y siento hacia él una ternura casi maternal. Pienso que cuando yo tenía dos meses, él celebraba su graduación de secundaria. Cuando yo empezaba a gatear, él empezaba la universidad, y así. No me puedo sentir hija. Sí lo veo padrazo de sus hijos (cariño que se trasluce en los comentarios a sus fotos, en los recuerdos que comparte), mucho más jóvenes que yo, y siento que quizás, si yo hubiera llegado a su vida en otro momento, en otras circunstancias, seguramente habría sido un buen padre. Lo irónico además es que es médico obstetra, entonces sus pacientes le escriben agradecimientos “por haber ayudado a nacer” a sus hijos. Y yo siento que yo soy una más de esas bebés que ayudó a nacer, en mi caso aportando su ADN. Y contrariamente a lo que siempre pensé que me iba a pasar, siento muchas ganas de conocerlo…

Chios

V. ha estado de médica voluntaria en la consulta del campo militar de detención de Vial ( Chios) , una pequeña isla griega desde donde se ve Turquía. También ha estado prestando asistencia sanitaria a las lanchas que siguen llegando de día y de noche y ha prestado asistencia en un centro para mujeres de la isla, Woman Center donde van las refugiadas a evadirse y ducharse con agua caliente, y en Metadrasi un centro para menores no acompañados, así como en Imagine, para personas ya en riesgo de deportación.

Acaba de regresar de allí, y estas son sus reflexiones:

Aún en proceso de asimilar lo visto y vivido en mis dos caras de la luna en Chios, preciosa isla griega enfrente de Turquía.

La cara oculta de la luna 

*La indiferencia de la UE ante la situación de los refugiados y de los propios griegos, a los que los países ricos de EU han convertido en carcelarios debido a su situación geográfica y a su debilidad económica. 

Esta ultima conduce evidentemente a la corrupción, ante la cual también son indiferentes, pagan (con nuestro dinero) para no saber y que no sepamos. Y no solo son indiferentes ante los que siguen llegando a Grecia o allí están, sino que siguen deportando en mitad de la noche a refugiados que llevaban tiempo en sus países llamados “civilizados y avanzados” léase Alemania, Noruega , Suecia etc etc.

Ya se sabe, los del Sur somos los “pigs” de Europa.

*Las horribles condiciones del campo donde las fotos están prohibidas al ser un campo de detención militar, y también, cómo no, para que no se sepa lo que allí hay.

*La gran trata de personas mediante reclutamiento que se ha convertido en el mejor negocio del siglo. Marroquíes, cameruneses, guineanos, egipcios, congoleños, somalíes, etíopes, etc. etc. que llegan a Europa por Grecia y en avión a Turquía, lo cual es un poco “raro”, dada la distancia geográfica.

Y los que llegan de países en guerra no reconocidos , porque ya se sabe que en Afganistán o Iraq la vida te sonríe. Palestinos doblemente exiliados, de su tierra que les corresponde por derecho y después de Siria.

*Las grandes ONGs que están allí para rellenar su memoria anual y justificar sus ingresos.

La cara visible de la luna

*Las Zodiac medio reventadas donde llegan las personas hacinadas felices por llegar vivas, sin saber lo que les espera.

*Las personas atendidas y con las que me relacioné en la consulta del campo. Pese a sus infames condiciones de vida, conservan por lo general un saber estar y una educación que para aquí quisieran muchos y muchas. Aunque como seres humanos que son, los ataques de pánico nocturnos en todas sus formas son extremadamente frecuentes.

Nunca había tenido la posibilidad de compartir con sirios, afganos, iraquíes, etc., y sabemos los estereotipos que sobre ellos corren; aunque los sanitarios atendemos pacientes y no juzgamos quiénes son ni lo que han hecho.

Noor, la maestra de Bagdad que acudía toda elegante a la consulta contenta de tener la oportunidad de practicar ingles y francés.

Emad, informático afgano que consiguió los ansiados papeles y se quedó en la isla como traductor oficial de farsi en el campo, y un encanto de persona, siempre dispuesto a ayudar.

Samir, que había conseguido residir en Alemania durante 4 años al ser de los primeros que llegaron , y volvió a Siria al ser asesinados sus 4 hermanos, y ahora no puede volver y vive en el campo de detención. Ver las fotos en su móvil de sus hermanos reventados por una bomba es una imagen difícil de sacar de la retina.

Benafsha, adolescente afgana extremadamente educada y que vino sin familia desde Kabul, y que vive en un centro de menores no acompañados gestionado por gente maravillosa, y Billy un nene de tan solo 6 que reside en el mismo lugar, como otros 15 niños y adolescentes de diversos países, que no está claro como llegaron a la isla griega pero que al menos han tenido la suerte de poder salir del campo e ir a parar a este centro.

El equipo griego que coordina en terreno, gente socialmente muy comprometida .

Los traductores sirios, que hacen muy bien su trabajo pese a estar reviviendo su trauma a diario,

Y mi equipo de compañeros voluntarios , siempre al pie del cañón y con actitud positiva . Médicas, enfermeros y el cocinero maravilloso que nos cuidaba como a la niña de sus ojos, responsable de mis felices michelines.

Griegos, sirios, vascos, belga, catalanes, santanderina y mallorquina de adopción unidos cantando el Bella Ciao, ciao ciao, momentazo.

Adiós, Chios,

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