familia monoparental, diversidad familiar y adopción

Archivo para abril, 2019

El día después (reflexiones post-electorales)

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Lo primero: alivio. Alivio porque, por esta vez, no han pasado.

Y claro que dan miedo, pero por otra parte, también indican que las cosas avanzan. Porque esta reacción del fascismo no existiría si las movilizaciones de la izquierda, el 15 M, los ecologistas, los antiracistas, los colectivos LGTBI, los jóvenes, y las jóvenes, ¡el feminismo!, no les dieran tanto miedo. Todas las revoluciones tienen sus reacciones, si no estuviéramos fuertes, no saldrían todos estos partidos fascistas. No les haría falta. Ladran, luego cabalgamos.

Claro que duelen los 24 diputados racistas, machistas, homófobos, defensores de las esencias patrias, que a partir de ahora tendremos vociferando en el Congreso. Pero tengo la impresión de que este es más o menos su techo. Y por otra parte, todos estos fascistas, nostálgicos del Franquismo… ya estaban. Siempre se ha hablado de la anomalía de que no hubiera en España un partido de ultraderecha… pero era porque no lo necesitaban: el PP les valía. Yo prefiero que estén en partido aparte, por un lado, porque se retratan, por otro, porque se dividen. Prefiero saber quién es el enemigo. Y cuántos son.

También agradezco que el PP de Casado se hunda de esta manera. Por Soraya y por todas sus compañeras. Que alivio que el giro a la derecha no les haya funcionado.

Y no puedo dejar de preguntarme ¿cómo se puede gobernar el Estado un partido que saca 0 escaños en una de las comunidades y sólo 1 en otra?

Ayer oí varios discursos de VOX. Aluciné con el tono y aluciné con la cantidad de minutos de TV que les dan, pero sobretodo pensé que por discursos como estos la gente habíamos ido a votar al bloque de izquierdas.

Más preocupante me parece que en España no haya un cordón sanitario alrededor de un partido fascista como hay en casi todos los países europeos. Ahí se nota quiénes ganaron la guerra.

¿Y qué pasará ahora?

¿Perderá por fin el PSOE este complejo que le lleva a actuar en base a lo que opinan las derechas? ¿Gobernarán con el apoyo de Podemos ahora que no tienen el peaje de independentistas y nacionalistas periféricos o volverán a coquetear con Ciudadanos a pesar de la humillación que supone volver a bailarle el agua a un partido que se ha pasado la campaña negándole como San Pedro?

Vale, estoy de subidón. Ya se me pasará, ya bajaré. Hoy me doy permiso para estar contenta y optimista.

Y para entenderlo todo, este artículo.

 

En buenas manos

Anoche tuve ocasión de ver «En buena manos», una película que se estrenará la semana que viene, en un pase especial organizado por CORA , Federación de Asociaciones de Familias Adoptivas y Acogedoras. Es francesa y narra los entresijos del proceso de adopción de un bebé, desde el punto de vista de los profesionales que lo gestionan. Desde el personal sanitario que en el hospital recibe a la madre que llega de parto diciendo que no quiere quedarse con su hijo, a la trabajadora social que la acompaña y gestiona la información que ella decide dejar, la familia que acoge al niño y los técnicos que le apoyan, la psicóloga que da el Certificado de Idoneidad a la futura madre adoptiva (una adoptante monoparental que, por primera vez, según cuentan, va a ser considerada en igualdad a las familias biparentales), el consejo que toma la decisión de asignarle a esta criatura y los profesionales que hacen todo el seguimiento.

No sé si narra lo que sucede… o lo que debería suceder: este respeto exquisito por la madre biológica, esta meticulosidad a la hora de decidir sobre la idoneidad, este cuidado escrupuloso sobre todos los tránsitos que vive el bebé: de la madre biológica al padre de acogida, del padre de acogida, a la madre adoptiva.

Aunque mis asignaciones y procesos de acoplamiento no tuvieron nada que ver con lo que muestra la película, el proceso de idoneidad fue curiosamente parecido al mío, y el tono del certificado de idoneidad, prácticamente idéntico.

En general me pareció una buena película, muy interesante, no tanto quizás como retrato (creo que la realidad está muchas veces lejos del ideal que muestra el film) sino como objetivo a conseguir. Pero hubo dos cosas que me chirriaron: la primera, cuando la madre biológica está decidiendo qué datos dejar por si su hijo quiere encontrarle algún día, le dicen que «la mayoría de los adoptados nunca buscan». No es la impresión que tengo: creo que muchos buscan, muchos buscarían y que incluso los que deciden no buscar, se preguntan. La otra, cuando le preguntan a la madre adoptiva qué nombre le va a poner al bebé, y ella dice que el niño ya tiene nombre y la convencen de que se lo cambie, porque es «su derecho como madre».

La persona que hizo la presentación de la película dijo que lo más importante de lo que habla esta película es de aprender a mirar, a mirar a la criatura que es, o debería estar, en el centro de todo. Buscar su mirada y mirarle para entender qué necesita, para que pueda ser tenido en cuenta. Pero yo creo que otra cosa importante que enseña es lo importante que es la palabra: hablarle a la criatura desde el primer momento, tenerla en cuenta, explicarle cada parte del proceso aunque parezca que no entienda, contar con él aunque él no pueda expresar lo que quiere.

Es la palabra lo que sana las heridas.

 

Domicilio provisional

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En mi adolescencia viví tantas mudanzas que me prometí a mí misma que envejecería en el pisito soleado en el que me instalé cuando dejé la casa de mi madre. Pensaba llenarlo de libros y de niños y pasar allí el resto de mi vida. Y así fue durante dos décadas.

Pero como la vida es lo que te pasa mientras haces planes, hace 5 años cambiamos el guión y nos mudamos de casa, de barrio y de ciudad. A un piso más grande, con más niños y más libros, y con un patio en el que hemos visto crecer tomateras y rosales.

La primera vez que entramos en el piso, aún tenía los muebles de sus dueños. C., el casero, sentó a los cuatro niños frente al Disney Channel y nos enseñó la vivienda. A pesar de las paredes de color naranja, los interruptores bicolores y las teles colgadas en todos los dormitorios (y el precio), nos gustó enseguida. N. dijo: No encontraremos ninguna que nos guste como esta.

C. se veía majo a pesar de la foto de boda de tamaño poster en la que vestía de guardia civil, que en la primera visita escondió para no asustarnos, y que descubrimos cuando hicimos una segunda visita para que los niños pudieran ver el sitio en el que vivirían.

En esta casa soleada que enseguida llenamos de libros y niños nos construimos como familia. En esta casa vimos llegar otoños, inviernos, primaveras  y otra vez el verano; vivimos madrugones y celebramos aniversarios. Hicimos nuestras las habitaciones y la llenamos con nuestras cosas y nuestros afectos. Abrimos la puerta a los amigos y compartimos barbacoas, paella, días de verano en la piscina hinchable y de cualquier época en la cama elástica. A esta casa subió un día A. con Luke, el gato que se encontró en un cubo de basura y que se ha convertido en el dueño absoluto.

En algún momento, C. nos propuso comprar la casa. Nos pareció cara, quedamos en hablarlo, entonces C. enfermó y no nos pareció el momento. Cuando, después de un trasplante, parecía estar recuperándose, una infección hospitalaria acabó con él en menos de 48 horas.

Recuerdo el dolor, la desesperación de L., la casera, que se convirtió en nuestra interlocutora.

Cuando, pasado un tiempo prudencial, volvimos a preguntarle por la posibilidad de comprar, nos dio largas, luego nos volvió a dar largas, y finalmente nos dijo que había decidido volver. La escuela de los niños le queda cerca, sus padres viven en la calle de enfrente, y era absurdo pagar un alquiler teniendo piso propio.

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Así que aquí estamos, haciendo reformas en un piso dos calles más arriba, rodeados por cajas de cartón, movilizando a amigos y familia para que nos ayuden a desmontar muebles y cargarlos. Durmiendo en colchones en el suelo mientras nos conectan los suministros, con cuatro cosas imprescindibles y el resto de nuestras pertenencias embaladas. A punto de empezar una nueva etapa en otro piso soleado que llenaremos de plantas y libros y niños.

Out of Barcelona

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Feliç Dia de Sant Jordi!

La voz de las adoptadas

Un puñado de mujeres adoptadas, racializadas, hablan sin tapujos de sus adopciones y de la adopción. De identidad, orígenes, familia, color de piel, conflictos, emociones.

Oculto sendero

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En el club de lectura feminista en el que estoy hemos leído este mes «Oculto sendero», la novela autobiográfica póstuma de Elena Fortún (la autora de Celia, un clásico de la literatura infantil española, aunque yo no lo leí y lo conozco solo de oídas). Por culpa de las lecturas obligatorias del trabajo no pude terminarlo a tiempo para el club de lectura, pero he seguido leyendo después porque es la clase de libro que quiero recomendar todo el rato a todo el mundo.

La protagonista es una niña, luego joven, que no encaja en los cánones de género de la época. Ya desde pequeña es lo que llaman un “chicazo”, una niña que huye de los deberes y los estereotipos que se asocian a su género, que prefiere subir a los árboles antes que coser, y que llora desconsolada cuando le regalan un vestido con puntillas en vez del traje de marinero que ella deseaba.

Desde pequeña mira con admiración y deseo a las mujeres que se salen de la norma, y detesta a su familia por despreciarlas y criticarlas. Teniendo en cuenta que hablamos de finales del siglo XIX, el enfoque es brutalmente valiente.

También es brutal la reflexión desesperada sobre el papel de las mujeres y las relaciones con los hombres, la necesidad de ser autosuficiente económicamente, lo vacío de la vida de ama de casa, la necesidad de crear algo más que hijos, que me ha hecho pensar en otra novela magnífica, que retrata una época muy similar: “El despertar”, de Kate Chopin. Demoledora la descripción de la relación, nunca fácil, siempre llena de malentendidos y rencores, con la madre, que se pasa toda la novela intentando convertirla en una mujer de bien, que encaje en la sociedad en la que le ha tocado crecer. También es muy llamativo el retrato que hace de la crianza en la época, ideal para darle en los morros a todxs lxs nostálgicxs de la «crianza de antaño»: las criaturas nacían y morían por puñados, las mandaban a criar a los pueblos, se ocupaban las criadas o los cuidaban las abuelas… menos la de la protagonista, que ponía a su hija en el centro, y era muy criticada por ello.

Y la nostalgia de haber nacido solo una década más tarde y no haber podido ser, en vez de esposa y madre, una de esas chicas que estudiaban en la universidad.

No dejo de pensar que lo que retrata no está tan lejos de la infancia de mi madre, porque aunque mi madre vivió más de medio siglo más tarde, y nadie le impidió pisar la universidad, también pagó precios muy altos por su empeño en no ponerse vestidos, cortarse el pelo y jugar a la pelota, también creció en una infancia en el que las mujeres – y las niñas – eran ciudadanas y parientes de segunda, siempre vigiladas, controladas, constreñidas, censuradas, también creció en un mundo en el que el matrimonio era el destino ineludible de las mujeres y donde la opción de enamorarse de otra mujer ni siquiera estaba dibujada.

Todo esto, tan enquistado en nuestra sociedad, ha cambiado mucho en muy pocos años. Pero no se me escapa que en el fondo, las cosas cambian en la superficie, pero las estructuras permanecen. Y seguimos sin estar tan lejos.

La caperucita roja y la censura

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Tenemos a todo el personal en pie de guerra por una noticia con un titular espectacular: “Vetada la caperucita roja por sexista”. Un titular llamativo, creado para levantar expectación y que le demos al enlace y leamos la noticia… pero parece que no ha funcionado y mucha gente no ha pasado del titular.

Si leemos la noticia, nos damos cuenta de que habla de cómo algunas escuelas están analizando y revisando sus bibliotecas escolares para que los fondos que contienen sean menos sexistas. Esto implica eliminar algunos libros, sobretodo en las primeras etapas, y adquirir otros que sí tengan perspectiva de género. Es decir, que ofrezcan modelos a las niñas (¡y niños!) que van a leerlos más allá de la clásica princesa de pelo largo y rubio que espera que la salven.

A mí me parece que se han quedado cortos. Que deberían revisar las bibliotecas, además, desde el punto de vista de la raza, de la orientación sexual, de la diversidad familiar y de las capacidades diversas.

En una biblioteca escolar cabe un número limitado de libros, y cuidar qué tiene -y qué no- es importante, para evitar estereotipos y para que todas las realidades estén representadas. Tanto en lo que se refiere a los libros clásicos como a los nuevos. Más, teniendo en cuenta que en otros entornos es posible que nadie lo cuide.

El trabajo fundamental de las bibliotecarias es hacer una buena selección de lo que hay en una biblioteca, teniendo en cuenta los criterios que consideren apropiados. Yo a mis hijos les he contado y comprado todos los cuentos clásicos, pero tengo en cuenta cosas como que en su biblioteca los personajes femeninos sean activos o que estén representadas las personas racializadas, o que huyan de estereotipos… y cuando no es así, le aplicamos una mirada crítica. Como hicieron con nosotras nuestros padres, lo que nos permitió ver desde muy pequeñas lo chirriante que era que en las aventuras de Tintín o Astérix las mujeres brillaran por su ausencia – y tuvieran un papel bastante penoso en las pocas ocasiones en las que salían – o lo llamativo que era que la niña valiente de “Los 5” quisiera ser nombrada en masculino mientras que la otra se ocupara de la limpieza y la intendencia de toda la pandilla.

Igual que para mi biblioteca busco libros de personas racializadas, de mujeres, que traten temas cercanas a la sensibilidad LGTBI, que hablen de y desde las distintas capacidades… lo mismo busco para las bibliotecas de mis criaturas.

Echo mucho de menos esto en las bibliotecas de las escuelas de mis hijos –han traído a veces libros a casa que son de juzgado de guardia-, y agradezco que haya centros que se plantean este tipo de cosas.

He oído y leído todo tipo de barbaridades respecto al hecho de que, ¡por fin!, haya bibliotecas escolares en las que se revisan los fondos desde lo coeducativo (insisto: ojalá pronto se consideren otras variables igual de importantes).

Por ejemplo, he leído la expresión “Fascismo de género”… y no, con esto no se refieren al hecho de que casi todos los libros de las bibliotecas de las escuelas tengan una gran mayoría de protagonistas masculinos, ni que estos sean valientes y activos, o que las madres que salgan se dediquen a los trabajos domésticos, mientras que los hombres conserven el  papel de salvadores. Y claro, es mucho mejor decir que el feminismo censura a los clásicos que plantearnos por qué aceptamos que las bibliotecas de las escuelas de nuestros hijos estén llenos de libros cuajados de estereotipos de todo tipo, que les llegan sin ningún acompañamiento ni valoración crítica por parte de sus maestras y maestros.

También he leído que esta medida es fomentar la ignorancia, y me llama la atención que consideremos ignorancia al hecho de que falten libros machistas, racistas, homófobos o capacitistas, pero no que falten libros que muestren niñas y mujeres fuertes, protagonistas racializados, familias y personas diversas.

Por supuesto, he oído la palabra censura. Y me parece muy curioso que con la cantidad de censura que hay en nuestro entorno – raperos condenados, titiriteros presos, autores de documentales sobre la pervivencia del Franquismo con penas de cárcel … – en vez de hablar de ellos arremetamos contra un colectivo que hace un trabajo de coeducación para nuestras criaturas. No me parece inocente en absoluto.

Más sensibles

Copio del muro de Facebook de I, autora de uno de mis blogs de cabecera, y de los pocos que siguen resisitiendo, Cuaderno de Retazos:

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Dice Montse Lapastora en uno de sus artículos: «No olvidemos que los niños adoptados son más sensibles y frágiles que los demás, por lo que cualquier cosa que para un niño que no ha pasado por situaciones adversas, no tendrá mayor dificultad en asumir, para un niño adoptado es mucho más difícil hacerlo, pues nunca se sintieron seguros en sus primeros meses o años de vida.»

Reconozco que: 1. Se me olvida muchas veces y la fastidio 2. Lo tengo tan presente, otras veces, que no puede ser bueno, porque pierdo perspectiva, y la vuelvo a fastidiar.

Aun así, te perdono guapa ¡haces lo que puedes!

 

La niña de la foto

Mucho se ha escrito ya de la historia de Sara, la niña de la izquierda en la foto, que hace algunos días lanzó un llamamiento en Twitter para encontrar a Alejandra, la niña que sale a su lado en esta foto y que fue su cuidadora y su referente en el orfanato de China del que ambas fueron adoptadas.

Es otra historia que muestra lo distinta que es la adopción desde que existen las redes sociales, la necesidad de conectar con los orígenes, la importancia de los vínculos…

…pero también tiene algunos elementos, detalles, si queréis, que no han dejado de llamarme la atención y que me parecen muy paradigmáticos de lo que todavía es la adopción.

Lo primero que me llamó la atención es el nombre que Sara Danyao, la chica que buscaba a su amiga/cuidadora/hermana de orfanato (como la llamaría A., como llama al que fue su compañero de habitación en la crèche y sigue siendo su amigo) ha escogido como nombre en Twitter: Not Sara. Dos palabras que nos deberían hacer abrir una reflexión sobre los nombres, la identidad, lo que representan y el precio de cambiárselos a nuestros hijos e hijas cuando les adoptamos.

Otra cosa que me ha parecido llamativa es que Sara Danyao lanzara su búsqueda en Twitter… para encontrarse el mismo día con que sus padres adoptivos guardaban el teléfono de la otra chica. ¿Por qué no preguntó antes a sus padres? ¿Es desconfianza hacia ellos, tiene relación en cómo le han transmitido sus orígenes? ¿Es miedo a su reacción? ¿O miedo a que se sientan dañados si saben que quiere conectarse con esta parte de su historia anterior a ellos? ¿Es el sentimiento de que su búsqueda, su historia, sus orígenes, son cosas ajenas a su familia adoptiva, que necesita hacer por ella misma?

Y en tercer lugar, me parece llamativo, e indignante (aunque no sorprendente, porque en los últimos años he conocido no pocos casos similares) que la familia adoptiva de Alejandra, la otra niña, cortara de raíz la relación entre las dos. ¿Por qué unos padres deciden cercenar una relación fundamental en la vida de su hija? ¿A qué tienen miedo? ¿Qué problemas y carencias propias tienen que resolver si sienten que el hecho de que su hija quiera a las personas con las que ha compartido su vida hasta este momento es una amenaza para ellos? ¿Por qué tantos padres adoptivos necesitan sentir que la vida de sus hijos e hijas empieza cuando les conocen a ellos? ¿No indica esto en el fondo que no se siente seguros de su posición en la vida de la niña, que no se sienten padres (adoptivos) legítimos?

Y sobretodo, al margen de las respuestas a todas estas cosas, ¿con qué derecho toman una decisión así?

 

Hablar de los orígenes es hablar de la madre biológica

Ya hemos comentado en este blog en alguna ocasión alguna de las charlas de Addif, siempre interesantes. La última corrió a cargo de Xavier García, psicólogo gestalt y sistémico, terapeuta, mediador y educador social, que habló sobre los orígenes, es decir, sobre la madre biológica.

La distancia me hizo imposible acudir, pero la gente de Addif ha colgado este resumen, hecho por su coordinadora Puri Biniés, que he decidido compartir en traducción casera.

No hay descripción de la foto disponible.

Hablar de los orígenes es hablar de los distintos aspectos de la vida de nuestros hijos antes de la adopción pero es, sobretodo, hablar de la madre biológica, de cómo la sienten nuestros hijos, de cómo la sentimos nosotros. 

Todo hijo adoptivo, independientemente de la edad de su adopción, ha vivido un momento muy duro: la madre biológica, de la que dependía, a la que necesitaba, despareció. La conexión con este dolor la puede revivir en muchos momentos de su vida porque en su interior puede quedar este mensaje: tenía unas necesidades y nadie las cubrió, no soy digno de ser querido, tengo carencias por esto no fui válido para mi madre, si mi madre desapareció, todo puede desaparecer. Unos mensajes afectan directamente a la propia autoestima, desarrollo madurativo, seguridad, confianza en la relación con los otros… 

Es muy importante tener en cuenta, atender y por tanto reconocer esta criatura herida y desatendida que hay dentro de nuestros hijos adoptados. Es necesario darles, en algún momento, la atención propia de un bebé, de un niño pequeño, que no pudieron tener en su momento. Esto es lo que nos permitirá acercarnos, poder hablar de su historia de vida, de su madre biológica. 

Es después de atender, de reconocer a esta criatura interior que nos podremos acercar al tema del origen: y el centro es la madre biológica, después también los hermanos, el padre, el país, el idioma… pero el centro siempre es la madre. Como dijo en la consulta una hija adoptiva, «si alguien te dice que no piensa en su madre biológica, no le creas». 

El trabajo que deben hacer los padres adoptivos es cómo situar la madre biológica dentro de la propia familia, porque al ser parte de la vida de nuestro hijo, es parte de la vida de nuestra familia. 

Sobre el hecho de hablar con los hijos de los orígenes, hay familias que dicen: Cuando nos pregunta se lo decimos. O: No nos pregunta nunca… si nuestra actitud como padres es responder solo si preguntan, nosotros mismos le estamos quitando importancia al tema, lo estamos silenciando, y, por lo tanto, no estamos favoreciendo que hablen de ello abiertamente. 

Para poder dar un lugar a la madre biológica en nuestra familia, hay que preguntarse: ¿Cómo habita en mí la madre de mi hijo? ¿Pienso en ella? ¿La siento? ¿Es importante para mí? Si no vive en mí, si no la pienso, será difícil poder acompañar a nuestro hijo en este tema. A veces, frente a una pregunta del hijo sobre su madre biológica, es importante responder con un «Yo también me he hecho esta pregunta», porque le estamos diciendo «Yo también pienso en tu madre, como tú», y así es como podemos hacer que se sienta acompañado. El espacio para la comunicación surge cuando compartimos lo que sentimos, de manera espontánea, no porque «ahora toca hablar». 

Si sentimos internamente lo que decimos, aunque sea triste o doloroso, no le haremos ningún daño a nuestro hijo. A los adultos nos asusta hablar de temas dolorosos con nuestros hijos, pero a menudo ellos ya han pensado en ello y ya han sentido dolor. Hablar de temas dolorosos les permite expresar su tristeza, lo que duele es no poderla expresar. Y quizás a quién más duele un tema difícil es al mismo adulto, por asuntos no resueltos (sobre la madre biológica, por ejemplo, se la puede estar juzgando, estigmatizando, viendo como una competidora, con miedo…)

Cuando la familia adoptiva siente que ha hecho un lugar a la madre biológica de su hijo, tenemos mucho ganado: ya no se tiene miedo de hablar porque hay un respeto, un reconocimiento hacia la historia de vida de nuestro hijo. Y podemos entender y acoger los sentimientos de nuestro hijo hacia su madre biológica, que pueden ser de tristeza, de rabia, de amor-odio, de injusticia, etc. Y hablar de ello. Cuando le damos nombre a lo que sentimos, le estamos dando un sentido a lo que ha pasado o a lo que está pasando. 

El tema de los orígenes es, metafóricamente hablando, como un jardín muy oscuro que tenemos en casa y en el que nos da miedo entrar. Nos da miedo a todos, padres e hijos adoptivos. Hay tres niveles de aproximación por parte de los padres al tema: 

  1. Mi hijo no habla, no le interesa el tema, así que no hablamos de ello en casa. Pero todos sabemos que «el jardín» está allí. Si no hablamos nunca de la vida de nuestro hijo antes de la adopción, de la pérdida de su madre biológica, le estamos dando los siguientes mensajes: en esta parte de tu vida hay cosas «negativas», «no queribles», «abandonables»… y la prueba es que no hablamos de ello, que las mantenemos lejos, que no queremos que formen parte de nuestra vida actual. y si no forma parte de la vida de los padres, el hijo llega a la conclusión de que «se las debe comer solo», y no pregunta porque no es fácil y porque siente que a los padres les incomoda que pregunte. 
  2. Los padres le dicen al hijo: tienes que ir a este jardín, pregunta todo lo que quieras, te responderemos, te ayudaremos, te acompañaremos si un día quieres entrar en él, incluso a conocer a tu madre, «pero si tú quieres», en definiitva, «es asunto tuyo», te puedo «ayudar», «acompañar hasta la entrada», pero no «compartir contigo». Es difícil entrar solo en un «jardín oscuro», y más siento un niño. 
  3. Los primeros que entrar en el jardín son los padres, aunque al principio los hijos no vayan. Cuando los hijos adoptivos ven que los padres van, que están allá, los hijos podrán ir también. Y querrán ir porque se sentirán acompañados de verdad. El mensaje de los padre es: cuando quieras puedes venir, nosotros estamos aquí y te esperamos. Es decir, nosotros pensamos y hablamos de tu vida anterior a la adopción, y de vez en cuando te decimos lo que sentimos al ver tal película, o tal persona, o tal noticia… que nos recuerda a lo que te pasó, o a lo que quizás le pasó a tu madre biológica… y así le estamos diciendo que lo aceptamos entero, con lo que es y con su historia de vida, con sus orígenes, con su madre biológica, con el país donde nació… que todo esto forma parte de nuestra familia, que no se entendería nuestra familia sin todo esto. Él puede venir o no, puede querer o no hablar de ello, puede necesitar su tiempo y debemos respetarlo. Pero sabe que nosotros le esperamos. Y es importante, más que preguntar a los hijos qué sienten, qué piensan, decirles qué pensamos o sentimos nosotros, sin más pretensión. Cuando les hablemos de qué sentimos no nos equivocamos y les transmitimos, de verdad, que no están solos. 

Sentir y saber transmitir que la madre biológica de nuestro hijo tiene un lugar en nuestra familia, que sin ella nuestra familia no se entendería porque es quien dio la vida a nuestro hijo y llegó hasta dónde pudo… es también importante para acompañar a nuestro hijo y para que él pueda expresarse libremente. El niño puede estar muy enfadado con su madre biológica, pero lo que es importante es que pueda compartir este sentimiento y que nosotros lo validemos, lo aceptemos y le ayudemos a comprender. 

A menudo los padres tiene muchas dudas sobre si explicar o no hechos muy duros que pueden conocer de la madre biológica. Edulcorar unos hechos, una historia, que se conoce, es no aceptarla. Y esta no aceptación por parte de los padres adoptivos supone, de alguna manera, perpetuar esa fuente de sufrimiento del niño que fue abandonado. Hay algo en mi que no es bueno, por esto me dejaron y cuando tú te des cuenta también me dejarás. Igual hay que preguntarse como adulto: ¿Qué siento yo con al historia que conozco? ¿Por qué me cuesta explicarla? ¿tengo miedo del dolor que provocará a mi hijo o del dolor que provoca a mí? ¿Me siento inseguro, tengo miedo a que cambie nuestra relación? Conocer nuestros propios sentimientos y a partir de ahí, compartirlos con nuestros hijos, nos acercará a ellos y nos ayudará a hablar y compartir los hechos de su historia de vida que forman parte de su identidad. 

 

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