familia monoparental, diversidad familiar y adopción

Archivo para agosto, 2019

Regresamos

Resultado de imagen de sorolla

Con las pilas cargadas y buen paso, después de un verano en el que ha cabido todo: las siestas y las excursiones, la casa familiar y la tienda de campaña, las olas, las piedras del río, la piscina, la alta montaña y las ciudades donde se hablan otros idiomas.

Y los libros. Conseguí retomar «Lectura fácil», que había aparcado por lecturas de trabajo; rescaté «La voz dormida», que no sé por qué me habría resistido siempre a leer. Y me enganché a «Tiempo de tormentas», que me llamó desde el fondo de un cajón.

Este ha sido el primer verano en la casa nueva, disfrutando del patio y de la nueva organización. Ha sonado el timbre y eran amigos que pasaban y se quedaban: cervezas, tes, palomitas, tortillas de patatas, veladas improvisadas, guitarras y conversaciones hasta altas horas de la noche.

También ha sido mi primer verano como tía, de una niña de 2 años que me ha hecho recuperar todas las emociones de la llegada de mis hijos, pero sin ninguna de las angustias. Ver crecer a T., aunque solo sea algunos ratos, es mágico. Escuchar sus primeras palabras, su forma tan distinta de articular los sonidos, sentir su peso leve en mis brazos, arrancarle sonrisas y risas, regalarle vestidos y canciones. Y una caterva de primos que beben los vientos por ella.

En la primera parte de las vacaciones, asistir desde la ventana de la casa de mis tíos a una caída de mi madre, correr, ayudarla a levantarse, llevarla al hospital. Con un brazo roto, sus movimiento se hicieron más lentos (y sus órdenes más precisas) y pude vislumbrar, por primera vez, lo que probablemente viviremos en el futuro, cuando sea yo quien me encargue de mis mayores. Hacerse mayor, pensé, es convertirse en la madre de tus padres.

Los chicos han crecido, ya tienen todos dos cifras en su edad y esto se ha notado en los planes que hemos podido hacer: hemos podido improvisar y trasnochar, cambiar los planes sobre la marcha, visitar ciudades y pisar museos. C., B., A. y P. se han hecho cargo de muchas cosas, han montado y desmontado tiendas y cocinas de campaña, han preparado cenas y cargado mochilas, han reclamado su espacio y nos han ofrecido el nuestro: por primera vez, pudimos dejarles en casa con un cerro de palomitas y barra libre de Netflix y nos bajamos a cenar a un restaurante.

Acaba un verano pródigo, y empieza un curso nuevo. A por ello.

 

Nube de etiquetas

A %d blogueros les gusta esto: