familia monoparental, diversidad familiar y adopción

Archivo para febrero, 2020

Niños que no pasan el control de calidad

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Me llega esta historia durísima sobre una madre que pensaba dar a su hija en adopción pero se quedó con ella después de que los “padres” adoptivos desparecieran al descubrir que la niña nació con un problema de salud. Obviamente, la niña no respondía a sus expectativas… La madre biológica también debía tener la expectativa de tener una hija sana… pero la madre adoptiva (y el padre) creen que pueden desentenderse de la niña. Que no es nada suyo.

¿Qué opinión nos merecen estos “padres” adoptivos que se largaron al ver que la niña no respondía a sus expectativas? ¿Les veis mucha diferencia con las madres y padres que no aceptan según qué asignaciones?

Es algo que en adopción pasa mucho y se “tapa”. ¿Qué es el rechazo de una asignación o la elección de una criatura como vimos en la película “La adopción”? ¿Qué es el rechazo de un niño con una patología leve bajo el argumento de que “yo quiero ser madre, no hacer caridad”? ¿O el de una patología menos leve bajo el argumento de “no estoy preparada, estará mejor con una familia que sí lo esté”? 

Hay rechazos por problemas de salud graves y los hay por problemas de salud leves. Ambos existen… y ambos se justifican.

Se justifican desde la necesidad de evitar confundir adopción con caridad. Se justifican desde la idea de que el bien superior de este menor es estar con una familia más preparada.

Se justifican desde el hecho de que también hay familias biológicas que rechazan a sus hijos con problemas de salud o con discapacidades.

Pero para mí hay dos diferencias:

1. Yo he visto rechazos en adopción que estoy segura que no se habrían dado de ser sus hijos biológicos. Niños sordos, con pie zambo, con hepatitis b, con una enfermedad parecida a la psoriasis… niños “demasiado grandes” o del sexo “equivocado”. Cosas que no habrían hecho que sus madres abortaran, y mucho menos que se negaran a aceptarlos de manos del obstetra.

2. La consideración social que reciben no es la misma. Una madre que abandona a un recién nacido enfermo o discapacitado es una mala madre, un monstruo, antinatura… una madre o un padre que rechaza una asignación recibe la comprensión de muchos.

Pero para el niño no hay ninguna diferencia. Es el niño el que se queda abandonado, el que no ve cubiertas sus necesidades, el que crece en un orfanato de mierda.

Es muy duro rechazar una asignación, me dicen los que lo han hecho, los que conocen a gente que lo ha hecho.

Y sí, seguro que lo es.

Pero puedes escoger ponerte en el lugar de los adoptantes que rechazan o del niño que es rechazado. Y el lugar que escoges te define.

Eppur si muove

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En Argentina, una niña de 9 años ha conseguido que se reconozca su triple filiación: la de su madre (con quien no convive),  su padre legal, la ex pareja de su madre (con quien convive de lunes a viernes) y su padre biológico (con quien convive los fines de semana).

El caso comenzó cuando el padre biológico presentó una demanda contra el padre legal, es decir, aquel a quien el Estado reconocía hasta ahora en los documentos como progenitor. A esta demanda, Jorge respondió con el argumento de que los plazos habían finalizado, ya que hay un plazo legal de un año para que quien sepa que tiene un hijo, reclame aparecer en el acta de nacimiento.

Pero “para los hijos, la posibilidad de reclamar no tiene plazo, es para toda la vida”, dice la jueza, que fue a hablar con la niña. Esta le pidió que no la obligara a escoger entre sus dos padres y las hermanas de parte de cada uno de ellos.

Después de conversar con la niña tomó la decisión de la triple filiación y dictó el reconocimiento de la familia como una “constitución pluriparental devenida de la filiación socioafectiva, biológica y originaria”.

Como me dijo B. una vez, una familia es un grupo de personas que se organiza en torno a una nevera.

O tres.

Carnaval

En la escuela a la que yo fui, el Carnaval era fiesta grande. Empezaba el jueves lardero con una excursión para comer los bocadillos de tortilla y butifarra de huevo, y terminaba el miércoles siguiente con el entierro de la sardina y  la llegada de la Señora Cuaresma. Entre medias, días de disfraces hechos a mano, bailes, jolgorio y “transgresión obligatoria”.

Entonces no nos planteábamos que disfrazarnos de “chino” o de “negro” (de la forma más estereotipada posible, claro), fuera racista.

Han pasado muchas décadas y hay muchas voces que nos cuentan por qué es estigmatizador, estereotipante, reduccionista, doloroso… racista, vamos, usar la piel de otros como disfraz.

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Amor

“A mí lo trascendente me parece a quién le llevas sopa cuando está enferma, no a quien te tiras un sábado por la noche”.
Brigitte Vassallo

Donantes y anonimato

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La recomendación del Comité de Bioética de que las donaciones de gametos dejen de ser anónimas, ha vuelto a levantar todas las alarmas en los grupos de MSPE, compuestos mayoritariamente por mujeres que tienen criaturas concebidas con donante de esperma y en algunos casos, también de óvulos (o de embriones).

Las preocupaciones son las mismas de siempre:

A ver si los donantes adquirirán a partir a de ahora derechos y deberes hacia nuestras criaturas, si dejará de haber donaciones, o si subirá el precio que se paga a los donantes…

Todas las regulaciones que afectan a las donaciones en Reproducción Asistida distinguen perfectamente entre derechos y deberes de los padres y madres (que los tienen) y de los donantes (que no los tienen en ningún caso). Sea la donación anónima o no lo sea.

En los países donde se ha eliminado el anonimato, las donaciones han bajado… temporalmente. Después han vuelto a subir, aunque haya cambiado el perfil: son más conscientes y solidarios, dicen. En cuánto a apelar a que encarecerá el proceso, y que esto lo pondrá fuera del alcance de las personas menos pudientes, me parece una muestra de cinismo, teniendo en cuenta que dentro de la Reproducción Asistida, los gametos son casi el chocolate del loro.

Y en todo caso, si eso sucede, ¿qué? Es como decir que si no se legalizan los vientres de alquiler, habrá familias que se quedaran sin hijos; o que sin el trabajo esclavo, no tendremos fresas baratas. O lo que pasaba cuando los adoptantes empezaron a hacer las primeras denuncias de irregularidades en los procesos adoptivos y otras familias en proceso de adopción se les lanzaban a la yugular porque se iban a quedar sin sus niños. Si eran criaturas robadas, o lo que sea, ya si eso.

El fin nunca, nunca, justifica los medios.

A mí no me importa, yo no quiero saber, si el donante no hubiera sido anónimo no habría optado por este sistema…

Es comprensible, pero también lo es que para muchas personas concebidas con gametos de donante sí es importante; es comprensible que se pregunten sobre parecidos, tomas de decisiones o enfermedades familiares. O que lo puedan hacer en algún momento de sus vidas.

Mi hijo no preguntará, yo le explicaré bien las cosas, yo le educaré para que sepa que no tiene importancia, si yo no le doy importancia, él tampoco se la dará

Y nos olvidamos de que las criaturas, sobretodo cuando crecen, tienen el curioso vicio de pensar por sí mismas y preguntarse cosas, que muchas veces van más allá de lo que se preguntan sus familias. Y la naturalidad, la normalidad y la positividad no están reñidas con acompañarles en ese proceso.

Querer saber no implica que se haya explicado mal, que se busque una familia alternativa, o que haya ningún trauma. Nuestros hijos pueden querer saber / buscar sin que esto implique que tengan carencias.

No es un padre, es un donante

Son nuestros hijos los que, en muchas ocasiones, deciden llamarles “padres”, y esto no quiere decir que confundan su función, saben muy bien la diferencia entre los que parentamos y los que han aportado la genética. Como define el diccionario de la RAE en su primera acepción, padre es el “varón que ha engendrado uno o más hijos”. Y esta función, la biológica, está ahí por más que queramos negarla.

La sociedad no está preparada para afrontar este cambio.

En solo medio siglo hemos pasado de ocultar la adopción a exponerla abiertamente. El ADN y las redes sociales hacen que el anonimato sea cada vez más una falacia.

Seguramente la sociedad está tan preparada para la desaparición del anonimato como lo estaba una sociedad de raíces católicas para la eclosión de la Reproducción Asistida, las donaciones de gametos, la aparición de los colectivos de MSPE, las adopciones transraciales… y esto no nos frenó, ¿no?

Los cambios sociales van muy rápido, sobretodo si hay diálogo sobre ello.

Es la decisión que tomé en su momento, no me arrepiento de ella.

Puedes contarle a tus criaturas por qué tomaste la decisión y cómo comprendes que le duelan los límites de la misma, o bien transmitirle que te alegras de que no pueda conocer esta información o que no es lícito que tenga ese interés. Tomamos decisiones con la información que tenemos en el momento, pero cómo las gestionamos marca diferencias.

Igual que sucede en adopción: las familias que adoptaron creyendo que hacían algo que cumplía todos los requisitos legales y éticos y luego han descubierto que no era así, puede tirar balones fuera o bien acompañar a sus hijos en sus duelos y búsquedas e intentar cambiar el sistema que tiene cosas imperfectas.

¿Qué pensarán los donantes, que tomaron esa decisión sabiendo que no serían encontrados, si de repente llaman a la puerta unos chavales contándoles que son sus hijos (biológicos)?

Es posible que nos sorprenda que a muchos no les parezca mal. Aunque no tengan ningún interés en parentar a nuestras criaturas, quizás tienen curiosidad por saber cuántas nacieron y cómo son, qué ha sido de ellas. Quizás no les parezca mal darles un lugar en sus vidas.

Y si no es así, tampoco pasa nada: a diferencia de lo que pasa en adopción, donde la búsqueda puede representar un riesgo para las madres que renunciaron a sus criaturas en determinadas circunstancias o lugares, y donde se pueden encontrar con historias muy duras, es prácticamente imposible que para un donante, que su entorno conozca esta información sea mucho más que una molestia.

Por otra parte, no siempre es muy importante que el donante quiera o no ser encontrado o contactado, porque encontrar respuestas sin entablar contacto puede ser suficiente.

Si hubiera querido que mis hijos tuvieran padre, no habría optado por tenerlos mediante donante

Si no querías que te preguntaran por el donante, ¿por qué usaste esta figura para concebir a tus criaturas?

Si el proyecto de familia incluye un o unos donantes, ¿cuál es el problema de incorporarle(s) a nuestras vidas?

Si se elige una familia creada a partir de las aportaciones de donante(s), se construye una familia en la que esta figura existirá (a nivel simbólico), y existirán las preguntas y las curiosidades hacia esta(s) persona(s).

No es un padre, de acuerdo. Pero tampoco hace falta ser tan taxativo, o padre o nada. Llámale de otra manera. Llámalo cómo quieras, pero nómbralo. Dale un lugar simbólico en tu vida, y sobretodo, en la de tus criaturas.

 

Coronavirus

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Me dice Z:

Los 2 afectados por ahora en España por el coronavirus son extranjeros ,un alemán y un inglés. No he oído a nadie de quejarse y decirles que se vayan a sus país, que vienen a pegarnos enfermedades. 

Añado:

Y no se han cerrado fronteras ni cancelado vuelos ni organizado cuarentenas hacia las personas originarias de esos países.

Y nadie desconfía de todas las personas blancas ni se justifica esa desconfianza con nuestras bárbaras costumbres de viajar por el mundo. 

Perfeccionismo

Es habitual entre las familias adoptivas señalar, a veces de forma consciente y otras sin siquiera darle importancia, la “perfección” de sus criaturas adoptadas. No su perfección intrínseca como niños y niñas que son – se comporten bien o mal, saquen buenas o malas notas, sean buenos o malos en los deportes o las artes – sino la necesidad de demostrarnos, y demostrar al mundo, que no tienen fallos, que no cometen errores, que no nos fallarán, que no nos darán ningún motivo para volverles a abandonar. No siempre somos conscientes de la presión que esto implica para ellas, del estado de alerta, de cómo afecta a su autoestima – aunque pueda tener ventajas en lo que implica de mejora de sus vidas.

A este respecto, quiero compartir esta reflexión de Mark Hagland, adoptado adulto de origen coreano:

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No fue hasta que hube cumplido los 40 años y hube conocido a un número significativo de adoptados adultos transraciales, cuando me di cuenta de que algo que había ocupado una gran cantidad de mi espacio cerebral, había hecho lo mismo para otros adoptados transraciales (y más tarde, me dí cuenta, para adoptados de todo tipo).

Al crecer, sintiéndome profundamente marginado y con mucha “otredad,” terminé convirtiéndome en una persona exitosa, por ambición super fuerte. Ni una sola vez articulé esto para mí mismo, pero me di cuenta muchos años después, de que inconscientemente, sintiéndome profundamente rechazado por la sociedad en general, sentía que la única forma en que podía lograr un mínimo de aceptación social sería por alcanzar el nivel más alto de logro posible en la vida, mientras que sentía que tenía que parecer perfecto a todos, en todo momento. Como digo, nunca articulé esto para mí mismo, pero mirando hacia atrás ahora, era un factor absolutamente determinante en mi vida. Sintiéndose rechazado por la sociedad en general (sí, a pesar de tener una familia muy amorosa), el logro parecía ser el único camino para una aceptación mínima.

Eso también me llevó a ser una persona que siempre necesitaba ser conocido como siempre exitoso, y por eso, también evitaba lo más posible de áreas en las que naturalmente no era lo mejor de lo mejor.

Así que terminé siendo muy exitoso en la escuela, hasta la universidad, en mis estudios de posgrado, y en toda mi carrera (y aún lo soy). Eso no es de ninguna manera una jactancia; simplemente es lo que ha sucedido. Pero me llevó muchos años comprender lo que estaba sucediendo y comprender que había una patología subyacente involucrada; y solo me di cuenta por completo después de conocer a muchos compañeros adoptados y descubrir que habían tenido exactamente la misma experiencia, por sus caminos individuales.

El elemento “bueno” de todo esto es que finalmente, gracias a mi ambición, conseguí salir del entorno social estrecho y racista de la comunidad en la que crecí y, en última instancia, a un área metropolitana que me conviene totalmente y es perfecta para mí como adulto, por lo que cumplió su propósito. Pero también causó estrés innecesario en cierto nivel.

Lo que fue intensamente curativo en todo esto fue conocer a innumerables adoptados transraciales adultos que habían tenido la misma amplia experiencia. Darme cuenta de que no estaba solo en esto fue muy poderoso y me ayudó a avanzar hacia la curación y la integración. De hecho, resulta que esta tendencia es extremadamente fuerte entre muchos, muchos adoptados, tanto transraciales como de la misma raza. En las conversaciones que he tenido con otros adultos adoptados, han surgido hilos comunes, particularmente en torno a nuestra curación desde la comprensión subconsciente (y a veces consciente) de cuán frágil siempre hemos sentido nuestro lugar en el mundo, nuestra sensación de que la aceptación que se hacía de nosotros como individuos era extremadamente contingente, y nunca, nunca estaba asegurada.

En realidad, a veces todavía siento esa sensación de contingencia en el mundo, independientemente de si coincide con alguna perspectiva racional de mi situación individual; pero al menos ahora, puedo ser consciente del pensamiento distorsionado.

Por cierto, un elemento adicional en todo esto tiene que ver con mi raza: desafortunadamente, terminé jugando con el modelo del mito de las minorías, incluso cuando lo rechacé intelectualmente (y aún lo hago), ya que la gente me veía como un punto más. -Asiático asiático, que apestaba y apestaba totalmente.

Por lo tanto, padres adoptivos, os pido a que penséis detenidamente sobre cómo cualquier aislamiento social que pueda sentir vuestro hijo, podría traducirse en patrones distorsionados de pensamiento y comportamiento. Este sentimiento de la necesidad de tener éxito tiene su lado negativo, y puede relacionarse con una falta de integración emocional, incluso si vale la pena en términos de carrera educativa y profesional. Lo importante es criar a un/a niño/a que pueda estar relajado en el mundo, sea cual sea su nivel de logro, en cualquier área. No hay nada malo con el logro, por supuesto; pero la psicología en torno a esto involucra trampas y problemas que pocos padres/madres adoptivos reconocerán como poco saludables. Estoy intentando mucho ahora separar el impulso para el logro, que es natural e incluso deseable, de los patrones de pensamiento subconscientes desajustados, y lograr un nivel de integración que sea tanto intelectual como espiritual.

Choque cultural y confusión identitaria

Mi necesidad de aprender – y sobretodo de desaprender – sobre el racismo, me ha llevado a hablar mucho con y leer mucho a personas racializadas. Una de las más interesantes es la activista antiracista y feminista Yousra El Mansouri, autora de este texto que explica tantas cosas:

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Cuando nacemos, lo hacemos abrazadas por unos quehaceres y cuando los años transcurren, los entornos se diversifican.

El primer par de lustros los recuerdo con voz. Respondiendo mi nombre, sin adaptar la forma de pronunciarlo, diciendo el de mis familiares, feliz del nacimiento de mis hermanos gemelos.

Pienso y pienso… No consigo recapitular a cuál fue el primer día que dejé de sentir admiración por las telas de los vestidos marroquíes, por la henna, por las comidas de mama África norteña… No consigo recordarlo. Pero sé que llegó un punto en el que mi cabeza estaba a punto de estallar.

Las noches en vela con una libreta y un bolígrafo, garabateando libertad, a pesar de tener mi conciencia enjaulada en la duda.

Había recibido tanto rechazo por mi nombre, que lo cambié por Yus. Había obtenido tanta burla por tener dos hermanos y una hermana, que dejé de mencionarlas. Había cogido tanto miedo a mis pertenencias moras, que abandoné mi sentir africano.

Ropajes ajustados al cuerpo, plancha en mano recorriendo mi pelo, omisión a mis viajes a Marruecos (aunque una vez allí fueran de lo más feliz que me pasaba), ignorancia a las preguntas sobre mi origen, YUS, YUS Y MÁS YUS.

Incluso recuerdo, y sé que son palabras graves las que escribo, sentir vergüenza de caminar con mi madre, no era bochorno hacia su persona (eso jamás), sino aversión a su hiyab, delator de nuestra “no integración”. O así lo percibía en su momento. Cada día y con cada beso pido disculpas a mama, me avergüenzo y no pretendo justificarme.

Pero, en un entorno que devalúa tus raíces, en un contexto que señala y apunta con el índice tu diferencia… ¿Cuántas adolescentes no han querido subirse al velero de la homogeneización? Aún sabiendo que este solo te permite montarte si eliminas tu esencia.

Aquí quiero llegar, a la necesidad pedagógica que tenemos como sujetos de acompañar las voces confundidas. De comprender que hay vida más allá de la polaridad, que cada persona puede navegar por sus corrientes, que existen las identidades múltiples, que fluyen y confluyen.

 

No soy un virus

Está comunmente extendida la idea de que las comunidades asiáticas no sufren racismo, o es un racismo de baja intensidad que apenas merece reseñarse. Incluso entre muchas familias de criaturas adoptadas en China, Vietnam o Corea, se piensa que sus vidas estarán mucho menos tocadas por la discriminación, los estereotipos, los prejuicios o las agresiones.

La última alarma sanitaria, la del coronavirus originado en Wuhan, China, alimentada por la voracidad de las farmacéuticas y el racismo, ha vuelto a dinamitar esta creencia.

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Las muestras de racismo que se extienden por el mundo han hecho que también se extienda una campaña que arrancó en Francia y que ha hecho que el artista y activista Chenta Tsai (Putochinomaricón) haya desfilado de esta guisa en la pasarela del Madrid Fashion Week.

Así de bien lo explica Quan Zhou Wu, la autora del Gazpacho Agridulce:

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Corona(xenofobia)virus

Estos días me han enviado muchas noticias y publicaciones sobre como el coronavirus ha desatado xenofobia y discriminación contra la población china en distintos países del mundo: niños que han sido acosados en la escuela, noticias y programas con lenguaje sinofóbico, altercados en transportes públicos, negación de entrada a bares y restaurantes… etc. Paranoia nivel altísimo, sí. (Os doy un dato, la gripe estacional tiene más mortandad que el coronavirus)

Afortunadamente, yo ni tengo el coronavirus (todavía, que luego, quién sabe, y yo soy extremadamente hipocondríaca) ni he sufrido ninguna agresión racista (todavía, que luego, quién sabe). Os contaré mis recuerdos sobre el brote de SARS en el 2002. Tenía 13 años más o menos. Recuerdo que de repente no venía nadie a comer al restaurante chino familiar y que mi madre puso carteles en la puerta sobre la procedencia de alimentos: La carne que servimos en el restaurante es de mercados locales. Luego, el tiempo fue pasando y poco a poco, la gente se fue olvidando y volviendo a comer.

Lo mismo pasó con las vacas locas.

Y la gripe A.

Y así…. Sí, nos dejamos llevar por el miedo. Y yo puedo entender la alarma por una tos o una fiebre. Pero el resto… no. Que haya personas que utilicen ese “miedo” para deshumanizar. Como si ese miedo les diera legitimidad para desatar la xeno(sino)fobia, el racismo y la discriminación. Y me pregunto ¿hasta donde vamos a llegar? (hello, hitler 2?) En serio, vamos a calmarnos, porque si por tener miedo, perdemos nuestra humanidad, ¿qué nos queda?. Es momento de ser solidarios y aliados, no verdugos.

#stopchineseshaming #nosoyunvirus

Gracias a ALIADES por participar!!

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