familia monoparental, diversidad familiar y adopción

Seguimos encerrados en un piso que parece un híbrido de un hospital de campaña y una escuela rural.

Parte médico: seguimos igual. Sin empeorar pero sin quitárnoslo de encima. Nos llaman cada 48 horas del Centro de Salud, nos preguntan los síntomas y nos dicen que tomemos paracetamol.

¿Es mejor pasarlo y quitárnoslo de encima? ¿Realmente nos lo quitamos de encima? ¿O habría sido más prudente no exponernos? ¿Habría sido posible no exponernos? ¿Cómo se hace una cuarentena con 4 críos en casa? ¿Cómo te aseguras de limpiarlo todo si acabas de limpiar y vuelves a toser, tienes que cocinar, te requieren de todos lados? Si tosemos en las mangas, ¿cada vez tenemos que echar la camiseta a lavar? Qué pasa con los cepillos de dientes? ¿Y con las toallas?

¿Cuánta gente hay enferma en sus casas, sin pruebas, sin contabilizar? ¿Qué sentido tiene que no hagan pruebas, cómo podremos saber si lo hemos pasado realmente y por tanto hemos dejado de correr riesgo? ¿Cómo se pueden hacer estadísticas si solo se cuentan los casos que llegan a los hospitales – y los políticos? ¿Por qué a todos los políticos les han hecho la prueba, tengan sus síntomas la gravedad que tengan, pero los ciudadanos estamos en casa encerrados con paracetamol y un teléfono?

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De todos mis grupos de Whatsapp el más activo es el de los cuidados del barrio: gente que hace compras y otros recados a personas que no pueden salir de casa, gente que pone en contacto a pacientes hospitalizados con sus familias, personas que fabrican viseras protectoras con impresoras 3 D, gente que sabe de química y prepara soluciones hidroalcohólicas, o que cose y hace mascarillas y batas para los hospitales y residencias de la zona; un banco de alimentos para el que no se paran de recibir donaciones de comida y dinero y que está permitiendo comer tres veces al día a familias que se han quedado sin nada; vecinos que pasean perros de gente mayor que no debe salir de casa. Personas que hablan con otras por teléfono.

Gente que se acerca para pedir ayuda, y que se convierten en personas que ayudan a otras.

De cada cual según sus posibilidades, a cada cual según sus necesidades.

Más imparable que el contagio del COVID-19.

Finalmente ayer salió el sol, y volvimos a comer en el patio, sin alejarnos mucho de la puerta de la cocina para preservar a los vecinos. Hemos empezado un par de series nuevas: “Una mujer hecha a si misma” y “Anne with an E”. Cosas entretenidas y muy alejadas de distopias y epidemias. A ratos, le leo “El Zoo d’en Pitus” a A. El naranjo que no tuve tiempo de trasplantar ha reverdecido y esta lleno de brotes.

La vida sigue.

 

 

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